La reelección provoca una tormenta política en Paraguay

Por Marcelo Ameri, desde Asunción. Por alguna razón desconocida, Horacio Cartes, está convencido que volvería a ganar las Presidenciales del año que viene en Paraguay, cuando todos los pronósticos y encuestas indican lo contrario, ubicando al ex presidente y actual senador, Fernando Lugo, como favorito.

Pero, Cartes, que llegó al poder en 2013 y cuya imagen está por el piso, insiste en impulsar una enmienda constitucional que habilite la figura de la reelección, prohibida por la Carta Magna de 1992.

El tema, divide y polariza las opiniones desde hace varios meses, en una guerra mediática que parece no tener fin. La polarización alcanza al interior de las principales fuerzas políticas del país. Colorados y liberales se debaten en feroces internas, donde no faltan las amenazas de expulsión. También la izquierda, dividida desde 2013, en dos bloques que antagonizan ventilando sus trapos sucios, el Frente Guasú, y la concertación Avanza País.

Ambos bloques se acusan mutuamente de haber pactado con Cartes. Y de hecho, ambos lo hicieron. Avanza, empezó pactando la conformación de la Mesa Directiva del Congreso; después, negoció una banca en el Consejo de la Magistratura; después, pactó el rechazo al proyecto que gravaba las exportaciones de granos, el impuesto a la actividad tabacalera (Cartes es tabacalero), y la Contraloria General de la República, hace muy poco. Una sucesión de “pactos”, que empezó cuando Cartes todavía no había calentado el sillón de López, a muy poco de asumir el poder. Hay testimonios fotográficos “a bulto”, como se dice comúnmente en Paraguay cuando la oferta supera con creces la demanda.

¿Lugo pactó con Cartes? Sí, pactó acompañar el proyecto de enmienda constitucional ad referéndum. De hecho, sin el ex presidente ya habría sido archivado.

La enmienda constitucional tampoco es un tema nuevo. Ya en 2011, un sector de los que ahora se oponen intentó un plan similar para posibilitar la reelección de Lugo. Pero, éste, que hoy se muestra a favor, fue el que sepultó la idea. Después de 35 años de vivir bajo la dictadura de Alfredo Stroessner, en 1992, a los tres años de haber recuperado la democracia, los paraguayos establecieron en la Constitución que quien gobierne no podría hacerlo por más de un período. Lugo, destituido en 2012 por lo que sus partidarios consideran un “golpe legislativo”, un año antes había recolectado firmas para un proyecto que también fue rechazado.

Pudo haber tenido su rekutú (reelección en guaraní). Su gobierno había obtenido conquistas importantes en lo relacionado con la soberanía de los recursos energéticos que Paraguay comparte con los países vecinos. Y, al mismo tiempo, había desplegado una batería de políticas sociales que se hacían sentir hasta en las zonas más alejadas del país. No hubo atisbo de transformación estructural, como reclamaba la izquierda más radical. El tema de la propiedad de la tierra, concentrada como en ninguna otra parte del mundo, por ejemplo, no pasó nunca del plano discursivo, pero en un país donde buena parte de la población es pobre o muy pobre, la salud gratuita, las pensiones y los subsidios, son hechos difíciles de olvidar.

Contrariamente a lo que sucede con Horacio Cartes. A un año de concluir su mandato, su gobierno hace agua por toda la línea. La población pobre suma cerca de 2.000.000 de personas, el 25% del total; se han disparado el desempleo y sub-empleo, aumentó la inseguridad, la deuda pública ha alcanzado niveles históricos. El Presidente y parte de su gabinete enfrentan denuncias de corrupción, y de sostener vínculos con el narcotráfico y el lavado de dinero. La imagen de Cartes no deja de caer.

Sin embargo, es el principal impulsor de la enmienda por la reelección. Y ha conseguido, no solo sumar al ex obispo, sino domesticar lo suficiente a sus partidarios, y negociar alianzas con sectores del liberalismo disidente.

La discusión se centra en la forma más que en el fondo. Sucede que el tema fue rechazado en agosto pasado en el Congreso, y según la Constitución no puede volver a ser tratado por el término de un año. Quienes se oponen, tachan la iniciativa de inconstitucional. La paradoja es que el voto de Lugo en aquella sesión fue crucial para el rechazo del proyecto.

Lugo es así el blanco favorito de una guerra mediática que parece no tener fin. La posibilidad de que pueda volver a postularse, produce desesperación en filas de la izquierda nucleada en Avanza País, y el oficialismo liberal que promueve la candidatura de Efraín Alegre, que ven pulverizarse sus espacios políticos. La posibilidad de que pueda volver a repetir la hazaña del 20 de abril de 2008, inquieta a los grupos económicos, que temen un Lugo recargado, que recorte algunos de sus privilegios.

Hace un par de semanas, Humberto Rubín, propietario de Radio Ñanduti, se despachaba contra el ex obispo, no sin reconocer el “increíble” feed back que tiene con la población, especialmente en el interior del país. “Es un hijo de puta, pero la gente lo quiere”, comentaba Rubín, patriarca de una familia de empresarios mediáticos que se iniciaron con el padrinazgo de la dictadura stronista.

Hay quienes ven el tema como un “Pacto de Olivos” a la paraguaya. Pero, Cartes no es Menem, y a diferencia de Alfonsín, cuyo candidato era imposible que ganara, todos los sondeos dan a Lugo una intención de voto cercana al 47%.  A menos que sea verdad aquella desopilante versión que dice que Cartes compró todas las encuestas para que le den ganador a Lugo.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password