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Rebajas de hasta 38.000 dólares: nuevos precios de autos 0 km luego de la eliminación del impuesto al lujo

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La aprobación de la reforma laboral vino acompañada por un movimiento clave para el negocio automotor: la eliminación del impuesto interno a los autos 0 km, conocido popularmente como “impuesto al lujo”. Aunque la reglamentación aún no fue publicada -se espera para abril-, el mercado ya empezó a anticipar el impacto con nuevas listas de precios y rebajas significativas en el segmento de alta gama.

El tributo alcanzaba a los modelos con precios de lista superiores a los 121 millones de pesos y aplicaba una alícuota del 18% tras la reducción dispuesta el año pasado. Ahora, con su eliminación definitiva, las automotrices comenzaron a recalcular estrategias comerciales en un contexto de mayor apertura y competencia.

Toyota y Lexus: ajuste inmediato en el segmento premium

Toyota, líder en ventas, producción y exportaciones en la Argentina, fue una de las marcas que rápidamente comunicó nuevos valores. La automotriz japonesa aplicó rebajas de hasta US$ 25.000 en su gama Toyota y de hasta US$ 38.000 en Lexus, su división de lujo.

Entre los casos más relevantes:

  • Toyota Crown: de US$ 93.000 a US$ 80.500 (–US$ 12.500).
  • Land Cruiser 300: de US$ 189.300 a US$ 164.000.

En Lexus, el ajuste fue aún más contundente:

  • NX 450h+: de US$ 120.000 a US$ 104.000.
  • RX 350 F Sport: de US$ 107.900 a US$ 93.500.
  • RX 500h F Sport: de US$ 142.750 a US$ 123.700.
  • RX 450h+ Luxury: de US$ 135.000 a US$ 117.000.
  • GX 550 Luxury: de US$ 198.350 a US$ 171.850.
  • LX 600 Urban: de US$ 240.000 a US$ 207.950.
  • LS 500h Executive: de US$ 284.400 a US$ 246.400.

El efecto promedio esperado para los modelos alcanzados por el gravamen oscilaría entre el 12% y el 15%, aunque en algunos casos la reducción nominal supera ampliamente ese rango debido a estrategias comerciales adicionales.

Ford: rebajas potenciadas por el acuerdo con Estados Unidos

Ford fue la primera en oficializar rebajas. El caso más resonante fue el del Bronco, que pasó de US$ 100.000 a US$ 74.000 (–US$ 26.000).

También ajustó los precios del Mustang:

  • Mustang Dark Horse: de US$ 97.000 a US$ 75.000.
  • Mustang GT: de US$ 90.000 a US$ 65.000.

En este caso, la baja no solo responde a la eliminación del impuesto interno. Ford también anticipa el impacto del acuerdo comercial con Estados Unidos, que contempla un cupo anual de 10.000 vehículos provenientes de ese país que podrán ingresar sin pagar el arancel del 35%, aún pendiente de reglamentación.

La marca ya había aplicado en diciembre una reducción de US$ 10.000 en su línea F-150 importada desde Estados Unidos —que no estaba alcanzada por el impuesto interno por su condición de vehículo de trabajo—, consolidando una política agresiva en el segmento full size.

Otros jugadores y el reacomodamiento del mercado

DS Automobiles, perteneciente al grupo Stellantis, también anticipó movimientos: el DS 7 E-Tense pasó de US$ 90.000 a US$ 72.000.

En el caso de Stellantis, además, el acuerdo con Estados Unidos podría impactar en modelos de Jeep y Ram, ampliando la oferta y profundizando la competencia en el segmento SUV y pickup de alta gama.

Por ahora, el resto de las marcas mantiene cautela y espera la reglamentación definitiva para redefinir listas. Sin embargo, el mensaje del mercado es claro: la eliminación del impuesto interno no solo reduce precios, sino que reconfigura la estructura competitiva del segmento premium, donde la elasticidad de la demanda es más sensible a movimientos de dos dígitos en dólares.

Un tributo que distorsionó el mercado

El impuesto interno existe desde la década de 1990, pero fue reformulado en enero de 2014 durante la gestión de Axel Kicillof como ministro de Economía. Nació con el objetivo de “defender la industria nacional” y frenar la salida de divisas, aunque con el tiempo terminó alcanzando a modelos producidos localmente y a vehículos de gama media, generando distorsiones de precios y escalones artificiales en las listas.

Su eliminación marca un cambio estructural en la política tributaria del sector automotor. En un mercado históricamente condicionado por aranceles, impuestos internos y cupos de importación, el nuevo escenario abre una etapa de mayor competencia, especialmente en los segmentos de alta gama e importados.

Para concesionarios y terminales, el desafío ahora será doble: capitalizar la baja impositiva sin erosionar márgenes y, al mismo tiempo, adaptarse a un consumidor que vuelve a comparar precios en dólares con mayor racionalidad.

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