La renuncia de Guzmán y los kilómetros sin recorrer

Llegó a la Argentina con los mejores pergaminos académicos y con la bendición nada menos que del premio Nobel Joseph Stiglitz. Pero la gestión de Martín Guzmán será recordada como la del ministro que desactivó la bomba de la deuda eterna heredada de Mauricio Macri. No mucho más. 

En medio de la enmarañada interna del Gobierno que no hizo más que agravar los desafíos impuestos por la pandemia, no supo o no pudo resolver los demás problemas acuciantes de la Argentina. Careció de sintonía fina para atacar de frente a la inflación, el principal problema para millones de argentinos que no tienen tiempo de esperar “normalidad”, destino deseado, pero insuficiente como objetivo. La parsimonia es una cualidad que sólo se le puede elogiar a quien tiene la cena asegurada. 

Guzmán también repitió una carencia de otros antecesores: se encerró en su oficina en Capital Federal y salió poco y nada a conocer la Argentina. Un puñado de reuniones con los gobernadores y poco más. Alguna que otra visita a Córdoba o Santa Fe. No mucho más. Una sola vez estuvo en Misiones. Bajó en el aeropuerto de Posadas, pidió especialmente no tener contacto con periodistas. Recorrió un poco de la capital de la mano del gobernador Oscar Herrera Ahuad, firmó un par de acuerdos y partida rauda. Dejó pagando a los empresarios nucleados en la Confederación Económica de Misiones. No conoció la realidad de la yerba, del tabaco o el sector forestal, sobre los que, sin embargo, como ministro, toma decisiones. No pisó la tierra colorada. Daniel Scioli hizo más por Misiones en un par de twitters.

No es un mal que se pueda achacar sólo a Guzmán. Nicolás Dujovne también estuvo un ratito en Posadas. Ninguneó las asimetrías con Paraguay y aseguró que para combatirlas había que bajar impuestos y “mejorar controles” en la frontera. La Cámara de Comercio de Posadas trinaba por el desplante. Los demás de la alianza Cambiemos nunca vinieron. 

Axel Kicillof disfrutó del calor de las masas misioneras, pero como ex ministro, cuando vino a hacer campaña en 2018. Como ministro, había tenido visitas contadas por minutos. Amado Boudou también vino a un par de actos y nada más. Roberto Lavagna también pasó más tiempo en Posadas de campaña que como ministro. Y así para atrás. 

Guzmán repitió el patrón de sus antecesores: cuidar la economía en Buenos Aires y desatender la situación en las provincias más alejadas. La lógica es la misma en distintos escalones. La presión impositiva es porcentualmente la misma para una Pyme que nace en Pozo Azul que para una que tiene sede en algún barrio porteño, donde los costos de producción, por cercanía, logística y público consumidor, son mucho menores. Desde hace años las Cámaras empresarias piden algún trato diferente. O al revés, el precio del combustible es en Misiones el más alto del país. Llenar el tanque le sale a un misionero mucho más que a un porteño. Lo mismo para un productor yerbatero. Le cuesta mucho más producir que a un sojero de la Pampa Húmeda. Ni Guzmán ni los otros entienden esa lógica.

Los ministros de Economía definen la realidad del país sin salir de Buenos Aires. Mal endémico. De Economía y de los gabinetes conformados en su mayoría por funcionarios del centro del país. No es casual que los gobernadores, ahora reunidos en una Liga, adviertan que el Presidente no escucha a los mandatarios para tomar las decisiones trascendentales. Más federalismo, reclaman.

Herrera Ahuad marcó las premisas que debería tener el sucesor de Guzmán. “Los misioneros tenemos la saludable expectativa de ser escuchados para hacer realidad la Zona Franca, que se realicen las obras energéticas postergadas por la Entidad Binacional Yacyretá, que se actualice el índice de Coparticipación Federal con los resultados del nuevo censo, donde Misiones es la gran provincia emergente de la Argentina. Luz, gas y combustibles con precios accesibles para incrementar la producción que demanda nuestra industria y nuestros productores y reglamentación del Art. 10 de la Ley de Pymes”, pidió. 

Parece mucho. Son los temas de la agenda de Misiones desde hace más de diez años. Ningún ministro lo resolvió. Silvina Batakis, nació en Tierra del Fuego, y vivió un tiempo en Taco Pozo, en una de las puntas del mapa del extenso Chaco, legado de sus padres y abuelos. Después fue ministra de Economía de Buenos Aires. La funcionaria de 53 años tiene la oportunidad de escribir otra historia.

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