Las cuentas de Misiones: superávit, inversión pública y cambio en la composición del gasto

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Misiones cerró el primer trimestre de 2026 con un superávit primario por $111.718 millones y financiero por $111.036 millones, que equivalen al 11,4% de sus ingresos totales. Esto representa una mejora respecto al mismo trimestre de 2025 cuando también mostró superávit, aunque algo más chico: había sido del 9,7% de los ingresos totales. 

Detrás de este resultado positivo y de su mejora respecto al año anterior, hay elementos claves que muestran cómo Misiones administró la escasez de recursos y logró alcanzar esos resultados. 

En los primeros tres meses del año, Misiones tuvo ingresos totales por $976.269 millones y una baja muy fuerte: -11,4% interanual en términos reales. Si lo medimos en moneda constante (a precios de marzo 2026, cierre del trimestre), esa caída relativa equivale a una pérdida de recursos por $129.334 millones. En este marco conviene preguntarse cómo se distribuyó esa caída. 

Los recursos tributarios de origen provincial (es decir, la recaudación de tributos provinciales) cayeron 21,8% real interanual, provocando una pérdida de $ 75.488 millones, más de la mitad de la pérdida total de la provincia (exactamente, el 58%). A su vez, los recursos tributarios de origen nacional (básicamente la coparticipación) cayeron 6,6% y se perdieron unos $ 37.917 millones. Así, solo por recursos provenientes de recaudación tributaria (nacional y provincial) Misiones perdió unos $ 113.405 millones, equivalente al 88% de la pérdida total. Esto no hace otra cosa que evidenciar de manera contundente que la economía real está planchada y no hay recaudación que pueda crecer en términos reales bajo ese contexto. 

Misiones también perdió recursos por el lado de la Contribuciones a la Seguridad Social (-20,9%), de los recursos No tributarios (-23,0%) y las Rentas de la Propiedad (-63,8%), al tiempo que crecieron las Transferencias Corrientes (+103,6%) y los Ingresos de Capital (+77,9%) pero, si bien las subas relativas son de importante magnitud, aportaron apenas unos $26.493 millones “excedentes”, muy lejos de compensar así las bajas del resto de los componentes. 

Con ingresos cayendo al 11,4%, ¿cómo alcanzó la provincia un superávit que fue relativamente holgado? Con una baja del gasto que superó la merma de ingresos. El gasto público total se contrajo 13,0% real interanual en Misiones durante el primer trimestre, equivalente a un recorte del gasto público por $ 133.536 millones (a precios de marzo de 2026). 

El mayor ajuste se aplicó sobre el gasto Corriente: el recorte fue del 13,4% con diferentes intensidades hacia dentro. Por el caso, el gasto en Personal cayó 8,3% (un recorte equivalente a $ 34.069 millones, un cuarto del total), en Bienes de consumo fue de -17,6% (-$641 millones), los Intereses de la deuda se redujeron en un 48,2% (-$656 millones) y las Prestaciones de la Seguridad Social -6,7% (que representan un recorte de $ 8.088 millones). 

Por el lado de las Transferencias Corrientes, la caída llegó al 22,0% que equivale a una baja de $89.293 millones: dentro de estos, los envíos al sector privado cayeron 13,4% (-$ 19.938 millones) y al sector público (que incluye coparticipación municipal) la merma fue del 27,0% (-$ 69.355 millones). 

Mención aparte merece el gasto de Capital: si bien cayó 6,4% (-$ 3.461 millones) la merma se explicó enteramente por menor Inversión Financiera (-97,2% que significa un recorte de $ 33.660 millones) al tiempo que la Inversión Real Directa (ítem que engloba lo que comúnmente denominamos obra pública) creció 173,1% (un gasto excedente de $ 28.727 millones respecto al año anterior) y las Transferencias de Capital crecieron 55,0% (68,4% al sector privado y +43,0% al público) con erogaciones “extra” por $ 1.473 millones. 

En términos de resultados, Misiones cerró el primer trimestre del año con un ahorro corriente (es decir, la diferencia de ingresos corrientes con gastos corrientes) de $ 154.504 millones (levemente menor al del año anterior, en términos reales); un resultado primario (ingresos totales menos gastos excluyendo intereses de la deuda) positivo en $ 111.718 millones (3,2% superior al del primer trimestre 2025) y un resultado financiero (ingresos totales menos gastos totales, incluyendo intereses de la deuda) también positivo en $ 111.036 millones (mejorando 3,8% respecto al 2025). 

Hecha la descripción de la ejecución presupuestaria provincial y sus resultados, cabe señalar ciertas conclusiones. 

En primer lugar, el superávit no fue producto de una mejora de los ingresos, sino de un gasto que se contrajo a mayor ritmo que la merma de recursos. La provincia logró un resultado fiscal positivo en un contexto de fuerte caída de la recaudación (-11,4% real), compensando esa pérdida con un recorte del gasto aún mayor (-13,0%). Es decir, el equilibrio fiscal descansó íntegramente sobre la reducción del gasto público.

Por otro lado, como ya se mencionó, el ajuste estuvo concentrado en el gasto corriente. La mayor parte del esfuerzo fiscal se realizó sobre las erogaciones de funcionamiento del Estado, reducción de transferencias corrientes y una caída del gasto en personal y previsional. Esto sugiere una estrategia orientada a contener el gasto permanente para preservar las cuentas públicas. 

Pero a la par, se debe mencionar que la inversión pública no fue la variable de ajuste. A diferencia de lo ocurrido en muchas jurisdicciones, Misiones preservó e incluso expandió la obra pública. La Inversión Real Directa creció 173,1% real, mientras también aumentaron las transferencias de capital. Esto muestra una decisión de priorizar el gasto con impacto sobre infraestructura y desarrollo. Como se mencionó, si bien el gasto de capital tuvo caídas, esto responde a una readecuación de su composición, ya que la inversión real directa creció fuerte pero el resultado general de la cuenta capital se da por el desplome de la inversión financiera (-97,2%). Es decir, la provincia redujo colocaciones o aportes financieros, pero simultáneamente incrementó la inversión física. 

El resultado fiscal luce relativamente sólido desde el punto de vista financiero, aunque con costos económicos y distributivos. La estrategia permitió mantener un superávit holgado pese a la caída de los ingresos, pero lo hizo mediante menores salarios reales del sector público, una fuerte reducción de recursos transferidos a municipios y privados, y una menor capacidad de gasto corriente del Estado. Podemos afirmar entonces que Misiones no alcanzó el superávit únicamente gastando menos en todo, sino cambiando la composición del gasto: ajustó con fuerza el gasto corriente mientras protegió e incluso expandió la inversión en obra pública, para fortalecer territorios y sostener el empleo, que se redujo drásticamente por el ajuste nacional y la caída de la actividad. 

¿Cómo fue el desempeño misionero en comparación con las otras provincias del país? En términos de resultados, Misiones tuvo el sexto mejor resultado fiscal del país (medido como porcentaje de los ingresos totales): el 11,4% de superávit financiero, quedó solo por debajo de CABA (22,0%), Jujuy (20,7%), San Luis (17,2%), Mendoza (12,3%) y Córdoba (12,1%), mostrando así la mejor dinámica fiscal en el NEA.

Si se compara el desempeño relativo de ingresos y gastos, Misiones tuvo la segunda mayor caída de recursos de todo el país, únicamente superada por Tierra del Fuego (-16,8%) y estas dos, junto a Santiago del Estero, son las únicas provincias con merma de ingresos de doble dígito; a su vez, el consolidado de provincias del país mostró caída de ingresos del 3,1%. 

Respecto a los gastos totales, Misiones ocupó el mismo lugar: su recorte del 13,0% fue el segundo más fuerte del país, solo por encima de Chaco donde la reducción de las erogaciones fue del 13,4%; por el contrario, el consolidado de provincias tuvo expansión del gasto: el total +2,1% y el primario +1,6% (dando cuenta así de que creció mucho los pagos de intereses de la deuda del consolidado de provincia, llegando a +24,0%, a contramano de lo que pasó en Misiones).

El primer trimestre deja, en definitiva, una enseñanza clara: en un escenario de fuerte retracción de la actividad económica y de caída de la recaudación, sostener el equilibrio fiscal exige tomar decisiones sobre qué partidas preservar y cuáles resignar. Misiones optó por proteger la inversión en infraestructura y la obra pública, financiando esa estrategia con un significativo ajuste sobre el gasto corriente. 

Hacia adelante, el principal desafío será determinar si este esquema resulta sostenible. Si la economía continúa sin recuperar dinamismo y los ingresos tributarios permanecen deprimidos, el margen para seguir ajustando el gasto corriente será cada vez más reducido. Esto pone en evidencia (una vez más) la necesidad de un giro en el programa económico nacional que tenga su derrame en los territorios con recuperación de volumen de actividad, producción y consumo. Sin ello, el equilibrio fiscal podría perderse (algo que tanto le importa al gobierno nacional) pero peor aún, se resentirían aún más los servicios públicos en las provincias, en un escenario donde ya casi no queda margen de recorte.

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