Los jóvenes y la política

Hace tiempo dejé de lado el periodismo de oficio para dedicarme a locución institucional (no significa que mi corazón haya dejado de pertenecer a los medios). Desde esa experiencia ejercida que te lleva a conocer grandes realidades, me tomé el atrevimiento de compartir unas reflexiones sobre las candidaturas de los jóvenes y el compromiso que trae aparejado (aclaro, no soy candidata).

Para nosotros, a veces no es tan importante tener precisión de a dónde vamos porque pienso que los sueños no tienen fronteras y podemos seguir sumando cosas en el camino, todo se adecúa a la voluntad que tengamos y que no desistamos en ese andar.

Pero cuando se trata de un andar colectivo considero que, sí es importante, no olvidar de dónde venimos, qué raíces nos fortalecieron y con qué combustible contamos a la hora de encaminarnos en ese viaje de la vida que emprendamos.

Pienso que más allá de sujetarnos a nuevas realidades que permanecen en su extensión pero que van cambiando con nuestro paso, no nos olvidemos de las vivencias y situaciones que no nos tocaron. Ahí está también el mundo por descubrir y por el cual trabajar.

Admiro convicciones y discursos fortalecidos de teoría joven y académica, que sin dudas es un elemento muy necesario en una sociedad que desde antaño saca rédito de la ignorancia, pero sostengo que no alcanza con analizar estadísticas, acudir a los archivos y realizar comparaciones, ni si quiera llenarnos de pasión y de propuestas. 
Para nosotros; los jóvenes que aún somos inexpertos en el mundo de la política, y que hemos observado grandes y pésimas decisiones de nuestros representantes, prioridades tergiversadas hasta para el sentido común, beneficios para pocos y perjuicios para muchos, entre otras tantas cosas desalentadoras; es una gran responsabilidad que nos obliga a buscar más herramientas que teoría y práctica. 
No es solo tomar la decisión de involucrarnos a través de una lista y ver “qué onda”, no es solo cargar con la mochila llena de libros de historia, política y economía, no es solo conocer las necesidades de Juan y María, no es solo ser meros y mediocres reproductores de discursos políticos trillados de “los que saben”, no es solo esperar que los de arriba nos digan qué hacer.

Ser candidato es ser consciente de que hay gente que aún confía en la palabra. Es ser consciente que cargamos con la esperanza del pueblo que nos otorga su tiempo y nos abre su puerta. Ser candidato no es cosa fácil, no es solo recorrer un par de barrios, es empezar de 0 y tener la predisposición y la humildad suficiente para escuchar todas las voces, es despojarse de individualismos y antiojeras para representar a la sociedad toda .

Insisto, ser candidato no es cosa fácil. Es bailar con la que no te gusta, es tragarse críticas, aceptarlas y construir de nuevo, es bancársela con el compromiso de devolver cuotas de concreciones en pos de la gente si llegamos a ese lugar.

Celebro esta JUVENTUD más comprometida desde el lugar que les toca y enhorabuena para aquellos que asumen de verdad y no “de onda” dar ese paso donde hay que poner garra y corazón logrando dimensionar la gran responsabilidad a cuestas.

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