ANALYTICA

La inflación de alimentos junio: Analytica proyecta un IPC de 1,8% para el mes

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La desaceleración de los precios de los alimentos volvió a consolidarse sobre el cierre de junio y refuerza las expectativas de un nuevo dato de inflación mensual por debajo del 2%. De acuerdo con el último relevamiento de la consultora Analytica, los alimentos y bebidas registraron un incremento de apenas 0,1% durante la cuarta semana del mes, mientras que la variación acumulada de las últimas cuatro semanas alcanzó el 1,4%.

Con este comportamiento, la consultora mantiene su proyección de un Índice de Precios al Consumidor (IPC) de 1,8% para junio, un nivel que, de confirmarse, consolidaría el proceso de desaceleración inflacionaria que viene mostrando la economía en los últimos meses y reforzaría la estrategia oficial de estabilización de precios.

El informe muestra que la dinámica de los alimentos continúa siendo heterogénea entre regiones. Los mayores aumentos semanales se registraron en el Nordeste Argentino (NEA) y en la Patagonia, donde los precios avanzaron 0,4%. En contraste, el Gran Buenos Aires y la región pampeana exhibieron las menores variaciones, con incrementos de apenas 0,1%.

La evolución regional resulta especialmente relevante porque el comportamiento de los alimentos suele tener un impacto directo sobre la inflación general, dado el elevado peso que este rubro mantiene dentro de la canasta que releva el INDEC, especialmente en los hogares de menores ingresos.

Al observar la evolución por categorías durante las últimas cuatro semanas, las verduras encabezaron los incrementos con una suba de 5,3%, consolidándose como el principal factor de presión dentro del rubro alimentos. También se destacaron las aguas, gaseosas y jugos, que acumularon un aumento de 2,4%.

En el otro extremo, varios productos mostraron una dinámica mucho más moderada. Las carnes y derivados, uno de los componentes con mayor incidencia sobre el índice general, aumentaron apenas 0,7% durante el período analizado, contribuyendo a contener la inflación de alimentos.

Asimismo, la consultora no detectó variaciones significativas en el segmento de café, té, yerba y cacao, un comportamiento que refleja una relativa estabilidad en productos de consumo masivo que durante los últimos años habían mostrado fuertes oscilaciones de precios.

El relevamiento también registró bajas en algunos rubros estacionales. Los pescados y mariscos retrocedieron 1,9%, mientras que las frutas disminuyeron 2,3%, compensando parcialmente las subas observadas en verduras y bebidas.

La combinación de aumentos moderados en productos de alta ponderación y caídas en varios alimentos frescos permitió que la inflación semanal permaneciera prácticamente estable durante el cierre del mes, fortaleciendo la expectativa de que junio vuelva a exhibir uno de los registros inflacionarios más bajos del actual proceso de estabilización económica.

El dato de Analytica se suma a otros relevamientos privados que vienen anticipando una inflación mensual contenida, en un contexto donde el comportamiento de los alimentos continúa siendo uno de los principales determinantes de la evolución del índice general de precios y de las expectativas económicas para el segundo semestre.

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La economía crece mientras cae la calidad del empleo

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El comienzo de 2026 acentuó la tendencia del 2025: el mercado de trabajo ajusta por calidad. La tasa de informalidad alcanzó al 44,2% de los ocupados, dos puntos porcentuales por encima de un año atrás y el valor más alto de la serie reciente. Lo llamativo es que el deterioro ocurre con una economía que crece, por caso +2,3% interanual en el trimestre.

El empleo total subió en 212.800 personas en la comparación interanual (+1,6%) y la tasa de desocupación se mantuvo estable, en 7,8% de la población económicamente activa, 0,1 p.p. por debajo de un año atrás.

La descomposición del empleo evidencia que mirar sola la tasa de desempleo puede ser engañoso: el empleo formal cayó en 166.800 puestos y el informal creció en 379.600, consumando una suba neta del empleo de baja calidad.

Esta dinámica explica, a su vez, por qué la desocupación no se modificó pese al crecimiento de la oferta laboral: la tasa de actividad subió de 48,2% a 48,6% de la población. La expansión del empleo informal absorbió ese incremento: la tasa de empleo pasó de 44,4% a 44,8% y la desocupación permaneció prácticamente inalterada. La informalidad funcionó, en este trimestre, como el principal mecanismo de absorción entre el leve aumento de la oferta laboral y una demanda de empleo formal en retroceso.

En los trimestres previos observamos que la informalidad aumentaba de la mano de la expansión del empleo independiente (cuentapropistas y patrones), entre los cuales la tasa de informalidad llegó a 59,7% en el primer trimestre, 3,0 p.p. por encima de un año atrás. Sin embargo, el deterioro se dio también en los asalariados, pasando a una tasa de informalidad del 37,9%, 1,7 p.p. más que en igual trimestre de 2025. El nivel de informalidad asalariada del primer trimestre es el más alto desde fines de 2007, solo comparable a los registros del cuarto trimestre de 2008 (37,7%) y el segundo trimestre de 2022 (37,8%)[1]. Aunque el cuentapropismo no registrado sigue concentrando la mayor incidencia relativa, el aumento de la informalidad entre los asalariados evidencia un empeoramiento de las condiciones generales del mercado de trabajo.

La mirada sectorial: una posible explicación

En la literatura económica está evidenciada una relación contracíclica entre la actividad económica y la informalidad laboral: cuando la actividad se expande, las condiciones para establecer contratos de largo plazo mejoran y se dan dinámicas de formalización por aumentos de demanda en las mismas empresas. El primer trimestre de 2026 no se ajusta a ese patrón: el PIB creció 2,3% interanual y, lejos de retroceder, la informalidad se aceleró. El comportamiento sectorial ayuda a entender esta aparente anomalía, siendo que la expansión se dio en sectores con poca tracción de empleo o con alta incidencia de informalidad.

En transporte y comunicaciones, servicios financieros y de alquiler, otros servicios, enseñanza y actividades primarias, la actividad creció en el último año mientras el empleo de la rama se redujo. En conjunto, estas cinco ramas concentran alrededor de un tercio del empleo total del país. En el otro extremo, administración pública es la rama que más empleo sumó (+12,9% interanual) pese a que su actividad, medida por el valor agregado, cayó 1,4%, pero el hecho responde a una recomposición del empleo que volvió a niveles de principios de 2023. Apenas construcción, hoteles y restaurantes y servicios sociales y de salud muestran el patrón esperable de crecimiento conjunto de actividad y empleo.

La combinación de esta evidencia con la incidencia de informalidad por rama permite una lectura más completa. Dos de las actividades donde crecen la actividad y el empleo predomina la informalidad. En la Construcción y en hoteles y restaurantes llega al 74,0% y 59,7% respectivamente solo por debajo del servicio doméstico. En cambio, las ramas donde el empleo se redujo a pesar de que su actividad creció —transporte, servicios financieros, enseñanza— tienen, en promedio, niveles de informalidad estructuralmente más bajos.

La heterogeneidad por características sociodemográficas

Entre las mujeres, la desocupación bajó de 9,0% a 8,3% en el último año (-0,7 p.p.) y la tasa de empleo subió de 46,9% a 48,3% (+1,4 p.p.), sin embargo, la tasa de informalidad femenina (44,4% en el cuarto trimestre de 2025) es la más alta de la serie y supera en alrededor de 3 p.p. a la masculina (41,8%), dinámica que también podría explicar la expansión del empleo informal. Entre los varones, el patrón es el opuesto: la desocupación subió de 7,0% a 7,5% (+0,5 p.p.) y la tasa de empleo cayó de 65,3% a 64,5% (-0,8 p.p.), de modo que el ajuste masculino se dio más por cantidad de empleo que por su calidad relativa.

La edad muestra una heterogeneidad similar. La desocupación de las mujeres jóvenes (14 a 29 años) cayó con fuerza, de 19,2% a 15,5% (-3,7 p.p.) explicado por un aumento del empleo, y la de los varones jóvenes también mejoró, aunque de manera más moderada (de 15,1% a 14,6%) y debido a una caída en la participación. En cambio, entre los adultos de 30 a 64 años la desocupación aumentó en ambos sexos: +0,9 p.p. entre los varones (de 4,3% a 5,2%) y +0,3 p.p. entre las mujeres (de 5,9% a 6,2%). Esa mejora relativa de los jóvenes en el desempleo no debe confundirse con una mejora en la calidad del empleo al que acceden: la informalidad entre los trabajadores de 16 a 24 años llegó a 67,0% en el cuarto trimestre de 2025, 24 p.p. por encima del promedio general y el valor más alto de toda la serie por edad. La incidencia desciende hasta los 45-64 años (34,2%, el mínimo) y vuelve a subir entre los trabajadores de 65 años y más (55,5%). Dicho de otro modo: los jóvenes consiguen trabajo con mayor facilidad relativa que hace un año, pero ese trabajo tiene altas probabilidades de ser informal.

Los jefes y las jefas de hogar muestran un comportamiento distinto al del promedio. Mientras la tasa de empleo general subió 0,4 p.p. en el año, entre los jefes de hogar cayó 0,4 p.p. (de 66,2% a 65,8%), en simultáneo con una leve retracción de su tasa de actividad (de 69,2% a 69,0%) y un aumento de su desocupación (de 4,3% a 4,6%). El deterioro o estancamiento dentro de este grupo que es la principal fuente de ingresos del hogar, y que por ello cuenta con menor flexibilidad, tiene implicancias sociales severas en tanto puede forzar a aumentos de la participación de otros miembros del hogar (fenómeno trabajador adicional) o dejar a sus miembros en situación de pobreza o vulnerabilidad frente a ella. La pérdida de calidad del empleo no es, entonces, solo una cuestión de cobertura legal o previsional: tiene una correlación directa con las condiciones de vida de los hogares, y es especialmente sensible cuando quien la sufre es la persona que sostiene el ingreso principal del hogar.

Mirada regional y por tamaño de aglomerado

El deterioro del mercado de trabajo no fue geográficamente uniforme. Los aglomerados de 500.000 habitantes y más redujeron levemente su tasa de desocupación en el año (de 8,5% a 8,3%), mientras que los de menor tamaño la incrementaron (de 5,0% a 5,7%), un patrón distinto al observado durante buena parte de 2025, cuando el ajuste se había concentrado en los grandes centros urbanos.

En términos regionales, Gran Buenos Aires (de 9,1% a 8,7%), Cuyo y Noroeste registraron mejoras interanuales en su tasa de desocupación. En sentido inverso, la región Pampeana (de 7,4% a 8,2%) y, con mayor intensidad, el Noreste (de 6,1% a 7,2%) profundizaron su deterioro. Este giro regional convive con una recomposición de la tasa de empleo: el Noreste (+2,0 p.p.) y la región Pampeana (+1,1 p.p.) son las dos regiones donde más subió la proporción de población ocupada, por encima del promedio nacional (+0,4 p.p.). Que la tasa de empleo y la de desocupación suban juntas en esas regiones indica que más personas se incorporaron al mercado de trabajo, y que una parte logró un puesto, posiblemente informal, mientras otra parte permanece en búsqueda activa.

A nivel de aglomerado, los aumentos interanuales más pronunciados se registraron en Bahía Blanca-Cerri (+5,3 p.p., de 4,8% a 10,1%) y Formosa (+4,9 p.p., de 3,8% a 8,7%), seguidos por Mar del Plata y Río Gallegos (+3,3 p.p. cada uno). Las mejoras más significativas se observaron en Santa Rosa-Toay (-4,5 p.p., de 9,5% a 5,0%) y Neuquén-Plottier (-3,0 p.p.). La tasa de desempleo más elevada se evidenció en el aglomerado San Nicolás-Villa Constitución (10,4%), mientras la de menor incidencia fue Santiago del Estero-La Banda.

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El changuito misionero acelera: subió casi 3% en mayo y sumó $45 mil en un mes

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El changuito familiar volvió a presionar sobre los bolsillos en mayo y Misiones quedó entre las provincias donde el aumento se sintió con más fuerza. Según el relevamiento federal de Analytica, la canasta de alimentos y bebidas representativa del consumo mensual de una familia de clase media, compuesta por dos adultos y dos menores, alcanzó en la provincia los $912.236 a fin de mayo.

El dato no sólo ubica a Misiones por encima de Corrientes y Formosa dentro del NEA, sino que además la coloca entre las jurisdicciones con mayor aceleración mensual del país. El changuito misionero aumentó 2,9% en mayo, una variación superior a la registrada en Chaco, Corrientes y Formosa, y apenas por debajo de los distritos que lideraron el ranking nacional: Río Negro, Neuquén, Ciudad de Buenos Aires, Jujuy y el resto de la provincia de Buenos Aires.

La foto es todavía más contundente cuando se mira el salto en pesos. En apenas un mes, la canasta misionera se encareció $44.963. Fue el segundo mayor aumento absoluto del país, sólo detrás de Río Negro, donde el incremento fue de $62.947. Córdoba completó el podio, con una suba de $42.339.

Provincia Costo del changuito Variación mensual Variación interanual Peso sobre dos salarios
Chaco $912.578 2,0% 31,9% 36,2%
Misiones $912.236 2,9% 31,2% 29,0%
Corrientes $910.454 2,4% 32,9% 37,2%
Formosa $902.719 1,2% 31,8% 34,0%

En la comparación interanual, Misiones acumuló una suba de 31,2%. No está entre las provincias con mayor aumento anual, posición dominada por la Patagonia y por Jujuy, pero el incremento sigue marcando una presión sostenida sobre el consumo cotidiano. En el NEA, Corrientes mostró una suba anual más alta, de 32,9%; Formosa llegó a 31,8%; Chaco a 31,9%; y Misiones quedó apenas por debajo, con el mismo registro que Santa Fe.

El informe también muestra una diferencia relevante dentro del Norte Grande. El changuito misionero resultó más caro que el de Corrientes, Formosa, Tucumán, Entre Ríos, Mendoza, Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe, La Rioja y el Conurbano bonaerense. Al mismo tiempo, quedó prácticamente empatado con Chaco y apenas por debajo de San Juan, Catamarca y Jujuy.

A nivel nacional, las canastas más caras se concentraron en la Patagonia. Santa Cruz encabezó el ranking con $1.013.092, seguida por Chubut, Río Negro, Tierra del Fuego y Neuquén. En el otro extremo, las compras más económicas se registraron en el Conurbano bonaerense, Santa Fe y La Rioja, todas por debajo de los $888 mil.

El comportamiento por productos ayuda a explicar parte del movimiento. Analytica detectó subas generalizadas en el aceite de girasol, con incrementos de entre 3% y 5% en casi todas las provincias. También hubo aumentos fuertes en las galletitas de agua, con variaciones de entre 4% y 6% en todo el país. En cambio, los productos cárnicos incluidos en la canasta, como asado y supremas de pollo empaquetadas, no mostraron variaciones significativas en la mayoría de las jurisdicciones. Las hamburguesas tuvieron incrementos leves, con excepciones más marcadas en provincias patagónicas.

Ranking Jurisdicción Costo a fin de mayo
1Santa Cruz$1.013.092
2Chubut$1.001.181
3Río Negro$994.315
4Tierra del Fuego$981.913
5Neuquén$939.213
14Misiones$912.236
ÚltimoConurbano bonaerense$886.730

El dato que suaviza parcialmente el diagnóstico aparece en la relación entre precios y salarios. En Misiones, el changuito representa el 29% de dos salarios promedio registrados. Esa proporción cayó un punto porcentual respecto de mayo del año pasado, lo que indica una mejora relativa del poder adquisitivo formal frente a esta canasta específica.

Pero esa mejora estadística no borra la magnitud del esfuerzo familiar. En una provincia donde buena parte del empleo no se mueve al ritmo del salario registrado promedio, una compra mensual de supermercado por encima de los $912 mil sigue funcionando como termómetro del deterioro cotidiano. La inflación puede mostrar señales de moderación, pero el changuito sigue cerca del millón de pesos y cada salto mensual vuelve a tensar la economía doméstica.

Indicador Dato de Misiones
Costo del changuito a fin de mayo $912.236
Variación mensual 2,9%
Variación interanual 31,2%
Aumento absoluto mensual $44.963
Peso sobre dos salarios promedio 29,0%
Variación interanual del peso sobre salarios -1,0 punto porcentual
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La estabilidad financiera cedió por la menor compra de reservas, pero el Gobierno llega cerca del pago clave de julio

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El Índice de Estabilidad Financiera elaborado por Analytica volvió a encender una señal de cautela. En la semana del 16 al 19 de junio, el indicador cayó 2,2% y regresó a niveles similares a los de fines de abril y comienzos de mayo. Aun así, permanece 10,6% por encima del punto de partida del programa económico, lo que muestra una mejora acumulada, pero con una dinámica más frágil.

El dato central del informe es la desaceleración en la compra de reservas. El Banco Central adquirió USD 233 millones en la semana, a un promedio diario de USD 58 millones, el ritmo más bajo desde fines de enero. Para Analytica, esa cifra quedó por debajo de la métrica prudencial de acumulación, estimada en USD 505 millones para el período.

La lectura no es menor. La Argentina enfrenta el 9 de julio un vencimiento de deuda con privados por USD 4.300 millones. Por eso, la capacidad de acumular dólares vuelve a estar bajo observación. La consultora advierte que la exigencia sobre el ritmo de compras es mayor precisamente por la cercanía de ese pago.

El Tesoro, sin embargo, logró acercarse al objetivo. La Cuenta Única del Tesoro en dólares en el BCRA subió USD 600 millones hasta el miércoles, aunque Analytica interpreta que el movimiento respondió a una compra de divisas al propio Banco Central con recursos de la cuenta en pesos. Como esa operación no incrementa las reservas netas consolidadas, el efecto real fue mucho más acotado: la acumulación conjunta entre BCRA y Tesoro fue de USD 232 millones.

Con esa operación, la cuenta en dólares del Tesoro quedó en USD 3.681 millones. Según el informe, podría trepar a USD 4.046 millones si se concreta la colocación del bono AO28 prevista para el 26 de junio y no se realizan nuevos pagos a organismos internacionales. La cifra todavía no alcanza para cubrir completamente los USD 4.300 millones de julio, pero deja al Gobierno cerca de completar el monto mediante una nueva operación con el BCRA o con parte del crédito garantizado por organismos internacionales por hasta USD 5.000 millones.

El frente cambiario también mostró tensión. El dólar mayorista subió 2,1% en la semana y cerró en $1.460. De todos modos, la distancia respecto del techo de la banda cambiaria se mantuvo holgada: promedió 23,7% y siguió por encima del 20%.

Para Analytica, la menor compra de divisas refleja que el Banco Central tiene menos margen para intervenir sin generar presión sobre el tipo de cambio. Ese escenario podría volverse más frecuente en el segundo semestre por la menor oferta del agro. La diferencia, según la consultora, es que esta vez el ajuste podría ser menos brusco por la liquidación pendiente de obligaciones negociables y por el aporte de las exportaciones energéticas.

El sector energético aparece como uno de los amortiguadores del programa. El superávit comercial del rubro alcanzó USD 5.389 millones entre enero y mayo, el máximo histórico para ese período. En un contexto de menor aporte estacional del campo, Vaca Muerta y las exportaciones de energía empiezan a ocupar un lugar más relevante en la caja externa.

El informe también marca algunos factores de alivio. Bajó el volumen operado en títulos dólar linked, que la semana anterior había saltado por mayor demanda de cobertura e intervenciones oficiales. También se redujo el interés abierto en futuros, una señal de menor tensión cambiaria esperada.

En los activos financieros hubo una toma de ganancias. El S&P Merval cayó 1,6% medido en dólares y cerró en USD 2.211. El riesgo país, en cambio, apenas subió de 423 a 430 puntos básicos y se mantiene en mínimos desde 2018.

En pesos no hubo grandes movimientos. La caución a un día se ubicó cerca del 20% nominal anual y la TAMAR en torno al 22%. Analytica destaca que la flexibilización de la CNV para que las ALyCs puedan operar contado con liquidación aun con posiciones tomadoras de caución permite sostener las tasas cortas y reducir el uso del repo del BCRA. Ese stock bajó desde más de $4 billones a fines de mayo hasta cerca de $2 billones en las últimas ruedas.

En el balance del año, el Banco Central acumula compras por USD 10.862 millones, por encima de la métrica prudencial de Analytica, ubicada en USD 9.783 millones. Pero el Tesoro, neto de operaciones con el BCRA, utilizó USD 2.780 millones para cancelar deuda. Por eso, la acumulación consolidada de dólares, considerando repo con bancos y pagos de BOPREAL, asciende a USD 8.793 millones.

El diagnóstico final es mixto. La estabilidad financiera no se quebró, pero perdió impulso. El mercado sigue lejos de un escenario de estrés cambiario abierto, aunque la capacidad de acumular reservas será el dato crítico de las próximas semanas. El Gobierno llega al vencimiento de julio con una caja más robusta que meses atrás, pero todavía dependiente de ingeniería financiera, colocaciones de deuda y eventuales créditos externos.

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La economía volvió a tropezar en abril: consultoras detectan una caída de la actividad

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Tras el fuerte repunte registrado en marzo, la actividad económica argentina habría vuelto a mostrar señales de enfriamiento durante abril. Mediciones privadas de las consultoras Analytica y Orlando J. Ferreres coinciden en que la economía registró una nueva contracción mensual, reflejando una recuperación todavía irregular y dependiente de pocos sectores dinámicos. Mientras el agro, la minería y algunos segmentos industriales vinculados a las exportaciones sostienen el nivel de actividad, el mercado interno, la industria manufacturera, el comercio y el sector automotor continúan mostrando debilidad.

Las estimaciones llegan en momentos en que el Gobierno nacional apuesta a una aceleración de la recuperación económica durante el segundo semestre. Sin embargo, los indicadores privados sugieren que la economía sigue transitando un recorrido errático, con avances y retrocesos mensuales que dificultan consolidar una tendencia de crecimiento sostenido.

Según el Índice Líder de Actividad (ILA) elaborado por Analytica, la actividad económica cayó 0,8% en abril respecto de marzo. La consultora atribuyó el retroceso a una contracción generalizada en la mayoría de los indicadores relevados, especialmente por la debilidad de la demanda interna, la industria pesada y el sector automotor.

En la misma línea, el Índice General de Actividad (IGA) de Orlando J. Ferreres registró una baja desestacionalizada de 0,7% respecto del mes anterior. Para la consultora, el comportamiento de la economía continúa mostrando una dinámica de “serrucho”, con fuertes oscilaciones que impiden consolidar una recuperación homogénea.

Industria y consumo, los sectores más rezagados

La industria manufacturera volvió a ser uno de los principales focos de preocupación. Analytica señaló que solo algunos segmentos de la siderurgia mostraron números positivos, mientras que gran parte de la actividad industrial permaneció en terreno negativo. Los grandes usuarios industriales también redujeron su demanda eléctrica, una señal consistente con la desaceleración productiva.

Ferreres fue incluso más contundente: estimó una caída interanual del 2% para la industria manufacturera durante abril y un retroceso acumulado de 2,5% en el primer cuatrimestre del año. Entre los datos más relevantes aparece una baja del 17,5% en la producción automotriz respecto de igual mes del año pasado, acompañada por menores despachos de cemento y una reducción en la faena bovina.

El sector automotor también mostró números negativos. La producción de vehículos cayó 4,3% respecto del mes previo, mientras que los patentamientos retrocedieron 3%. A su vez, las ventas a concesionarios bajaron 5,6%, reflejando la persistente cautela del consumo.

Agro y minería sostienen la actividad

El agro continúa siendo uno de los pilares de la economía argentina, aunque en abril también mostró algunas señales de desaceleración. El índice IACA-BCR registró una baja mensual de 2,6% debido a las abundantes lluvias que retrasaron las tareas de cosecha y complicaron la logística. Sin embargo, en la comparación interanual el sector mantuvo una expansión del 16,5%, impulsada por las exportaciones de maíz y girasol y por la recuperación de algunos complejos productivos.

La minería y la actividad petrolera continuaron exhibiendo uno de los mejores desempeños de la economía. Ferreres destacó que el sector de minas y canteras creció 7,3% en abril, impulsado principalmente por el desarrollo de Vaca Muerta y los elevados niveles de producción de hidrocarburos.

Construcción: señales mixtas

La construcción mostró comportamientos divergentes según el segmento analizado. Por un lado, el Índice Construya avanzó 5% respecto de marzo, reflejando una recuperación de la obra privada. Por otro, el consumo de cemento cayó 7,7%, evidenciando que la obra pública y los proyectos de mayor escala continúan afectados por el ajuste fiscal y la menor inversión estatal.

Caputo apuesta al segundo semestre

Las mediciones privadas contrastan con el optimismo expresado por el ministro de Economía, Luis Caputo, quien aseguró que a partir de junio comenzarán “los mejores 18 meses de las últimas décadas”. El funcionario confía en que la consolidación del equilibrio fiscal, la desaceleración inflacionaria y las reformas impulsadas por el Gobierno generen un entorno más favorable para la inversión y el empleo.

Sin embargo, tanto Analytica como Ferreres coinciden en que la recuperación sigue siendo desigual. Mientras algunos sectores vinculados a las exportaciones muestran dinamismo, el mercado interno todavía no logra despegar y el consumo continúa condicionado por la pérdida de poder adquisitivo acumulada en los últimos años.

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