Pelear por la igualdad o festejar las diferencias

El próximo 8 de marzo, en muchos países se festejará el día internacional de la mujer. Creo que es muy poco lo que puedo agregar al respecto, hoy en día la información abunda en internet y seguramente otros artículos escritos por personas de mayor calibre literario hablaran sobre la historia de este día y el camino que recorrimos las mujeres para llegar hasta el voto, el acceso a la educación y otros derivados de la libertad y la dignidad.
 
Lo que si voy a compartir es una idea que me ha puesto a reflexionar. Las mujeres siempre hemos luchado por la igualdad. Lo escuchamos en discursos, se escucha en las calles, en los movimientos de todos los colores, Sin embargo, quizá la palabra “Igualdad” usada en nuestro afán de sintetizar una idea, ha dejado de lado algo importante. Los hombres y las mujeres no somos iguales. El biólogo chileno Humberto Maturana dijo “El amor es aceptar al otro como un legítimo otro” la aparición de la mujer en la política, en la ciencia, en la educación y en todas las áreas de la actividad humana, no sería un aporte desde la igualdad. Justamente lo contrario. La mujer es un observador diferente de la realidad y en eso consiste la riqueza de su aporte a la sociedad.
 
Es triste ver a muchas mujeres en áreas de poder o en posiciones de decisión, que han subordinado su mirada para equipararla a la de los hombres. En muchos casos es una condición, no expresada verbalmente para ocupar dicho cargo, porque aún son los hombres, o mujeres que se han subordinado a ellos, los que eligen que tipo de mujer ocupara una u otra posición de liderazgo.
 
Ponderar a las mujeres por sobre los hombres o a los hombres sobre las mujeres es una idea que comparte la misma raíz. No podemos esclavizar a un igual, para servirnos de alguien debemos quitarle parte de su humanidad, diferenciarnos, decir no somos iguales. Incluso la ciencia en su momento apoyaba la idea de que una persona de color o una mujer, era menos inteligente que un blanco. En una época de oscuridad, la religión argumentaba que el negro no tenía alma y que por la mujer había entrado el pecado al mundo. Entonces las mujeres, comenzamos a pelear por nuestra igualdad olvidando quizá que nuestra riqueza y el mayor aporte que podemos ofrecer radica justamente en la singularidad de nuestro género o sea en nuestra desigualdad.
 
Volver a lo femenino, aportar nuestra mirada, luchar por que nos acepten como un legítimo otro, es a mi entender el desafío más grande.
 
Las mujeres todavía rendimos examen para ser elegidas por los hombres, tenemos que ser iguales a ellos para ocupar puestos de poder, debemos ser manejables, y esconder nuestras diferencias. Cuando en las diferencias esta nuestra riqueza.
 
Quizá ha llegado la hora de luchar por un cambio cultural y pedir que no solo acepten que somos diferentes, sino que acepten el desafío de festejarnuestras diferencias. Única manera en que la mujer podrá ser un agente pleno de trasformación social.

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