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Fuga de capitales récord: Qué significa y por qué se escurrieron los dólares del FMI por ese “agujero negro”

Fuga de capitales récord: Qué significa y por qué se escurrieron los dólares del FMI por ese “agujero negro”
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¿Qué es la fuga de capitales? ¿Por qué fue récord el año pasado? ¿Por qué se perdieron por este “agujero” casi la totalidad de los dólares que entraron al país por el acuerdo con el FMI que obligó a la Argentina a un durísimo plan de ajuste?

El Banco Central de la República Argentina publicó ayer un informe con una variable que tiene un nombre muy técnico llamado “Formación de Activos Externos” y que no es otra cosa que la llamada “fuga de capitales”.

Esta fuga de capitales alcanzó un nivel récord en el año 2018, y ascendió según el BCRA a 27.300 millones de dólares, superando el anterior récord de 2008. Aquel año fue el de la caída de Lehman Brothers, cuando los mercados de todo el mundo temblaron y la economía de los Estados Unidos tambaleó, obligando a la Fed y al Tesoro a salir a rescatar a la banca y tomando medidas extremas, como la nacionalización de la industria automotriz.

Cabe aclarar que el BCRA monitorea esta “fuga de capitales” desde el año 2003, después de la crisis que llevó al default y el estallido de la Convertibilidad.

¿Esto por qué? Porque en la Argentina las crisis políticas y económicas tienen su válvula o hacen explosión a partir de la fuga de capitales, que lleva a la devaluación y posteriormente puede llevar al default. En otras palabras, si un Gobierno no puede detener una fuga de capitales, se termina yendo. Así de simple. Sucedió con De la Rúa en 2001. Y podría haber sucedido con el gobierno de Macri si la crisis no encontraba un freno.

¿Qué es la fuga de capitales?

La llamada “fuga de capitales” no es otra cosa que el proceso por el cual las empresas y los individuos sacan su dinero de la economía de un país (sean residentes o extranjeros que alguna vez trajeron su dinero para invertir y producir o simplemente especular y por H o por B cambian de idea y lo quieren sacar).

Una empresa o una persona adinerada fuga capitales cuando envía dinero a una cuenta en el exterior o compra un departamento en Miami, Nueva York o incluso Encarnación. También cuando invierte en otros activos afuera, como acciones de Apple o Amazon o bonos del Tesoro de los Estados Unidos. Por cierto, fugar capitales no es un delito siempre que se cumplan las normativas cambiarias.

Y respecto a las normativas cambiarias, también pertinente recordar que los gobiernos ponen o sacan restricciones cambiarias o controles de cambios, justamente buscando paliar la fuga de capitales. Por ejemplo, el “cepo” fue una medida durísima de control cambiario. En general, Macri hasta ahora no ha enfrentado la salida de capitales con medidas significativas de controles cambiarios.

Por ejemplo, algunas medidas podrían ser: obligar a los exportadores a liquidar divisas más rápido o reducir la cantidad de dólares que pueden comprar por mes empresas e individuos o restringir compras con tarjetas de crédito en el exterior. En Posadas, por ejemplo, se podría pedir a los no residentes (paraguayos) que viene a comprar dólares que demuestren origen de los fondos.

En fin, hay muchas formas y medidas (algunas polémicas). Los controles de cambios en la Argentina suelen ponerse laxos cuando los dólares entran, como sucedió en 2016 y 2017 cuando Macri aprovechó “la tarjeta de crédito en dólares intacta” que significó encontrar al país con bajísimo endeudamiento externo y empezó a emitir bonos. Suelen ponerse “duros” cuando las divisas empiezan a dejar el país.

La fuga “hormiga”

Hay fuga de capitales también -a un nivel “hormiga”-, cuando una persona compra, por ejemplo, 100 dólares en una casa de cambio y los guarda “debajo del colchón”. Porque estos recursos fueron sacados de la economía argentina. No se computaría como fuga de capitales, en cambio, si esa persona deja esos 100 dólares que adquirió en el sistema bancario a través de una caja de ahorro en moneda norteamericana.

El año pasado a partir de la crisis cambiaria se disparó la fuga de capitales y alcanzó al mayor nivel computando los tres gobiernos kirchneristas (Néstor Kirchner y los dos de Cristina) y los 3 años del gobierno de Mauricio Macri.

La fuga se acrecienta porque las empresas y los individuos que tienen dinero y lo quieren proteger de una eventual devaluación, default o inclusive de la posibilidad de una confiscación de depósitos (ha pasado en la Argentina con el Plan Bonex o en la salida de la Convertibilidad), empiezan a pasar sus activos a dólares y a sacarlos del país. La fuga es la mejor medida de la desconfianza en la economía de un país. De la misma forma que repatriar capitales es el mejor voto de confianza en la Argentina. Por eso fue muy negativa la noticia de que el ministro de Economía (Nicolás Dujovne) tenía su dinero en el exterior y no consideraba traerlo al país.

Un salvataje caro que fue a financiar la fuga de capitales

El salvataje que la Argentina le pidió al FMI no fue otra cosa que asegurarse los dólares necesarios para frenar esa fuga de capitales, al darle la certeza a los que tienen dinero de que no es necesario sacarlo del país porque la Argentina tiene “espalda” para cubrir sus compromisos.

Sin embargo, si se relaciona el dinero que ingresó por el durísimo acuerdo con el FMI -que requirió medidas como la eliminación del Fondo de la Soja o el final de los subsidios nacionales al boleto de colectivo-, con el dinero que salió, se llega a la conclusión de que la fuga de capitales se “comió” todo lo que ingresó por el acuerdo con el organismo.

“El año 2018 se caracterizó por un incremento de la formación de activos externos del sector privado, junto a un déficit en cuenta corriente cambiaria y un desarme de posiciones de cartera, que fue compensado por el endeudamiento del sector público en el mercado y con el FMI, por el ingreso del swap con China y en mucha menor medida con inversión extranjera directa (IED)”, describió la consultora ACM en un informe, publicó el diario La Nación.

En palabras más simples, para compensar el dinero que salió del país, fue necesario el acuerdo con el FMI, el endeudamiento que la Argentina tomó cuando aún tenía la “canilla” de los mercados mundiales abierta y el swap con los chinos. Es decir, el dinero no se utilizó para obras, como puentes o rutas, sino que fue a financiar la “fuga de capitales”.

Quizás pocos lo recuerden, pero sobre finales del año 2001 cuando la Argentina necesitaba un nuevo salvataje del FMI y enfrentaba una fuerte salida de capitales, el histriónico y duro secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Paul O’Neil, dijo que no iba a ayudar al país nuevamente sólo para que “los dólares de los carpinteros y plomeros norteamericanos” terminaran en paraísos fiscales.

Ya había pasado el Blindaje (Machinea) y el Megacanje (Cavallo). Ambas operaciones multimillonarias no sirvieron para contener la debacle y solamente incrementaron el endeudamiento. Apenas sirvió para comprar tiempo que salió muy caro y ayudó a empresas locales y extranjeras y personas ricas a fugar dinero.

Con esas duras palabras de O’Neill quedó sentenciada la suerte de la Argentina y del gobierno de De la Rúa. O’Neill estaba sentando la posición del principal accionista del FMI respecto a un nuevo salvataje, que nunca llegó. El resto es historia conocida.

La fuga de capitales en Misiones es inversa a la fuga a nivel nacional

Una última consideración. En nuestra provincia se habla de “fuga de capitales” al cruce de los posadeños para comprar en Encarnación. En general, se puede decir que hay fuga de divisas porque los paraguayos, después, retornan a Misiones para adquirir dólares y llevárselos de nuevo a Paraguay. Estos dólares salen de la economía argentina y alimentan la economía del vecino país.

Sin embargo, hay una paradoja. Cuanto más se incrementa la fuga de capitales a nivel país, más cae la llamada “fuga de capitales” en Posadas. Esto es así porque al subir el dólar (producto de la fuga de capitales), se desalientan las compras de los misioneros en la ciudad de Encarnación y otros puntos de Paraguay.

Una buena noticia para la economía local, aunque muy mala a nivel país. Y quiera o no, Misiones es parte de la Argentina.

 

 

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