Coronavirus, ELLAS DECIDEN

Ingrid Grudke: “Me voy a quedar en Misiones por tiempo indeterminado”

Ingrid Grudke: “Me voy a quedar en Misiones por tiempo indeterminado”
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la modelo –que sufrió la pérdida de su padre hace menos un mes– revela cómo son sus días en l tierra colorada.

Gente – “Ahora estoy viviendo con mi novio, Martín Colantonio (46), en la casa de mi infancia. Dentro de todo estoy bien, porque acá las cosas son mucho más tranquilas y relajadas, en todo sentido”, comienza contando Ingrid Grudke (44) desde Los Helechos, situada a 14 kilómetros de la vivienda de su mamá, Inés (77), y cerca de la frontera con Brasil.

“Vine en auto, con un permiso especial de la policía de la provincia por familiar enfermo, para despedirme de mi papá, que lamentablemente falleció hace tres semanas. Y ahora estoy acá, acompañando a mi mamá, que viene todos los días. Cuando mi novio se vuelva a Mar del Plata –porque él es de allá–, yo volveré a Oberá o mamá se vendrá a vivir para acá”, comenta la modelo, mientras se escucha de fondo el estruendoso piar de los pájaros.

–¿Tenés pensado quedarte en Misiones?
–Sí. A mí esta situación triste me trajo acá, y por algo fue. Yo prefiero quedarme acompañando a mamá, que está sola, que estar en Buenos Aires encerrada en mi departamento sin hacer nada porque, honestamente, el rubro de la moda y el espectáculo se detuvo completamente. Ya no hay eventos ni shows, desfiles, fiestas populares o teatros. Creo, lamentablemente, que va a ser lo último que se reactive. Me quedó acá, tomándolo como una etapa de mi vida para reflexionar, reciclarme y volver a mi esencia.

–¿Cómo es la vida allá en plena pandemia?
–Acá los casos aparecen muy cada tanto y todo es mucho más libre que en Buenos Aires. Podés salir a pasear en bicicleta, nadar en los arroyos, ver amigos y familiares… Los locales están todos abiertos, sólo que para entrar –como es lógico– hay que usar tapaboca y pasarse alcohol en gel. El protocolo de cuidado está, pero con casos mínimos hasta donde yo sé. Me quedaré el tiempo que sea. Lo único que puede cambiar eso es si en noviembre vuelvo a filmar una película. Y para el Festival de Mar del Plata, donde se presentará Alma pura, que se estrenó en cuarentena en plataformas. Pero si esto sigue así prefiero quedarme, de todo corazón. Porque acá están mis amigos de toda la vida y mis familiares. Me estoy sintiendo como a los catorce años.

–¿A qué edad te fuiste?
–A los 18. En agosto se cumplieron 25 años… ¡Mucho tiempo!

–Con Martín llevan seis meses de convivencia. ¿Cómo está funcionando?
–Bárbaro. Nos llevamos muy bien. Él tiene un humor espectacular: es una persona optimista, con mucha alegría y mucha paz. Lo único es que se pelea con los mosquitos y los barigüí, un mosquito muy especial de acá, que te deja un punto rojo… Pero está muy bien.

–¿Les dan ganas de seguir viviendo juntos cuando termine la cuarentena?
–Sí. Los dos ya tuvimos nuestras experiencias anteriores. Creo que nos llevamos demasiado bien, casi como una pareja de película. Y más allá del amor que me une a Martín, siento que con él todo es fácil, simple y armonioso. Es lo que soñé.

“Yo estoy con la mente en el ‘aquí y ahora’. No me pongo a reflexionar mucho sobre el pasado, porque lo de ayer ya pasó. No puedo hacer nada si algo no me salió bien. No me voy a estar lamentando toda la vida por algo que no salió como hubiese querido. Mañana no sé. Yo no vivo soñando un futuro que no sé cómo será”, dice Grudke en el tranquilo atardecer misionero, leyendo y tomando mate.

“Mis padres siempre fueron productores de yerba mate y té: en invierno de yerba mate y en verano de té. Ahora estoy viviendo muy de cerca todo lo que pasa con los productores. Por eso me parece lógico que por un tiempo cada uno tome su mate solo, que no lo comparta… No me gustaría que nos lo prohíban por el coronavirus. Es algo muy nuestro, forma parte de nuestra sangre. Yo vivo tomando mate; si hace mucho calor, tereré”, confiesa la misionera, que se está re-acostumbrando a vivir rodeada de naturaleza y de un modo más simple. “Sólo por dar un ejemplo, yo ahora, cada mañana, voy a juntar mis paltas para el almuerzo”, comenta antes de soltar una risa que atraviesa los kilómetros y los ríos.

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