An army convoy patrols the streets of Culiacan, Sinaloa state, Thursday, Jan. 5, 2023. Mexican security forces captured Ovidio Guzmán, an alleged drug trafficker wanted by the United States and one of the sons of former Sinaloa cartel boss Joaquín “El Chapo” Guzmán, in a pre-dawn operation Thursday that set off gunfights and roadblocks across the western state’s capital. (AP Photo/Martin Urista)

México, una novela de narcos y migrantes

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Año 2023 y las fronteras entre los mexicanos y estadounidenses parecen no poder lograr dar respuestas concretas, ni de un lado ni del otro. En el medio de esa disputa, las vidas humanas se encuentran en estado de fragilidad. El grito de los cárteles y el narcotráfico es una constante, que estos días volvió a poner un apellido con historia en boca de todos: Guzmán. 

Es el hijo del Chapo quien volvió a la escena. Ovidio, más conocido como el “Ratón”, fue recapturado por la policía mexicana en Culiacán y terminó por desencadenar un conflicto de gran magnitud en el norte de México. Su arresto estuvo planificado y estudiado por el servicio de inteligencia mexicano, sin embargo, las consecuencias fueron letales. 

La represalia del cártel de Sinaloa significó una serie de enfrentamientos con el ejército, donde un número cercano a 30 personas, por el momento, perdieron su vida. Aparejado a eso, el concepto más fuerte a la hora de hablar de esta batahola, es el terror sembrado en la población. En la localidad de Culiacán, y en gran parte del estado de Sinaloa, las alarmas se encendieron, pidiendo a la población que evite salir de su casa si no es por extrema necesidad. Esto es para evitar que los civiles sean alcanzados por el fuego cruzado entre los narcotraficantes y el ejército mexicano. 

Tema no menor es la psicosis masiva que esto generó. Comercios en todo Sinaloa fueron saqueados en este contexto caótico. Asimismo, casi toda actividad social se interrumpió, como el fútbol profesional, las clases y los vuelos en avión. Las rutas están acorraladas por cortes masivos, que no permiten una circulación ni por asomo normal. Esta situación da lugar al pánico en el que se encuentra sumida esta sociedad. 

Por lo pronto, este golpe de López Obrador al narcotráfico, pareciera ser, incluso moderado. Esto se asevera al ver la logística y la planificación con la cual se llevó adelante el arresto de Ovidio Guzmán. Su rápido traslado al penal de Altiplano y la seguridad llevada a un nivel extremo, son premisas que dan a entender este as bajo la manga que tenía guardado el presidente mexicano. 

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Por el lado del cártel, todo indica que el “Ratón”, sería juzgado en su país y no en Estados Unidos. Misma suerte no corrió su papá, quien  mediante el mecanismo de la extradición fue privado de su libertad en ADX Florence. Asimismo, esto ocurrió a días de la visita de Joe Biden y una reunión clave con AMLO, donde el narcotráfico es uno de los temas de debate.

Otra de las cuestiones a tratar en esta cumbre Estados Unidos-México, en suelo latinoamericano, es la crisis migratoria. Este tema, particularmente, desvela al líder de la Casa Blanca, en cierta manera. Uno de los ejes del discurso preelectoral del mandatario demócrata fue una cercanía mayor con los migrantes, legales e ilegales, que se encuentran en suelo estadounidense, en busca del desvencijado “sueño americano”. 

Biden dio unas definiciones por demás polémicas acerca del futuro de los migrantes en su país. En este 2023, podrán arribar un total de 30.000 personas en carácter migratorio a Estados Unidos. Tal y como indica la lógica del “White trash millonaire”, estos deben estar en regla y arribar a suelo estadounidense con todos los requisitos previamente exigidos. Esto deja afuera de la discusión a los “mojados”. Excluye y exime a aquellos quienes no tienen dinero para moverse por vía aérea o que no cuentan con la documentación exigida por la “migra”. Y es justamente este grupo, el que mayor movilidad de personas genera en la caliente frontera del norte de México. No solamente se habla de mexicanos, sino de distintas naciones de Centroamérica, incluyendo a los cubanos quienes deciden desplazarse por tierra, en lugar de la ya histórica práctica de los balseros que arriban a Florida. A ellos se les suman los venezolanos, quienes alentados por la brutal crisis económica que los azota, se ven en condiciones de encomendarse a la migración hacia el norte. 

La desesperación por llegar a Estados Unidos con el afán de tener un mejor pasar económico es tan abrumadora, que las cifras expuestas desde Washington son abismales. Tan solo en diciembre, la media de migrantes detenidos y expulsados es de 8.000 por día. Lo que supone un número cercano a 250.000 personas que intentaron cruzar de manera ilegal desde México a Estados Unidos en el último mes. Esta cifra, lejos de la frivolidad de las matemáticas, expone la fragilidad social y la necesidad hecha carne por vivir mínimamente mejor, aún cuando ese sueño sea una construcción propagandística o que no se cumple en todos los casos. 

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México es el patio trasero de Estados Unidos cuando de migrantes se habla. Esta es una de las aristas que discutirán Biden y López Obrador próximamente. Esto se afirma, ya que los migrantes que son expulsados de Estados Unidos., terminan consiguiendo asilo en México, y allí radica la importancia del manejo de la integración social en diversas localidades para evitar que se profundice esa crisis social. Los antecedentes y la actualidad no son prometedores. Solo basta con ver los convoyes de migrantes que acampan y viven el día a día en tierras cercanas a la frontera con Estados Unidos.

Allí está México, en una novela sin fin, entre narcos y migrantes. Lejos de todo libreto, aquí la realidad supera a la ficción. Demuestra el estado de descomposición del pueblo latinoamericano que lleva a la desesperada decisión de arriesgar su vida y la de los suyos por unos cuantos dólares más. En la vorágine del día a día puede pasar desapercibido, pero las verdaderas culpables de dicha movilización masiva son, en gran parte, las decisiones de Estados Unidos. Sus medidas de influencia política y económica tuvieron efectos devastadores en una Centroamérica bastardeada por el imperialismo europeo en el siglo XIX. El avance de modelos económicos que profundizan la división entre ricos y pobres, las pésimas gestiones locales y los bloqueos son grandes responsables de la ya histórica virulencia social en estas latitudes. Guerrillas, cárteles de drogas, pandillas y migraciones humanas tienen algo en común: todas parten como respuesta a la miseria en la que han ahogado a esta zona del mundo, y de la cual nunca dieron cuenta los “vencedores”, ni aún cuando los “vencidos” piden auxilio a gritos. 

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