Salud sexual toda la vida: cómo cambian los cuidados y la prevención en cada etapa
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El cuerpo cambia, la sexualidad también y los cuidados deberían acompañar cada momento de la vida. Hablar de bienestar sexual no implica solamente deseo, placer y vínculos saludables: también supone prevención, controles, detección temprana y consulta médica. Desde la adolescencia hasta la adultez mayor, qué aspectos conviene tener presentes y por qué la salud sexual no tiene edad.
Cada 4 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Salud Sexual, una oportunidad para promover una mirada positiva e integral de la sexualidad. En 2026, el lema internacional “Cada cuerpo” (Every Body) propone reconocer que la salud, los derechos, el bienestar y el placer sexual forman parte de la vida de todas las personas, cualquiera sea su cuerpo o la etapa que estén atravesando.
Pero existe una dimensión que muchas veces queda relegada cuando hablamos de sexualidad: el cuidado de la salud.
Una vida sexual saludable no empieza ni termina en el deseo. También incluye conocer el propio cuerpo, consultar ante cambios o síntomas, prevenir infecciones, acceder a métodos anticonceptivos cuando corresponde y realizar los controles médicos indicados según la edad, los antecedentes y las prácticas sexuales. Y si el cuerpo cambia a lo largo de los años, los cuidados también pueden cambiar con él.
NO EXISTE UNA EDAD PARA EMPEZAR —NI PARA DEJAR— DE CUIDARSE
Durante mucho tiempo, la salud sexual estuvo asociada casi exclusivamente con la juventud y la etapa reproductiva. Sin embargo, la sexualidad puede formar parte de la vida y del bienestar durante las diferentes etapas.
Por eso, más que pensar en un único “chequeo sexual”, la prevención puede entenderse como un recorrido que se adapta a las necesidades, los antecedentes y el momento vital de cada persona.
Adolescencia y juventud: información y prevención
Es una etapa especialmente importante para incorporar herramientas de autocuidado: educación sexual, consentimiento, anticoncepción cuando corresponda, prevención de infecciones de transmisión sexual (ITS), vacunación y consulta profesional.
El uso correcto de métodos de barrera continúa siendo una de las principales herramientas para reducir el riesgo de transmisión de ITS. Además, algunas infecciones pueden cursar sin síntomas, por lo que sentirse bien no necesariamente significa que no sea necesario consultar o realizarse estudios.
Edad adulta: no abandonar los controles
Tener una pareja estable o no presentar síntomas no reemplaza los controles preventivos indicados según la edad, los antecedentes y las características de cada persona.
Según cada caso, pueden formar parte del cuidado los controles ginecológicos o urológicos, los estudios preventivos correspondientes, la evaluación de ITS cuando sea indicada y la consulta ante cambios o molestias persistentes.
Dolor durante las relaciones, sangrados fuera de lo habitual, lesiones, secreciones o dificultades sexuales que generen malestar son algunos de los motivos por los que conviene consultar. También pueden abordarse en una consulta los cambios persistentes en el deseo cuando generan preocupación o afectan el bienestar.
Consultar también es cuidar la sexualidad.
EMBARAZO Y POSPARTO: UN CUERPO QUE ATRAVIESA GRANDES CAMBIOS
Los cambios hormonales, físicos y emocionales del embarazo y el posparto también pueden modificar el deseo, la respuesta sexual y la manera de relacionarse con el propio cuerpo.
En esta etapa, los controles médicos habituales permiten acompañar la salud sexual y reproductiva, pero también resulta importante habilitar la consulta sobre molestias, dolor, anticoncepción, cambios en el deseo o cualquier situación que afecte el bienestar.
PERIMENOPAUSIA Y MENOPAUSIA: CUANDO CAMBIA EL CUERPO, NO TERMINA LA SEXUALIDAD
Los cambios hormonales asociados a esta etapa pueden producir modificaciones en los tejidos genitales, sequedad, molestias o dolor durante las relaciones y cambios en el deseo.
Sin embargo, estas situaciones no significan que haya que resignar una vida sexual satisfactoria. La consulta ginecológica permite evaluar cada caso y determinar si existen alternativas para aliviar los síntomas, además de continuar con los controles preventivos correspondientes.
ADULTEZ MAYOR: LA SEXUALIDAD TAMPOCO TIENE FECHA DE VENCIMIENTO
Uno de los mayores prejuicios alrededor de la salud sexual es suponer que tiene un límite de edad. Sin embargo, la sexualidad puede seguir formando parte del bienestar, los vínculos, la intimidad y el placer durante la adultez mayor.
Las infecciones de transmisión sexual no dependen de la edad sino de las prácticas y las exposiciones.
ITS: TESTEARSE TAMBIÉN ES PREVENIR
Muchas infecciones de transmisión sexual pueden permanecer durante un período sin provocar manifestaciones evidentes. Por eso, esperar la aparición de síntomas no siempre es una estrategia suficiente.
La frecuencia y el tipo de estudios necesarios deben definirse de manera individual según la edad, los antecedentes, las prácticas sexuales, la utilización de métodos de barrera y otras situaciones particulares.
En DIM CENTROS DE SALUD se puede realizar el Chequeo ITS, que incluye orden médica, análisis de laboratorio y devolución personalizada con un médico especialista. El objetivo es facilitar el acceso al diagnóstico y convertir el testeo en una práctica de prevención y cuidado, sin prejuicios ni estigmas.
PLACER Y PREVENCIÓN NO SON CONCEPTOS OPUESTOS
Hablar de controles médicos puede parecer, a primera vista, muy alejado de conceptos como deseo, erotismo o placer. Sin embargo, forman parte de una misma idea: poder vivir la sexualidad con libertad, información, seguridad y bienestar.
La salud sexual comprende dimensiones físicas, emocionales y sociales. Implica consentimiento, respeto, comunicación y disfrute, pero también conocimiento del propio cuerpo y acceso a atención sanitaria cuando sea necesaria.
Cuidar la salud sexual no significa limitar la sexualidad, sino contar con información y herramientas para vivirla de una manera más consciente y saludable.
Por eso, quizás la pregunta no debería ser hasta qué edad debemos ocuparnos de nuestra salud sexual. La respuesta es mucho más sencilla: durante toda la vida.
