Las palabras de autoridad

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Cuidando nuestra manera de hablar, nuestras palabras serán usadas por Dios con gran autoridad. Dios estará en nuestra boca no por la facilidad de expresión sino por nuestro corazón sincero. Veamos hoy el ejemplo de Moisés y las palabras de autoridad.

 

LA AUTORIDAD EN LAS PALABRAS Y EL ESTILO DE HABLAR.

La vida de Moisés está llena de batallas épicas y de grandes triunfos. Cuando analizamos su vida vemos la tremenda autoridad delegada que poseía, pero se tropieza con una realidad, a Moisés le costaba hablar, tenía algún problema en el habla que le traía gran inseguridad.

Éxodo 4:10-12 “Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua.  Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?  Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar”.

Y todavía más adelante tenía dudas de su capacidad de hacer lo que Dios le mandaba.

Éxodo 6:11-13: “Entra y habla a Faraón rey de Egipto, que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. Y respondió Moisés delante de Jehová: He aquí, los hijos de Israel no me escuchan; ¿cómo, pues, me escuchará Faraón, siendo yo torpe de labios?   Entonces Jehová habló a Moisés y a Aarón y les dio mandamiento para los hijos de Israel, y para Faraón rey de Egipto, para que sacasen a los hijos de Israel de la tierra de Egipto”.

Es como si Dios no le hiciera caso, dándole incluso instrucciones para que vaya delante de Israel y delante del Faraón rey de Egipto.

Lo que Moisés no entendió y muchos no entendemos es que para Dios no interesa el estilo de hablar sino el corazón del que lleva el mensaje. Dios usa a muchas personas y a muchos que hablan muy bien, pero eso no es lo determinante porque cuando Dios le da autoridad a  alguien, no mira su estilo o forma de hablar sino su corazón y evidentemente Dios les respalda.

En muchas oportunidades Moisés no tuvo que hablar solo extendió su vara y se dividió el mar Rojo. Y muchos de los milagros que hizo fueron sin hablar solo extendiendo su cayado. Dios te puede usar aun en el silencio, sin necesidad de hablar.

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Mateo 10:19-20: “Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar.  Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros”.

Hay un llamado sobre nuestras vidas que es predicar el evangelio, pero si me cuesta no me tengo que preocupar Dios me va a usar de igual manera. El Señor nos dará la autoridad y el poder de Dios cambiará los corazones. Dios usará nuestra lengua como instrumento poderoso.

Del mismo apóstol Pablo pensaban mal de su palabra, 2ª Corintios 10:10 “Porque a la verdad, dicen, las cartas son duras y fuertes; más la presencia corporal débil, y la palabra menospreciable”.

 

LA AUTORIDAD DE MOISÉS Y LA INTERSECIÓN DELANTE DE DIOS

Una de las maneras de ver la autoridad en nuestras palabras es en la oración. Moisés logró libre acceso a la presencia de Dios en oración. Por ejemplo, una de las oraciones que hace es para quejarse pero aun así Dios le atiende.

Éxo 5:22,23  Entonces Moisés se volvió a Jehová, y dijo: Señor, ¿por qué afliges a este pueblo? ¿Para qué me enviaste? Porque desde que yo vine a Faraón para hablarle en tu nombre, ha afligido a este pueblo; y tú no has librado a tu pueblo.

La vida espiritual de Moisés fue siendo perfeccionada, porque nunca retrocedió sino que estuvo en la presencia de Dios cuarenta días y cuarenta noches; y finalmente ocurre lo anunciado, tiene que enfrentar en batalla al enemigo y la palabra de Moisés se vuelve imprescindible para la victoria espiritual del pueblo:

Éxodo 17:11-13 “Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; más cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada”.

Aquí está la autoridad delegada al líder para la victoria en la batalla espiritual, Dios está con su pueblo pero si el líder no usa su autoridad no es posible vencer al enemigo.

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LA AUTORIDAD DE MOISÉS Y LA  PALABRA PARA EL PUEBLO DE DIOS.

La extraordinaria enseñanza de Moisés para Israel sigue siendo vital para nosotros. Al igual que Israel, nosotros necesitamos que la enseñanza nos sea repetida una y otra vez. Ese es el valor de la palabra de autoridad para nuestra vida cristiana hoy, miles de años después.

  1. Amar a Dios empuja nuestra obediencia.

Deuteronomio 6:4-5 El amor al Señor y la obediencia que naturalmente le sigue es uno de los temas más repetidos en el libro de Deuteronomio. Lo primero que hace Moisés en su esfuerzo de encomendar al pueblo a obedecer a Dios es ordenarles a amar a Dios. El fin es ser obedientes pero el único medio para hacerlo es amarle. La prioridad del mensaje es que entendamos que nuestra obediencia emana de nuestro amor por Dios.

  1. Recordar las obras de Dios motiva nuestro amor.

Deuteronomio 11:2-4. El discurso de Moisés en Deuteronomio está lleno de agradecimiento y reverencia a las proezas del Señor; igual como deberían ser nuestras conversaciones, oraciones y canciones ¡Recuerden que fueron esclavos una vez! ¡Recuerden que el Señor los sacó de ahí! ¡Recuerden que Él abrió el mar en dos y que destruyó al ejército más fuerte del mundo por nosotros!

  1. Obedecer su consejo trae bendición.

Deuteronomio 28:1-2 Amar a Dios y obedecerle siempre es recompensado en bendición y crecimiento. Quizás  sea creciendo la iglesia,  teniendo frutos inesperados, tenemos la seguridad que al cumplir nuestro propósito, seremos bendecidos por Dios en formas inimaginables: como Job después de la aflicción (Job 42:7-17), como José en Egipto (Génesis 41), y como Pedro al tirar la red (Lucas 5:1-11). 

El sacrificio de Cristo posibilita nuestra obediencia. Nuestro amor y obediencia estarán siempre recompensados, nos conduce a estar empoderados en Cristo y llenos por el Espíritu Santo.

Recordemos las últimas palabras de Moisés:

Deuteronomio 11:26-28 “Miren, hoy pongo delante de ustedes una bendición y una maldición: la bendición, si escuchan los mandamientos del Señor su Dios que les ordeno hoy; y la maldición, si no escuchan los mandamientos del Señor su Dios, sino que se apartan del camino que les ordeno hoy, para seguir a otros dioses que no han conocido”.

Que Dios te bendiga y tengas una semana de bendición y victoria!

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