La apertura del turismo y la cuenta corriente: el superávit comercial de bienes alcanzó USD 15.000 M en 2021

Luego de un cuatrienio (2015-2018) donde promedió un déficit superior a los USD 3.000 M anuales, en 2019 se revirtió el saldo comercial de bienes, alcanzando un superávit de USD 16.000 M (3,5% del PIB) en dicho año. La mencionada reversión fue principalmente producto de un desplome de las importaciones (-25% i.a.), en el marco de la recesión iniciada en 2018. 

En 2020 el saldo comercial se sostuvo en terreno positivo (USD 12.500 M, 3,2% del PIB), pero en un contexto en el que el flujo internacional de comercio se vio fuertemente impactado por la pandemia: en cantidades, el intercambio mundial de mercancías cayó 5% (en Argentina el intercambio comercial se redujo 15% en valores). En dicho año, las exportaciones se contrajeron 16% i.a. mientras que las importaciones volvieron a caer (-14% i.a.) registrando los mínimos valores desde 2009. 

El desafío el año pasado era lograr financiar las importaciones necesarias para materializar la recuperación que comenzó hacia fines de 2020. En este sentido, la mejora de los términos del intercambio jugó un rol clave: en 2021 el alza de precios de las exportaciones (+26% i.a.) casi duplicó al de las importaciones (+15% i.a.), y esto permitió sostener un saldo comercial superavitario elevado (USD 15.000 M, 3,1% del PIB) pese a que el crecimiento de las cantidades importadas (+30% i.a.) triplicó al de las exportadas (+13% i.a.). De hecho, más de la mitad del superávit de comercio alcanzado en 2021 se explica por la dinámica de los precios internacionales. 

La importancia de sostener un superávit de bienes robusto es central, habida cuenta de la estructura de nuestras cuentas externas, y especialmente en momentos como el actual donde los flujos financieros son escasos: el ingreso neto de dólares por esta vía -junto a las transferencias corrientes, que no es un monto tan relevante- financia el histórico déficit de servicios y renta de la inversión (ingreso primario), como parte de la acumulación de activos privados externos. De hecho, cuando el país no cuenta con un excedente en el intercambio de bienes la cuenta corriente suele ser deficitaria, lo cual genera una necesidad de financiamiento externo que debe suplirse mediante el influjo de divisas financieras (endeudamiento o inversión directa) o utilización de reservas (stocks); y cuando esto no es posible -por ejemplo cuando el financiamiento externo se corta abruptamente- la cuenta corriente debe ajustar rápidamente, generalmente por la vía de la combinación de devaluación con recesión. 

Esto último ocurrió durante buena parte de la última década: entre 2013 y 2018, el rojo de la cuenta corriente promedió casi USD 19.000 millones por año (3,2% del PBI en promedio), generando una elevada necesidad de financiamiento externo que se cubrió con ingresos financieros netos. Luego, cuando abruptamente éstos se detuvieron a mediados de 2018, la moneda local se depreció fuertemente dando lugar a la recesión de 2018-2019, que condujo a la reversión del saldo de la cuenta corriente, del déficit previo al superávit actual. 

El otro viento de cola 

En 2020-2021 la cuenta corriente mostró un superávit de más de 1% del PIB en promedio (frente al déficit de 3,2% del PIB en 2013-2018). La mejora respecto al período precedente correspondió a la mencionada reversión en el saldo de bienes. Sin embargo, durante los últimos dos años el saldo de la cuenta corriente se vio además favorecido por dos factores adicionales: en primer lugar, la reducción del pago de intereses externos, producto del canje de títulos públicos realizado en 2020: el saldo neto de rentas por inversión de cartera promedió, entre el segundo trimestre 2020 y el tercero de 2021, poco más de USD 300 M, cuando entre 2018 y el primer trimestre de 2020 el rojo superó los USD 2.000 M trimestrales. 

En segundo lugar, por el achicamiento del saldo negativo de la cuenta de servicios. Este balance, que entre 2015-19 registró un déficit trimestral de casi USD 1.900 millones (más de USD 5.000 millones anuales), se redujo a una tercera parte (USD 625 millones) en 2020-2021. 

Sin este comportamiento la cuenta corriente habría morigerado sensiblemente su saldo superavitario en 2020 y 2021, por lo que es una dinámica que merece atención. En este sentido, analizando los componentes de la cuenta corriente de servicios, se encuentra que en los últimos cinco años antes de la pandemia, el 80% del rojo se explicaba por los servicios asociados al turismo y el transporte de pasajeros.  

Indudablemente, el freno del turismo internacional en los últimos casi dos años fue un aliciente para las cuentas externas en un país que exhibía una salida neta anual de turistas cercana al millón de personas. Al “cerrarse” esta canilla, estimamos que se habrían ahorrado entre USD 2.000-3.000 millones por año por esta vía y el peso del turismo y viajes en el déficit comercial de los servicios se redujo a la mitad entre 2020 y el tercer trimestre de 2021.  

Lo(s) pasajero(s) no son transitorios: un empeoramiento del saldo de servicios es un factor más de tensión para un año desafiante en materia de cuentas externas 

Si bien, como se mencionó previamente, el freno en el turismo internacional ayudó a fortalecer el superávit de la cuenta corriente en los últimos dos años, en el horizonte aparecen luces de alarma. El balance cambiario que publica el BCRA sugiere que la salida de dólares por esta vía se aceleró en octubre y noviembre, tendencia que habría mantenido al cierre del año y seguirá, al menos, en los próximos meses teniendo en cuenta el relajamiento de restricciones que se dio incluso con la nueva ola de casos a nivel mundial.  

Vale destacar este punto porque la progresiva recuperación del turismo internacional, que según la Organización Mundial del Turismo se ubicó en 2021 más de 70% por debajo del nivel pre-pandemia, podría volver a tensionar las cuentas externas por la vía de la cuenta corriente. 

Esto se reafirma por dos factores: en primer lugar, por una demanda reprimida de viajes tras dos años de virtual suspensión de los mismos. Y, en segundo lugar, porque es un servicio -que impuestos mediante- se puede acceder a un dólar a $180, por debajo del dólar informal libre (ya en la zona de $210), el más relevante a la hora de analizar el gasto en divisas del turismo. 

En este sentido, la velocidad de la recuperación del turismo internacional será fundamental a la hora de monitorear la dinámica del saldo de la cuenta corriente. De hecho, la suspensión de las cuotas para pasajes a partir de noviembre y el intento de promover como política de estado el programa Pre-Viaje -para así tratar de contener el flujo de turistas al exterior- son medidas que “ayudan” a moderar la velocidad del deterioro de la cuenta corriente de servicios. 

Esto es relevante de cara a este año porque no esperamos encontrar un efecto compensador en el resto de los componentes de la cuenta corriente de servicios. Los servicios informáticos y empresariales, históricamente superavitarios, tendrían algo más de margen para recuperar con la vuelta a la normalidad pero no llegarán a aportar lo suficiente para contrarrestar la salida de dólares por turismo. Por otro lado, un eventual abaratamiento de los fletes -que desde fines de 2020 vienen encareciéndose fuertemente y ha sido la principal salida de divisas por servicios este año- podría también reducir la pérdida de divisas, pero por su magnitud dentro de las cuentas externas, esto no sería suficiente. 

No obstante, un eventual deterioro del saldo de servicios por la vía de la cuenta viajes será sólo un factor que adicionará más tensión a un año ya de por sí desafiante, ya que el saldo de bienes (principal pilar de las cuentas externas) tiene riesgos a la baja por el lado de los precios (endurecimiento de la política monetaria a nivel global) y las cantidades (por las condiciones climáticas), mientras que por el lado de la cuenta financiera aún no se renegoció el crédito con el FMI, que implica pagos por casi USD 19.000 M este año. 

Todo esto reafirma que este año será crucial el monitoreo de diversos elementos (política monetaria global, clima, fletes, turismo, negociaciones con el FMI, etc.) para entender como transitarán nuestras cuentas externas un año desafiante.  

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