Menos desempleo, más informalidad
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Durante el tercer trimestre de 2025, el mercado de trabajo mostró una mejora en los indicadores agregados que se dio en simultáneo con una economía con un leve crecimiento. Sin embargo, la calidad del empleo sigue deteriorándose. Los puestos generados son esencialmente inestables, de mala calidad y bajos ingresos.
La tasa de empleo se ubicó en 45,4%, con un aumento interanual de 0,4 p.p., mientras que la tasa de desocupación descendió a 6,6% (-0,3 p.p.). Más aún, en términos desestacionalizados, el desempleo cayó 0,6 p.p. respecto del segundo trimestre, en un contexto en el que la actividad económica creció 0,3%. En el margen, la economía mostró cierta capacidad de absorción de mano de obra.
Sin embargo, la mejora no se tradujo en una recuperación de la calidad laboral. Por el contrario, el rasgo dominante fue el avance de la informalidad, que pasó de 42,6% a 43,3% de los ocupados en la comparación interanual. La reducción del desempleo se dio, así, en un contexto donde el 85% de la creación neta de puestos de trabajo se concentró en empleos más inestables y de menores ingresos.
El aumento de la informalidad observado en el tercer trimestre de 2025 no fue homogéneo sino principalmente en los trabajadores por cuenta propia. Entre los asalariados, la informalidad se mantuvo prácticamente estable en la comparación interanual, ubicándose en torno al 36,7%. No hubo un deterioro adicional en la calidad del empleo asalariado en términos de registración, tampoco una mejora. En contraste, entre los trabajadores por cuenta propia, la informalidad no solo es estructuralmente más elevada, sino que además se aceleró del 61,9% a 64,9% en un año, consolidándose como la categoría con mayor incidencia de empleo informal. Lejos de constituir una señal de dinamismo emprendedor, el avance de la informalidad entre los independientes refleja, en muchos casos, la falta de alternativas de inserción en empleos asalariados estables.
El análisis por grupos etarios muestra que la mejora observada en los indicadores laborales no se tradujo en una inserción más sólida para los jóvenes. En el tercer trimestre se registró una caída de la tasa de desempleo juvenil, tanto en varones como en mujeres, pero esta reducción estuvo explicada principalmente por una baja en la tasa de actividad y no por una expansión del empleo. Esta dinámica admite una doble lectura: por un lado, en una economía que crece levemente, puede reflejar la reversión del fenómeno del trabajador adicional, con jóvenes que se retiran del mercado laboral ante una menor presión de ingresos en los hogares; por otro, y en línea con el resto de los indicadores, también puede interpretarse como un fenómeno de trabajador desalentado, en el que la falta de oportunidades laborales atractivas lleva a abandonar la búsqueda de empleo. Esta segunda lectura gana relevancia si se considera que los jóvenes siguen siendo el grupo más afectado por la informalidad, con inserciones laborales predominantemente precarias.
En contraste, los jefes y jefas de hogar muestran una dinámica más rígida y preocupante. En este grupo, la tasa de actividad aumentó y se tradujo en un aumento del desempleo con una suba menor del empleo. El riesgo es que, dado que los jefes de hogar tienen menor margen para retirarse del mercado laboral y en ausencia de cobertura en el desempleo, tengan una mayor presión a aceptar empleos informales o de baja estabilidad. Esto resulta especialmente sensible desde el punto de vista social, ya que se trata del principal sostén de ingresos de los hogares.
Mirada regional y por tamaño de aglomerado
La heterogeneidad territorial volvió a añadir una capa de complejidad al diagnóstico del mercado de trabajo. En los grandes aglomerados urbanos —aquellos con más de 500 mil habitantes— la tasa de desocupación se ubicó en torno al 6,9%, por encima del promedio nacional, mientras que en los aglomerados de menor tamaño descendió a 5,2%. Esta brecha refleja, en parte, las mayores dificultades que enfrentan los mercados laborales más densos y diversificados para absorber mano de obra en un contexto de crecimiento económico moderado. No obstante, detrás de este contraste agregado se observan trayectorias regionales muy dispares, que responden a diferencias en las estructuras productivas y en la dinámica de la oferta laboral.
A nivel regional, solo Gran Buenos Aires y Patagonia registraron caídas en la tasa de desempleo durante el trimestre. En contraste, la desocupación aumentó en Cuyo, el Noreste y el Noroeste, mientras que en la región Pampeana se mantuvo prácticamente estable. Este comportamiento heterogéneo pone de manifiesto que la mejora del mercado laboral no fue generalizada, sino que se concentró en determinadas regiones, mientras que en otras persistieron -o incluso se profundizaron- las tensiones laborales.
Entre los aglomerados con mayores niveles de desocupación, Río Gallegos se ubicó en primer lugar, con una tasa del 10,8%, lo que implica un aumento de 3,7 p.p. respecto de 2024 y de 7,9 p.p. frente a 2023, evidenciando un deterioro marcado y persistente del mercado laboral local. En segundo lugar, se ubicó Gran Resistencia, con una tasa cercana al 10%, aunque mostrando una leve mejora interanual. En Gran Rosario, la desocupación aumentó 3,1 p.p. hasta alcanzar el 8,9%, impulsada por un fuerte incremento de la tasa de actividad que superó la capacidad de creación de empleo del aglomerado.
En los partidos del Gran Buenos Aires, en cambio, la tasa de desocupación se redujo en 0,8 p.p., acompañada por una mejora de 0,3 p.p. en la tasa de empleo, un comportamiento similar al observado en el resto de la región del Gran Buenos Aires y que se tradujo en indicadores laborales relativamente más favorables. Sin embargo, esta mejora cuantitativa no necesariamente implicó una mejora en la calidad del empleo. Dado que cerca del 50% de los trabajadores por cuenta propia se concentran en esta región y que, en el segundo trimestre, alrededor del 60% de los cuentapropistas se desempeñaban en la informalidad, es esperable que la reducción del desempleo haya estado acompañada por un deterioro en la calidad de las inserciones laborales, reforzando el diagnóstico de un ajuste apoyado en empleo precario.
