Se fue director clave para la AFI


Por Fernando Oz.
. El director de Inteligencia sobre Delincuencia Económica y Financiera de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Eduardo Miragaya, renunció ayer en medio de versiones que vinculaban la decisión con la posible filtración de las escuchas telefónicas entre la expresidente Cristina de Kirchner y el exjefe de la AFI, Oscar Parrilli. Si bien fuentes del organismo confirmaron a Ámbito Financiero que Miragaya debió dejar ayer su cargo, atribuyeron su distanciamiento a “razones de salud” y descartaron que haya sido por la filtración a los medios de prensa de los polémicos audios de la exmandataria. De alguna manera, esa versión coincide con la cadena de permisos médicos que coleccionó Miragaya, en su cargo de fiscal general, desde mayo de 2012 hasta que a principios del año pasado pidió licencia para sumarse a la ex SIDE.

Las versiones que circularon por la tarde en los pasillos de La Casa sindicaban que la vertiginosa salida del funcionario se debió a “un sumario interno” y a presiones de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. “Tuvo que renunciar por la filtración de las escuchas de Parrilli con Cristina”, deslizó un allegado al organismo de inteligencia.

El máximo tribunal pidió a principios del mes pasado informes a la Dirección de Asistencia Judicial en Delitos Complejos del Poder Judicial y al juez federal Ariel Lijo, para determinar si hubo responsabilidades administrativas en la filtración de intervenciones telefónicas hechas a Parrilli en una causa judicial. El objetivo era dilucidar la responsabilidad administrativa que pudiere corresponder a los agentes judiciales intervinientes en la captación, transmisión, entrega y resguardo de la cadena de custodia de los datos obtenidos mediante las intercepciones telefónicas.Paralelamente, el juez federal Rodolfo Canicoba Corral se encuentra investigando el origen de la filtración de esos audios entre Parrilli y la expresidente, que habían surgido en el marco de la causa en la que el exfuncionario fue procesado por “encubrimiento agravado” del exprófugo Ibar Pérez Corradi.

Cuando Miragaya asumió en la AFI, su cargo de fiscal general lo había posicionado como una suerte de “potable interlocutor” entre sus pares del Ministerio Público Fiscal y la agencia de inteligencia. Antes de su fugaz incursión al mundo del espionaje, Alejandra Gils Carbó lo había mantenido en la mira por las “excesivas licencias médicas” que se tomaba y por haberse manifestado públicamente en contra de los nombramientos de fiscales ad hoc.

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