Declaración del Llamamiento: El avance global de las derechas y las elecciones en Argentina
En todo Occidente soplan vientos de derecha. No se trata de un fenómeno aislado ni con intenciones pasajeras: desde Europa hasta América Latina, las fuerzas conservadoras, liberales y abiertamente reaccionarias del atlantismo están imponiendo gobiernos, instalando sentido común y desplazando los límites del debate político.
Argentina no escapa a esa tendencia. Las últimas elecciones confirmaron una reconfiguración profunda del mapa político, con la posibilidad de que Javier Milei consolide un proyecto de ultraderecha que se alimenta del malestar, de la decepción, de la rabia que busca su objeto, de la desconfianza hacia la política tradicional y del discurso de odio instalado.
Un fenómeno global
El crecimiento de las derechas —en sus distintas versiones— atraviesa a las democracias occidentales. En Europa, los partidos de extrema derecha ganan terreno en Francia, Italia, Alemania y España. En Estados Unidos, el trumpismo conserva un poder real que serpentea en estamentos que existen más allá del gobierno y que buscaron desplazar a los gobiernos progresistas de América Latina que marcaron el ciclo anterior, como así también a los elegidos actualmente en México, Brasil, Colombia, Chile y Uruguay, que tanto en producción interna como en población y territorio, son más de las dos terceras partes del continente y se esfuerzan por apartarse de esa tendencia. Lula, AMLO, Scheinbaum, Boric y ahora Jara, Orsi y Petro son un referente para contemplar cómo pueden alcanzarse otras estrategias.
Los factores son múltiples: el desgaste de las dirigencias tradicionales, la crisis económica global, la inseguridad, el miedo, la desinformación digital y la manipulación del descontento popular. Pero hay algo más profundo: una disputa cultural donde las derechas se apropian del lenguaje del cambio, de la rebeldía y de la antipolítica, mientras las fuerzas populares deben defender conquistas básicas que hasta hace poco parecían indiscutibles.
Argentina, espejo y laboratorio
La Argentina de Milei condensa esas tensiones. La irrupción de La Libertad Avanza no se explica sólo por su discurso libertario ni por su personaje mediático. Expresa el abandono en que la actual filosofía de Occidente deja a la mitad de la población de la región, lo que provoca, en un importante sector de la sociedad, una sensación de impotencia, percepción que esa misma filosofía deriva, a través de las diferentes ofertas de las redes y los medios de comunicación, hacia la búsqueda y la aceptación de una nueva manera de comportamiento, de elección de figuras representativas y de proyección o deserción del futuro y que los medio hegemónicos pretenden materializar como hartazgo social profundo frente a años de crisis, inflación y promesas incumplidas con el propósito de que Milei capitalice ese descontento con una narrativa simplificadora: la casta, el gasto público, el Estado que oprime. Su victoria legislativa en octubre, con más del 40 % de los votos, confirmó que el experimento no fue una anomalía sino un proyecto político en expansión.
Sin embargo, la ola neoliberal-libertaria muestra sus límites. En la provincia de Buenos Aires así como en otras provincias, el peronismo volvió a imponerse -obteniendo a nivel país el 35% de los votos. Lo mismo ocurrió con la izquierda, que a pesar de ser una fuerza minoritaria obtuvo un resultado que se ha de considerar positivo. Porque sigue habiendo una reserva popular dispuesta a resistir el ajuste y la desintegración del Estado. Esa contradicción —entre una sociedad golpeada y un pueblo que todavía cree en la justicia social— define hoy la disputa central de la política argentina.
El desafío para los proyectos populares
El avance de las derechas no se detiene solo denunciándolo. Impone a las fuerzas nacionales, populares y progresistas un desafío de fondo: reconstruir esperanza en medio del desencanto. Las nuevas derechas no ofrecen futuro. Y cuando la política no puede organizar el futuro, el miedo y la desesperanza ocupan su lugar.
Frente a eso, los movimientos populares tienen que volver a hacer lo que mejor saben: organizar, explicar, cuidar y volver a enamorar. No desde la nostalgia de los hechos y las victorias del pasado, sino desde la convicción de que hay otro mundo posible.
Porque si el mundo se derechiza, no es por destino: es por falta de disputa. Y ahí, en esa batalla por el sentido, es donde vuelve a escribirse la historia.
Desde el Llamamiento Argentino Judío
Desde el Llamamiento Argentino Judío decimos con claridad: no hay democracia posible con odio, exclusión y negacionismo. Las nuevas derechas —en Argentina y en el mundo— no son una simple reacción al malestar social, sino una ofensiva ideológica contra los derechos conquistados y la memoria de los pueblos.
Por eso, frente al avance libertario y el discurso del ajuste, el Llamamiento se pone del lado de quienes resisten, del lado del pueblo, de la memoria y de la justicia social.
Porque “Nunca Más” también es hoy y cada retroceso en derechos es un ataque directo a los valores más profundos de nuestra historia colectiva.
Elina Malamud – Presidenta
Marcelo Horestein – Secretario General
