Paraguay, vencedores vencidos

Un vistazo en Google pinta el panorama inconfundible de la típica “guerra de encuestas”, donde cada uno se arroga la victoria en sondeos que parecen hechos a la medida del cliente por encuestadoras que, en el pasado, o han perdido por goleada, o han resultado públicamente señaladas por la venta de humo de campaña. Los diarios Hoy y La Nación, propiedad del Grupo Cartes (conglomerado de empresas del Presidente paraguayo), le asignan entre 8 y 10 puntos de ventaja al delfín del jefe de Estado, su ex ministro de Hacienda, un joven egresado de Harvard, consultor del Fondo Monetario Internacional, Santiago Peña, sobre su principal rival, otro joven “maravilla”, Mario Abdo Benítez Jr., hijo del secretario privado del dictador Alfredo Stroessner, su mano derecha durante casi 35 años, lo que lo convierte en el heredero dilecto de la “tierna podredumbre”, como se llamaba a los hijos de los jerarcas del régimen. Marito, tal su nombre de “guerra”, también sostiene que gana, y por 20 puntos.

Que los medios de Cartes, posicionen como favorito a Peña no es para sorprenderse. Tampoco, que ABC Color ponga arriba a Marito. No se trata, solamente, de una “guerra de encuestas”; tampoco, una “guerra de medios” para ver quien se lleva la primicia; es una guerra, cada vez más sin cuartel, por el control de sectores concentrados de la economía sobre los que Cartes ha ido avanzando desde que asumió la Presidencia en 2013, que involucra obras públicas, telecomunicaciones, negocios inmobiliarios, en sociedad incluso con capitales trasnacionales, sin contar el contrabando de cigarrillos a medio mundo que puso a Cartes en la mira de poderosas tabacaleras brasileñas y norteamericanas, que ven minarse el mercado de productos ilegales. Lo paradójico de esta historia, es que el anterior propietario del diario La Nación y su holding de medios, Osvaldo Domínguez Dibb, era también dirigente deportivo y tabacalero sindicado incontables veces por introducir cigarrillos falsificados a Brasil.

Cartes, encabeza la lista de Senadores de su movimiento, Honor Colorado (HC, las iniciales de su nombre), con que llegó al poder en unas elecciones signadas por el recuerdo fresco de la tragedia de Curuguaty, el golpe, y la consecuente caída anunciada de un proceso político que se había propuesto refundar la República, pero que apenas había podido conseguir tímidas conquistas en materia social y política; conquistas que significaron un enorme desgaste para el gobierno de Fernando Lugo, operando siempre en un escenario adverso, conspiraticio, y con operadores proclives, también, a cierta desinteligencia en la relación con esa mayoría entusiasta de sus políticas de salud y asistencia, que no estuvieron en la calle aquel día, pero que hasta hoy recuerdan como si hubiera sido un sueño la época en que pudieron ir a los hospitales y no tuvieron que pagar nada.

Es, prácticamente, un hecho que Cartes será electo Senador. Que pueda jurar, ya es otro tema, que seguramente él sabrá zanjar, después, con alguna oferta que nadie podrá rechazar. En la “guerra de encuestas”, compite con un adversario de temer, el ex presidente Nicanor Duarte Frutos, envalentado ahora con una especie de revival progresista, quizás producto de la remake de la Alianza Patriótica que puso a Lugo en el gobierno en 2008, y que ahora vuelve a encontrar a izquierdistas y liberales, unidos contra su colosal adversario de toda la vida, el Partido Colorado.

En la interna colorada, Nicanor levanta todas las banderas de la izquierda: impuesto a la soja y al tabaco, a las grandes riquezas, mayor inversión social, especialmente en áreas como la salud y la educación; soberanía energética, atención del problema campesino, etc. Cabe preguntarse qué hará pasadas las internas de diciembre, en que su partido llevará como mascarón de proa la misma receta oligárquica de siempre. 

Duarte Frutos, puede llegar a ganarle la interna a Cartes, de ser ciertas las encuestas que también parecen haber sido hechas para él. Según la consultora Cies-Joint venture con Ibope,  Duarte Frutos deja en tercer lugar a Cartes. En segundo lugar aparece el disidente Luis Castiglioni, y en cuarto lugar el vicepresidente Juan Afara. La suma de los tres equivale al 71 por ciento del voto antioficialista.

Cartes, por supuesto, maneja otros números. Según el presidente del Partido Colorado, el diputado nacional Pedro Alliana, Cartes será electo como el Senador más votado de la historia política del país, una frase que también suele repetir Peña; un chiste a la luz del descontento social, cada vez más evidente; pero que en el frío mundo de los sondeos, lo pone a varias cabezas de Nicanor, Castiglioni, y un rezagado Afara, que lo más probable es que se gane un discreto retiro en su feudo itapuense, en el sur del país.

Cartes, puede resultar elegido. Pero, su juramento como Senador dependerá de la composición de fuerzas que resulte en el Senado. Una situación similar vivió Duarte Frutos en 2008, cuya elección fue convalidada por la Justicia, pero nunca pudo asumir su banca porque sus pares se lo impidieron. La Constitución paraguaya de 1992, asigna a los ex presidentes el cargo de senadores vitalicios, un puesto ornamental sin peso político real, pero a partir de la elección de Nicanor, y la posterior elección de Fernando Lugo, que ocupa ahora la Presidencia del Senado, las puertas se abrieron, y Cartes ve llegada también su hora.

El cartismo, se juega la consolidación de un modelo corporativo que conjuga gobierno, partido y grupo de empresas, muy similar al de “gobierno, partido y fuerzas armadas”, la famosa “unidad granítica” de Stroessner, ambos con su consiguiente cuota de represión y criminalización de la lucha social, por lo que es visto, por la mayoría de los observadores políticos como una especie de neo-stronismo, que se complementa con el crecimiento que ha tenido el sector partidario de Abdo Benítez, heredero del stronismo puro. Dos caras de una moneda, que lanzada al aire puede decidir los próximos cinco años en el destino de un país enamorado del infortunio, como escribió Augusto Roa Bastos, a menos que la estrella del hartazgo vuelva a brillar, y pateé de nuevo el tablero de la historia.

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