En un contexto global atravesado por tensiones geopolíticas, reconfiguración del poder económico y creciente competencia por recursos estratégicos, jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y el Caribe coincidieron en que la región enfrenta una oportunidad histórica: dejar atrás la fragmentación ideológica y avanzar hacia un “regionalismo posible”, guiado por el pragmatismo. El planteo se formuló este miércoles, durante la inauguración de la segunda edición del Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe, organizado por el banco de desarrollo regional CAF, en Ciudad de Panamá, el 18 de enero de 2026.
Con 615 millones de habitantes, altos niveles de desigualdad y una productividad estructuralmente baja, los mandatarios advirtieron que la falta de coordinación regional limita la capacidad de la región para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos y para posicionarse como un actor con peso propio en el nuevo orden internacional.
Un regionalismo pragmático para superar la fragmentación
El mensaje transversal del encuentro fue la necesidad de construir consensos más allá de las ideologías. “A América Latina y el Caribe, una región que lo tiene todo pero le falta mucho, le ha llegado la hora de dejar de administrar el fracaso”, señalaron los líderes regionales, al advertir que la polarización política ha sido un obstáculo persistente para la integración.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, reconoció que las “disputas ideológicas” se impusieron durante años sobre los intereses comunes y sostuvo que doctrinas como el bolivarianismo resultan “insuficientes” para los desafíos actuales, mientras que el modelo de integración de la Unión Europea es “inviable” en el contexto latinoamericano. En ese marco, propuso avanzar hacia un “regionalismo posible”, enfocado en combatir la pobreza y la desigualdad con resultados concretos.
En la misma línea, el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, afirmó que “han fallado Gobiernos de todos los signos, y esto es transversal”, y llamó a “cruzar fronteras, no solo ideológicas, sino también nacionales”. Para Kast, la región necesita “una cooperación duradera, efectiva y sin complejos” que permita revertir décadas de estancamiento relativo.
El nuevo orden mundial y la necesidad de un bloque con peso propio
El presidente de Panamá, José Raúl Mulino, advirtió que el mundo se encamina hacia “un nuevo orden internacional, más alejado del idealismo y más cercano a la diplomacia realista”, caracterizado por la “imposición del poder fáctico de cada país” y por profundas asimetrías. En ese escenario, subrayó que la región solo podrá defender sus intereses si actúa de manera coordinada.
“Somos parte de una región estratégica, productora de alimentos, con reservas hídricas, con la mayor biodiversidad, con abundancia de minerales y también de recursos renovables”, afirmó Mulino, al insistir en la necesidad de conformar “un bloque único” con poder de negociación real frente a eventuales amenazas externas.
El presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, reforzó esa visión al señalar que, en un mundo marcado por la incertidumbre, “necesitamos recurrir al diálogo para entender las transformaciones y orientarlas”. A su turno, el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, sostuvo que “hoy el hemisferio sur, hoy Latinoamérica, tiene que tomar la decisión de participar y ser parte del mando y de las fuerzas geopolíticas y geoeconómicas para la transformación a nivel mundial”.
Potencial económico, crecimiento y agenda de desarrollo regional
Más allá del diagnóstico político, el foro puso el foco en el potencial económico de la región. El primer ministro de Jamaica, Andrew Holness, afirmó que “la vulnerabilidad no es nuestro destino” y remarcó que América Latina y el Caribe poseen “lo que el mundo necesita y de manera incrementada”. En ese sentido, instó a profundizar los vínculos económicos intrarregionales y a presentarse ante el mundo como “un hemisferio coherente”.
El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, aportó una proyección concreta: si los países trabajan de manera coordinada, Latinoamérica podría crecer cerca del 5 %, por encima de las previsiones actuales del Fondo Monetario Internacional (FMI). La cifra refuerza el argumento de que la integración no es solo una aspiración política, sino también una estrategia de crecimiento.
Desde una perspectiva ambiental y energética, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, destacó que “América del Sur y el Caribe tienen cuatro veces más potencial de energías limpias que lo que en un año demanda la matriz energética de los Estados Unidos”, y propuso avanzar hacia “un pacto fundamental por la vida y la libertad en las Américas”.
Escenarios posibles
El consenso expresado en Panamá abre interrogantes sobre su traducción en políticas concretas. Sectores productivos vinculados a alimentos, energía, minería y economía verde aparecen como los principales beneficiarios de una mayor coordinación regional, especialmente en un contexto de competencia global por recursos estratégicos. Al mismo tiempo, el desafío institucional será transformar el discurso pragmático en mecanismos estables de cooperación que sobrevivan a los cambios de gobierno.
La señal política es clara: frente a un mundo más fragmentado y competitivo, América Latina y el Caribe buscan redefinir su estrategia, apostando a una integración flexible, menos ideologizada y orientada a resultados, como condición necesaria para ganar relevancia económica y geopolítica.
Fuerzas conjuntas de Estados Unidos interceptaron este viernes al petrolero Olina en aguas del Caribe, en una operación militar ejecutada antes del amanecer y coordinada entre el Departamento de Defensa y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS). El presidente Donald Trump afirmó que la acción se realizó en coordinación con las autoridades interinas de Venezuela, tras detectar que el buque había partido del país sin la autorización correspondiente, en un nuevo episodio de control sobre la comercialización del petróleo venezolano y de la ofensiva estadounidense contra lo que define como actividades ilegales transnacionales.
La operación militar y el mensaje de Washington
Según informó el Comando Sur, el abordaje del Olina fue ejecutado por marines de la Fuerza de Tarea Conjunta Lanza del Sur, que despegaron desde el portaaviones USS Gerald R. Ford. La intervención se desarrolló sin resistencia y las autoridades estadounidenses no precisaron la cantidad de personas detenidas.
En un comunicado oficial, el mando militar aseguró que la acción envía un “mensaje claro”: “no existe refugio seguro para los criminales”, en el marco de los esfuerzos del Gobierno estadounidense por combatir actividades ilegales transnacionales en el hemisferio occidental. La operación se inscribe dentro de una estrategia de seguridad marítima que Washington viene reforzando en rutas clave del Caribe y América Latina.
Trump sostuvo posteriormente que la incautación fue coordinada con las autoridades interinas de Venezuela, y afirmó que el buque había zarpado sin autorización. En un mensaje publicado en su red Truth Social, indicó que el petrolero regresará a Venezuela y que el crudo será comercializado a través del GREAT Energy Deal, un mecanismo creado por su administración para este tipo de ventas.
Control del petróleo venezolano y la “flota fantasma”
En paralelo, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, describió al Olina como parte de la denominada “flota fantasma”, integrada por petroleros sospechosos de transportar crudo sometido a embargo y que buscan evadir controles mediante cambios de bandera o rutas clandestinas. Según la funcionaria, el buque había partido de Venezuela antes de ser interceptado y era sospechoso de transportar petróleo sancionado.
Washington advirtió que controlará la venta de petróleo de Venezuela por tiempo “indefinido”, profundizando un esquema de supervisión directa sobre los flujos energéticos del país sudamericano. En los últimos días, Estados Unidos intensificó su presencia naval y aérea en el Caribe, con una serie de operativos que derivaron en la incautación de cinco buques con crudo vinculados a Venezuela.
El miércoles previo, el Pentágono confirmó la requisa de otros dos petroleros, uno de ellos con bandera rusa. Entre los casos destacados figura el tanquero Marinera, antes conocido como Bella 1, que fue perseguido durante tres semanas desde el Caribe hasta el Atlántico norte. También fue interceptado el M/T Sophia, un petrolero sancionado que, según Washington, operaba ilícitamente en aguas internacionales.
Una estrategia de seguridad de alcance indefinido
La Fuerza de Tarea Conjunta Lanza del Sur fue presentada por el Gobierno estadounidense como una iniciativa destinada a reforzar la seguridad marítima, frenar el tráfico ilícito y apoyar a las agencias civiles de aplicación de la ley, con especial foco en las rutas del Caribe y América Latina. Funcionarios del Pentágono señalaron que la operación no es temporal y que continuará mientras sea necesario para, según expresaron, proteger el territorio estadounidense y restaurar la seguridad en el hemisferio occidental.
Desde una perspectiva económica e institucional, la interceptación del Olina y las advertencias sobre el control de la venta de crudo profundizan la incertidumbre sobre los flujos petroleros venezolanos, impactan en la logística energética regional y reafirman el rol de Estados Unidos como actor central en la regulación de facto del comercio petrolero vinculado a Venezuela.
El Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe, elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), confirma que la región cerró el último año con un crecimiento económico bajo, desigual entre países y condicionado por restricciones macroeconómicas persistentes, en un contexto marcado por la desaceleración global, la volatilidad financiera y tensiones estructurales no resueltas. El informe advierte que, sin cambios en la dinámica de inversión y productividad, la región seguirá enfrentando limitadas perspectivas de desarrollo y mayor vulnerabilidad social.
Crecimiento económico acotado y marcado por desequilibrios estructurales
Según el informe de la CEPAL, el desempeño económico regional estuvo caracterizado por tasas de crecimiento moderadas, con comportamientos dispares entre subregiones y economías nacionales. El documento señala que la expansión del producto fue insuficiente para recuperar plenamente los niveles previos a las crisis recientes, lo que consolida una tendencia de bajo dinamismo que la región arrastra desde hace más de una década.
La CEPAL identifica como factores centrales la debilidad de la demanda interna, la baja inversión, la restricción externa y el impacto de un escenario internacional menos favorable. A ello se suma el endurecimiento de las condiciones financieras globales, que encarece el acceso al crédito y limita el margen de maniobra de las políticas económicas.
Inflación, política fiscal y márgenes de acción limitados
El informe destaca que, si bien en varios países se observó una desaceleración de la inflación, esta continúa en niveles elevados en comparación con los promedios históricos, afectando el poder adquisitivo de los hogares y el consumo privado. En paralelo, la política monetaria se mantuvo restrictiva durante gran parte del período analizado, con efectos contractivos sobre la actividad económica.
En el plano fiscal, la CEPAL advierte que los gobiernos enfrentan espacios fiscales acotados, producto de mayores necesidades de financiamiento, elevados niveles de deuda pública y presiones sociales crecientes. Si bien se registraron esfuerzos de consolidación fiscal, el organismo remarca que estos ajustes deben compatibilizarse con la necesidad de sostener el gasto social y la inversión pública.
Empleo, inversión y riesgos para el desarrollo regional
El balance preliminar subraya que la recuperación del empleo fue incompleta y de baja calidad, con altos niveles de informalidad y una persistente brecha de productividad. La inversión, tanto pública como privada, continúa siendo uno de los principales cuellos de botella del crecimiento regional, lo que limita las posibilidades de transformación productiva y diversificación económica.
La CEPAL alerta que, de mantenerse estas tendencias, la región podría enfrentar un escenario de crecimiento insuficiente para reducir la pobreza y la desigualdad, profundizando las brechas sociales y territoriales. En este marco, el organismo insiste en la necesidad de políticas macroeconómicas coordinadas, reformas estructurales y una agenda de desarrollo productivo sostenible que permita fortalecer la resiliencia de las economías latinoamericanas.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de China emitió un fuerte pronunciamiento contra la incautación de buques extranjeros por parte de Estados Unidos, al advertir que este tipo de acciones “constituyen una grave violación del derecho internacional”. La declaración se conoció luego de que la Guardia Costera estadounidense confiscara un petrolero el 20 de diciembre, en un operativo que Washington justificó bajo el argumento de que el buque integraba la denominada “flota en la sombra”.
El posicionamiento chino introduce un nuevo elemento de tensión diplomática e institucional en torno al régimen de sanciones unilaterales impulsado por Estados Unidos y reaviva el debate sobre soberanía, comercio internacional y legalidad de las medidas coercitivas en el sector energético y marítimo global.
Rechazo a las sanciones unilaterales y advertencia por violación del derecho internacional
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Lin Jian, se expresó en una rueda de prensa diaria en respuesta a consultas de los medios sobre la incautación del buque, ocurrida el 20 de diciembre, y cuestionó abiertamente el accionar de Washington.
“China siempre se opone a las sanciones unilaterales ilegales que carecen de fundamento en el derecho internacional y no están autorizadas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”, afirmó el vocero. En ese sentido, agregó que el país asiático también rechaza “cualquier acción que viole los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, atente contra la soberanía y la seguridad de otros países o constituya actos de intimidación unilateral”.
Las declaraciones se produjeron luego de que un funcionario de la Casa Blanca afirmara que el petrolero pertenecía a la denominada “flota en la sombra”, según consignó la agencia Xinhua. Para China, este tipo de justificaciones no habilitan la confiscación de activos ni la retención de embarcaciones bajo el marco del derecho internacional vigente.
El eje Venezuela y la defensa de la cooperación energética soberana
En su exposición, Lin Jian hizo referencia directa a Venezuela, al sostener que “Venezuela tiene derecho a desarrollar de forma independiente una cooperación mutuamente beneficiosa con otros países”. En la misma línea, añadió que China considera que la comunidad internacional “comprende y apoya la postura de Venezuela en la salvaguardia de sus legítimos derechos e intereses”.
El pronunciamiento chino se inscribe en un contexto de creciente conflictividad en el Caribe, donde Estados Unidos intensificó operativos de interdicción marítima que derivaron en la confiscación de crudo venezolano y el abordaje de buques petroleros, afectando directamente al comercio energético.
Desde Caracas, el presidente Nicolás Maduro calificó estas acciones como “piratería de corsarios”, enmarcándolas en lo que definió como un despliegue militar agresivo. A través de un mensaje difundido por su canal oficial de Telegram, el mandatario denunció que se trata de una campaña sostenida de agresión contra el país.
“Venezuela tiene 25 semanas denunciando, enfrentando y derrotando una campaña de agresión que va desde el terrorismo psicológico hasta los corsarios que han asaltado petroleros”, expresó. Según el jefe de Estado, estos grupos actúan como “piratas contratados por un Estado imperial”, con prácticas orientadas históricamente al control del comercio y de los recursos venezolanos.
Impacto político y económico en el comercio energético y marítimo
Las declaraciones se producen luego del asalto de Estados Unidos a dos buques en cercanías de Venezuela, ejecutado por fuerzas militares. En esos operativos, el petróleo fue confiscado, las embarcaciones retenidas y las tripulaciones permanecen ilegalmente detenidas, según la denuncia venezolana.
En paralelo, la vicepresidenta ejecutiva de Venezuela y ministra de Hidrocarburos, Delcy Rodríguez, informó que zarpó desde territorio venezolano un buque de la empresa estadounidense Chevron con destino a Estados Unidos, cargado con petróleo venezolano. La funcionaria precisó que la operación se realiza “con estricto apego a las normas y en cumplimiento de los compromisos asumidos por nuestra industria petrolera”, dentro de los acuerdos vigentes y la legalidad nacional e internacional.
Este contraste expone una tensión estructural en el sistema de sanciones, con efectos directos sobre la seguridad jurídica del transporte marítimo, el comercio energético y la estabilidad de los flujos internacionales de petróleo. Al mismo tiempo, anticipa reacciones diplomáticas y políticas de países que cuestionan la legalidad de las incautaciones unilaterales y el uso de la fuerza en aguas internacionales.
Escribe Humberto Márquez / Inter Press Service – Un clima de suspenso vive el Caribe, atento a un posible ataque sobre Venezuela de la poderosa fuerza aeronaval que Estados Unidos ha desplegado en ese mar, y cuyo objetivo más preciado es la caída del presidente venezolano Nicolás Maduro.
“Los días de Maduro como presidente están contados”, dijo el mandatario estadounidense Donald Trump en el programa “60 minutos” de la televisora CBS el 2 de noviembre. Exactamente un mes después, a la pregunta de un periodista sobre si su par venezolano se iría del poder, respondió: “Lo hará”.
A finales de noviembre, mientras Washington acumulaba fuerzas y cañones apuntando a Caracas, hubo una llamada entre ambos gobernantes, en la que se juntaron amenazas y propuestas, según medios estadounidenses. Trump ha sido evasivo. Maduro dijo que fue una conversación “respetuosa, y hasta cordial”.
Así, permanece abierto y al mismo tiempo envuelto en el misterio el abanico de opciones, en cuyos extremos aparecen o una invasión en toda regla a Venezuela, o el retiro de la flota estadounidense, como inicio o conclusión de una negociación.
“No creo en la invasión, aunque puede haber bombardeos. Lo más probable -no digo que sea inmediato, puede que tarde un poquito más- es que esto termine en una negociación entre Estados Unidos y Venezuela”, dijo a IPS Phil Gunson, analista sénior para la región andina de la organización International Crisis Group.
Basado en Caracas desde hace dos décadas, Gunson observa que “la fuerza desplegada por Washington no es solamente para Venezuela; es parte de una reorientación de la política exterior de Estados Unidos, con mayor énfasis en el hemisferio occidental y principalmente en la cuenca del Caribe”.
El 5 de diciembre la Casa Blanca publicó su nueva Estrategia de Seguridad Nacional, en la que desempolva y le da un toque Trump a la Doctrina Monroe, que se formuló hace dos siglos bajo la consigna “América para los americanos», y con la cual reivindica el papel de hegemón hemisférico que se atribuye.
“Lo que busca Trump es que Estados Unidos vuelva a ser el país que determine lo que sucede en su patio trasero cercano”, comentó Gunson, cuya organización tiene su sede central en Bruselas y se enfoca en el análisis y diseño de políticas para prevención de conflictos.
El portaviones Gerald Ford, considerado el más moderno y poderoso del mundo, se desplaza por el Caribe como parte de la flota estadounidense que podría atacar objetivos en Venezuela, Colombia y México. Para expertos militares, su presencia es la demostración de que Washington persigue objetivos geopolíticos mucho más allá de simplemente frenar el tráfico de drogas a través de ese mar. Imagen: US Navy
Portaviones contra lanchas
La fuerza en el Caribe es la mayor desplegada en el área en seis décadas: el poderoso portaviones Gerald Ford, 20 navíos de guerra, decenas de aeronaves de última generación, 15 000 efectivos, reapertura de una base militar en Puerto Rico e instalación de radares en Trinidad y Tobago, vecino hostil de Caracas.
Desde el 2 de septiembre esa fuerza ha liquidado, en el Caribe y el Pacífico oriental, a 23 embarcaciones sindicadas de transportar drogas, y dado muerte a un total de 87 ocupantes, exhibiendo capacidad de alcanzar cualquier blanco en los países que ha puesto en su diana: Venezuela, Colombia y México.
Entre sus argumentos, Trump ha dicho que con cada lancha abatida se eliminó la droga que pudo matar a 25 000 estadounidenses.
Por sobredosis de drogas murieron el año pasado en Estados Unidos 80 391 personas, según sus autoridades de salud. El fentanilo, la droga más mortífera, se asegura que no llega a suelo estadounidense desde el Caribe o Venezuela, sino a través de la frontera con México, donde mafias la elaboran con insumos provenientes de China.
El presidente Nicolás Maduro en una marcha con militares, con su esposa Cilia Flores a su derecha y los ministros de Interior y Defensa, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, a su izquierda. Estados Unidos ofrece millonarias recompensas por la captura de Maduro, Cabello y Padrino, y demanda que el gobernante venezolano debe abandonar el poder para dar paso a una transición. Imagen: Presidencia de Venezuela
Maduro: Se busca
La salida del poder de Maduro aparece como un gran objetivo. Washington lo acusa de ilegítimo por robar la elección presidencial de julio de 2024, que ganó su contendor Edmundo González según la oposición, y de dirigir un narcotraficante “Cartel de los Soles”, ofreciendo una recompensa de 50 millones de dólares por su captura.
Pero, dentro de su política de “paz a través de la fuerza”, Trump envía señales contradictorias acerca de si se dispone a atacar o solo exhibe los cañones para lograr los objetivos con presión y sin desatar el infierno de bombas y misiles.
“Todavía hay mucha incertidumbre y no veo claridad por parte del gobierno de Trump sobre cómo proceder”, dijo a IPS Mariano de Alba, investigador asociado del británico Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, dedicado al estudio de la política internacional y de defensa.
Las alternativas más probables, señaló De Alba a IPS desde Londres, “son ataques quirúrgicos, bien sea contra instalaciones vinculadas al narcotráfico o a las fuerzas armadas, o un acuerdo puntual”.
En la hipótesis de un acuerdo “el régimen de Maduro hace algunas concesiones importantes sobre las prioridades de Trump -inmigrantes ilegales, narcotráfico y recursos naturales- y eso le permite permanecer en el poder, y a Trump vender internamente el despliegue como un éxito”, observó el analista.
“Veo muy claro que sigue habiendo escepticismo en la Casa Blanca sobre una gran operación militar en Venezuela, por los riesgos que supone y, adicionalmente, internamente se le está complicando el despliegue al presidente con acusaciones incluso de congresistas republicanos de posibles crímenes de guerra”, agregó.
El legislativo Congreso estadounidense examina si sus mandos militares incurrieron en esos crímenes al rematar a sobrevivientes en las “narcolanchas” abatidas, y el tema ya se inscribió en la aguda confrontación entre Trump y el partido Republicano, que lo apoya, y el opositor Demócrata, abiertamente reticente a una nueva aventura bélica.
Según analistas militares, la fuerza desplegada es insuficiente para invadir a un país como Venezuela, de 916 000 kilómetros cuadrados y 29 millones de habitantes.
Pero, por otra parte, es demasiada fuerza para hundir un puñado de pequeñas embarcaciones, la operación con la que se justificó el inicio del despliegue, en agosto, lo que convence a muchos de que el objetivo final es la cabeza de Maduro.
Algunos vendedores ambulantes ofrecen algunas mercancías a los peatones en un céntrico bulevar de Caracas. La economía informal va de la mano con la pobreza en Venezuela, en la que está sumida más de 70 por ciento de su población, asediada por imparables inflación y depreciación de su moneda, preocupaciones cotidianas mientras avanza la amenaza de un ataque estadounidense. Imagen: Tairy Gamboa / Caleidoscopio Humano
Venezuela, absorta en su pobreza
En Venezuela, entretanto, al cabo de una polarización política que va con el siglo, décadas de devastación económica, crisis humanitaria y migración de la cuarta parte de su población, la vida continúa entre la incertidumbre, la expectación o el desdén por una posible confrontación con la mayor potencia del planeta.
El gobierno ha hecho toda suerte de aprestos de defensa, desde activar sistemas antiaéreos Pantsir F-1, misiles Buk-M2E y los más ligeros Igla-S, todos rusos, hasta entregar fusiles a civiles sexagenarios que así se estrenan como milicianos.
Con discursos, marchas y declaraciones, el gobierno y su Partido Socialista Unido (Psuv), aseguran que la población está en alerta y dispuesta a combatir si se produce un ataque o una invasión y, para este último caso, se ha desempolvado la vieja tesis guerrillera de activar una “guerra popular prolongada”.
Pero muchos ciudadanos de a pie, en Caracas y en los estados, se muestran inmersos en otras preocupaciones, como la inflación más alta del mundo -535 % este año según Steve Hanke, docente de Economía en la estadounidense Universidad John Hopkins- y la imparable devaluación de su moneda, el bolívar, frente al dólar.
“No puedo hacer compras nerviosas por si vienen los marines”, dice a IPS Josefina, repostera, 39 años, dos hijos, y quien vive en el sector obrero Alta Vista, en el oeste de Caracas. “Puede que tenga nervios, pero en nuestro barrio no abunda la plata para hacer compras”, añade entre risas.
El Estudio de las Condiciones de Vida de los venezolanos, que realiza la caraqueña Universidad Católica Andrés Bello, muestra que ya en 2024, antes de la confiscatoria devaluación de este año, 73 % de los hogares estaba en la pobreza por ingresos insuficientes para satisfacer sus necesidades elementales.
Civiles en una práctica de tiro, entrenando como nuevos integrantes de la Milicia Bolivariana que se suma a las fuerzas regulares en tareas de defensa en Venezuela. El país sudamericano ha puesto en alerta a sus fuerzas armadas, entregó armas a civiles y el gobierno anunció que en caso de invasión pasará a la lucha armada y desarrollará una guerra popular prolongada. Imagen: VTV
Visiones del desenlace
La política de Trump es apoyada por la principal líder opositora y Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, y por sus seguidores, mientras que otros grupos de oposición rechazan que haya posibles ataques, y más aún una abierta invasión.
Gabriel, mecánico de 45 años, habitante de Petare, populosa barriada al este de la capital, dijo a IPS que “hay gente opositora que desea una invasión, pero muchos no la queremos, aunque no estemos de acuerdo con Maduro y como tiene al país. Hasta habría que pelear, la patria es la patria”.
Mientras, siguen apretándose tuercas: días antes de comenzar la temporada navideña y de vacaciones colectivas, Trump declaró que “el espacio aéreo venezolano puede considerarse cerrado”, y media docena de aerolíneas de la región y de Europa han suspendido sus vuelos al país, ya considerablemente aislado en materia de comunicaciones, transporte y actividad financiera.
“Se le está amargando la vida a los venezolanos, no veo a corto plazo nada bueno para su población, se la aísla más del resto del mundo”, comentó Gunson. “Eso tiene un impacto en la economía, que empezaba a mostrar algunos signos de recuperación y ahora retrocede, incluso puede volver a la hiperinflación”, agregó.
En la hipótesis de una invasión “existe la posibilidad de un caos y un vacío de poder, una situación aún peor, incluso con elementos de las fuerzas armadas peleando entre ellos. Veo muy difícil que una intervención directa militar de Estados Unidos termine en un cambio pacífico, rápido y relativamente indoloro”, remarcó Gunson.
En cuanto a la confrontación entre gobernantes, para Gunson “si Trump se retira sin mayor trámite el resultado inmediato es que Maduro se fortalece, por lo menos dentro de la coalición gobernante: mostraría que enfrentó al imperio y venció”.
De Alba añadió el componente de la política interna de Estados Unidos, cuando está por empezar un año marcado por la elección de medio término al Congreso.
En Washington, “al menos de momento, la opinión pública está posicionándose en contra de la escalada, y con señalamientos muy fuertes, como posibles crímenes de guerra. No hay ánimo para una operación que ponga en riesgo a soldados estadounidenses”, apuntó De Alba.
Dado ese juego, en que Venezuela es ahora es una pieza en la lucha política estadounidense, De Alba cree que “se está inclinando la balanza para que Trump se mantenga en la opción de la presión militar y mediática, viendo si logra un eventual acuerdo que satisfaga sus intereses, y que podría incluir la salida del poder de Maduro, o no”.
Mientras se aguarda la decisión, en la horquilla de posibles acciones cabe insertar la frase acuñada en el siglo XIX por el mariscal prusiano Helmut von Moltke: “Ningún plan, por bueno que sea, sobrevive al contacto con el enemigo”.