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Rabia contra la agonía de la luz: no scrolees, actuá
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“¿Qué se puede escribir acerca de la potencialidad de colapso de esta civilización que no haya sido dicho, que remita a un suceso inevitable sin por eso prefigurar una disposición del alma (sí, del alma) a tirar la toalla?…” F. Broffoni (libro “Colapso” de 2024).
Sin lugar a dudas, este enunciado nos choca, nos da el sacudón necesario para realizar un debate serio sobre las bases y circunstancias actuales que determinan lo que llamamos actualidad (o normalidad, en algunos casos). En el libro Colapso, de Flavia Broffoni, nos encontramos con la pregunta recurrente en nuestras mentes luego de ver una cadena de malas noticias en tu feed de Facebook: ¿Qué puedo hacer?
En su obra, Flavia postula al colapsismo como un ángulo insuficiente, aunque necesario, para enfrentar la crisis, en sus palabras, “multicausal”. Pero también en su libro se refleja el hastío generacional que se “atraganta” de impotencia mientras es saturado de noticias —no siempre estrictamente relacionadas con el colapso— dentro de las cuales ya ha hecho eco muchas veces la narrativa de la irreversibilidad. ¿Es entonces la nuestra una generación condenada a la inacción?
Mientras tanto, la disyuntiva en la que nos vemos envueltos se retrata muy gráficamente hoy. Mi generación, la “Gen Z”, era del sinsentido, del ahogo por eso ha recibido, a lo largo de la historia, múltiples nombres: el sistema, el enemigo, el poder, el capitalismo, el comunismo, las fake news o Babilonia. Precisamente, estos nombres derivan de la confusión profundizada por los algoritmos que se adaptan, por un lado, a las narrativas inducidas por quien domina económicamente las empresas de comunicación y, por otro, a los algoritmos que vamos construyendo en función de nuestros propios intereses (ya saben, al darle like a las publicaciones que nos gustan, el algoritmo nos muestra más contenido relacionado). Esto acentúa el conflicto no virtual con el prójimo por diferir de nuestras ideas alienadas. Pues justo así te quieren: enojado con todos, último combatiente de tu propio “revolucionario” y “librepensante” ejército. Todos contra todos.
“El problema son los zurdos”, “el problema es el libre mercado” (millones de nosotros repitiendo ideas ajenas sin haber terminado un libro de historia en nuestra vida). Tenemos ojos llorosos de tantos píxeles, mentes contaminadas con petróleo y cerebros adictos a la dopamina. Hoy es difícil, por no decir imposible, vencer la abstinencia de la adicción a las redes. Sin embargo, vos y yo no dejamos de escuchar esa voz… esa que te dice que esto no es todo, que hay un niño ahí dentro queriendo salir de la cárcel —la cárcel para tu mente— y que hace que perseveres en la búsqueda del sentido, esa voz que te envalentona para seguir diciendo “Rabia, rabia contra la agonía de la luz” cuál instinto visceral.
Mientras… Mientras, trascendimos ya seis de los nueve límites determinados por el estudio de los límites planetarios realizado por el Stockholm Resilience Centre. Mientras, las grandes empresas exprimen las últimas gotas de petróleo del suelo, modifican genéticamente plantas y animales para resistir el cambio de clima que provoca el Antropoceno. Mientras decenas de miles de niños juegan con casquillos de bala, comen arena, miran más allá de las mil yardas mientras esperan, vencidos, que una bomba acabe con su sufrimiento. Hacemos más vídeos, más artículos retratando el desastre… como si algo fuese a pasar por sacar a la luz el morbo. Hoy tenemos miles de fotos más fuertes que “La niña del napalm” o “La ejecución en Saigón”; solo googleá “niños en Gaza”… ¿En serio? ¿Qué vamos a hacer? ¿Seguir reposteando aquello que nos duele para descansar mejor por las noches?
Te quieren esclavo, pero el esclavismo es hoy tan avanzado como la computación cuántica. Te autopercibís libre por poder postear “Palestina Libre” o “Eat the rich” y ganar cinco likes. “¡Podés encontrar a tu media naranja al otro lado del océano!” ¿Te suena? ¿Funciona así o empezás a ver la mentira de la “conexión” que vende Internet, de la que estamos hablando?
Galeano, en Las venas abiertas de América Latina, lo dice así: “El control de la natalidad ha sido convertido en un arma más del sistema de dominación. El gobierno guatemalteco, bajo la inspiración de la Alianza para el Progreso y con la cooperación técnica y financiera de Estados Unidos, ha organizado campañas para imponer la planificación familiar en las áreas rurales y entre los indígenas. Es más barato y más eficaz, más higiénico también, matar a los futuros guerrilleros en el vientre de sus madres que enfrentarlos después con fusiles en las montañas o en las ciudades.” Hoy basta con “ghostear”, pues es aún más barato, más eficaz y más higiénico. ¿Ves el paralelismo?
Te invito a despertar, hermano, hermana. Te invito a ver todo ese dolor dentro tuyo, para que veas quién te hace daño y por qué. Te invito a crear un mundo nuevo, como sea, no importa; vamos, hagámoslo: no va a venir Superman a salvarte. A vos, que no te podés levantar de la cama, vencido por tus pesadillas algorítmicas; a vos, que apenas tenés tiempo para sentarte un ratito antes de volver al laburo, donde te explotan por una miseria mientras ves vídeos de motivación, “gym”, meritocracia y el poder de manifestar. No somos solo números y estadísticas que alimentan el deep learning de las IAs. Somos la potencia humana que brota de entre los escombros, una vez más. Dale: “Que la vida es como el pantalón de un niñito, bien cortico y repleto de caca… Tu vida es una película que ahorita es que comienza. Así que luces, cámara y ¡acción!” —Tyrone José González Orama (Canserbero).
