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Exportaciones agro en máximos históricos: 69 Mt embarcadas entre enero y julio

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La agroindustria argentina volvió a marcar un récord en el frente externo, según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). Entre enero y julio, las exportaciones de los principales granos y productos derivados alcanzaron 69 millones de toneladas (Mt), un volumen que supera en 11,3% al registrado en igual período del año pasado y deja atrás el máximo previo de 65 Mt de 2022.

El dato revela la fortaleza de la campaña 2025/26, pero también expone una particularidad relevante para el mercado: la producción creció mucho más que las exportaciones. Frente a 2022, los embarques acumulados avanzaron 6,15%, mientras que la producción se expandió 26%. En otras palabras, el agro logró colocar en el exterior un volumen inédito y, aun así, mantiene una oferta considerable para los próximos meses.

La magnitud de la absorción externa se observa especialmente en algunos cultivos. El trigo acumula exportaciones por 11,7 Mt, un 70% por encima del promedio de los últimos años, mientras que el girasol alcanzó 5 Mt, más del doble de sus despachos habituales. La combinación entre una cosecha excepcional y una demanda externa sostenida configura un escenario de elevada disponibilidad, con capacidad para seguir abasteciendo los mercados internacionales.

El otro dato que comienza a cambiar el escenario aparece en la comercialización interna. A la semana del 22 de julio, los principales cultivos habían comprometido el 52% de la cosecha 2025/26, ocho puntos porcentuales por debajo del promedio histórico del último cuarto de siglo. Sin embargo, las últimas semanas mostraron una aceleración, especialmente en las fijaciones de precios.

En soja, el volumen comercializado aumentó 4% semanal y las fijaciones crecieron 7,8%, hasta alcanzar 1,14 Mt. En maíz, las fijaciones llegaron a 1,39 Mt, con una mejora semanal del 5,2%. El mayor salto correspondió al trigo nuevo: las fijaciones aumentaron 30% en una semana, acompañadas por una expansión de 19,9% en el volumen comercializado.

La mejora en la comercialización estuvo acompañada por una recuperación de los precios locales. Al 29 de julio, la pizarra de soja alcanzó US$ 339,6 por tonelada, frente a US$ 328,2 a comienzos de mes, mientras que el maíz llegó a US$ 189 contra US$ 180,5. En ambos casos, la mejora rondó el 5,5%. Para el trigo nuevo, el futuro con vencimiento en diciembre cerró en US$ 222,5 por tonelada, casi 7% por encima del inicio del mes.

Misma cosecha, otra ventaja: el maíz argentino gana competitividad

El maíz concentra buena parte de la oferta disponible. Las lluvias retrasaron la cosecha, que alcanzó un avance del 82% a nivel nacional, casi diez puntos porcentuales por debajo del promedio de las últimas cinco campañas y siete puntos por debajo del ciclo anterior.

El retraso no impidió que el cereal pasara a dominar las descargas portuarias. Durante julio representó más de la mitad de los granos recibidos en los puertos, aunque la exportación todavía dispone de un volumen importante para colocar en el exterior.

El avance exportador del maíz se encuentra en 48%, levemente por debajo del promedio de los últimos cinco años, mientras que el mercado interno comprometió el 50% de la producción, frente al 57% habitual para esta altura del ciclo. La lectura conjunta de ambos datos permite dimensionar el excedente disponible para exportación.

La producción proyectada explica buena parte de esa ventaja. La campaña 2025/26 podría alcanzar 71,5 Mt de maíz, unas 11,5 Mt por encima del récord previo de 60,5 Mt. Ese salto, combinado con una mayor orientación de Brasil hacia el consumo interno de su propia producción, vuelve a colocar al maíz argentino en una posición privilegiada en términos de competitividad FOB.

La oportunidad, por lo tanto, no se limita al volumen cosechado. La oferta récord genera capacidad para abastecer una demanda externa elevada y, al mismo tiempo, permite que Argentina compita con precios atractivos en un mercado internacional donde otros factores comienzan a modificar las cotizaciones.

Chicago corrigió tras los máximos y el clima vuelve a marcar el pulso

El mercado internacional introdujo una cuota de cautela. Después de alcanzar máximos de dos años en soja y desde mayo en maíz, Chicago corrigió durante la última semana: la soja cayó 5% y el maíz 4%, presionados por las perspectivas de una mejora climática en las principales regiones productoras de Estados Unidos.

El mercado comenzó a descontar lluvias sobre el Medio Oeste estadounidense, un factor especialmente relevante para la soja, que atraviesa una etapa crítica de formación y llenado de vainas. La posibilidad de mejores condiciones hídricas redujo parte de la prima de riesgo climático que había impulsado las cotizaciones.

A ese factor se sumó la volatilidad del petróleo y la incertidumbre geopolítica. El Brent llegó a retroceder desde los US$ 95 hasta los US$ 84 por barril ante versiones de negociaciones en Medio Oriente, aunque posteriormente volvió a subir hasta los US$ 91 tras nuevos ataques cruzados.

Los fondos especulativos también aportaron presión bajista. Hasta el miércoles, las ventas alcanzaban unos 31.500 contratos de maíz y alrededor de 27.000 de soja, reflejando una posición vendedora que profundizó la corrección de los precios.

El trigo presentó una dinámica similar, aunque con un componente geopolítico más marcado. Luego de alcanzar un máximo de dos años, el contrato pasó de US$ 259 a alrededor de US$ 242 por tonelada, en un movimiento asociado a la toma de ganancias. Sin embargo, la continuidad de los ataques entre Rusia y Ucrania y los daños sobre infraestructura portuaria mantienen latente el riesgo de una menor oferta exportable desde el Mar Negro.

En ese escenario, la consultora Sovecon recortó en 1,9 Mt su estimación para las exportaciones rusas de trigo de la campaña 2026/27, hasta 44,6 Mt, debido al cierre de la vía navegable en el Mar de Azov.

Para Argentina, el escenario combina dos fuerzas contrapuestas. Por un lado, una producción extraordinaria que garantiza una oferta abundante y permite ganar competitividad internacional. Por otro, precios globales sometidos a la evolución del clima estadounidense, los movimientos de los fondos y una geopolítica capaz de alterar rápidamente las primas de riesgo.

El récord exportador confirma que la agroindustria dispone de capacidad para colocar volúmenes inéditos en el exterior. El desafío siguiente es transformar esa disponibilidad en comercialización efectiva y valor económico, especialmente en un contexto donde la producción creció mucho más rápido que los embarques. La aceleración de las fijaciones observada en julio puede ser la primera señal de que esa brecha comienza a cerrarse.

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La actividad agropecuaria marcó un nuevo récord, creció 10,9% en un año

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La actividad de la cadena agropecuaria argentina volvió a acelerar y alcanzó en junio el nivel más elevado desde que existen registros. El Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (IACA-BCR), elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario, creció 3% mensual en términos desestacionalizados y quedó 10,9% por encima de junio de 2025, en una señal que excede al campo y alcanza a la industria, el comercio exterior y la generación de divisas.

El dato adquiere mayor relevancia porque el indicador superó el máximo que había alcanzado en febrero. De las doce series que componen el índice, nueve mostraron mejoras mensuales, lo que revela una expansión relativamente extendida y no solamente concentrada en una actividad puntual.

El principal motor fue la producción primaria. El IACA-Cultivos avanzó 4,1% mensual y alcanzó también un nuevo máximo histórico, impulsado por la cosecha de soja, maíz y sorgo y por el inicio de la implantación de trigo y cebada. En términos interanuales, este componente creció 14,3%, apoyado en una campaña agrícola 2025/26 que presenta volúmenes excepcionales.

La soja aporta una de las claves para entender esta dinámica. La cosecha alcanzó un avance prácticamente total hacia mediados de año y la producción estimada llegó a 51,5 millones de toneladas, el mayor volumen desde la campaña 2018/19. En maíz, las previsiones apuntan a una cosecha récord de 68 millones de toneladas, mientras que el girasol alcanzó la mayor producción del siglo.

El impacto de ese volumen comienza a trasladarse hacia las etapas posteriores de la cadena. La actividad agroindustrial creció 0,8% mensual en junio y quedó 1,5% por encima del mismo mes de 2025. Aunque el subíndice todavía se ubicó 1,6% por debajo de su máximo histórico de septiembre de 2025, la recuperación muestra que el mayor flujo de materia prima está encontrando capacidad de procesamiento.

La molienda conjunta de cereales y oleaginosas avanzó 1,5% mensual y quedó 6,4% por encima de junio del año pasado. El crushing de soja procesó 4,1 millones de toneladas, el cuarto mayor volumen para un junio desde el inicio de la serie en 1998. La molienda de girasol acumuló además seis meses consecutivos de crecimiento y alcanzó casi 549.000 toneladas en junio.

También la cebada mostró una dinámica particularmente sólida: su procesamiento creció 1,3% mensual y acumuló ocho meses consecutivos de expansión, con un incremento cercano al 30%. En trigo, la molienda aumentó 0,7% frente a mayo.

La recuperación no quedó restringida a los granos. La faena conjunta creció 1% mensual, con avances en bovinos, porcinos y aves. La faena bovina aumentó 0,9%, encadenando su segundo mes positivo luego de casi un año y medio de variaciones negativas. La porcina, en tanto, alcanzó un nuevo récord con alrededor de 821.000 animales procesados durante junio.

El dato tiene además una dimensión social vinculada al consumo. La faena aviar aumentó 1,2% mensual en un contexto de demanda creciente, con el pollo consolidado como una de las proteínas de mayor accesibilidad relativa para los hogares. En paralelo, la producción lechera registró una leve baja mensual de 0,3%, aunque los 943 millones de litros producidos en junio representaron el segundo mejor registro histórico para ese mes.

El tercer eslabón de la cadena también volvió a mostrar señales positivas. El IACA-Agroexportación aumentó 1,2% mensual y logró interrumpir tres meses consecutivos de retrocesos. En la comparación interanual, el componente creció 12,6% y encadenó doce meses consecutivos de expansión.

Durante junio, los nueve complejos agroindustriales considerados por el indicador exportaron 8,9 millones de toneladas, 1,6% más que un año atrás y 7,4% por encima del promedio de los últimos cinco años. En valor, las ventas externas totalizaron US$ 4.011 millones, una magnitud que permite dimensionar el aporte del complejo agropecuario a la generación de divisas.

El complejo girasol fue uno de los grandes protagonistas, con 490.200 toneladas exportadas, un salto interanual del 73,5% y más del doble del promedio de los últimos cinco años. El volumen representó, además, el máximo histórico para un junio. El complejo lácteo también alcanzó un récord para ese mes, con unas 37.500 toneladas despachadas y un crecimiento interanual del 32,6%.

La cebada completó otro de los desempeños destacados, con exportaciones cercanas a 285.000 toneladas, 45,9% más que en junio de 2025. El complejo soja, por su parte, colocó 4,3 millones de toneladas en el exterior, con una mejora interanual del 2,4%.

La fotografía, sin embargo, no es homogénea. El complejo de carne y cueros bovinos redujo 5,2% sus cantidades exportadas, aunque aumentó 28,8% su facturación, lo que evidencia una mejora considerable en los precios medios de exportación. El trigo retrocedió 21,6% en volumen interanual, mientras que el maíz cayó 3,2%, pese al elevado volumen de producción esperado. El complejo avícola también mostró bajas tanto en cantidades como en valor.

El desempeño de junio permite entonces una lectura que va más allá de un nuevo récord estadístico. La producción primaria está generando un mayor flujo de materia prima, la industria procesa una parte creciente de ese volumen y las exportaciones mantienen una trayectoria expansiva. La cadena funciona, en este sentido, como un mecanismo de transmisión entre producción, actividad industrial y entrada de divisas.

Para la economía argentina, el desafío consiste en convertir ese mayor volumen físico en mayor valor agregado y capacidad exportadora sostenible. El dato del IACA-BCR muestra que existe una base productiva robusta para hacerlo: una campaña agrícola de volúmenes históricos, una agroindustria que recupera actividad y un sector exportador que lleva un año completo de crecimiento interanual.

La oportunidad está en que el récord del campo no termine únicamente en una cosecha excepcional. El verdadero impacto económico aparece cuando ese volumen se transforma en procesamiento, empleo, exportaciones, inversión y nuevas cadenas de valor. Junio ofrece, al menos, una señal concreta de que esa transmisión comenzó a tomar velocidad.

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Los cinco cuellos de botella que pueden alterar el comercio mundial: Ormuz, Suez, Bósforo, Bab el-Mandeb y Kerch

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El comercio mundial atraviesa un escenario en el que la geografía vuelve a adquirir un peso estratégico. Los estrechos de Ormuz, Bab el-Mandeb, Bósforo y Kerch, junto con el Canal de Suez, concentran una parte decisiva del tránsito marítimo internacional y se transformaron en puntos de presión para una economía global que depende de cadenas de suministro extensas y altamente interconectadas.

El fenómeno no es menor. Según los datos recopilados por la Bolsa de Comercio de Rosario a partir de información del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, la población mundial supera actualmente los 8.000 millones de personas, mientras que la producción de bienes y servicios se multiplicó 4,5 veces en los últimos 50 años. Esa expansión fue posible, entre otros factores, por una división del trabajo cada vez más sofisticada y por la ampliación de los mercados.

La lógica que Adam Smith identificó hace casi 250 años conserva plena vigencia: cuanto mayor es el mercado disponible, mayor es el margen para la especialización y el incremento de la productividad. En esa arquitectura, el comercio internacional dejó de ser solamente un mecanismo de intercambio para convertirse en uno de los soportes centrales del nivel de vida contemporáneo.

En 2025, el valor de las mercancías comercializadas globalmente alcanzó los US$ 26,3 billones, una magnitud equivalente a 1,3 veces el PBI de China. Una proporción sustancial de ese movimiento depende del transporte marítimo y, dentro de este, de determinados corredores que funcionan como verdaderos cuellos de botella.

El FMI monitorea en tiempo real la actividad portuaria y comercial de 2.065 puertos y 28 canales y estrechos, cubriendo el 99% del comercio marítimo global. Entre 2023 y 2025, más de 2.000 buques atravesaron diariamente, en promedio, las principales vías marítimas del mundo. Eso equivale a más de 730.000 embarcaciones al año transportando energía, granos, insumos industriales y todo tipo de cargas.

El problema es que cuatro de esos puntos estratégicos —Ormuz, Bab el-Mandeb, Suez y Kerch— ingresaron en zona de riesgo durante 2026, mientras el Bósforo también registra una reducción del tránsito. En conjunto, estos corredores ponen bajo presión aproximadamente el 11% del flujo marítimo global, el 25% de la carga tanquera, el 19% de los contenedores y el 7% de la carga granelera.

Ormuz: el principal riesgo energético

El estrecho de Ormuz constituye el punto más sensible de esta red. Ubicado entre Irán y la península arábiga, conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el océano Índico y representa la única salida marítima de toda la región del Golfo hacia el resto del mundo.

Por allí circula, en un año normal, cerca de una quinta parte del petróleo consumido globalmente, alrededor del 20% del comercio mundial de gas natural licuado y aproximadamente un tercio del comercio marítimo internacional de fertilizantes nitrogenados, con la urea como uno de los productos principales.

La estructura del tráfico refleja esa importancia: los tanqueros representan cerca del 60% de los buques que atraviesan el estrecho y concentran el 72% del peso transportado. En condiciones normales, durante 2023-2025, Ormuz registraba un promedio de 95 buques diarios.

En 2026, esa cifra cayó hasta 31 buques por día, una contracción del 68%. El derrumbe se produjo de manera abrupta en marzo, tras el inicio de la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel a fines de febrero. Los tránsitos pasaron de 89 a apenas cinco buques diarios entre febrero y marzo y, aunque posteriormente se recuperaron parcialmente, en julio alcanzaron apenas 18 buques por día.

La diferencia también se observa en la carga. Durante los últimos tres años, Ormuz canalizó diariamente cerca del 15% de la carga tanquera mundial. En lo que va de 2026, esa participación cayó al 5%.

Los períodos de alto el fuego permitieron cierta recuperación, con más de 150 buques atravesando el estrecho durante algunas semanas frente a menos de 50 durante el conflicto. Pero la reanudación de los ataques volvió a reducir el tránsito. El resultado es un corredor todavía muy lejos de los más de 600 buques que lo atravesaban en promedio durante 2019-2025.

Con el petróleo nuevamente por encima de los US$ 100 por barril durante la última semana analizada, Ormuz continúa funcionando como uno de los principales puntos de riesgo del tablero energético internacional.

Bab el-Mandeb: el petróleo sigue, los contenedores buscan otra ruta

El estrecho de Bab el-Mandeb conecta Yemen con Yibuti y Eritrea y articula el Mar Rojo con el Golfo de Adén y el océano Índico. Junto con Suez, constituye la ruta marítima estratégica entre Asia y Europa que evita el rodeo del continente africano.

Su importancia está particularmente vinculada al transporte de contenedores. Antes de los ataques hutíes, el corredor concentraba el 9,8% del peso mundial transportado en portacontenedores, por encima de su participación en tanqueros y carga a granel.

El deterioro del tránsito comenzó entre octubre y diciembre de 2023 y continúa casi tres años después. El promedio de buques diarios pasó de 61 antes de los ataques a 36 durante 2026, una reducción del 42%.

Sin embargo, el dato más significativo no está solamente en la cantidad de embarcaciones, sino en qué transportan. El peso movilizado en contenedores se desplomó 92%, desde alrededor de un millón de toneladas diarias hasta apenas 80.000. Su participación en el comercio mundial de contenedores cayó del 9,8% al 0,8%.

El petróleo mostró una capacidad de adaptación mucho mayor. Los tanqueros redujeron su tránsito en una proporción significativamente menor y pasaron a representar el 54% del peso movilizado por el estrecho, frente al 34% durante 2019-2023.

La conclusión es relevante para entender la nueva geografía del comercio: el petróleo encontró alternativas para seguir circulando; los contenedores, en cambio, debieron abandonar masivamente el corredor.

Suez: el desvío que encarece las cadenas globales

El Canal de Suez conecta el Mediterráneo con el Mar Rojo a lo largo de 193 kilómetros y constituye, en la práctica, la continuidad logística de Bab el-Mandeb. Su funcionamiento está estrechamente vinculado con el comercio entre Asia y Europa.

El impacto de la crisis también se refleja en este punto. El tránsito promedio cayó de 61 a 41 buques diarios, una contracción del 33%, mientras que la participación de los contenedores en el comercio mundial se redujo del 9,9% al 2,1%.

La carga que más se retrajo fue precisamente aquella que concentra mayor valor por tonelada. Comparado con el promedio semanal de 2019-2022, el volumen de contenedores que atraviesa Suez cayó 53% desde los primeros ataques hutíes de fines de 2023. La carga a granel disminuyó 32%, la carga general 26% y los tanqueros 23%.

La consecuencia económica va más allá del volumen de buques. Cuando una ruta estratégica deja de ser confiable, las empresas deben modificar itinerarios, asumir mayores distancias, elevar costos de combustible, aumentar tiempos de tránsito y reconfigurar inventarios. El cuello de botella marítimo termina trasladándose a las cadenas productivas.

Bósforo: la puerta del Mar Negro

El estrecho del Bósforo conecta el Mar Negro con el Mar de Mármara y, a través de los Dardanelos, con el Mediterráneo. Su ubicación convierte a Turquía en un actor central para el comercio marítimo de Rusia, Ucrania, Rumania, Bulgaria y Georgia.

La estructura de su tráfico es diferente. Por cantidad de buques domina la carga general, pero por peso predominan los graneleros y los tanqueros. Esa composición refleja el papel del corredor en la salida de granos, petróleo y derivados provenientes de la región del Mar Negro.

Entre 2023 y 2025 atravesaban el estrecho unos 95 buques diarios. Durante 2026, el promedio descendió a 84 y en las últimas semanas analizadas llegó a 75, una caída del 21%.

Su importancia excede el volumen de tránsito. El conjunto de los estrechos turcos constituye la única salida marítima de varios países y regiones productoras del Mar Negro. Además, la navegación está regulada por la Convención de Montreux de 1936, que garantiza el paso de los buques mercantes y otorga a Turquía capacidad para restringir determinadas operaciones.

Kerch: un cuello de botella para los granos del Mar de Azov

El estrecho de Kerch tiene una escala comercial menor que Ormuz o Suez, pero su relevancia estratégica aumentó como consecuencia de la guerra entre Rusia y Ucrania. El corredor conecta el Mar de Azov con el Mar Negro y constituye la única salida marítima de un espacio que incluye regiones cerealeras centrales para Rusia.

Antes de la guerra, por Kerch transitaban unos 51 buques diarios. En 2026 el promedio se redujo a apenas 11, una caída del 78%.

El descenso fue consecuencia de sucesivos shocks: la invasión rusa de 2022, los ataques ucranianos al puente de Kerch en octubre de 2022, julio de 2023 y octubre de 2024 y, más recientemente, la decisión rusa del 10 de julio de 2026 de suspender formalmente la navegación civil después de ataques con drones contra buques rusos.

El conflicto también modificó la composición de la carga. La participación de los graneleros en el peso transportado saltó del 13,7% al 47,7%, mientras que la carga general se desplomó del 50,1% al 17,6%.

El problema se profundizó con el cierre de Kerch y del canal Don-Azov. Los puertos de Rostov y Taganrog dejaron de aceptar carga de granos, afectando directamente una ruta por la que históricamente llegó a circular hasta una cuarta parte de las exportaciones rusas de trigo.

La nueva geografía del riesgo comercial

El mapa que surge de estos cinco corredores muestra que el comercio mundial no depende únicamente de la capacidad productiva de los países ni de la demanda global. También está condicionado por la seguridad de unas pocas rutas físicas cuya interrupción puede modificar precios, costos logísticos y disponibilidad de productos a miles de kilómetros de distancia.

Ormuz concentra el mayor riesgo energético; Bab el-Mandeb y Suez muestran cómo los conflictos pueden expulsar a los contenedores de una ruta estratégica; Bósforo mantiene bajo tensión la salida de granos y energía del Mar Negro; y Kerch evidencia cómo una infraestructura de alcance regional puede adquirir relevancia global cuando afecta a una zona exportadora de cereales.

Para economías agroexportadoras como la Argentina, la cuestión no es meramente geopolítica. Los cambios en las rutas marítimas alteran los costos de flete, las primas de riesgo, la competitividad FOB y las posibilidades de colocación de granos y derivados.

El comercio global logró multiplicar varias veces la producción mundial gracias a mercados cada vez más amplios y especializados. Pero esa misma integración creó una vulnerabilidad: cuanto más extensa y eficiente es la red, mayor puede ser el impacto de una interrupción en sus puntos críticos.

La experiencia de 2026 vuelve visible ese riesgo. La economía mundial no solo necesita producir más; necesita que sus principales corredores marítimos permanezcan abiertos, previsibles y seguros. En esos estrechos y canales, una crisis local puede terminar convirtiéndose en un problema global.

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Inicia el Mes de las Infancias con festejos en toda la provincia

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La Subsecretaría de Primera Infancia del Ministerio de Desarrollo Social, la Mujer y la Juventud llevará adelante durante agosto una amplia agenda de actividades en distintos puntos de Misiones, con propuestas recreativas, culturales y de promoción de derechos destinadas a niños y niñas de toda la provincia.

La apertura del Mes de las Infancias será el próximo lunes 3 de agosto a las 9 horas en el Club Sarmiento de Posadas, con una jornada especial que contará con el acompañamiento del programa “Gurises Felices” del IPLyC, que se suma a esta celebración destinada a compartir junto a las familias misioneras.

Durante todo el mes, los equipos de la Subsecretaría recorrerán diferentes localidades llevando propuestas de juego, integración y encuentro comunitario, con actividades pensadas para fortalecer los vínculos, promover el bienestar y garantizar espacios donde las infancias puedan disfrutar y expresarse.

La agenda contempla acciones en distintos municipios como Posadas, Oberá, Hipólito Yrigoyen, Eldorado, Bernardo de Irigoyen, San Javier, Puerto Iguazú, entre otros, con jornadas recreativas y espacios de participación para niños, niñas y sus familias.

La subsecretaria de Primera Infancia, Paula Schapovaloff, destacó el valor de estas iniciativas.“El Mes de las Infancias nos invita a renovar nuestro compromiso con cada niño y niña de Misiones, generando espacios de encuentro, juego y acompañamiento.Desde la Subsecretaría seguimos trabajando cerca de las familias, fortaleciendo políticas públicas que ponen a las infancias en el centro y garantizan su derecho a crecer en entornos de cuidado y bienestar”.

Las actividades continuará con “Coloreando tus Derechos” el 5 de agosto en la Plaza 9 de Julio de Posadas, además de distintas actividades en localidades de toda la provincia, y tendrá su cierre el 31 de agosto en el Jardín Botánico, junto a los Espacios de Primera Infancia.

Con esta agenda, el Gobierno de Misiones, a través de la Subsecretaría de Primera Infancia, reafirma su compromiso con el desarrollo integral de niños y niñas, promoviendo espacios de participación, recreación y acompañamiento para una infancia plena.

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IPESMI se consagró campeón del fútbol 11 en los Juegos Deportivos Ciudad Universitaria

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La definición del certamen reunió a estudiantes, docentes, familiares y acompañantes que siguieron cada encuentro en un clima de entusiasmo y compañerismo.

La iniciativa forma parte de las acciones que diferentes áreas del Municipio desarrollan junto a instituciones educativas para fortalecer la integración de la comunidad universitaria mediante el deporte, la recreación y las actividades culturales.

La primera semifinal quedó en manos de la Universidad de las Fuerzas de Seguridad sede Policía, que se impuso por 3 a 0 frente al Instituto de Tecnología Automotriz y aseguró su lugar en el partido decisivo.

En la otra llave, la Facultad de Ciencias Económicas de la UNaM e IPESMI igualaron 1 a 1 en el tiempo reglamentario. La clasificación se definió desde el punto penal, donde IPESMI mostró mayor efectividad y ganó la serie por 3 a 0.

La final enfrentó a IPESMI con la Universidad de las Fuerzas de Seguridad sede Policía en un encuentro parejo y de alta intensidad. Finalmente, IPESMI se impuso por 1 a 0, resultado que le permitió quedarse con el título del torneo de fútbol 11 masculino.

Más allá de la competencia, la jornada reafirmó el objetivo de los Juegos Deportivos Ciudad Universitaria de promover hábitos saludables, el encuentro entre estudiantes de distintas instituciones y el sentido de pertenencia a la comunidad universitaria.

En ese marco, Posadas continúa consolidando una agenda que combina deporte, cultura y recreación como pilares para enriquecer la experiencia de quienes eligen la ciudad para estudiar y desarrollarse.

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