COLUMNISTAS, ECONOMIA, Ultimas Noticias

No hay mal que dure cien años… ni economía que lo resista

Compartí este articulo en:

El COVID_19 sin dudas dejará su marca en la historia, ya que no hay recuerdos recientes de una pandemia que haya causado daños de semejante magnitud global. Las pérdidas de vidas humanas es cuantiosa y los infectados no dejan de multiplicarse día a día, colapsando los sistemas de salud incluso de los países más avanzados. Es por ello que los gobiernos trabajan a contrarreloj para tomar medidas de prevención y en eso, en Argentina vamos bien (esta vez sí aprendimos de las experiencias de países como Italia y España); y nos quedamos en casa. Sin dudas, frenar la circulación del virus es la única manera de ganar y para eso debemos parar todos.

Sin embargo, si paramos todos ¿qué va a pasar con la economía?: Si bien el Gobierno argentino tomó varias medidas de emergencia para ayudar a la población, no son suficientes. Con los negocios e industrias cerradas, los empresarios se preguntan cómo van a pagar los sueldos; y aunque el Banco Central trabaja con la banca privada para ampliar los límites de descubierto, en algún momento tendrán que hacer frente a esas obligaciones. O si bien se está hablando del congelamiento de alquileres y créditos hipotecarios, si la gente no genera dinero no podrán pagar.

No hay que olvidar además, que Argentina viene con su economía en recesión desde, por lo menos el año 2014 y con un fuerte problema de déficit público e inflación. Y si bien, las medidas que ha tomado el presidente Alberto Fernández tanto en materia económica como aquellas destinadas a reforzar el sistema de salud son más que necesarias, implican un gran incremento del gasto público (que se está cubriendo con emisión monetaria) y es inevitable preguntar ¿cuánto más podrá hacer el gobierno? ¿Cuánto es posible ampliar el gasto público? Y… ¿qué va a pasar después del Coronavirus? 

Los efectos del Coronavirus son de impacto mundial y, en tal sentido, el Secretario General de la ONU, Antonio Gutierres, advirtió que “la crisis derivada de la pandemia COVID-19 es mucho más compleja que la de 2008”. 

También desde el Fondo Monetario Internacional reconocen que “los costos humanos de la pandemia de Coronavirus ya son inconmensurables y todos los países necesitan trabajar juntos para proteger a las personas y limitar el daño económico”. 

En cuanto a las previsiones económicas para el 2020, la OCDE prevé una caída respecto al crecimiento económico de los países a causa de los efectos del COVID-19, como lo muestra el siguiente gráfico.

Elaboración propia en base a datos de la OCDE.

Ante semejante escenario, la gran mayoría de los organismos internacionales y de los gobiernos piensan que para superar la crisis económica, será necesario implementar un programa económico global, con ayuda financiera a todos los países afectados, pero en especial a aquellos más pobres. 

Ante esta situación, los que tienen un poco de conocimiento de la historia no podrían evitar pensar el en “Plan Marshall”, el plan económico implementado luego de la II Guerra Mundial para la reconstrucción económica y social de los países europeos.

Plan Marshall

Entre los objetivos de dicho plan se encontraban reconstruir las zonas destruidas por la guerra, eliminar barreras de comercio, modernizar la industria europea y hacer próspero al nuevo continente. Para ello, Estados Unidos destinó 12.000 millones de dólares de la época que fueron distribuidos entre 18 países, considerando diferentes factores, como el número de habitantes (aunque los países aliados recibieron un mayor porcentaje). Si bien existen muchas críticas al conocido plan Marshall (cuyo verdadero nombre es European Recovery Program), como por ejemplo, que sólo significó un incremento real del 0,3% del PIB conjunto de los países destinatarios o que no incluyó varios sectores de la economía con el único fin de favorecer a la industria norteamericana; sin dudas fue clave para la reconstrucción de ciudades, ferrocarriles, puertos y otros servicios de apoyo a la producción que permitieron poner en marcha la economía, además de ser uno de los elementos que impulsó la unificación europea, evitando nuevos conflictos armados.

El Plan Coronavirus

Si bien la crisis causada por el COVID-19 no trajo la destrucción material propia de un conflicto bélico, si se perderán un número muy importante de vidas, lo cual es invaluable. Además, para frenarlo es necesario “paralizar el mundo”, es decir que pararon las industrias, el comercio y, por lo tanto, traerá como consecuencia, una fuerte caída en el empleo, lo que a su vez, implica más pobreza. Es por eso que ya se están pensando medidas globales para reactivar la economía. Entre otras, el FMI está pensando en desembolsar rápidamente $50.000 millones de dólares a países  de bajos ingresos y mercados emergentes para hacer frente a las consecuencias del COVID-19.

Los críticos de las políticas activas argumentan que el remedio es peor que la enfermedad porque genera expectativas de “tranquilo que ya alguien nos va a ayudar “ así que nos quedamos de brazos cruzados. El argumento puede ser cierto algunas veces, y en nuestro país claramente cuando no ordenamos nuestras cuentas y siempre pedimos ayuda externa…..pero ante circunstancias extraordinarias se requieren medidas extraordinarias; los países desarrollados necesitan del consumo del hemisferio sur para volver a la normalidad; Europa no se volvió parasitaria después del plan Marshall, la rápida asistencia no sólo posibilitará que las grandes empresas sigan manteniendo su actividad, sino que al desamparo de la crisis surjan nacionalismos extremos que pongan en peligro la paz mundial, lo que sucedió cuando el mundo ante circunstancias extraordinarias no ayudó (Primera Guerra Mundial).

Bookmark and Share
Compartí este articulo en:

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*