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Como era previsible, el presidente Alberto Fernández anunció que la cuarentena en la Argentina se extenderá hasta el 26 de abril. La tercera fase se presentó como “administrada”, en la que algunas actividades podrán volver a una rutina con restricciones, como el caso de la madera o la construcción en Misiones. 

La parálisis por la cuarentena es un problema para la economía, pero la mirada del Presidente y los gobernadores es unánime. No es salud o economía. Es salud y economía. “Una caída del 11 por ciento se puede recuperar. Una vida no”, sentenció el Jefe de Estado. 

Argentina viene, a más de un mes del primer caso detectado, con una curva aplanada que revela que se están haciendo bien las cosas. Y aún cuando la crisis económica sea una amenaza, la salud es prioridad. Salir de la cuarentena será una decisión que se tomará recién a mediados de mayo. 

Entre los gobernadores no hay fisuras y todos respaldaron el anuncio del Presidente. El de Misiones, Oscar Herrera Ahuad -uno de los que escucha Alberto-, dejó claro que no quiere que se abran las fronteras, especialmente con Brasil, que vuelvan los vuelos ni los viajes de larga distancia, a sabiendas de que la provincia tiene al turismo como una de sus principales industrias. El bloqueo epidemiológico puesto en marcha incluso antes de que el Presidente lo decida, se revela como el arma más eficaz para enfrentar a un enemigo peligroso e invisible: hay solo tres casos -dos importados y uno por contacto- y 0,24 infectados por cada cien mil habitantes, una de las tasas más bajas del país. 

La estrategia misionera y el bloqueo impuesto en la Argentina permiten hoy que el país haya logrado mantener a raya a una enfermedad que doblegó al “Viejo Mundo”, con Italia, España y el Reino Unido a la cabeza y tiene contra las cuerdas a Estados Unidos -el país “mejor preparado”-, donde entierran a sus muertos en fosas comunes. En Brasil, donde gobierna el displicente Jair Bolsonaro ya tiene a más de mil muertos y 20 mil infectado. 

En Argentina son 83 muertes 1975 casos confirmados. Si se calcula cuánta gente se enfermó por cada 100.000 habitantes, Argentina tiene el 4,19 por ciento: 119 por ciento Estados Unidos; 8,40 Brasil; 31,94 Chile; 15,94 Perú; 28, 14, Ecuador; México con 2,16; Colombia, 4,37; Uruguay, 12,21.

Eso es “achatar la curva”. El Presidente lo explicó el viernes por la noche: “El 20 de marzo – el día que iniciamos la cuarentena – cada 3,3 días se multiplicaba el contagio; de uno pasaba a dos; de dos pasaba a cuatro; de cuarto pasaba a ocho; de ocho pasaba a dieciséis, porque esa es la velocidad del contagio de esta enfermedad. ¿Qué logramos hoy? Que la velocidad sea de 10,29, es decir que para que se multiplique pasan 10 días. Ahora, el que contagia al segundo no demora tres días, sino que demora 10,29, casi 11 días. Si seguimos manteniendo esta cuarentena seguramente lograremos que la velocidad de contagio sea más lenta aún y eso es lo que tenemos que lograr”.

Eso obedece a la decisión política de privilegiar la salud, el respaldo de los Gobernadores y de una sociedad que, mayoritariamente, se puso por encima de la grieta. 

¿Hubiera sido lo mismo con Mauricio Macri al frente, sin ministerio de Salud y recursos escasos destinados al pago de acreedores? Los datos del Presupuesto proyectado por el líder de la alianza Cambiemos son contundentes: la partida para la deuda era de 1,2 billones de pesos. La función Salud, de apenas 224.306.782.733 pesos. Ese retroceso presupuestario se tradujo en llevar el número de científicos cada millón de habitantes a valores de 2011. Volvieron algunos ahora y junto a los médicos, son los héroes con batas. 

¿La cuarentena se hubiera cumplido con Cristina Fernández en el poder? Seguramente la grieta exacerbada hubiera puesto en riesgo el aislamiento social por el solo gusto de desobedecer(la). Ni hablar de las restricciones económicas. 

Alberto, con su estilo de profesor bueno, logra consensos inéditos, aunque la determinación conlleva un enorme drama económico. 

El Presidente jura que pondrá todo para ayudar a cada uno de los que esté en problemas. Pero la reacción del Estado es disímil. Para algunos lugares y actores, es rápida y eficiente. En otros, muy lenta y engorrosa. 

Errores no forzados que ocurren con la impunidad del miedo al fantasma del Covid, pero que se acumularon en pocas horas y que empañan la conducción presidencial. Se debe cuidar más al Presidente. Primero los jubilados en colas insalubres para cobrar un viernes amontonados, después fideos con evidentes sobreprecios para asistir en la cuarentena. Ahora se anuncia que el bono de “urgencia” recién se cobrará en mayo. Las explicaciones fueron escasas y a todas luces, pobres. 

A eso se suman fiascos de gestión inesperados que obligan a desenfocar la atención. El misionero Sergio Lanziani fue noticia la semana pasada cuando quedó envuelto en medio de un escándalo judicial por la divulgación de fake news que protagoniza una dirigente cercana. Además podría ser denunciado por utilizar un Toyota Corola con patente NOI681 que pertenece a un empresario del rubro energético, al que supuestamente debe controlar. 

Lanziani juró que no violó la cuarentena, ya que pasó todo el tiempo en Misiones. Pero eso justamente le valió otra severa crítica en el sector, ya que pretende manejar un área tan sensible por “teleconferencia”. En paralelo, fue cuestionado en la otra punta del mapa por poner en riesgo el abastecimiento de gas en la Patagonia al no tomar la decisión sobre contratos que vencían en marzo. No es el único interrogante que abre una gestión que estuvo más signada por enfrentamientos que por aciertos. ¿Qué pasa con los combustibles? El precio internacional del petróleo se desploma, pero la nafta sigue estando tan cara como antes y hubiera aumentado si no mediara el Presidente. Dicen los que conocen el sector que Lanziani pactó con los gobernadores que dependen de los ingresos petroleros en detrimento del bolsillo de los argentinos. 

Misiones no recibe millonarias regalías y es una de las más relegadas en la distribución de recursos que profundiza la inequidad con el paso del tiempo. Ahora se anunció un fondo de 120 mil millones de pesos para distribuir entre las provincias en la lucha contra el coronavirus. La tierra colorada recibirá en la primera etapa 654 millones, el monto más bajo del NEA. Sin embargo, debe custodiar una extensa frontera por donde se puede colar cualquier caso, especialmente de Brasil, donde se reportan diariamente decenas de nuevos contagios. 

Pero Misiones  es una de las provincias que mejor se enfrenta a la pandemia, con inyección de recursos a la economía y la fortaleza para pensar en la recuperación. No tiene fallecidos y cumplirá, este domingo, doce días sin que se registren casos positivos. Es un resultado que obedece a la determinación con la que se anticiparon medidas. Pero también a un sistema sanitario que es sólido y está preparado desde hace varios años, con una inversión permanente, tecnología de punta y un despliegue territorial inédito. 

El Gobernador anticipó una serie de medidas efectivas: postergación de la mitad de la factura de energía, rebaja de impuestos para el turismo y postergación de cuotas de créditos de pymes, además de avales para la toma de créditos bancarios para pagar salarios. Este lunes retomará la actividad, con restricciones sanitarias, la construcción, que contará con rebaja de tasas y estímulo económico para poder reactivarse. La madera y la industria forestal ya tenían el permiso para moverse, mientras que la yerba y el té, como alimentos, estaban exceptuados. El tabaco comenzó el acopio con estrictas medidas de control sanitario. Pero las chacras no tienen el problema del aglomeramiento. 

Una encuesta realizada por la Confederación Económica de Misiones reveló que el 88 por ciento de la actividad está paralizada y que pocos pudieron acceder a los respaldos financieros anunciados por la Nación: por información cruzada, tasas caras y bancos que operan hasta el lunes de manera online. La inmensa mayoría tendrá problemas para pagar los sueldos de abril. Lo bueno del sondeo de la entidad que conduce Alejandro Haene es que no se revelaron despidos que sí están sucediendo en otras latitudes. Sin embargo, hay una enorme preocupación por el trabajo informal o los autónomos y especialmente por los que dependen del turismo, que será el último en volver a abrir sus puertas. 

Según el Observatorio Pyme, en el país sólo el 10% de las MiPyME están completamente operativas y sólo el 16% de ellas podrá afrontar los costos de salarios y gastos operativos del mes de abril sin la ayuda del Gobierno, mientras que el 6% de las empresas está considerando cerrar sus puertas.

El costo de la inactividad de este segmento empresarial se estima en 115 millones de dólares diarios, y la pérdida de empleo a causa de potenciales cierres de empresas en 190 mil puestos de trabajo. Se podrían perder 415 mil puestos adicionales si parte de las empresas que no logran afrontar los salarios y gastos fijos de abril (aún con ayuda del Gobierno) se achican o directamente cierran.

Es unánime el pedido de asistencia económica por parte del Estado. Rara paradoja. El Estado al que se le reclamaba “bajar la presión”, es el único sostén en la crisis sin culpables. Misiones es ejemplo desde hace década y media, con un modelo fiscal que marcó la diferencia. El Presidente lo graficó con claridad: “Si bajamos (impuestos) no nos queda un peso para nada”.

Por el contrario, se analiza gravar a la riqueza para generar recursos de defensa contra la pandemia. Será a los más ricos entre los ricos. Sería una decisión inédita. Pero no es tiempo de tibiezas. “Lo que tenemos que hacer más que quemar nuestros manuales es buscar en la pila de libros, la obra de John Maynard Keynes y volver a leerla. En su momento lo leí. Y creo que esto es totalmente relevante hoy en día. Tiene que verse como la solución de hoy”, dijo Claudio Loser, ex jefe del Departamento para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional. A contramano de las recetas que recomendaba hasta hace apenas medio año, ahora sostiene que para los países como la Argentina será central la emisión monetaria y el aumento del gasto público para poder morigerar la caída que le ocasionará la pandemia. Es lo mismo que plantea Misiones.

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