Milei entra en abril con rechazo récord, malhumor económico y una señal política cada vez más nítida

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La foto de abril que traza el nuevo informe de Zuban & Córdoba es más severa que ambigua: Javier Milei llega a este tramo de su gestión con una desaprobación del 65%, una aprobación del 33,9% y apenas 1,1% de indecisos

Es la consolidación de una tendencia. Desde octubre de 2025, cuando la desaprobación era de 62,8%, el rechazo nunca volvió a perforar el umbral alto y, tras una breve meseta en torno al 50%, volvió a escalar hasta tocar su máximo de la serie. En paralelo, la aprobación cayó desde 48,8% en diciembre de 2025 a 33,9% en abril de 2026

Dicho de otro modo: en apenas cuatro meses, el Gobierno perdió casi 15 puntos de respaldo y ganó más de 15 puntos de rechazo.

Ese deterioro se vuelve todavía más relevante cuando se lo cruza con otra variable decisiva: la percepción sobre el rumbo del país. Allí el estudio muestra una fractura profunda. Solo el 28,3% considera que la Argentina va en la dirección correcta con el gobierno de Milei, mientras que el 63,6% cree que va en la dirección incorrecta y un 8,1% no sabe. 

El dato no sólo es negativo: es abruptamente peor que el de marzo. En la medición previa, 36,7% todavía pensaba que el rumbo era correcto y 49% lo consideraba incorrecto; en abril, la visión negativa salta 14,6 puntos y la positiva cae 8,4. 

El movimiento es demasiado grande como para leerlo como una mera oscilación estadística: hay un empeoramiento del clima político y, sobre todo, una pérdida de confianza en la dirección general del programa oficial.

Qué preocupa más hoy
Llegar a fin de mes / deudas22%
Inflación / suba de precios16,9%
Deterioro del sueldo16,3%
Corrupción15,4%
Desempleo14,5%
Fuente: Zuban Córdoba, abril 2026.

La clave del deterioro parece estar menos en la ideología que en el bolsillo. Cuando Zuban & Córdoba pregunta por la situación económica personal en los últimos 12 meses, el veredicto social es demoledor. El 55,2% afirma que empeoró; otro 19,3% dice que está igual de mal; 16% sostiene que está igual de bien; apenas 7,6% responde que mejoró y 1,9% no sabe. 

La lectura meticulosa de esos datos obliga a evitar atajos. No se puede sumar sin más “igual de bien” con “mejoró” como si fueran fenómenos equivalentes, porque una cosa es no haber perdido y otra muy distinta es haber mejorado. Pero aun con esa cautela, el cuadro es elocuente: más de la mitad declara un deterioro explícito y casi tres de cada cuatro no perciben mejora en su situación personal. En una administración que hizo del ajuste un argumento de transición hacia un futuro mejor, el problema central es que ese futuro todavía no se traduce en experiencia cotidiana para la mayoría.

Allí aparece otro dato decisivo del informe: el orden de las preocupaciones sociales. El principal problema del país hoy, según los encuestados, es “llegar a fin de mes / deudas”, con 22%. 

Recién después aparecen inflación o suba de precios, con 16,9%, y deterioro del sueldo, con 16,3%. Recién en cuarto lugar figura la corrupción, con 15,4%, seguida del desempleo, con 14,5%. La inseguridad queda más atrás, con 8,7%, y educación apenas marca 3,5%. 

Este ranking importa porque muestra un corrimiento del eje del debate público. La inflación sigue siendo un problema enorme, pero ya no aparece sola en la cima del malestar: fue absorbida por una preocupación más concreta y más doméstica, la de la supervivencia mensual. No se trata solamente de cuánto suben los precios, sino de si el ingreso alcanza, si el sueldo perdió capacidad de defensa y si las deudas empezaron a ordenar la vida familiar. Ese es el corazón del malhumor social que registra el estudio.

La secuencia completa del trabajo permite ver algo más profundo que una baja de popularidad. Lo que se resquebraja no es solo la valoración de la gestión, sino la paciencia social frente al costo del programa. 

Hasta fines de 2025, Milei todavía conservaba un equilibrio inestable: la aprobación y la desaprobación se movían en una zona de competencia, con diciembre prácticamente empatado, 48,8% contra 49,6%. Desde entonces, esa paridad se rompió. En febrero de 2026 la desaprobación ya era 52,3%; en marzo subió a 56,4% en una primera medición y a 58,7% en una segunda; en abril trepó al 65%. La aprobación recorrió el camino inverso: 45,6% en febrero, 39,7% en marzo, 35,4% en la segunda medición de marzo y 33,9% en abril.

La velocidad del deterioro es, en sí misma, una noticia. Más delicado todavía es lo que ocurre con la idea de rumbo. En mayo de 2025, 54,2% consideraba incorrecta la dirección del país y 42,1% la veía correcta. Esa relación se mantuvo con variaciones durante buena parte del año, pero la serie exhibe un cambio brusco entre marzo y abril de 2026: la percepción negativa salta hasta 63,6%, mientras la positiva cae a 28,3%. Es un quiebre de expectativas. Y en política, cuando se erosiona la promesa de dirección, el desgaste suele volverse más peligroso que la mera caída de imagen. Un gobierno puede atravesar meses duros si conserva la convicción de que conduce hacia algún lugar; cuando esa convicción se pierde, lo que se debilita es la legitimidad del sacrificio.

Gestión Milei: abril 2026
Desaprobación
65%
Aprobación
33,9%
Dirección incorrecta
63,6%
Dirección correcta
28,3%
Fuente: Zuban Córdoba, abril 2026.

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