Las nuevas estrellas del poder

Los desafíos para comprender este mundo posmoderno nos inducen a estudiar una y otra vez las consecuencias de nuestras interacciones sociales. Entender cómo se desenvuelven las mutaciones del “poder” en la sociedad nos ayudará a comprender nuestras acciones del presente.

El término poder proviene del latín possum que significa ser capaz o ser potente para lograr la posesión o dominio de un objeto o como el desarrollo colectivo de modos de actuar, sentir y pensar. Todos los individuos poseen poder y está en cada uno de nosotros ceder total o parcialmente esa fuerza para constituir soberanía política, por ejemplo.

Para analizar brevemente la volatilidad de nuestras interacciones y pensamientos sociales tomaremos como eje central la mirada sobre el poder de nuestro querido pensador francés, Michel Foucault. Él se definió como un historiador de las ideas, ideas que reflejan la historia del poder en todas sus manifestaciones: dominante, fundadora de discursos, garante del orden, aterrorizante, fascinante, inmovilizadora, entre otras.  

Todos conocemos cuales son las características del mundo posmoderno, y si no conociéramos teóricamente algunos detalles sobre ella, todos practicamos sus bases interaccionistas que se vinculan con nuestro propio mundo. La mirada va hacia las formas de dominio del hombre sobre el hombre en la cual se refleja el paradigma de una época en particular; donde el paradigma se esfuerza por identificar aquellas cosas que podemos conocer y sobre aquellas cosas que debemos saber. Claramente la vida que llevamos ahora no es la misma que hace 30 o 40 años y bajo esta coyuntura se resaltan nuevos mecanismos del poder, que ya habían sido analizadas por Foucault en el siglo pasado.

El concepto que me interesa rescatar hoy se enfoca en la idea de que el poder no es una recarga que goza de una quietud permanente de una clase dominante, de una institución o de una persona en particular, sino que el poder representa una simple estrategia. Son tiempos de un poder dinámico que da cuenta una sustancia corrosiva que atenta sobre las dominaciones institucionalizadas.

La comodidad de algunos poderes con los cuales lidiamos constantemente queda endeble frente a las capacidades diseminadas de ejercer resistencia o de ejercer llanamente potestad sobre alguien. Solamente con un teléfono móvil somos capaces de tambalear los más complejos entramados sociales del status quo o capaces de instalar un pensamiento social que habitaba en las sombras hasta ese momento. La influencia de saberes y pensamientos cambia las configuraciones constantemente y anula reglas de juego para mutar hacia otras.

Por el solo hecho de pertenecer a una sociedad tenemos la potestad real de influir directamente en un reclamo salarial, una interpelación a un alto funcionario o un Presidente, una protesta de violencia de género, la manifestación de un fenómeno social o torcer la opinión pública de un momento a otro.

Cuando debemos medir de alguna forma el poder o queremos visualizarlo en alguna relación concreta primero tenemos que ejercer el poder. Cuando miramos una relación de poder, vemos el poder en plena acción, en cualquier relación, no solamente un poder político o el poder concentrado. Donde existe una forma de poder también se ejerce una resistencia, esto hace que el poder no se ejerza de forma unilateral, sino que vivimos en un mundo donde hay una relación de fuerzas múltiples. El dinamismo del poder actual se logra en el pleno ejercicio del mismo y no bajo una posesión de mera dominación tradicional.

El poder se encuentra en los capilares de la sociedad, no se debe a una relación de arriba hacia abajo o utilizando solamente los mecanismos de represión e ideología, sino que hoy los mecanismos son absolutamente más creativos y estratégicos. Los tiempos fugaces del posmodernismo hicieron que las mutaciones del poder se simbolicen como luces intermitentes que cambian de lentes según el fenómeno. Ahora hay nuevos protagonistas y por lo tanto, nuevas formas de actuar y de pensar.

Siguiendo las líneas argumentativas de Foucault hoy estaríamos frente a un nuevo paradigma que ya no basa su estrategia en las sociedades disciplinarias donde algunos dispositivos han mutado producto de la era digital. Vivimos en sociedades de control donde el poder de los capilares sociales no se rige más por la disciplina sino por influencias más silenciosas como el consumo y la seducción.

Hoy muchos pensamientos individuales son públicos, nuestros consumos están abarrotados en alguna empresa con tarjetas de puntos, nuestras formas de actuar son moldeadas de acuerdo a nuestras cuentas bancarias y nuestras resistencias suelen ser contenidas por un orden institucional. Somos controlados debido al poder que tenemos guardado, latente, y que podemos ejercer en cualquier momento. Hoy debemos estar más controlados que nunca porque en cualquier momento la olla a presión de la cocina social se puede desprender, pero no olvidemos que cada uno lo puede usar a su manera. Todos los individuos tenemos la potestad de jugar nuestras cartas cuando consideremos oportuno, cuando la estrategia del poder sea necesaria.

El legado de Michel está más vivo que nunca, quien luchó toda su vida por reencontrar formas individuales o colectivas de poder que sean la apertura a nuevas dimensiones de realización, hoy vemos resurgir nuevos papeles protagónicos. El posmodernismo demuestra una época capaz de graficar la actitud crítica de los individuos en base a sus fundamentos y formas más románticas de ejercer el poder. Siendo cuestionadores del orden existente y observando las prácticas de los nuevos paradigmas de turnos vamos a ser capaces de mutar los significantes tan poderosos de los cuales muchas veces nos quejamos sin entender que son parte de un sometimiento aceptado por nosotros,  las nuevas estrellas.

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