El presidente Donald Trump afirmó que no usaría la fuerza para adquirir Groenlandia, en su declaración más clara hasta el momento descartando recurrir al poderío militar para anexionar la isla ártica.
“Probablemente no conseguiremos nada a menos que decida usar una fuerza excesiva, en cuyo caso seríamos, francamente, imparables”, dijo Trump. “Pero no haré eso. Okey. Ahora todos dicen: ‘¡Bien!’”.
“Esa es probablemente la declaración más importante que he hecho, porque la gente pensaba que usaría la fuerza. No necesito usar la fuerza. No quiero usar la fuerza. No usaré la fuerza”, afirmó Trump.
“Todo lo que Estados Unidos pide es un lugar llamado Groenlandia”, añadió.
Más tarde, Trump reiteró que contempla la plena propiedad de Groenlandia por parte de Estados Unidos, en lugar de un acuerdo mejorado.
“Todo lo que pedimos es obtener Groenlandia, incluyendo el título de propiedad, porque se necesita la propiedad para defenderla”, dijo. “No se puede defender con un contrato de arrendamiento”.
El primer ministro británico, Keir Starmer, acusó este miércoles al presidente estadounidense, Donald Trump, de criticar el acuerdo sobre las islas Chagos para así «presionarle» para que cambie su posición sobre el futuro de Groenlandia.
En la sesión semanal de control en la Cámara de los Comunes, Starmer puntualizó que «no cederá» frente a Trump y que defenderá los principios del Reino Unido de que la isla del Ártico pertenece a sus habitantes y al reino de Dinamarca.
El líder laborista, que siempre ha mantenido una posición conciliadora ante Trump y ha evitado criticarle, informó también de que mañana recibirá en Londres a la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, mientras el presidente de EE.UU. no cede un ápice en sus intenciones de controlar «por las buenas o por las malas» la isla de Groenlandia.
El conflicto con Mauricio
Trump calificó ayer en su portal de Truth Social de «GRAN ESTUPIDEZ» el pacto para ceder la soberanía del archipiélago de Chagos a Mauricio, acordado en 2025, y de arrendar a ese estado Diego García -donde hay una base militar conjunta británica-estadounidense- por 99 años.
La palabras de Trump sobre Chagos tenían el «propósito expreso de presionarme a mí y al Reino Unido en relación con mis valores y principios sobre el futuro de Groenlandia», dijo Starmer.
«No cederé. El Reino Unido no cederá en nuestros principios y valores sobre el futuro de Groenlandia bajo amenazas de aranceles, y esa es mi postura inequívoca», puntualizó, en un tono nunca empleado para referirse a Trump.
«He dejado clara mi postura sobre nuestros principios y valores. El primero es que el futuro de Groenlandia es solo del pueblo groenlandés y el Reino de Dinamarca. El segundo es que las amenazas de aranceles para presionar a los aliados son completamente erróneas», insistió.
Amenazas de Trump
El presidente estadounidense ha amenazado con imponer aranceles del 10 % al Reino Unido y otros aliados europeos a partir del 1 de febrero a menos que acepten la compra de Groenlandia, y se ha negado a descartar el uso de la fuerza militar para apoderarse de la isla.
El Gobierno británico defiende que el pacto sobre Chagos es necesario porque los fallos de tribunales internacionales a favor de las reclamaciones de soberanía de Mauricio ya suponían una amenaza para el futuro de la base militar en Diego García.
El Reino Unido acordó pagar a Mauricio al menos 120 millones de libras anuales (138 millones de euros) durante los 99 años de vigencia del acuerdo.
En un discurso de fuerte tono geopolítico en el Foro Económico Mundial de Davos 2026, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, advirtió que el orden mundial vigente “no volverá” y llamó a las potencias medianas a coordinarse frente al uso creciente de la coerción económica por parte de las grandes potencias. El mensaje, pronunciado en Suiza, puso en primer plano el impacto político, económico e institucional de un escenario internacional marcado por aranceles, presión sobre cadenas de suministro y disputas por territorios estratégicos como Groenlandia.
“Las potencias medianas deben actuar conjuntamente porque si no estamos en la mesa de negociaciones, seremos el plato principal”, afirmó Carney, en una frase que sintetizó la gravedad del diagnóstico. El primer ministro canadiense sostuvo que el sistema internacional atraviesa una ruptura estructural, y no una transición ordenada, y que los países que no se adapten quedarán expuestos a decisiones unilaterales de actores con mayor poder económico y militar.
Un orden basado en normas que dejó de funcionar
Carney evitó mencionar de manera explícita al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aunque varias de sus afirmaciones fueron interpretadas como una respuesta directa a las amenazas arancelarias dirigidas a aliados europeos y al Reino Unido, condicionadas a la cesión de Groenlandia a Washington. En ese contexto, el premier canadiense cuestionó el uso de la integración económica como herramienta de presión.
“Las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como arma, los aranceles como herramienta de presión, la infraestructura financiera como medio de coerción y las cadenas de suministro como vulnerabilidades que deben explotarse”, sostuvo. Según Carney, el llamado “orden basado en normas” ya presentaba inconsistencias desde hace años: “Sabíamos que el derecho internacional se aplicaba con distinto rigor según la identidad del acusado y la víctima”, afirmó, al tiempo que reconoció que esa “ficción” resultó funcional mientras la hegemonía de Estados Unidos garantizaba beneficios económicos y estabilidad relativa.
Sin embargo, el primer ministro fue categórico al señalar el quiebre del esquema vigente: “Este acuerdo ya no funciona. Permítanme ser directo. Estamos en medio de una ruptura, no de una transición”. En esa línea, advirtió que no es posible sostener la narrativa del beneficio mutuo cuando la integración económica se transforma en un mecanismo de subordinación.
Canadá, Groenlandia y la OTAN en el centro de la tensión
El discurso incluyó una reafirmación explícita del respaldo de Canadá a Groenlandia, Dinamarca y la OTAN, lo que generó aplausos entre los asistentes. Como miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, Carney subrayó que su país respalda “el derecho exclusivo a determinar el futuro de Groenlandia” y ratificó el compromiso con el Artículo V del tratado, que establece que un ataque contra un Estado miembro se considera un ataque contra todos.
“Nuestro compromiso con el Artículo V es inquebrantable”, afirmó. La declaración se produjo en un contexto de creciente tensión, luego de que Trump intensificara su ofensiva retórica sobre Groenlandia e incluyera a Canadá en ese esquema, llegando incluso a referirse al país como el “estado número 51” y a sugerir una eventual integración mediante la “fuerza económica”.
Según se informó en medios canadienses, Ottawa analiza la posibilidad de enviar un pequeño contingente de tropas a Groenlandia para participar en ejercicios militares junto a fuerzas danesas y de otros países europeos. Consultada al respecto en Davos, la ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, Anita Anand, señaló que el país participa regularmente en ejercicios de la OTAN y que las decisiones sobre futuros despliegues corresponden al ministro de Defensa Nacional y al jefe del Estado Mayor de la Defensa.
Potencias medianas, alianzas flexibles y consecuencias económicas
Carney definió a Canadá como una potencia mediana, categoría que comparten países como Australia, Argentina, Corea del Sur y Brasil, naciones con influencia política relevante pero economías más pequeñas que las de las grandes potencias con asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. En ese marco, propuso una estrategia basada en coaliciones flexibles, adaptadas a cada tema y sustentadas en valores e intereses comunes.
“Canadá fue uno de los primeros en darse cuenta de que la geografía y las alianzas históricas ya no garantizan seguridad ni prosperidad”, afirmó. Por eso, explicó que su país se presenta ahora como un socio “estable y confiable”, con una agenda activa de acuerdos comerciales, de inversión y de defensa, orientada a diversificar vínculos y reducir vulnerabilidades.
El mensaje tiene implicancias económicas directas. La utilización de aranceles como herramienta de presión, la fragmentación de cadenas de suministro y la militarización de la política comercial introducen mayores costos, incertidumbre y riesgos sistémicos para el comercio global. En ese escenario, las potencias medianas enfrentan el desafío de preservar su autonomía sin quedar atrapadas en disputas entre superpotencias.
Una advertencia con alcance global
El discurso de Carney se inscribió entre las intervenciones más contundentes del Foro Económico Mundial, que se desarrolla del 19 al 23 de enero en Davos-Klosters, Suiza. La advertencia del primer ministro canadiense apuntó tanto a líderes políticos como a decisores económicos, al señalar que la falta de coordinación entre países de peso intermedio puede derivar en una pérdida de capacidad de negociación frente a actores dominantes.
En un contexto de creciente confrontación comercial y geopolítica, el mensaje dejó una conclusión clara: el mundo ya no se encamina gradualmente hacia un nuevo equilibrio, sino que atraviesa una ruptura profunda, con efectos duraderos sobre la arquitectura institucional, la seguridad internacional y la economía global.
Emmanuel Macron subió al atril en al Foro Económico Mundial en Davos con un discurso que no tuvo que aludir a Estados Unidos para haber trascendido a la prensa como una condena las políticas de Donald Trump. El mandatario europeo rechazó el uso de “la ley del más fuerte” y el “nuevo imperialismo”, en un contexto de choques con Washington por sus intenciones de “adquirir” Groenlandia y su política arancelaria.
El presidente francés, Emmanuel Macron, proyectó este martes en el Foro Económico Mundial (WEF) la imagen de un “mundo sin reglas, donde el derecho internacional es pisoteado”, como un ejemplo del “giro a la autocracia” del que alertó en su discurso en Davos, seguido por jefes de Estado, empresarios y organizaciones globales.
En medio de la confrontación entre Europa y Estados Unidos por las amenazas de Trump sobre la anexión de Groenlandia, Macron habló en contra de las “ambiciones imperiales”, antes de decretar que “Francia y Europa están comprometidas con su independencia”.
“Aceptar el nuevo enfoque colonial no tiene sentido y todos los jefes de Gobierno que han sido complacientes con ello deben tener responsabilidad”, aseveró el presidente francés, que calificó a la OTAN como una “institución debilitada”.
La disputa por el territorio danés semiautónomo ha supuesto un reto para la OTAN, ante la posibilidad de una agresión entre sus propios integrantes. El Tratado de la alianza militar trasatlántica no contempla un escenario en el que el agresor sea un Estado miembro, lo que genera múltiples interpretaciones sobre la postura que deberían adoptar los países adscritos.
Ataviado con lentes oscuros al estilo ‘Top Gun’, debido a una infección ocular, el francés ofreció un discurso en un tono particularmente elevado, no del todo habitual en las declaraciones del Elíseo, al que añadió unas pinceladas de sarcasmo: “Es una época de paz, estabilidad y previsibilidad, así que intentemos abordar los principales retos del mundo en unos pocos minutos”, apuntó al inicio.
Macron invoca el arma comercial más potente de la UE
“No somos respetados y no se respetan las reglas del juego”, denunció Emmanuel Macron en uno de los foros económicos más importantes del planeta, en un intento por instar a la Unión Europea a aplicar el denominado mecanismo anticoerción.
La medida invocada por Macron es un instrumento regulatorio adoptado por la Unión Europea a finales de 2023 que permite a Bruselas defenderse de la coerción económica ejercida por terceros países. Conocido como la “bazuca comercial”, representa el arma en este campo más poderosa de la UE contra acciones económicas adversas
El francés incidió en que Europa dispone de herramientas “muy poderosas” en materia comercial y debe “utilizarlas”. El mecanismo anticoerción aún no se ha aplicado desde su aprobación. “Es un instrumento muy eficaz y no debemos tener dudas en usarlo en el difícil entorno actual”, zanjó el mandatario galo.
Macron describió la política comercial emprendida por Trump como una imposición de “concesiones máximas”, que “apunta abiertamente a debilitar y subordinar a Europa”.
En la antesala del Foro de Davos, Trump amenazó con aplicar aranceles adicionales del 10% a los países europeos que ejecuten maniobras militares en Groenlandia, como ya lo han hecho Dinamarca, Francia, Alemania, Finlandia, Países Bajos y Suecia, además de Noruega y el Reino Unido.
“Con Groenlandia, no hemos amenazado a nadie, hemos apoyado a un aliado: Dinamarca”, agregó Macron, antes de tachar de “inaceptables” los aranceles impuestos por la Casa Blanca.
Washington también decretó un arancel del 200% sobre vinos y champanes franceses por la negativa del mandatario galo de entrar en la Junta de Paz para Gaza, contemplada en el plan de alto el fuego redactado en Washington para frenar la guerra entre Israel y Hamás.
“No debemos aceptar pasivamente la ley del más fuerte”, sentenció Macron ante los asistentes en Davos.
Desde París, el ministro de Relaciones Exteriores, Jean-Noel Barrot, apoyó la suspensión de un acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos. “La amenaza de aranceles aduaneros se utiliza como chantaje para obtener concesiones injustificables”, afirmó Barrot ante el Parlamento.
Socios europeos cierran filas con Macron
Una las comparecencias más esperadas del día en Davos era la de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien en un tono más conciliador que el de Macron calificó como un “error” los aranceles de Trump contra los socios europeos.
“La UE y Estados Unidos acordaron un pacto comercial el pasado mes de julio. Y tanto en política como en los negocios, un acuerdo es un acuerdo”, subrayó la política belga, en alusión al pacto entre Washington y Bruselas para fijar los aranceles a los productos de la UE en un 15%.
Sin referirse directamente al líder de Washington, destacó la importancia de dinamizar la economía de los Veintisiete. “Es hora de aprovechar esta oportunidad y construir una nueva Europa independiente”, sentenció.
En el plano territorial, Von der Leyen aseguró que la respuesta de la UE ante los planes de anexión de Groenlandia será “firme, unida y proporcional”. La presidenta de la Comisión Europea enfatizó la necesidad de ser “estratégicos”, antes de subrayar que la alianza continental está “plenamente comprometida y comparte los objetivos de Estados Unidos” en materia de seguridad en el Ártico.
“Deberíamos destinar una parte del aumento de nuestro gasto en defensa a la creación de una capacidad europea de rompehielos y a otros equipos esenciales para la seguridad en el Ártico”, agregó.
En línea con Emmanuel Macron, El primer ministro belga, Bart De Wever, se mostró a favor de adoptar una postura más firme frente a la Administración Trump.
“Si alguien dice: ‘Quiero quitarte territorio de la OTAN, o de lo contrario iniciaré una guerra comercial’, entonces iniciaremos una guerra comercial”, decretó el dirigente belga en una entrevista, al margen del Foro Económico Mundial de Davos.
A la espera de la intervención este miércoles de Trump, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, adelantó en Davos algunas de las posiciones de la Administración republicana al recomendar a la UE que “respire hondo, deje que las cosas se resuelvan y descarte represalias”.
Bessent defendió que la Groenlandia “es esencial para el escudo antimisiles Cúpula Dorada”, un mecanismo de defensa para misiles intercontinentales.
Macron comentó con la prensa que no planea reunirse con su homólogo estadounidense en Davos, después de que en la mañana del martes Trump filtrara unos mensajes privados del líder del Elíseo. “Estamos totalmente de acuerdo en Siria. Podemos lograr grandes cosas en Irán. No entiendo lo que estás haciendo con respecto a Groenlandia”, escribió Macron al republicano estadounidense, a quien además invitó a cenar a París después del foro en Suiza.
La escalada de tensiones entre Estados Unidos y la Unión Europea volvió a ganar intensidad luego de que el presidente Donald Trump anunciara aranceles adicionales contra ocho países europeos en represalia por su rechazo a la pretensión estadounidense sobre Groenlandia. Ante este escenario, Francia pidió formalmente a la UE activar el Instrumento Anticoerción Económica (ACI), conocido como la “bazuca comercial”, una herramienta aprobada en 2023 para responder a presiones externas que afecten la soberanía económica y política del bloque. La medida abre un frente de alto impacto económico, comercial e institucional en una relación bilateral que mueve más de US$1,8 billones al año.
La advertencia estadounidense no sólo reavivó el debate sobre la autonomía estratégica europea, sino que colocó al comercio internacional y a la estabilidad de las relaciones transatlánticas en el centro de la agenda política global, con posibles consecuencias sobre inversiones, cadenas de valor y flujos financieros.
Aranceles, Groenlandia y un conflicto que escala
El detonante del conflicto fue el anuncio de Donald Trump de imponer aranceles del 10% a los productos provenientes de Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia, porcentaje que se elevaría al 25% a partir de junio, condicionado a que Dinamarca acepte vender Groenlandia a Estados Unidos.
“¡La paz mundial está en juego! China quiere Groenlandia, y Dinamarca no puede hacer nada al respecto”, escribió Trump en su cuenta de Truth Social, en un mensaje que generó fuerte rechazo en Europa. La decisión fue comunicada pocos días después de que estos países enviaran una misión militar conjunta a Groenlandia para reforzar la seguridad del territorio.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, respondió con dureza: “Europa no se dejará chantajear”. En la misma línea, los gobiernos afectados iniciaron contactos diplomáticos con Washington y expresaron su disposición a dialogar “sobre la base de los principios de soberanía e integridad territorial”. Sin embargo, el tono del conflicto marcó un punto de inflexión.
En ese contexto, el presidente francés Emmanuel Macron calificó de “inaceptable” la amenaza arancelaria y solicitó a sus pares europeos avanzar con la activación del Instrumento Anticoerción Económica, una señal de que la UE evalúa pasar del diálogo a la disuasión efectiva.
Qué es el Instrumento Anticoerción Económica y cómo funciona
El ACI fue aprobado por la Unión Europea en 2023 como una herramienta de defensa frente a presiones externas. Según el Parlamento Europeo, su objetivo central es disuadir a terceros países de ejercer medidas coercitivas contra los intereses de la UE o de alguno de sus Estados miembros, y, en última instancia, permitir la aplicación de contramedidas.
El instrumento autoriza a la UE a adoptar una amplia gama de medidas retaliatorias, entre ellas:
Imposición de aranceles adicionales a productos importados.
Restricciones al comercio de servicios.
Limitaciones al acceso a la inversión extranjera directa.
Exclusión de empresas extranjeras de licitaciones públicas en los 27 Estados miembro.
Restricciones a la compra de acciones, al financiamiento público o privado y a la participación en contratos estatales.
Además, el ACI habilita a exigir una “reparación” económica al país que ejerza coerción comercial o financiera.
Tras la aprobación de la normativa, el eurodiputado alemán Bernd Lange sostuvo: “Este instrumento nos permite reaccionar rápidamente ante la presión de otros países. Ahora tenemos una amplia gama de contramedidas para defender la soberanía de la Unión”. Si bien el diseño del ACI es esencialmente disuasorio, su activación marcaría un giro significativo en la política comercial europea.
Antecedentes, comercio bilateral y el dilema político
El ACI comenzó a gestarse tras la primera presidencia de Trump, período atravesado por fricciones comerciales entre Washington y Bruselas. Sin embargo, el episodio que aceleró su aprobación fue el conflicto entre China y Lituania en 2021, cuando Pekín impuso restricciones comerciales luego de que el país báltico fortaleciera sus vínculos con Taiwán. En aquel caso, la UE argumentó que la coerción comercial no está contemplada en los mecanismos de la Organización Mundial del Comercio (OMC), lo que justificó la creación de una herramienta específica.
La magnitud del actual conflicto explica la cautela europea. En 2023, el comercio de bienes y servicios entre la UE y EE.UU. superó los US$1,8 billones, con intercambios diarios cercanos a US$5.000 millones, según la Comisión Europea. En bienes, la UE registró un superávit superior a US$170.000 millones, mientras que en servicios EE.UU. obtuvo un saldo favorable de casi US$120.000 millones.
En julio pasado, ambas partes habían alcanzado un acuerdo para reducir aranceles del 25% al 15%, a cambio de inversiones europeas por miles de millones de dólares en el sector industrial y de defensa estadounidense. La posibilidad de que este pacto quede congelado ahora aparece como una de las principales consecuencias del conflicto.
Mientras Macron y otros líderes presionan para avanzar con el ACI, algunos gobiernos llaman a la prudencia. El primer ministro de Irlanda, Micheál Martin, recordó que el instrumento “está sobre la mesa”, pero pidió agotar la vía diplomática. En el mismo sentido, el primer ministro noruego Jonas Gahr Store advirtió: “Debemos ser muy cuidadosos para no entrar en una guerra comercial que se salga de control”.
Los embajadores de los 27 países de la UE tenían previsto reunirse de emergencia para analizar la situación y definir los próximos pasos, en un escenario donde la activación de la “bazuca comercial” podría redefinir la relación transatlántica y sentar un precedente clave en la política comercial global.