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Charolazo del 21-F

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El Ánfgel y el Charol (III): Ni Roma ni Macri pagan traidores ni sobones.
Cuando se moviliza Camioneros -el poderoso sector de la clase obrera que conduce Hugo Moyano, El Charol- vibra la totalidad del cuerpo social.
Y adquieren relevancia sobre todo los dirigentes sindicales que no lo acompañan. Los que apuestan, en realidad, por su aislamiento.
Con el auxilio teórico del marxismo -y sin poner el acento en la lucha de clases-, debe aludirse a la hegemonía de una clase dominante metodológicamente inculta.
Es el Tercer Gobierno Radical que preside Mauricio Macri, El Ángel Exterminador. Gobierna con una relativa minoría parlamentaria pero con una excesiva mayoría mediática. Pero está captado por la hegemonía de la insustancialidad. La oquedad que lo torna aburrido y neutraliza.
En realidad, el TGR se explica mejor a partir de Milan Kundera que de Carlos Marx, o el pensador Durán Barba. Por la levedad sin rigor, aunque sea soportable. Secuelas del maniqueísmo estremecedor que pugna por establecer diferencias mágicas entre “lo nuevo” y “lo viejo”. La cronología surge aquí como dato divisorio. Lo “viejo” arrastra la estética del siglo anterior. Con las concentraciones multitudinarias, como la parada patrocinada por Moyano el 21-F.
Al plantearse el conflicto social, que es “siempre más profundo que las anécdotas que lo generan”, desde el kunderismo macrista brota la relativización. Para ser pronto descalificado (el conflicto) por antiguo.
La estrategia de la capa dominante es irrisoria. Con el país desorientado y a la deriva, ante la mera presencia del conflicto, el TGR se obstina en anexar, para su causa, a los desclasados dirigentes de la clase trabajadora, los que permanecen inmediatamente desacreditados ante sus dirigidos. Les estampan sin pudor el barniz amarillo del oficialismo, para diferenciarlos del que asume la causa del desafío. La indignada bronca popular.

Marcha plural. Policlasista

Charolazo del 21-FLa marcha de protesta que se promovió alrededor de Hugo Moyano derivó en un contundente Charolazo. Fue infinitamente más significativo que la sucesión de balbuceos de su propio discurso.
Un acontecimiento que reacomoda al universo sindical, y que debiera dejar lecciones que nadie querrá registrar. Aunque el inagotable oficialismo argumental se precipite en aclarar que, después de la desconcentración, no queda nada concreto. Ningún avance. Apenas se vuelve a la mediocre normalidad.
El Charolazo del 21-F fue plural y policlasista. Una alfombra verde de varias cuadras de rudos camioneros atenuados por la presencia de los gremios blancos.
Los docentes de Baradel, Demis Roussos, y de Yasky, El Hugo Blanco, junto a los estatales de Michelli y los judiciales de Piumato, que se mezclaron con los bancarios de Palazzo, el carismático Caudillo Radical. Y con los sectores medios ideologizados, que representan a las distintas tribus minoritarias del peronismo. Como La Cámpora, y diversos peronistas sueltos. Junto a los esclarecidos de la izquierda trotskista, del PO y del PST, y con el nucleamiento del “pe ce erre”, aquel que fuera chinófilo, sumados al humanitarismo militante de las Madres. Y sobre todo el extendido colchón popular de las llamadas organizaciones sociales, con desposeídos que pugnan por el ascenso social que merecen y convertirse, también, en clase trabajadora.

Festival de la sociología en movimiento

Entonces extracción obrera, pequeño-burguesía militante y aspirantes a proletarios que marcan un camino desafiante para el analista político, mal habituado a encasillar.
Se asiste a la combinación de los diversos estratos que componen la sociedad aparentemente estancada.
Charolazo del 21-FUn verdadero festival de la sociología en movimiento que el botiquín reaccionario de la capa dominante prefiere simplificar. Para incorporarlo a la fantástica colección de recursos prejuiciosos, inútiles para anular la potencia de un fenómeno sociocultural (y político) que los excede. Por desconfiar de la ilustración y por menoscabar, por antiguo, todo aquello que remita a las interrelaciones de las clases.
En el combate descalificador, los dominantes pasan del gorilismo que enternece por arcaico, hacia las acciones de contrainteligencia que se inventaron en el siglo XIX. Con el formato servicial de las amenazas. Exploraciones útiles para ser multiplicadas desde el panelismo mediano que transmite ideología insalubre desde los medios baratos de comunicación. Es que abundan los que se plegaron con entusiasmo a la onda cautivante de la insustancialidad.
Es aquí donde adquirieron fundamental relevancia los ausentes que buscaban altavoces para proclamar su distancia con Moyano, al que reducían a la rigurosa mezquindad de suponer que Charol sólo actuaba movilizado por su defensa personal. Para no dar explicaciones ante la justicia, y no ir preso.
Al exponer ante la opinión pública a los sindicalistas perdonables, el gobierno, impiadosamente, los dejaba mal parados, en posición adelantada, en falta con los representados que hubieran preferido concentrarse entre el festival de la sociología en movimiento.
Al pretender aislar a Moyano, el TGR lo promovía. Sólo consiguió que El Charol reaccionara como un sensible novato del montón, ante la virulencia de los golpes. Y desperdiciara valiosos minutos de su costoso discurso que fueron destinados a la inutilidad de la queja.
Sin embargo lo que menos importaba de Moyano eran sus palabras. Importaba lo que había generado, lo que podía reunir,Charolazo del 21-F la reagrupación del mundo sindical que dejó de ser columna vertebral para convertirse en razón, y hasta pensamiento. Para riqueza de discurso bastaba con las palabras de los dos teloneros fundamentales. El radical Sergio Palazzo, y el maestro progresista Yasky, El Hugo Blanco.

Lecciones del 21-F

Los dirigentes sindicales, en general más astutos que Rinconete y Cortadillo, fueron exhibidos como moderados dialoguistas. Los pobres quedaron a contrapierna.
Desubicados y en “orsai”, como el alma del bandoneón. Apenas aprovecharon el conflicto para aproximarse, de manera suicida, al gobierno que nada tiene para darles. Ni garantías de libertad. Y Macri, como Roma, nunca paga traidores. Ni siquiera sobones. Ni palmeadores vocacionales. Aquí los artesanos de la negociación permanente quedaron ensartados como pichones en la “propia tropa” de la insustancialidad amarilla que no acierta.
Consolidaron, a la transitoria capa dominante, en la vigencia de los dos pretextos:
1) Reducción del litigio a una cuestión personal/judicial del sujeto (Charol).
2) Escudarse, para legitimar la distancia, en la presencia del kirchnerismo. Justo cuando el antikirchnerismo deja de ser redituable como pretexto. Ya no “garpa”.
La dinámica de la evolución política desubica a los estancados que se aferran a la estática y se quedan congelados en la historia.
Sin embargo el antikirchnerismo es aún la pasión exclusiva que sostiene a determinados peronistas vergonzantes entre las filas del macrismo culposo.
Charolazo del 21-FEs precisamente el kirchnerismo lo que los hace macristas. Pero El Ángel Exterminador necesita de macristas de verdad, que estén menos cargados de complejos.
La capa sectaria que gobierna debería dejar de lado, en lo posible (y vaya como expresión de deseo) la patética insustancialidad. Aferrarse menos al recetario hueco de superación, que los impulsa a decir, después de la marcha, y en un rapto de aceptable coherencia, las idioteces similares que decían antes.
La otra lección superadora es para los sindicalistas que sobreactuaron la abstención. El sobonismo. A los efectos de asegurarle al monarca de turno que son distintos. Que están disociados del Mal
Ni Roma ni Macri pagan traidores ni sobones. Ni siquiera los alquilan. Simplemente porque les llegan regalados. Entregados. Para estar cerca, sin siquiera la seguridad de la protección.

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Moyano: “Estoy dispuesto a ir preso si la Justicia cree que tengo que ir”

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El acto de los gremios y los movimientos sociales desbordó la 9 de Julio. El líder Camionero encabezó el cierre de la movilización con un discurso en el que aseguró que no está implicado en causas vinculadas a la corrupción. “Estoy dispuesto a dar la vida si es necesario por los trabajadores”, afirmó y reiteró las críticas al modelo económico de Macri.
Cientos de miles de personas rechazaron la política económica de Mauricio Macri. Los dirigentes sindicales y sociales reclamaron el fin de las medidas que “hambrean a la parte más sensible de nuestra sociedad” y denunciaron la persecución a quienes se oponen al Gobierno.
“Preparémonos los trabajadores, cuando llegué el momento de expresar la voluntad democrática. Los gorilas no pueden estar más en la conducción del país porque nos quieren quitar la dignidad a los hombres de trabajo y no lo podemos permitir.” Con esa frase el líder camionero Hugo Moyano cerró y proyectó hacia 2019 la masiva y transversal movilización de sindicatos y organizaciones sociales que colmó la 9 de Julio para rechazar las políticas de ajuste aplicadas por el gobierno de Mauricio Macri.
Las críticas a las políticas económicas y sociales —que Moyano calificó como “políticas de hambre”— fueron el eje de los discursos de las representantes de la CGT, la Corriente Federal, la CTA Autónoma, la CTEP y la CTA de los Trabajadores, que precedieron al titular del convocante gremio de Camioneros. El ex titular de la CGT se encargó de calificar de “disparates” las interpretaciones que ponían como único objetivo de la marcha su defensa por las causas judiciales abiertas en su contra.
El triunviro de la CGT y líder del gremio de Dragado y Balizamiento, Juan Carlos Schmid, fue el encargado de dar inicio al acto que el camionero Hugo Moyano encabezó sobre la 9 de Julio, a la que aseguran los sindicatos y las organizaciones sociales asistieron más de 400 mil personas.
“En estos dos años, el Gobierno logró endeudar al país de manera infinita y que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres”, afirmó el único de los tres triunviros de la CGT que adhirió a la movilización. “Los trabajadores son más pobres”, agregó.
“Acordamos repudiar enérgicamente la rebaja a los jubilados y poner a nuestros asesores a disposición de todos los jubilados y pensionados para que inicien las demandas”, continuó.
Además, Schmid leyó un documento con los seis puntos centrales del reclamo opositor contra el Gobierno:
• Repudio a la baja de las jubilaciones
• Paritarias libres y sin tope
• Rechazo a la reforma laboral
• Rechazo al mega DNU “en especial lo que se refiere a los temas laborales”
• Apoyar a las organizaciones sociales en conflicto
• “Les pedimos a los legisladores que no apoyen leyes que cercenan los derechos de los trabajadores y de los sectores más postergados”
“No estoy implicado en ningún tema de corrupción, no tengo ninguna denuncia, pero si la tuviera, tengo las suficientes pelotas para defenderme solo”, sentenció Moyano e insistió: “No me van a ver arrugar, menos defendiendo los derechos de los trabajadores”. El líder Camionero no solo tildó de “disparates” y “estupideces” las denuncias y la campaña mediática en su contra sino que le recordó al sector de los gordos de la CGT, los grandes ausentes de la convocatoria, que la movilización estuvo votada por la Comisión Directiva de la CGT y los desafió: “Ningún un hombre ni ninguna mujer que pertenezca a las organizaciones sindicales puede huir de la defensa de los trabajadores”.
El titular de Camioneros destacó la amplia convocatoria de “distintos sectores políticos e ideológicos” lograda para el denominado 21-F, que se leía impreso sobre una bandera argentina en el palco de los oradores, y aseguró que las miles de personas presentes estuvieron por “un solo objetivo: decirle al Gobierno, al señor presidente, no siga llevando políticas que hambrean a la parte más sensible de nuestra sociedad”.
En el escenario en 9 de Julio y Belgrano, Moyano enfatizó: “Así que por más que hagan y digan lo que digan, aquí estoy, no me voy a ir del país, no tengo plata afuera”.
Moyano tiene varios frentes judiciales abiertos. Enfrenta tres denuncias en las que se lo acusa de delitos como lavado de dinero, supuesto desvío de fondos en la obra social del sindicato de Camioneros, y otra por presunta asociación ilícita por fraude al club Independiente.
Antes del camionero hablaron los titulares de las dos CTA, Pablo Michelli y Hugo Yasky, el líder del gremio bancario Sergio Palazzo, y el secretario general de la CTEP, Esteban Castro. Varios hicieron hincapié en la necesidad de unirse pensando en 2019.
“Volvámonos a juntar pronto si no hay respuestas, mostremos la unidad dentro de la diversidad para decirle basta a estos tipos”, resaltó Micheli, al hablar de un “paro nacional”. Yasky llamó a construir “una nueva unidad del sindicalismo y los movimientos sociales contra un Gobierno que le mete la mano en los bolsillos a los trabajadores y los jubilados”. A su turno, Palazzo insistió: “Hoy nace la resistencia a las políticas de este Gobierno”.

Quiénes estuvieron en el acto

En la movilización se pudo ver a representantes de distintos gremios, a intendentes peronistas bonaerenses y a los líderes de La Cámpora, entre otros.
En el acto de esta tarde estuvieron representados en el escenario las principales entidades que convocaron a la marcha: tuvieron la palabra Hugo Moyano, Hugo Yasky, Pablo Micheli, el bancario Sergio Palazzo, el cegetista Juan Carlos Schmid y Esteban “Gringo” Castro, por los movimientos sociales.
Pero además de los gremios, dirigentes políticos opositores se dejaron ver entre los asistentes. En representación de La Cámpora dijeron presente Máximo Kirchner, Andrés Larroque y Eduardo “Wado” de Pedro.
Eugenio Zaffaroni, ex juez de la Corte Suprema de Justicia y protagonista de una polémica en los últimos días por sus dichos sobre una eventual salida anticipada del Presidente, participó del evento.
También estuvieron intendentes peronistas de la provincia de Buenos Aires, como Verónica Magario (La Matanza); Jorge Ferraresi (Avellaneda); Mario Secco (Ensenada); Walter Festa (Moreno); Gustavo Menéndez (Merlo); Fernando Gray (Esteban Echeverría) y Julio Zamora (Tigre).
Otros miembros del kirchnerismo que escucharon los discursos fueron Agustín Rossi, Fernando Espinoza, Fernanda Vallejos, Cristina Álvarez Rodríguez, Jorge Taiana, Martín Sabbatella, Leopoldo Moreau, Mariano Recalde, Héctor Recalde, Daniel Filmus y Aníbal Fernández, entre otros.
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Yasky redobló críticas a sindicalistas que no marchan: “Desistieron cuando hay que correr riesgos”

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El secretario general de la CTA de los Trabajadores, Hugo Yasky, consideró que los dirigentes sindicales que no marchan el próximo 21 de febrero “desistieron de representar a los trabajadores en un momento en el que hay que correr riesgos”, al tiempo que llamó a “reunificar al conjunto del movimiento sindical”.
“Cualquier tipo de riesgos hay que asumirlos porque la situación es muy grave. Hay dirigentes que quieren vivir en los ambientes climatizados, pisando alfombra y no la calle, el barro”, sostuvo el también diputado nacional.
En diálogo con Radio Continental, el referente opositor cuestionó a los gremialistas que se apartaron de la movilización convocada por el líder camionero, Hugo Moyano: “Son dirigentes sindicales que desistieron de representar a los trabajadores en un momento en el que hay que correr riesgos”.
En ese sentido, Yasky afirmó que “el 65 por ciento” de los sindicatos estarán presentes en la marcha que se realizará el próximo miércoles.
“Si uno suma los gremios que van a movilizar, somos el 65 por ciento con holgura. Los gremios que no convocan son una masa minoritaria y eso muestra la extrema debilidad en la que han quedado”, agregó.
Asimismo, el legislador de Unidad Ciudadana se refirió a las causas judiciales que enfrenta Hugo Moyano y, tras cuestionar la “inquisición que el Gobierno puso a funcionar” contra los sindicalistas, remarcó: “Sabemos que quien asume el riesgo de la representación, si pone el pecho, tiene la posibilidad de que el Gobierno vaya por una causa, le invente otra y le mande la Justicia”.
En ese sentido, señaló que “la Justicia no está actuando con independencia del Poder Ejecutivo en estos casos”.
Finalmente, Yasky indicó que dejó de lado “diferencias y distanciamientos” que supo mantener con Moyano años atrás: “La realidad nos hizo cambiar, nos hizo dejar de lado diferencias y distanciamientos que fueron reales, que no desaparecieron y si tuviéramos que discutir a fondo algunas cosas esa diferencias tal vez persistan. Pero hoy la realidad nos exige unirnos aunque no pensemos igual”.
Ante eso, el secretario general de la CTA de los Trabajadores contó que “el objetivo de máxima” de cara al futuro “sería reunificar el conjunto del movimiento sindical”. 
“Por supuesto, tiene que ser con un claro principio de que tiene que estar al servicio del reclamo y la necesidad del trabajador”, concluyó.

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