Puro chamamé… por streaming

“Esto es una vacuna para el alma”, define Antonio Tarragó Ros minutos antes de subirse al escenario del primer festival internacional del chamamé pensado para un público virtual. Cae la noche en la confluencia de los ríos Paraná e Iguazú. Del otro lado, espectadores silenciosos, Paraguay y Brasil, donde el Patrimonio Cultural de la Humanidad también forma parte de la identidad, con otras notas y tonadas, pero un mismo ADN vinculado a la ruralidad. 

El chamamé, siempre tradicionalista, se amoldó a la era de la virtualidad por imposición de la pandemia. Quien mejor que Tarragó Ros, el rebelde del género para abrir la noche como figura estelar. El Festival del Chamamé de las Tres Fronteras quiere abrirse paso en el calendario de los shows musicales y la noche del sábado demostró la potencia de la propuesta. 

Más de quince mil espectadores en streaming, más las transmisiones por la televisión pública, Canal 12 y Economis, entre otros medios, que hubieran llenado el anfiteatro Ramón Ayala en la ciudad de Puerto Iguazú, sedienta de visitantes que reactiven el turismo. Por unas horas, sin embargo, varios hoteles estuvieron con una buena ocupación. Más de 150 personas, entre músicos, trabajadores del ministerio de Cultura y el staff de la organización a cargo de la productora Catarata de Ideas, le pusieron movimiento a la ciudad que este fin de semana tuvo nuevamente a las Cataratas del Iguazú cerradas por decreto presidencial. 

El festival del Chamamé cumplió con el cupo femenino con la paraguaya Myrian Beatriz Ruiz, quien llegó de modo virtual desde Asunción, con Misionero y Guaraní, de Alcibíades Alarcón, en un homenaje que siempre toca las fibras más íntimas y que anticipó el cierre irrepetible de la noche. Con su arpa, la embajadora paraguaya llevó el chamamé hasta el Japón. 

También cantó la joven misionera Paola Leguizamón, la Voz de Misiones, heredera del legado de su padre que garantiza la continuidad de la cultura regional en tiempos de tanto flow repetitivo. 

Los Hermanos Nuñez encendieron la noche con su rico abanico de acordes chamameceros y emocionaron con Llanto de la Selva, una galopa reversionada con pinceladas tangueras que remiten al gran Astor Piazzolla. “Esto jerarquiza al chamamé y es un respiro para los artistas y la misma sociedad que necesita un poco de música para pasar este mal momento”, reflexionó Juan Ramón, el bandoneonista de Los Hermanos Nuñez. 

El mix de sonidos se completó con la familia Guedes, músicos emblemáticos de la región missioneira de Río Grande do Sul, con más de 100 años junto a la música gaúcha y guaraní. “El chamamé puede lograr que los pueblos se abracen”, señala en perfecto portuñol Jorge, el patriarca de la familia que organizó en el estado vecino un Encontro Internacional de Chamameceros que ahora se replica de este lado de la frontera. La familia tiene entre su repertorio a Posadeña Linda, de Ramón Ayala, un parceiro destacado en Brasil. 

El chamamé correntino llegó con el recitado inconfundible de Los Imaguaré. Imaguaré significa antiguo, lo que estuvo antes, lo anterior. Y cuando hablamos de chamamé, de su origen, estamos hablando de la reunión de los pueblos de las antiguas regiones. Rescatar hoy esa idea y esa esencia resulta muy importante” afirma el cantor y poeta Julio Cáceres. Con más de 40 años en los escenarios, los de Imaguaré tienen presente y futuro con Nicolás Cáceres, una voz tan potente como la de Julio pero una juventud a tono con las nuevas generaciones.

La noche se cerró con el Chango Spasiuk. La neblina que llegaba desde el Paraná le puso efectos especiales a una noche que quedará en la memoria. El Chango brindó lo mejor de su repertorio acompañado con la sobriedad de sus acompañantes musicales. “Este festival es una muy buena estrategia para un nuevo escenario cultural, muy simbólico, muy poderoso, en una barranca hermanada con Brasil y Paraguay. De alguna manera el chamamé es una expresión sonora que conecta de la misma manera que esta frontera de tres países, el chamamé cuenta la cultura de estos lugares y es una música que se nutre de la diversidad”, expresó el Chango.

“Hay que proyectarlo al Festival, no solamente de manera turística, sino también para que sea un espacio de construcción colectiva y estaría bueno que las próximas ediciones tengan talleres y  participen la mayor cantidad de gente posible con artistas  internacionales de manera presencial”, se ilusionó.

El apostoleño preparó el terreno para la sorpresa. Al escenario nuevamente convocó a Los Nuñez y Los Imaguaré para hacer Misionero y Guaraní en una versión apoteósica que mixturó lo mejor de cada artista. Después, hubo un tiempo para un bis exclusivo para los pocos espectadores que estaban en vivo. Puro chamamé.

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