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Podría ser rico… si quisiera

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La sabiduría sirve de freno a la juventud, de consuelo a los viejos, de riqueza a los pobres y de adorno a los ricos.

Diógenes.

La filosofía y la economía parecen caminar por veredas diferentes. La primera circunscripta injustamente a un ámbito meramente especulativo y subjetivo; la segunda en la primera plana de las preocupaciones de gran parte de la población, con un matiz lleno de práctica y objetividad. Sin embargo podemos encontrar varios puntos de encuentro entre sus sinuosos caminos históricos.

No hace falta mirar tan cerca en el tiempo: tanto en la modernidad de Locke como en la escolástica de Santo Tomas de Aquino, la economía aparece siempre desde un foco filosófico y reflexivo. Pero les propongo viajar más atrás, allá en ese siglo VI a. C en Grecia, en donde se dice empezó a darse el paso de la explicación mitológica a la racional y con ello, el origen de la filosofía occidental.

¿Cuál es la relación entre un filósofo y la riqueza? ¿Qué lugar ocupan el dinero y el poder en esa majestuosa antigüedad griega? Veamos algún ejemplo y con él, los puntos de contacto entre la filosofía y la economía que tranquilamente podrían servirnos para pensar nuestro presente.

El viaje comienza en Mileto, actual Turquía. Allí vivía quien fue considerado uno de los 7 sabios de la antigüedad y pionero del pensamiento racional: Tales. La vida de estos pensadores antiguos generalmente nos llega por intermedio de anécdotas que otros autores como Aristóteles o Platón recogen de sus contemporáneos. Se dice que Tales era un pensador casi constante, inquieto, que miraba mucho los astros y que conocía los alcances intelectuales de Egipto. Ustedes se preguntarán ¿Qué tiene que ver esto con la economía? Ahí vamos.

Mucho tiempo se estigmatizó al saber filosófico como “inútil” ya que sus alcances parece que estaban más en las ideas que en las prácticas mismas, sin embargo Tales demostró que el poder de la observación y la deducción son tan fuertes que si uno se preocupara más por cultivarlas, hasta podría vivir mejor. ¿No es acaso el corazón de la economía velar por los recursos necesarios para la supervivencia? Resulta que Tales caminaba un día mirando los astros con tanta pasión que cayó en un pozo y una esclava que pasaba por allí le recriminó, que de tanto mirar el cielo olvidaba lo que estaba en sus pies. La anécdota está llena de simbolismo porque para el griego el esclavo no puede más que mirar sus pies, está vinculado solo a lo mundano, el filósofo puede ver más allá. Cansado de ser blanco de este tipo de comentarios decidió hacer lo siguiente: realizo cálculos de astronomía y llegó a la conclusión de que en un futuro no tan lejano, existiría una gran cosecha de aceitunas. Comenzó a vender lo poco que tenía y a alquilar todos los molinos de aceite de Quíos y Mileto a módico precio ya que nadie competía con él. Cuando el momento oportuno se presentó, todo el mundo lo buscaba para acceder a sus molinos, y él se los alquiló al precio que quiso abrazando una considerable suma de dinero. Su mensaje fue: “ es fácil para los filósofos enriquecerse, si quieren, pero que no es eso por lo que se preocupan” (la cita se encuentra en la Política de Aristóteles)

Esta sería la primera mención histórica de la creación y uso de opciones (un tipo de contrato que da al comprador el derecho, pero no la obligación de vender o comprar bienes a un precio pactado de antemano en una fecha futura). (Guillermo Carvajal)

Aristóteles recoge estas ideas aunque él también sabía que por más altruista que sea el pensar, hay que tener todas las necesidades básicas cubiertas para poder hacerlo. No se puede reflexionar sobre temas universales con hambre o ¿sin un esclavo? Lo charlamos la próxima columna.

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