Malas digestiones, dolor y años sin diagnóstico: alertan sobre el avance de las enfermedades inflamatorias intestinales
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Dolor abdominal, diarrea persistente, sangre en materia fecal, pérdida de peso, fatiga extrema o hinchazón no deberían ser considerados “algo normal”. Sin embargo, muchas personas conviven durante meses -o incluso años- con estos síntomas antes de recibir un diagnóstico correcto.
La Enfermedad Inflamatoria Intestinal engloba principalmente a la Colitis Ulcerosa y la Enfermedad de Crohn. Ambas son enfermedades inflamatorias crónicas del aparato digestivo, aunque con diferencias importantes: mientras la colitis ulcerosa afecta exclusivamente al intestino grueso, la enfermedad de Crohn puede comprometer cualquier parte del tubo digestivo.
“Si bien la etiología de la enfermedad de Crohn todavía no se conoce completamente, se cree que existe una interacción entre factores genéticos, ambientales, alteraciones en la microbiota intestinal y una respuesta inmunológica desregulada que desencadena inflamación crónica”, explica la Dra. Carolina Conlon (MN 109956 / MP 331775), especialista en Gastroenterología de DIM Centros de Salud.
Según distintas organizaciones internacionales vinculadas a la EII, más de 5 millones de personas viven actualmente con estas patologías en el mundo y la incidencia continúa creciendo, especialmente en países occidentalizados y en regiones urbanas. Además, diversos estudios muestran que una gran cantidad de pacientes demora entre uno y tres años en llegar a un diagnóstico preciso. “Muchas veces los síntomas se minimizan, se naturalizan o se confunden con otros trastornos digestivos más frecuentes. Por eso, el diagnóstico precoz es clave no solo para controlar la inflamación y evitar complicaciones, sino también para mejorar la calidad de vida del paciente”, agrega la especialista.
Un impacto que va mucho más allá del intestino
Las manifestaciones de la EII pueden variar según el tipo de enfermedad, la gravedad y el sector del aparato digestivo comprometido. Los síntomas más frecuentes incluyen diarrea crónica, dolor abdominal, urgencia evacuatoria, sangrado, cansancio, pérdida de peso y falta de apetito. Pero, además, las enfermedades inflamatorias intestinales también pueden presentar síntomas extraintestinales.
“En algunos pacientes aparecen manifestaciones fuera del aparato digestivo, como dolores articulares, lesiones dermatológicas, inflamación ocular o alteraciones inmunológicas. Por eso es fundamental el abordaje multidisciplinario”, señala Conlon. En ese sentido, el tratamiento suele involucrar gastroenterólogos, nutricionistas, coloproctólogos, dermatólogos, reumatólogos, infectólogos y especialistas en salud mental, entre otros.
Microbiota, alimentación y estilo de vida: un eje cada vez más importante
En los últimos años, la ciencia comenzó a profundizar cada vez más en el rol de la microbiota intestinal en la salud digestiva e inmunológica. “El intestino es un ecosistema complejo. Hoy sabemos que la microbiota cumple funciones fundamentales en la digestión, el metabolismo, la inmunidad e incluso en el estado de ánimo. Cuando ese equilibrio se altera, pueden potenciarse procesos inflamatorios”, explica el Dr. Juan Cruz Codd (MN 145709 / MP 339125), gastroenterólogo de DIM Centros de Salud.
Si bien la alimentación no causa por sí sola una EII, los especialistas coinciden en que determinados hábitos pueden influir tanto en la salud intestinal como en la evolución de distintas patologías digestivas. “Las dietas pobres en fibra y ricas en ultraprocesados se asocian con un mayor riesgo de inflamación intestinal y alteraciones de la microbiota. En cambio, una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y alimentos frescos favorece la diversidad bacteriana y el equilibrio digestivo”, agrega Codd. Además de la alimentación, el sedentarismo, el estrés crónico, el tabaquismo y la falta de sueño también pueden impactar negativamente en la salud intestinal.
Cuando no es ‘solo estrés’ ni ‘algo que cayó mal’
Uno de los grandes desafíos actuales sigue siendo derribar el tabú alrededor de los síntomas digestivos. Muchas personas sienten vergüenza, minimizan el problema o retrasan la consulta médica. “Naturalizar síntomas como diarrea persistente, sangrado o dolor abdominal recurrente puede retrasar diagnósticos importantes. El cuerpo habla constantemente y aprender a escucharlo puede marcar una enorme diferencia”, sostiene Codd.
Los especialistas recomiendan consultar ante síntomas digestivos persistentes, especialmente si hay pérdida de peso inexplicable, sangrado, antecedentes familiares de enfermedades intestinales o alteraciones sostenidas del tránsito intestinal. En ese contexto, estudios como análisis de laboratorio, calprotectina fecal, resonancia, tomografía y videocolonoscopía resultan fundamentales para detectar inflamación, evaluar lesiones y definir el tratamiento más adecuado para cada paciente.
La importancia de detectar a tiempo
La detección precoz y el tratamiento adecuado permiten controlar la inflamación, disminuir recaídas, evitar complicaciones y mejorar significativamente la calidad de vida.
“La EII no tiene una única cara. Cada paciente transita la enfermedad de forma distinta, por eso el tratamiento debe ser personalizado y acompañado de seguimiento médico continuo”, concluye la Dra. Conlon.
En un contexto donde las enfermedades digestivas aumentan a nivel global y la microbiota intestinal gana cada vez más protagonismo en la salud integral, especialistas insisten en un mensaje central: dejar de normalizar los síntomas digestivos y consultar a tiempo puede cambiar por completo el pronóstico y la calidad de vida.
Con el asesoramiento de la Dra. Carolina Conlon (MN 109956 / MP 331775), especialista en Gastroenterología, y del Dr. Juan Cruz Codd (MN 145709 / MP 339125), gastroenterólogos de DIM Centros de Salud.
