Estancia Santa Inés, custodia de la yerba mate

A 20 minutos de Posadas, una perla oculta de la cultura nacional en plena selva.

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(VoydeViaje.com.ar) Pedro Núñez fue un inmigrante español que, en 1887, decidió emigrar a Posadas, luego que su hermanastro le hablara de las posibilidades que tenían esas tierras. Pedro fue el que inició usar un barco para llevar a turistas a conocer las Cataratas del Iguazú y uno de los primeros en recuperar el cultivo de la yerba mate.

Tenía 21 años cuando pisó Argentina y, gracias a su espíritu emprendedor, comenzó abriendo almacenes de ramos generales. Junto a Lázaro Gibaja, montó una empresa de vapores llamada Núñez y Gibaja.

Nany Núñez, hija de Pedro y mamá de Lucía, es quien tuvo la idea de abrir la casa a los turistas. (Gentileza: Carola Cinto)
Nany Núñez, hija de Pedro y mamá de Lucía, es quien tuvo la idea de abrir la casa a los turistas. (Gentileza: Carola Cinto)

“Él había estudiado teneduría de libros, lo que hoy sería contaduría. Con la empresa que montaron, navegaban el Paraná e iban cosechando la yerba que crecía de forma natural en la selva”, contó Lucía Pagliari, bisnieta de Pedro Núñez y quien hoy trabaja en Estancia Santa Inés.

Los jesuitas fueron los primeros que plantaron, cosecharon y hasta llegaron a exportar la yerba mate al resto del mundo. Sin embargo, cuando fueron expulsados, se llevaron un secreto fundamental para poder continuar con el cultivo: cómo disolver la capa que recubre la semilla para que la planta crezca en la tierra. “Pasaron casi 100 años hasta que pudieron descubrir cómo hacerlo. Mientras tanto, mi bisabuelo continuó cosechando directamente desde el monte. Ellos tenían la concesión para explotar la yerba mate en Iguazú, Paraguay y Brasil”, agregó Lucía.

Pedro Núñez, junto a su socio, fueron los primeros en llevar turistas a conocer las Cataratas del Iguazú en barco. (Gentileza: Estancia Santa Inés)
Pedro Núñez, junto a su socio, fueron los primeros en llevar turistas a conocer las Cataratas del Iguazú en barco. (Gentileza: Estancia Santa Inés)

Finalmente fue el famoso paisajista Carlos Thays quien estudió que la semilla podía germinar con agua caliente y así destruir el capuchón que la recubre. Ese hallazgo fue el que abrió las puertas a la posibilidad de la producción industrial de la yerba mate.

“Mi bisabuelo y su socio conocían mucho la zona de Iguazú y por eso tuvieron también el primer barco que llevó a turistas a las Cataratas de Iguazú. Fueron los primeros en abrir un hotel sencillo porque veían su potencial turístico”, expresó Lucía. Esa actividad la hacían en paralelo a la cosecha de la yerba mate.

Fue en 1903 que Pedro Núñez decidió comprar las tierras donde hoy está la Estancia Santa Inés para poder plantar. Al descubrimiento que hizo Thays, él le sumó la posibilidad de cultivar la semilla a pleno sol y no en medio de la selva. En ese momento, la estancia tenía más de 16 mil hectáreas que, en su mayoría, se usaron para producir.

La producción de yerba mate fue tan próspera que más de 300 personas trabajaban y vivían en el predio de la estancia. (Gentileza: Santa Inés)
La producción de yerba mate fue tan próspera que más de 300 personas trabajaban y vivían en el predio de la estancia. (Gentileza: Santa Inés)

Fue tal el éxito de su emprendimiento que Santa Inés llegó a tener 300 pobladores que se dedicaban a la plantación, cosecha, secado y procesamiento de la yerba mate. Era como un pequeño pueblo con su escuela, su capilla, su despensa y hasta su consultorio médico. También llegaba un tren con leña que se usaba para el secado de la yerba y que funcionó durante 30 años. A eso se sumaba el casco de la estancia donde vivían Pedro Núñez, su esposa Elisa Acuña y sus ocho hijos. La casa tiene 120 años y aún conserva desde los pisos hasta los muebles originales.

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“Mi abuelo era el menor de los ocho y es una casa que nunca se cerró. Cuando él falleció, mi mamá le recomendó a mi abuela que la abriéramos al público. Es una casa de familia que recibe a todos los que quieran conocerla”, expresó.

COMO EN CASA

Santa Inés es una residencia de familia que abre sus puertas a los turistas que quieran entrar en contacto con la naturaleza. Es atendida por sus propios dueños y tiene todo lo que no puede faltar en un hogar: comida casera, charlas distendidas y una gran calidez.

El casco de la estancia tiene 120 años y se conserva intacto con mobiliario y pisos de la época. (Gentileza: Santa Inés)
El casco de la estancia tiene 120 años y se conserva intacto con mobiliario y pisos de la época. (Gentileza: Santa Inés)

Hoy no sólo ofrecen alojamiento todo incluido en el casco de la estancia, sino también la posibilidad de pasar el día y disfrutar de una tarde de té, almuerzo, cena y hasta una caminata por la naturaleza, donde los verdaderos protagonistas son los monos carayá que habitan este lugar.

Santa Inés hoy ofrece la posibilidad de tomar el té, almorzar o cenar y recorrer sus senderos. (Gentileza: Carola Cinto)
Santa Inés hoy ofrece la posibilidad de tomar el té, almorzar o cenar y recorrer sus senderos. (Gentileza: Carola Cinto)

Es un predio grande con monte autóctono y varios senderos para conocer la fauna y la flora nativa. También se pueden recorrer los vestigios del pueblo que había en la zona y aprender sobre el proceso de la yerba mate. En ese paseo se podrá visitar la capilla, que data de 1946, y algunos secaderos antiguos.

Los senderos del monte están repletos de flora nativa y pueden visitarse sin necesidad de estar alojado en la estancia. (Gentileza: Carola Cinto)
Los senderos del monte están repletos de flora nativa y pueden visitarse sin necesidad de estar alojado en la estancia. (Gentileza: Carola Cinto)

“La idea es compartir y que nos conozcan. Que quienes vengan se sientan como si estuvieran en su casa”, culminó Lucía.

OTRAS ACTIVIDADES PARA HACER EN LA ZONA

Los que lleguen vía Posadas, pueden dedicar unos dos días para recorrer la capital que está a sólo 22 kilómetros de Santa Inés. Uno de los atractivos más importantes de la ciudad es su costanera, que tiene más de 10 kilómetros de extensión. Una buena idea puede ser recorrerla a pie y hacer algunas paradas en los atractivos principales, como su gran mural -premiado en 2008 por el Récord Guiness-, la vieja estación de tren y la feria de artesanías.

Para los que quieran conocer la ciudad, pueden optar por el city tour gratuito que sale desde la plaza central y recorre varios puntos turísticos interesantes, como el Parque Paraguayo y el monumento Andresito Guacurarí, entre otros. Para hacerlo se recomienda reservar con anticipación al teléfono +54 9 376578395. Tiene varias paradas y se puede descender en todas.

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El predio tiene varias construcciones que antes utilizaban los pobladores de la estancia. (Gentileza: Carola Cinto)
El predio tiene varias construcciones que antes utilizaban los pobladores de la estancia. (Gentileza: Carola Cinto)

Otro paseo para tener en cuenta desde la ciudad es a las ruinas de San Ignacio, uno de los cuatro reductos jesuitas que tiene Misiones. Están a 64 kilómetros de Posadas (por la RN 12) y resulta una de las mejores formas de sumergirse en la historia del paso de la orden por el país. Estas ruinas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

A una hora de la ciudad Capital también se puede visitar el Parque Temático de la Cruz, una propuesta turística y religiosa. Se trata de un espacio de esparcimiento que está sobre monte autóctono y que tiene senderos, un mariposario, un orquideario y un auditorio, entre otros atractivos. Su principal atractivo es la cruz de 82 metros, a la que se puede subir por escaleras o ascensor. Tiene diferentes miradores para apreciar el entorno desde lo más alto.

DATOS ÚTILES

Cómo llegar. Desde Córdoba se puede volar a Posadas por Aerolíneas Argentinas (desde Buenos Aires se suman Flybondi y Jetsmart). Una vez en Posadas, se debe tomar la RN 105 y conducir unos 22 kilómetros para llegar a Estancia Santa Inés. Desde Puerto Iguazú son 300 kilómetros y se llega por la RN 12 y después la RN 105.

Dónde dormir. Santa Inés tiene seis habitaciones, la mayoría con baño privado, que incluyen media pensión o pensión completa. Una noche de alojamiento cuesta $45 mil por persona. con todas las comidas incluidas y las actividades dentro de la estancia. Lo mismo con media pensión vale $39 mil y sin comidas $25 mil (todos los precios están vigentes para noviembre). Dentro del mismo predio hay un glamping.

Actividades y gastronomía. La estancia también ofrece la posibilidad de una tarde de té en el casco con porcelana antigua. Incluye: budines, tortas, pan casero, mermeladas caseras, tortas fritas, jugos naturales, té o mate cocido de campo. También un paseo por senderos de selva con reconocimiento de flora y fauna autóctona. Precio: $4.500 por persona (noviembre). También ofrecen la posibilidad de cenar o almorzar y de preparar tu propio asado en sus instalaciones.

Más información. www.estancia-santaines.com.ar. Tel. +54 376 457-2822

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