Juez misionero disertó en congreso internacional sobre “inteligencia artificial, justicia y democracia”

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En el Congreso de COPAJU y el IFBC en el Vaticano, el Juez César Jimenez disertó sobre “Inteligencia artificial, justicia y democracia”

En línea con las preocupaciones que en reiteradas oportunidades el Papa Francisco planteó en torno a los avances tecnológicos y la dignidad humana, el Comité Panamericano de Juezas y Jueces por los Derechos Sociales y la Doctrina Franciscana (COPAJU), junto a su rama académica, el Instituto de Investigaciones Jurídicas Fray Bartolomé de las Casas (IFCB), realizan hoy y mañana en la Ciudad del Vaticano, el encuentro “Inteligencia artificial, justicia y democracia”, en el marco de los talleres de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales.

El Juez correccional y de menores, miembro de COPAJU, cuestionó la capacidad de la IA para interpretar lenguaje no verbal y emociones, esenciales en la evaluación de testimonios. Citando al Papa Francisco, alertó sobre el peligro de una tecnología que prioriza la eficiencia sobre la dignidad humana y enfatizó la necesidad de regulaciones éticas que garanticen el acceso equitativo a la justicia. Jiménez llamó a evitar que la IA se convierta en una herramienta de exclusión y reafirmó que el verdadero progreso no debe dejar a nadie atrás.

El discurso del juez misionero:

Santo Padre Francisco, distinguidos colegas magistrados, defensores de los derechos humanos, autoridades de la academia pontificia, autoridades de COPAJU, compañeros, compañeras delCapitulo Argentina e invitados en general.

Nos encontramos en un punto de inflexión histórica y ante una verdadera revolución
cognitivo-industrial, en palabras del propio Santo Padre,es el paradigma contemporáneo de la evolución tecnológica que transforma nuestras sociedades y nuestros sistemas democráticos amuna velocidad sin precedentes. La inteligencia artificial avanza con la promesa de democratizar el acceso al conocimiento, fortalecer la administración de justicia y hacer más eficiente nuestro trabajo. Pero quienes trabajamos en el terreno sabemos que este progreso no es inocente.

También entraña riesgos: el refuerzo de prejuicios en algoritmos opacos, la automatización de decisiones que afectan vidas humanas y la amenaza de una justicia deshumanizada.

Esta la IA llamada a suplantar la Inteligencia Humana?, La IA puede remplazar al Juzgador?. Cabe pensar en un Juez Humano sustituible por la IA?. La respuesta es No. Hay campos en lo que su utilización resulta determinante, y otros en los que el pensamiento humano, la espiritualidad , la experiencia , por solo nombrar algunas de las cualidades inherente a la persona; no pueden ni podrían ser remplazados, atento al eventual compromiso a su dignidad.

En nuestro campo, esto puede traducirse del siguiente modo. Resultará de suma utilidad su incorporación en la elaboración de los considerandos de una sentencia, por caso, Así sera una herramienta suprema a la hora de citar precedentes; pero la tarea de juzgamiento, que se traduce mayoritariamente en la valoración de la prueba me animo a afirmar, resulta excluyente e inherentemente humana.

Juzgamiento donde es determinante la sana critica racional y la intima convicción. La sana crítica racional, presupone en el juzgador, la más plena libertad de convicción, a cambio de que sus conclusiones resulten fruto racional del análisis de las pruebas. El juzgador arribará a sus conclusiones, fundándose en los hechos de la causa sobre los que valorará la prueba obrante con total libertad, aunque ceñido a los principios de la recta razón, que se traduce en ajustarse a las normas de la lógica, la psicología y la experiencia común.

Aquí, de movida, entiendo no cabe atribuir libertad alguna a ninguna otra entidad que no sea la persona humana en razón de su naturaleza imago Dei. En segundo término, no creo que pueda atribuirse recta razón a la inteligencia artificial, en razón que las tres ciencias disciplinares citadas, son de estricta atribución humana. Podremos decir que la IA respete, en razón de las reglas que le son programadas, y estrictamente, a rajatabla, una lógica determinada, pero remitirá, en todo caso a una lógica de tipo booleana, matemática, binaria, propia del ámbito en el que la IA se desarrolla y crece.
¿Qué decir de la psicología? podrá ser emulada por la IA, “dudo”. Lo que si no sera asimilada en este caso al uso que de ella hace el juzgador a la hora de evaluar un testimonio o la razonabilidad de los argumentos esgrimidos por un acusado o un testigo.

Y finalmente, con respecto a la experiencia, considero que ella resulta simplemente
intransmisible. Hubiera dado lo que fuera por allanarles el camino a mis hijas a la luz de la mía propia. O bien, porqué trasuntarían extenuantes entrevistas los candidatos a magistrados, en las que se evalúan personalmente no sólo conocimiento, sino condiciones personales que bien se traducen en su experiencia de vida.

¿Y en el caso de la íntima convicción como sistema?
Peor aún, ya que aquí el juzgador directamente acude a su conciencia para tomar su decisión, en función de razones y apreciaciones subjetivas de orden moral y de sus creencias y conocimientos. Nada más humano e inimitable que todo ello.

De modo tal, que a la luz de tales apreciaciones y sobre todo dentro del campo del derecho penal, en el que me especializo, considero que, salvo que decidamos la vuelta a la prueba tarifada, el juzgador humano resulta insustituible. Por último, el ser humano y su dignidad, resultan indiscutidamente inapreciables. Desde los
textos de tratados internacionales de Derechos Humanos a las propias Constituciones estatales, todos ellos, en nuestro mundo occidental y cristiano, promueven y proclaman el juicio por sus pares, jurados o jueces, pero humanos, igualados en su dignidad natural. Y no menos apreciable: la expresión natural de nuestra especie, continúa siendo el lenguaje.

En referencia a ello, quiero traer a colación una serie de antiguos estudios como respecto a la congruencia del lenguaje, que propone que a través de él, se considera que solo transmitimos un porcentaje mínimo de nuestra comunicación. La regla Mehrabian – por Albert Mehrabian, profesor emérito de psicología de la Universidad de California – sobre todo para el caso de sentimientos y actitudes, no datos, propone un reconocido 55-38-7, donde sólo el 7% del potencial de la comunicación, recae en el lenguaje verbal, en las palabras. El 93% restante, recae en un 55% en el lenguaje corporal y el 38%, en el lenguaje paraverbal o de uso de la voz.

93% de la comunicación, es no verbal, destaco. Sin dudas los porcentajes de un estudio como este y con algunos años ya, pueden ser discutidos. Pero lo que no puede ser soslayado es el poder de la comunicación no verbal. Nos encontramos en una era donde decisiones que antes dependían exclusivamente del criterio humano ahora son delegadas a algoritmos cuya lógica es muchas veces inaccesible. La pregunta que debemos hacernos es simple: ¿Quién tiene el control?

Ya conocemos bien el rostro de la desigualdad y la injusticia. Sabemos lo que significa que un sistema judicial funcione para unos pocos mientras la mayoría queda a la intemperie. No podemos permitir que la tecnología se convierta en una nueva herramienta de opresión, amplificando brechas y profundizando el descarte. Como bien señala el Papa Francisco:
«La inteligencia artificial, si no se guía por principios éticos sólidos, corre el riesgo de reducir la humanidad a una estadística más dentro de un sistema que prioriza la eficiencia sobre la dignidad.» (Mensaje al Foro Económico Mundial, 2025).

Las aplicaciones de Inteligencia Artificial en la justicia pueden parecer avances positivos: la automatización de decisiones en la administración pública, la digitalización de procesos jurídicos, la implementación de modelos predictivos. Pero debemos preguntarnos: ¿Qué ocurre cuando estos sistemas perpetúan prejuicios históricos? ¿Cómo garantizamos que la tecnología sirva a la justicia y no al revés?

No podemos ser espectadores pasivos de un proceso que avanza sin control. Es nuestra responsabilidad garantizar que la tecnología se ponga al servicio de la humanidad y no al revés. Para ello, debemos impulsar una inteligencia artificial basada en principios éticos y en el respeto a los derechos humanos, asegurando que su regulación priorice la dignidad de las personas. También es fundamental que la digitalización no se convierta en una nueva barrera de exclusión, sino en una herramienta que amplíe el acceso a la justicia de manera equitativa.

Finalmente, debemos comprometernos con la verdad y la transparencia, evitando que la inteligencia artificial sea utilizada para desinformar, manipular o distorsionar la realidad. Santo Padre, su liderazgo en la defensa de los derechos humanos nos inspira. Agradecemos su guía en este tiempo de cambios y su firmeza al recordarnos que «el verdadero progreso es aquel que no deja a nadie atrás.» (Fratelli Tutti, 2020).
Que esta cumbre marque el inicio de un compromiso renovado: una inteligencia artificial al servicio de la justicia, de la democracia y, sobre todo, de la dignidad de cada ser humano.

Y para terminar quisiera respetuosamente hacer propio lo dichos por el Santo Padre en junio del 2019 en su carta para jueces en esta casa, Nos decía ya en ese entonces: “La verdadera sabiduría no se consigue con una mera acumulación de datos. (eso es Enciclopedismo), sino con la reflexión, el dialogo, el encuentro generoso entre las personas, esa confrontación adulta, sana, que nos hace crecer a todo.”

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