Déficit en turismo: el gasto de dólares ya equivale al 32% de la liquidación del campo en 2025
El déficit de divisas por turismo alcanzó niveles récord en el primer semestre: mientras el complejo oleaginoso-cerealero liquidó u$s16.750 millones, los argentinos gastaron u$s5.360 millones en el exterior. La salida de divisas por viajes ya representa el 32% de lo que ingresa por el campo y tensiona la política cambiaria del Banco Central.
El turismo volvió a posicionarse como uno de los principales focos de demanda de dólares en la economía argentina. Según estimaciones privadas, durante el primer semestre de 2025 los argentinos gastaron en el exterior u$s5.360 millones netos, una cifra equivalente al 32% de los u$s16.750 millones liquidados por el complejo agroexportador en el mismo período.
La dinámica se vio potenciada por el tipo de cambio real apreciado y la relativa estabilidad de la brecha cambiaria, lo que incentivó viajes al exterior en un contexto de dólar “barato”.
El fenómeno se asemeja a lo ocurrido en años previos de fuerte atraso cambiario: el saldo neto de la balanza de turismo en junio fue deficitario en u$s863 millones, el mayor nivel para ese mes desde 2017, según cálculos de Equilibra.
El dato técnico: récord en gasto con tarjetas y liquidación del agro
Un indicador que permite anticipar la magnitud del gasto en divisas es el stock de préstamos con tarjetas en moneda extranjera, que alcanzó u$s794 millones a fines de julio, de acuerdo con la consultora 1816 en base a datos del Banco Central (BCRA).
Para la economista de Equilibra, Laura Vernelli, los egresos de julio se habrían acelerado: “Calculo unos u$s1.300 millones, contra los u$s1.100 millones de junio. Con eso, el saldo neto estaría entre u$s900 y u$s1.000 millones de déficit”.
En paralelo, la liquidación del agro marcó un hito. Según CIARA-CEC, en julio se registró una oferta de u$s4.100 millones, el mayor monto en más de dos décadas, favorecido por la reimposición de retenciones a fines de junio. Sin embargo, tras la reducción permanente de derechos de exportación, las ventas comenzaron a desacelerarse: en la primera semana completa de agosto apenas se liquidaron u$s88 millones, lejos de los picos del mes anterior.
El impacto del tipo de cambio y la demanda de divisas
El ajuste cambiario de julio, que implicó una suba real del peso del 14%, fue bien recibido por el mercado en tanto no se trasladara a precios. Sin embargo, la apreciación se moderó en agosto con una caída del 5%, lo que vuelve a poner en duda la capacidad del Gobierno de equilibrar el déficit turístico en el corto plazo.
El economista de Banco Provincia, Matías Rajnerman, explicó: “El turismo es sensible al tipo de cambio real, pero no inmediatamente. La gente compra pasajes con anticipación. La corrección se verá recién en algunos meses, algo similar a lo que ocurrió entre 2018 y 2019”.
El problema, sin embargo, excede al turismo. Desde la flexibilización del cepo cambiario, se observó un incremento sostenido en la demanda de dólares por parte de individuos. El economista de ACM, Francisco Ritorto, advirtió: “Las personas humanas ya acumulan cerca de u$s9.600 millones de demanda neta. Esto explica en buena medida la presión cambiaria”.
El déficit en la cuenta de turismo se suma a otros factores de presión: importaciones, pagos de deuda y atesoramiento. Con la caída en el ritmo de liquidaciones del agro tras el efecto inicial de las retenciones, los analistas advierten que el flujo de divisas podría ser insuficiente para sostener la estabilidad cambiaria en los próximos meses.
Entre los posibles escenarios se destacan:
- Persistencia del déficit turístico: por el efecto rezagado de las compras de pasajes y paquetes, el gasto en divisas se mantendrá elevado hasta fin de año.
- Desaceleración de liquidaciones del agro: tras el récord de julio, la oferta de dólares tendería a moderarse, replicando experiencias de “blanqueos” o medidas de incentivo que pierden fuerza con el tiempo.
- Presión sobre el BCRA: la entidad no logró recomponer reservas desde el cambio de régimen cambiario, lo que limita su capacidad de intervención.
En este contexto, la tensión entre el boom turístico al exterior y la necesidad de divisas para sostener el programa económico será uno de los principales desafíos de la segunda mitad de 2025.

