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La coherencia de Diego

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Por estas horas de tristeza colectiva en la Argentina y el mundo por la muerte de Diego Armando Maradona, releemos y escuchamos que una de sus características más notorias eran sus contradicciones. Sin embargo, yo siento que el Diego se destacó exactamente por lo contrario, por una extraordinaria coherencia para el sentir popular, para tender una mano y para enfrentar a los poderes de turno.

Maradona tuvo debilidades, vicios, problemas de conducta, incluso ciertas actitudes repudiables, pero eso no son contradicciones, son las miserias propias de cualquier ser humano. De esas que tenemos todos, salvo los hipócritas, y que, en el caso del hombre más famoso de la historia universal, se magnifican a la enésima potencia. 

Dicho de otra manera, Maradona tuvo debilidades en su vida personal y, al mismo tiempo, una maravillosa coherencia en sus posturas colectivas. En la contradicción principal entre los poderosos y los débiles o entre los ricos y los pobres, Diego jamás tuvo una contradicción, siempre estuvo del lado de los débiles, de los humildes, de los pobres. Y ello porque nunca renegó de sus orígenes ni olvidó su pasado de carencias en Villa Fiorito.

Se cuentan de a cientos, de a miles las historias de Maradona dando una mano, ayudando a quien lo necesitara, siempre generoso para compartir su tiempo, sus bienes, su magia. No hay un solo compañero de trabajo, desde jugadores hasta utileros, que hable mal de él, que diga que era egoísta o que tenía contradicciones en su trato. Por el contrario, todos lo veneran y lo destacan como uno más, pese a que todos sabían que no lo era, no era uno más, era un Dios humano.

Esa coherencia con los de abajo se replicó con los de arriba, a los que denunció y combatió en todos los frentes que pudo, incluso más allá de las represalias que, cada tanto, el poder le asestó a su vida y su carrera. Diego enfrentó a la FIFA, a la que denunció por su inveterada corrupción, algo hoy en día fuera de cualquier tipo de duda.

Diego enfrentó a los medios amarillistas, esas cloacas comunicacionales que tanto daño le hacen a la sociedad y tanto mal le hicieron al ídolo. Diego enfrentó a Mauricio Macri, la última de las grandes calamidades argentinas, cuando este sicario del sistema financiera desembarcó en Boca y lo primero que tuvo que hacer, según él mismo expresó, fue “echar a Maradona por peronista”.

Porque sí, Maradona era peronista, siempre fue peronista, porque no hay otra forma de ser del pueblo que siendo peronista en este país, claro, si uno pretende ser coherente.

Y Diego enfrentó al capitalismo, postura que radicalizó luego de su paso por Cuba y su vínculo con los grandes líderes nacionales y populares que poblaron la Patria Grande a comienzos del siglo XXI: Fidel Castro, Hugo Chávez, Lula, Néstor Kirchner, Evo Morales y Cristina Fernández de Kirchner son solo algunas de las referencias de estos vínculos políticos que expresan una coherencia contundente.

Diego fue un gran protagonista del NO al ALCA, el mayor golpe que el campo popular le asestó al imperialismo en el siglo XXI. Él puso el cuerpo, su voz y su resonancia universal en aquella Mar del Plata convulsionada que le espetó su rechazo en la cara al presidente de los Estados Unidos. Ese fue Diego, esa fue, esa es, su coherencia.

Esa coherencia por los de abajo, esa coherencia para la solidaridad, esa coherencia para ser EL capitán de todos los que alguna vez jugaron con él, esa coherencia para brindarle felicidad a los que solo padecen dolor y miseria, esa coherencia para enfrentar al poder, esa coherencia fue Diego. Esa coherencia ES Diego.


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