FAO advierte sobre nuevos brotes de fiebre aftosa y alerta por riesgos para el estatus sanitario de Argentina
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura pidió reforzar la bioseguridad ante la expansión de una cepa exótica en Medio Oriente y Europa. El virus genera pérdidas globales de más de USD 21.000 millones anuales. Argentina mantiene su estatus sanitario, pero enfrenta presiones internas para reducir la cobertura de vacunación.
Brotes de fiebre aftosa encienden alarmas globales: la FAO pide reforzar medidas de bioseguridad
La FAO emitió un comunicado urgente en el que advierte sobre la reaparición de fiebre aftosa en países del Cercano Oriente y Europa, y exige reforzar las medidas de bioseguridad animal para evitar que la enfermedad se propague hacia regiones libres del virus, como América del Sur.
Los recientes brotes incluyen casos en Irak y Bahréin, donde se detectó por primera vez el serotipo exótico SAT1, lo que generó preocupación internacional por su potencial de expansión. La organización subrayó la necesidad de detección temprana, control sanitario y vigilancia epidemiológica activa.
Impacto económico: pérdidas globales por USD 21.000 millones anuales
El informe de la FAO estima que la fiebre aftosa genera pérdidas económicas superiores a los USD 21.000 millones anuales en regiones endémicas. Esta cifra incluye la caída en la producción, los costos de vacunación y el impacto en las cadenas comerciales locales e internacionales.
“Estos impactos pueden tener un efecto devastador en las comunidades rurales y las empresas que dependen de la ganadería”, advirtió el organismo.
La propagación del virus también activó medidas preventivas en Europa del Este, donde países como Alemania, Hungría y Austria registraron focos recientes. El Reino Unido respondió con una prohibición de importaciones de carne y lácteos desde las regiones afectadas.
Argentina: firme en su estatus, pero con riesgos internos
Argentina mantiene un estatus sanitario diferenciado: “libre de fiebre aftosa con vacunación” en la mayor parte del territorio y “libre sin vacunación” en la Patagonia, reconocimiento clave para sostener los mercados de exportación.
No obstante, algunas cámaras empresarias impulsan la idea de reducir la cobertura de vacunación, incluso con el ingreso de vacunas bivalentes de menor espectro desde países como Brasil y Bolivia, donde se ha discontinuado el esquema completo de inmunización.
A diferencia de las vacunas tetravalentes utilizadas en Argentina —que protegen contra cuatro cepas— las bivalentes solo cubren dos variantes del virus, lo que podría debilitar el escudo sanitario.
Desde el ámbito técnico y productivo, se alerta que abandonar la estrategia actual implicaría un retroceso peligroso, con consecuencias en la sanidad ganadera y el comercio exterior.
Recomendaciones internacionales vs. decisiones locales
La FAO insiste en que, ante la amenaza del serotipo SAT1 y otros linajes del virus, la vacunación sistemática y los controles fronterizos deben mantenerse como pilares innegociables de cualquier política sanitaria. En contraste, algunos sectores del agronegocio priorizan argumentos de costo, sin contemplar el impacto que tendría una eventual reintroducción del virus.
En este sentido, la controversia sobre la importación de vacunas bivalentes refleja una disputa entre la rentabilidad de corto plazo y la seguridad sanitaria de largo plazo. Desde SENASA y organismos especializados, sostienen que reducir la inmunización sería temerario, en un contexto de riesgo epidemiológico regional.
En un escenario internacional que vuelve a encender las alarmas por fiebre aftosa, Argentina deberá sostener su liderazgo sanitario con políticas que privilegien el rigor técnico y no se subordinen a presiones comerciales. Mantener la vacunación plena, reforzar las medidas de bioseguridad y evitar cualquier flexibilización injustificada son condiciones esenciales para preservar la confianza de los mercados y proteger el capital sanitario de la producción ganadera.