Fintech en Argentina: crecimiento sostenido, inclusión financiera y un sistema que se reconfigura
En poco más de una década, las fintech dejaron de ser un fenómeno de nicho para transformarse en un componente estructural del sistema financiero. Impulsado por la digitalización de la economía, el cambio en los hábitos de consumo y la adopción acelerada de tecnologías como la inteligencia artificial, el big data y la computación en la nube, el sector ganó centralidad tras la pandemia, cuando los servicios financieros digitales se volvieron esenciales para el funcionamiento cotidiano de hogares y empresas.
El impacto va más allá de la tecnología: las fintech introdujeron nuevos modelos de negocio, redujeron costos operativos y transaccionales, mejoraron la experiencia del usuario y ampliaron el acceso a pagos, ahorro y crédito para sectores históricamente excluidos. Al mismo tiempo, elevaron el nivel de competencia en el sistema financiero, forzando a los actores tradicionales a acelerar procesos de modernización e innovación.
En América Latina, la expansión fintech encontró terreno fértil en la combinación de mayor conectividad, uso masivo de teléfonos inteligentes y digitalización de pagos. En pocos años, las cuentas de pago y las billeteras virtuales se convirtieron en la principal puerta de entrada al sistema financiero formal, especialmente para hogares de ingresos medios y bajos.
Este proceso permitió incorporar millones de personas al sistema financiero, facilitando transacciones cotidianas, el acceso al ahorro y, de manera progresiva, al crédito. La región exhibe así un patrón de inclusión financiera distinto al de las economías desarrolladas: más apoyado en plataformas digitales que en la expansión de la banca tradicional.
Argentina: uno de los ecosistemas fintech más dinámicos de la región
Dentro de este escenario, Argentina se posiciona entre los países con mayor dinamismo fintech en América Latina. Entre 2020 y 2024, la cantidad de empresas del sector creció a tasas de dos dígitos, alcanzando cerca de 400 firmas activas. Los segmentos con mayor densidad son pagos y remesas, préstamos y gestión de finanzas empresariales, mientras que las soluciones vinculadas a criptoactivos y blockchain mostraron el crecimiento más acelerado en el último año.
Este desarrollo tuvo un impacto directo sobre la inclusión financiera. En una década, la proporción de adultos con una cuenta financiera o de dinero móvil pasó de niveles cercanos a la mitad de la población a más de ocho de cada diez adultos. La masificación de billeteras virtuales y cuentas de pago fue el principal motor de este salto, al reducir barreras de ingreso y costos de acceso.
El sistema de pagos fue el primer gran vector de transformación. La expansión de los pagos electrónicos inmediatos, interoperables y de bajo costo consolidó un cambio de hábitos en consumidores y comercios. Hoy, las transferencias instantáneas representan la mayoría de las operaciones electrónicas, desplazando progresivamente al efectivo.
Este fenómeno no solo mejora la eficiencia y la seguridad de las transacciones, sino que también reduce costos logísticos y aumenta la trazabilidad del dinero, con efectos positivos sobre la formalización de la economía y la competitividad de los comercios, en especial de los más pequeños.
El segmento de crédito fintech es uno de los que muestra mayor potencial de expansión. Si bien su participación en el volumen total del sistema financiero sigue siendo baja, la cantidad de personas que accede a préstamos a través de plataformas digitales creció con fuerza en los últimos años, a un ritmo superior al observado en la banca tradicional.
La clave está en el uso intensivo de datos, la automatización de procesos y la integración del crédito en billeteras digitales, plataformas de cobro y comercio electrónico. Esto permitió ampliar el acceso al financiamiento a personas y pequeñas empresas que antes quedaban fuera del radar crediticio, aunque el desafío sigue siendo escalar estos modelos de manera sostenible.
Lejos de un escenario de reemplazo, el sistema financiero argentino avanza hacia un esquema de coexistencia entre fintech y banca tradicional. La mayoría de los usuarios de servicios fintech también mantiene relación con bancos, lo que refleja una dinámica de complementariedad.
Mientras las fintech suelen liderar la interfaz con el usuario final, ofreciendo experiencias ágiles y personalizadas, los bancos conservan un rol central en la infraestructura financiera, el fondeo y la regulación. Este modelo híbrido tiende a profundizarse con la implementación de esquemas de finanzas abiertas, que facilitan el intercambio de datos con consentimiento del usuario y promueven mayor competencia.
Criptoactivos y tokenización: una respuesta a la macroeconomía
Argentina se destaca en la región por el uso intensivo de criptoactivos, impulsado principalmente por la búsqueda de cobertura frente a la inflación y las restricciones cambiarias. El fenómeno es mayormente minorista, con fuerte protagonismo de stablecoins y plataformas locales de intercambio.
Más allá del uso como reserva de valor, la tecnología blockchain abre oportunidades de mayor alcance. La tokenización de activos reales —como inmuebles, instrumentos financieros o commodities— aparece como una vía para ampliar el acceso al financiamiento, reducir costos operativos y mejorar la transparencia de las operaciones, con impacto potencial sobre la inversión productiva.
El ecosistema fintech argentino opera bajo un esquema normativo fragmentado, compuesto por regulaciones específicas según la actividad y el organismo competente. Si bien se registraron avances importantes en materia de pagos digitales, servicios financieros electrónicos y activos digitales, persiste la necesidad de reglas más claras, previsibles y proporcionales.
La experiencia internacional muestra que marcos regulatorios modernos, combinados con esquemas de finanzas abiertas y supervisión tecnológica, pueden potenciar la innovación sin comprometer la estabilidad del sistema. En ese sentido, el desafío para Argentina es acompañar el dinamismo del sector con un entorno normativo que incentive la inversión y la escala.
El contexto macroeconómico -alta inflación, volatilidad y restricciones financieras- sigue siendo un condicionante central para el desarrollo del sector. A esto se suman brechas territoriales en conectividad y educación financiera, que limitan una adopción más homogénea.
Sin embargo, las oportunidades son significativas. Argentina combina talento tecnológico, cultura emprendedora y una base de usuarios digitales amplia. La consolidación de las finanzas abiertas, junto con el uso de inteligencia artificial para evaluación de riesgos y diseño de productos, puede convertir al ecosistema fintech en una de las palancas más relevantes para la modernización del sistema financiero y el desarrollo económico en los próximos años.
