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La exposición a las pantallas y su impacto en el desarrollo infantil

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Una especialista en niñez, sostiene que Los niños que pasan más tiempo frente a pantallas presentan menos habilidades comunicativas y emocionales, lo que aumenta sus dificultades en la interacción social.

La licenciada en psicología, magíster y especialista en infancias y juventudes en Latinoamérica* Sonia Almada, da su perspectiva sobre la sobreexposición a las pantallas de los niños y las consecuencias de las mismas. Cuán importante es la mirada cara a cara para los niños en su desarrollo, además de mencionar la orfandad digital y las secuelas.

Almada explica, dónde comenzó su interés ante este fenómeno: “Hace años en una sala de espera vi a un bebé mirando a su mamá, buscando sus ojos, pero los ojos de la mamá estaban clavados en la pantalla. Desde allí comencé a preguntarme cuál podría ser el impacto subjetivo del retaceamiento de la mirada, espejo donde se construyen identidad”.

Por otro lado, la especialista sostiene: “Los dispositivos móviles y las pantallas digitales se han convertido en elementos omnipresentes en la vida de los niños, una realidad que se ha intensificado durante la pandemia de COVID-19. Muchos niños se vieron obligados a participar de su educación inicial de forma virtual, mientras que otros que ya asistían a clases presenciales tuvieron que adaptarse a esta nueva modalidad de aprendizaje y vinculación social. Esta situación plantea desafíos sin precedentes para su desarrollo emocional, cognitivo y social”.

Además, la psicóloga enfatiza sobre la necesidad del contacto: “El lenguaje de los gestos y las palabras se ve moldeado por las interacciones mediadas por las pantallas desde edades tempranas. Los niños se encuentran expuestos a una cantidad abrumadora de estímulos visuales y auditivos que influyen en la formación de su identidad y subjetividad”.

Almada menciona estudios que aclaran los comportamientos que surgen dado el fenómeno: “Estudios como el publicado en la revista Pediatrics en marzo de este año sugieren que el tiempo excesivo frente a la pantalla puede impedir que los niños experimenten un entorno hogareño estimulante para el desarrollo del lenguaje durante los primeros años. Este fenómeno, denominado “tecnoferencia”, describe cómo la exposición de los niños pequeños a las pantallas interfiere con las oportunidades de hablar e interactuar en su entorno familiar”.

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Este tipo de estudio, muestran el impacto en edades tempranas de la niñez: “Las investigaciones realizadas demuestran que el aumento del tiempo frente a la pantalla se asocia con una disminución de las palabras de los adultos, menos vocalizaciones de los niños y menos conversaciones entre niños de 18 y 36 meses. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda limitar el uso de pantallas a una hora diaria para niños menores de tres años. Sin embargo, dentro de este límite, los estudios revelan que los niños dejan de escuchar aproximadamente 400 palabras pronunciadas por adultos, emiten alrededor de 294 palabras menos y pierden unas 68 instancias de conversación diariamente”.

La especialista señala: “Estas cifras subrayan cómo el entorno digital puede afectar negativamente el desarrollo lingüístico y las interacciones sociales tempranas en los niños pequeños. Los niños que pasan más tiempo frente a las pantallas tienden a desarrollar menos habilidades sociales y emocionales, lo que puede llevar a dificultades en la formación de vínculos y en el desarrollo de la empatía, la capacidad de comprender y compartir los sentimientos de los demás”.

Almada aclara, que no sólo los niños pierden con la adicción a la tecnología, sino los padres que no podrán recuperar el tiempo perdido: “El vínculo emocional entre padres e hijos se ve afectado cuando las interacciones cara a cara son reemplazadas por el uso excesivo de dispositivos electrónicos. El concepto de “huérfanos digitales” se ha acuñado para referirse a los niños que son criados por padres adictos a la tecnología, quienes prestan mayor atención a sus dispositivos que a sus hijos. Esta situación no solo afecta a los niños, sino que también puede llevar a que los padres pierdan momentos irrecuperables con sus hijos”.

En tanto, la especialista enfatiza la necesidad del contacto visual para el buen desarrollo de los niños: “La interacción cara a cara es crucial para el desarrollo de la subjetividad y el desarrollo de habilidades. El uso constante de dispositivos electrónicos puede limitar estas oportunidades, llevando a un aislamiento social y una menor capacidad para interactuar con sus pares de manera efectiva. La subjetividad, inseparable de la cultura, nos invita a repensar las etapas rígidas y estandarizadas del desarrollo, reconociendo que cada experiencia humana es única e individual”.

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Ante la necesidad de la introducción a la tecnología de los niños, Almada advierte: “Si bien la inmersión de las pantallas en nuestras vidas es un hecho irreversible, es fundamental reflexionar sobre cómo incorporar estos nuevos elementos al desarrollo de la subjetividad en el contexto actual. Un estudio del National Institutes of Health (NIH) encontró que los niños que pasan más de dos horas al día frente a pantallas tienen puntajes más bajos en pruebas de lenguaje y pensamiento. La exposición prolongada a las pantallas puede afectar la capacidad de atención y la memoria de trabajo, esenciales para el aprendizaje y la resolución de problemas”.

En este sentido, Almada concluye: “Es esencial que familias, educadores y profesionales seamos conscientes de estos riesgos y fomentemos un equilibrio entre el tiempo de pantalla y las interacciones cara a cara para asegurar un desarrollo integral y equilibrado para los niños. La responsabilidad de proteger la infancia y promover su bienestar recae en todos nosotros, trabajando en conjunto para prevenir las consecuencias negativas del uso desmedido de las pantallas y construir un futuro más positivo para las nuevas generaciones”.

* Sonia Almada: es Lic. en Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Magíster Internacional en Derechos Humanos para la mujer y el niño, violencia de género e intrafamiliar (UNESCO). Se especializó en infancias y juventudes en Latinoamérica (CLACSO). Fundó en 2003 la asociación civil Aralma que impulsa acciones para la erradicación de todo tipo de violencias hacia infancias y juventudes y familias. Es autora de tres libros: La niña deshilachada, Me gusta como soy y La niña del campanario.

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