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Estable pero elevada: la anatomía de la inflación
Estable pero elevada: la anatomía de la inflación
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Un informe de la consultora Analytica muestra como impacta la inflación en el país
En una muestra más de sus habituales giros violentos, la economía argentina pasó de un régimen de tipo de cambio con flotación libre y flexibilidad absoluta en el ingreso y salida de divisas a un férreo control de cambios. Este cambio de régimen cambiario que se instaló desde fines de 2019 genera una significativa concentración de la inflación mensual respecto de su valor central. Sin embargo, de no modificarse ciertas condiciones básicas, promete perpetuar una inflación alta y estable.
Al intentar evitar fluctuaciones bruscas del tipo de cambio, el cepo interrumpió un peligroso proceso de aceleración inflacionaria y redujo sus valores extremos, como ocurrió en 2018 y 2019. A la vez, disminuyó la dispersión en la tasa de inflación de un mes al otro, por menores oscilaciones en los precios relativos, en especial tipo de cambio, tendencia que reforzó el congelamiento de las tarifas. La pandemia jugó su parte, al desplomar a la mitad la inflación durante los primeros meses.
Sin embargo, dadas las fuertes restricciones para generar dólares, no parece factible el retorno inmediato a un régimen de plena flexibilidad cambiaria. En consecuencia, la anatomía actual de la inflación se consolidará.
Tras el pico de marzo, la inflación mostró cierta reducción hasta junio para después amesetarse en torno al 3%. Agosto se ubicará apenas unas décimas por debajo. Es evidente que la inflación sigue rotando en torno a un centro.
Esta menor volatilidad mensual de la inflación producto de los controles de cambios exige de una mayor dureza fiscal y monetaria para atacar el fenómeno, y a la vez estrategias que lidien con la inercia y las expectativas. En concreto, estabilizar los precios desde una inflación consolidada como la actual requiere, además, acuerdos políticos de múltiple espectro (con empresarios, con sindicatos, con movimientos sociales) y cierto grado de reformas estructurales que complementen la política económica.
En el gráfico se refleja una distribución de la tasa de inflación medida en meses en tres períodos cambiarios: el primer cepo, impuesto por CFK (octubre 2011-diciembre 2015), la flexibilidad cambiaria de la era Macri (2016-agosto 2019) y el segundo cepo, reinstalado por el propio Macri en setiembre de 2019 y continuado hasta hoy.
En el primer cepo la inflación se concentró fuertemente en el 2% mensual (29 meses) y algo menos en el 3% (11 meses). Cuando la gestión pasada flexibilizó el tipo de cambio la inflación estuvo girando en torno del 3%, dándose además una mayor dispersión, con tasas que llegaron al 8,4% en abril de 2016

Con el nuevo cepo de setiembre de 2019, la ausencia de grandes cambios en los precios relativos hizo que la distribución se achate y muestre menos valores extremos y más bajos (4,8% en marzo de este año).
En el corto plazo, el acuerdo con el FMI implicará seguramente ciertas correcciones de precios relativos, por lo que la distribución de la inflación puede volver a registrar extremos como los del período de flexibilidad cambiaria, y un nuevo corrimiento hacia la derecha de la distribución, quizás pasando de la zona del 3% al 3,5% (valores anualizados de 40 y 50% respectivamente). Finalizada la etapa de reacomodamiento, no será posible. volver a un régimen sin restricciones ya que la etapa fácil de emisión de deuda pública en los mercados externos está agotada.
Tengamos en cuenta que al momento de asumir Mauricio Macri la Argentina llevaba casi quince años de estar fuera de los mercados de deuda. Al finalizar el mandato de Alberto Fernández, llevaría apenas seis. Esto implica que, ante una recuperación de los precios de los activos y, teniendo en cuenta la ya elevada tenencia de valores nominales de los principales operadores de títulos de deuda local, la participación argentina en las carteras de inversión volvería rápidamente a los niveles observados en 2017, o sea sus máximos.
En síntesis, manteniendo los controles de cambios y una vez superados los impactos de precios asociados al acuerdo con el FMI, la inflación se comportaría en línea con lo observado en estos últimos dos años, incluso con menor dispersión. A la hora de proyectar la nominalidad, son buenas noticias. Desde ya, creemos que el principal objetivo del gobierno debería ser acelerar el desplazamiento hacia la izquierda de la distribución de frecuencias de la tasa de inflación.
