Congreso MAIZAR

Las desconocidas formas en que agregan valor al maíz tres de las mayores empresas del país: Arcor, AGD y Adecoagro

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Ejecutivos de tres de las principales compañías de la Argentina detallaron la importancia fundamental que le asignan al maíz respecto de su capacidad de generar valor y empleo, la mejora del suelo que genera, como por permitir que la industria oleoquímica desplace a la petroquímica, y las oportunidades que brinda para elaborar múltiples productos. Ellos fueron Roberto Urquía, CEO de Aceitera General Deheza; Modesto Magadán, gerente general de Agronegocios de Arcor, y Mariano Bosch, CEO de Adecoagro, que disertaron en el panel “El maíz siempre está” del Congreso Maizar 2022, moderado por Héctor Huergo, prosecretario de Redacción de Clarín.

En el panel “El maíz siempre está”, el moderador Héctor Huergo comenzó recordando que, a quienes duermen con sábanas almidonadas, los sigue acompañando en el sueño el maíz que los acompañó en la leche, las galletitas y la mermelada del desayuno.

Esa omnipresencia es también una potencial palanca para el desarrollo argentino: “Siempre pensé que el maíz era una de las pocas alternativas del país para desarrollarse ordenadamente”, dijo Roberto Urquía, CEO de Aceitera General Deheza. Agregar valor al maíz significa que la gente tenga oportunidades y pueda quedarse a vivir en sus lugares, sin emigrar a la gran ciudad, señaló.

El empresario destacó la importancia del maíz en la industria alimenticia y la oleoquímica. Por eso, dijo, “hay que convencer a la gente que toma decisiones de que pasó el tiempo de exportar tan alta proporción de maíz en grano, y agregarle más valor”.

El maíz y otros cereales perdieron participación a manos de la soja, recordó Urquía, pero eso se revirtió hace unos diez años, cuando el área sojera se estancó o disminuyó y el maíz recuperó centralidad. Una buena noticia, porque “es difícil ser sustentable sin una participación importante del maíz”, dijo Urquía. “Los beneficios del maíz son ecológicos: fija materia orgánica al suelo y a los rastrojos, le da arquitectura al suelo, hace que se necesiten menos agroquímicos y permite diferenciar fechas de siembra”, enumeró. En Córdoba, recordó, el 80% del maíz es del tipo tardío, lo que permitió mejorar el rendimiento.

El maíz también contribuye socialmente, advirtió el empresario, mediante la agregación de valor: moliendas seca y húmeda, producción de etanol, cría de porcinos y vacunos y generación de empleo rural en vastos espacios del territorio. Además, el desarrollo de la oleoquímica empezó a desplazar a la petroquímica, y brinda impulso adicional a la agregación de valor y a las posibilidades de la gente en sus lugares.

Pese a todo esto, dijo Urquía, la Argentina exporta más del 70% del maíz en forma de grano, e industrializa solo 13%, a diferencia de Brasil y Estados Unidos, donde domina claramente la agregación de valor: Brasil exporta 44 millones de toneladas de maíz como grano, pero procesa 73 millones para consumo interno y para exportación, y Estados Unidos exporta 62 millones de toneladas como grano, pero agrega valor a 315 millones. El desafío argentino, para el empresario, es priorizar el valor agregado y más que duplicar el valor en dólares por tonelada. “Tenemos que convencer a la gente de que el maíz es un elemento para desarrollar el país y generar empleo”, señaló. Para eso, prosiguió, es necesaria una activa diplomacia internacional que, por ejemplo, diga a sus interlocutores: “Yo te doy 25 millones de toneladas de maíz, pero comprame valor agregado para tener una balanza comercial más o menos compensada”.

Al respecto, Urquía señaló que la relación de la Argentina en el intercambio con China es de 1 a 10 en términos de valor agregado. “Que los muchachos de Cancillería empiecen a escuchar, miren el largo plazo y trabajen los términos del intercambio”, sugirió. De otra forma, “no podemos generar mano de obra”.

Modesto Magadán, gerente general de Agronegocios de Arcor, señaló que, si bien los caramelos son su producto más conocido, la empresa tiene divisiones de Packaging y Agronegocios que nacieron debido a un concepto de integración vertical, y hoy son unidades de negocio que van más allá del abastecimiento del grupo.

Arcor, precisó, procesa cerca de 1,35 millones de toneladas anuales de maíz, que es choclo, pero también parte de sus caramelos, chocolates, mermeladas, endulzantes, galletitas, salsas, premezclas, productos libres de gluten, aceites, polentas y, además, en la línea de Packaging, parte de adhesivos, cartón corrugado, papeles y bolsas.

Gracias a su política de inversiones, explicó, la unidad de Agronegocios pasó en 7 años de exportar unos 15 a 20 millones de dólares, a exportar 100 millones de dólares, y la empresa pasó de procesar 1.000 toneladas de maíz por día, a 4.000 toneladas. El maíz, dijo, también está en alcoholes para perfumería, sémolas y productos extrusados. La empresa tiene cinco plantas dedicadas al maíz (dos en Arroyito, una en Tucumán, una en Baradero y otra en Chacabuco) y dos centros de desarrollo orientados a generar soluciones para clientes de un amplio abanico de industrias: alimentos, lácteos, bebidas, cosmética, construcción en seco y farmacéutica.

La cercanía con el productor es clave en cada eslabón, dijo Magadán, para generar volumen de negocios y nuevas especialidades, como, por ejemplo, maíz libre de organismos genéticamente modificados para vender caramelos y cereales para desayuno en Bélgica. Lo cual, a la vez, exige trabajar intensamente en el concepto de sustentabilidad, agricultura regenerativa, balance de carbono y agricultura digital.

La cadena del maíz, insistió Magadán, es muy importante para la Argentina y tiene un potencial increíble a condición de trabajar en su competitividad y en crear condiciones “para que se exprese en el grano y en todos los productos”.

Mariano Bosch, CEO de Adecoagro, contó que la empresa en que trabaja produce maíz en 200.000 hectáreas y señaló que, así como en Brasil la caña de azúcar es el cultivo que mejor fija el carbono y la materia orgánica en el suelo, en la Argentina esa tarea la hace mejor el maíz.

Como ejemplo de agregación de valor, Bosch señaló que Adecoagro destina la mitad del maíz a la producción láctea, porque pretende pasar de los cerca de 200 dólares por tonelada que da el maíz a los 4.000 dólares que da la producción láctea, incluida la leche en polvo y la producción de quesos. La Argentina, enfatizó, tiene grandes condiciones para aumentar el valor agregado, gracias a los miles de emprendedores, técnicos e ingenieros “espectaculares” que hay en todo el país.

Al respecto, Urquía destacó la cantidad de emprendedores de su provincia, Córdoba, y las iniciativas agtech. Magadán señaló como ejemplo de desarrollo el de la leche kosher, y Bosch subrayó la impronta de sustentabilidad de la producción láctea de Adecoagro, con su esquema circular de biodigestores que convierten bosta en electricidad que se vende a la red y en fertilizante orgánico que abona la producción agrícola del entorno.

El maíz está en todos lados y estará en muchos más, concluyó Huergo en el cierre del panel.

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Cómo entender al campo argentino

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Dar la charla incómoda, escuchar al otro y tratar de entenderlo: claves para mejorar la percepción del campo

Cinco jóvenes vinculados al campo, la comunicación y la política coincidieron en que participar de la conversación pública es la herramienta más genuina para dar a conocer la realidad del sector a la sociedad argentina, en el Congreso Maizar 2022. Fue en el panel “Percepción pública y nuevas generaciones”, moderado por Ricardo Bindi, presidente de Agrositio, donde expusieron Thea Belaustegui, subsecretaria de Pymes y Emprendedores de la Municipalidad de Corrientes; Rosendo Grobo, coordinador de Comunicación del PRO Argentina; Marcos Villamil, fundador de Abrazarte Argentina y cofundador de Jornaderos AGRO; Estanislao Montiel, productor agropecuario, y Olivia Casado, estudiante de Antropología.

“Creo que a la Argentina le faltan conversaciones entre distintos, que al campo nos falta conversar con los otros, entender qué es lo que piensan, llegar al otro y desde las distintas miradas intentar construir una mirada para adelante”, afirmó Rosendo Grobocopatel. Y explicó que siempre convivió en él la dualidad del campo y la ciudad. “Es en ese cruce desde donde me gusta mirar al campo. Desde que nací supe que me quería dedicar a la política, pero siempre intenté entender qué es lo que el campo hace mal para contarse en sociedad y qué deberíamos hacer para que el sector se exprese mejor”, contó.

En esa línea, Thea Belaustegui consideró que la gente de campo debe darse la oportunidad de dialogar con quienes tienen una mirada diferente o negativa sobre ellos. “En Corrientes nos juntamos mucho con quienes piensan distinto, para tratar de entender qué es lo que nos separa”, explicó la joven, que se sumó al ateneo de la Sociedad Rural de Corrientes en 2008. “Durante los incendios, me pasó de hacerme compinche de un influencer del veganismo, y aprendí que se puede hablar perfectamente cuando la gente está ahí, no para tirar odio, sino porque es lo que piensan en serio. Si nos tapamos los ojos y nos reunimos solo entre nosotros, no va a cambiar nada”, reflexionó.

Sobre ese punto, Marcos Villamil dijo que “la percepción pública parece algo intangible, pero en realidad es la sumatoria de percepciones individuales”. El joven, ingeniero agrónomo, recorrió 9.000 kilómetros por el país durante 15 meses junto a sus tres caballos, para hacerse su propia idea de la Argentina. “El viaje fue para que nadie me contara de qué se trataba la Argentina, para conocerla en carne propia, y a la gente que no sale en la tele”, dijo acerca de la experiencia, que fue compartiendo en sus redes sociales.

También apostó a “contar la vida del campo” a través de sus redes sociales Estanislao Montiel. Hoy es productor agropecuario, pero antes tuvo una vida de oficina que decidió abandonar para trabajar en el campo. “Empecé a estudiar producción agropecuaria para irme al campo; tuve la suerte de conseguir un trabajo en Corrientes y me fui para allá”, explicó. De modo casi intuitivo empezó a mostrar la vida del campo a través de las redes, primero a familiares y amigos, y luego, al notar el creciente interés, se dio cuenta de que era una oportunidad para dar a conocer estas historias a un público mayor.

“Yo sentía que faltaba comunicar lo que es el campo argentino: tiene un montón de potencial, pero hay una visión negativa hacia el campo, y creo que somos todos responsables de transformar esa mirada”, sintetizó.

Los jóvenes expositores tienen al celular como herramienta de comunicación por excelencia y promueven su uso para intervenir en la conversación pública. “Este aparato nos permite conversar con gente muy diversa; estamos más conectados que nunca, y eso permite que haya muchas conversaciones sobre el campo, muchas percepciones. Creo que estamos en falta, porque no pasamos la prueba central: el campo argentino compite en el top 3 mundial, le competimos a los gringos de igual a igual en producción agropecuaria, pero no somos top 3 en la percepción”, reflexionó Grobo.

En esa línea, invitó a “salir a hablarle a la sociedad de la misma manera que hablamos entre nosotros”, y agregó: “Creo que todos tenemos que dar la conversación, soltar la energía y hablar de todos los temas. Entendiendo que hay gente que no quiere escuchar, gente que sí, otros que quieren aprender, y todos tenemos que aportar algo, porque todos tenemos algo para decir”.

Los integrantes de la mesa coincidieron en que el gran desafío era animarse a tener conversaciones, quizás incómodas; animarse a responder preguntas y a cotejar distintas perspectivas sobre el campo, que permitan enriquecer las miradas. “¿Cuántos de nosotros vamos a escuchar a los otros, por ejemplo, a los ambientalistas? ¿Cómo estamos parados frente a la gente que piensa distinto?”, se preguntó Belaustegui ante el público, en su mayoría joven, que seguía la conversación del panel.

Olivia Casado, estudiante de Antropología, aportó su mirada, que definió como “periférica sobre el campo”. Consideró que el gran desafío del sector es animarse a preguntarles a quienes hoy no escuchan.

Y aseguró que “el campo tiene la suerte de que la sociedad le plantea cómo se siente. Para comunicar hay que ver qué le pasa a la sociedad, y pensar y preguntarse qué es y cómo lo comunicamos”, dijo.

Villamil consideró que un buen puntapié para generar encuentros está en dejar de plantear diferencias discursivas, ya que hablar de “ellos y nosotros” es algo que de por sí genera una división. “Yo creo que es sentido común. Si vos te estás sentando a hablar con una persona con lógica o sentido común, y si esa persona lleva la conversación a un punto de conflicto y vos te das cuenta, el sentido común tiene que preponderar. Sea ambientalista, productor o lo que sea, todo hacemos cosas bien y mal”, dijo.

Para Montiel, la clave es “estar abiertos a lo que nos vienen a decir. Tanto en Corrientes como en Balcarce me ha tocado tener conversaciones con gente que viene a cuestionar cosas, y muchas veces tienen razón, y ahí hay que abrir la cabeza; pero otras veces hay gente que no conoce, no entiende o no sabe, y tenemos que darnos el tiempo para explicar”.

Grobo insistió en la importancia de escuchar y entender al otro. Por ejemplo, dijo que cree que el ambientalismo en muchos casos defiende causas razonables, y en otros no, y agregó: “Los que nos dedicamos a trabajar el campo, nos gusta nuestra tierra, queremos la Argentina. Los que nos queremos quedar acá la tenemos que pelear. No nos podemos encerrar a decir ´ellos no entienden´”.

Villamil coincidió: “No nos podemos quedar con lo que hacemos y nada más”. En ese sentido, Belaustegui consideró que lo importante es tener empatía al abordar la conversación pública: “Todos somos argentinos, claro que hay resentidos y demás, pero no tenemos que quedarnos con eso, esa es la fácil. Hay que ser empáticos, entender que el otro también es una persona y tiene preocupaciones genuinas, y quiere al país. Creemos que somos los héroes y estamos sirviendo a la patria, y el otro también. Somos todos argentinos y todos queremos lo mismo”, dijo, y agregó con emoción: “La Argentina tiene demasiada buena gente como para quedar atrapada en una pelea”.

Sobre el cierre, Montiel propuso “estar abiertos a escuchar distintas opiniones, interesarnos en temas que no sepamos para poder hablar de eso y tratar de transmitir desde el lugar en el que está cada uno. Aprovechar ese sentido de pertenencia que todos tienen para salir de esa brecha del campo sí, campo no, y tirar todos para el mismo lado”.

Dar la charla incómoda, transmitir mejor las miradas, ponerse en el lugar del otro, escuchar al que piensa distinto, participar de la conversación pública para sumar a la construcción de percepción del campo en la sociedad fueron las propuestas de los cincos jóvenes.

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La guerra y la seguridad alimentaria, oportunidades y desafíos para la cadena del maíz, con la mira en el 2030

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Los encargados de las carteras agrícolas de Estados Unidos, Brasil y la Argentina, los países de mayor peso en el comercio mundial de maíz, expusieron en el panel “Oportunidades y desafíos para la cadena del maíz al 2030” en el Congreso Maizar 2022, con el hincapié puesto en la seguridad alimentaria mundial y el desafío que sumó la guerra en Ucrania. Alfredo Paseyro, director ejecutivo de la Asociación de Semilleros Argentinos, moderó el panel, que contó con palabras de Tom Vilsack, secretario del Departamento Agricultura de Estados Unidos; Marcos Montes Cordeiro, ministro de Agricultura de Brasil, y Julián Domínguez, ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Argentina.

“El alimento es lo más sensible que tiene la humanidad, y casi 1.000 millones de seres humanos se van a dormir sin comer. Es nuestra responsabilidad, producimos alimentos y el mundo nos interpela”, dijo Alfredo Paseyro al iniciar el panel. Y resaltó que “el maíz nos dio una amistad estratégica con Estados Unidos y Brasil, con los que ya hace casi diez años conformamos Maizall, para asegurar la provisión de alimentos al mundo cuando no imaginábamos ni una pandemia ni una guerra”.

Presente de manera virtual, el ministro de Agricultura de Brasil, Marcos Montes Cordeiro, se refirió a la seguridad alimentaria global y a la preocupación sobre cómo la guerra en Ucrania afectó la oferta mundial de granos, además de desestructurar profundamente las cadenas globales de suministro de commoditties, y que insumos esenciales como los fertilizantes estén expuestos a la escasez y al aumento de precios.

“Como mayor productor y exportador de alimentos del planeta, Brasil está más que preparado para hacer su aporte como proveedor confiable de alimentos”, dijo, y recordó que, durante la pandemia, el país fue capaz de aumentar la producción y exportación agrícola. Brasil es uno de los pocos países del mundo capaces de incorporar áreas productivas cuidando la sustentabilidad, y de consolidarse como pilar de las cadenas globales de alimentación, consideró.

Al respecto, Paseyro agregó que Montes Cordeiro y Domínguez acordaron una “agenda prioritaria” para lograr el autoabastecimiento regional de fertilizantes. Además, recordó que, en los años ’70, Brasil era importador de alimentos y requería subsidios, y que en esa transformación que le permite producir hoy alimentos para más de 1.200 millones de personas tuvo un gran papel Alysson Paolinelli, indicado como candidato al Premio Nobel de la Paz, y “amigo de Maizall”.

Tom Vilsack, secretario de Agricultura de Estados Unidos, de visita en Tokyo, estuvo presente a través de un mensaje que fue leído por la consejera agrícola de la Embajada estadounidense en la Argentina, Rachel Bickford. El discurso subrayó cómo la invasión rusa a Ucrania afectó no solo al pueblo ucraniano sino también la seguridad alimentaria de los países del Medio Oriente y del Norte de África. “Rusia está usando los alimentos como arma y afectando al resto del mundo”, dijo, pero la comunidad agrícola es resiliente y resolverá la inseguridad alimentaria “a través de acciones conjuntas”. Como ejemplo, citó la declaración conjunta de la Argentina, Brasil, Canadá, Estados Unidos y México en la reciente Cumbre de las Américas sobre la necesidad de superar la inseguridad alimentaria garantizando la provisión de insumos y fertilizantes.

Vilsack no se privó de condenar, como lo hizo también la reciente Conferencia de Ministros de la OMC, las restricciones a las exportaciones, que “hacen que la situación empeore”. Como fuerzas positivas destacó las herramientas biotecnológicas para combatir plagas y enfermedades y proveer alimentos nutritivos, y reiteró el pedido de que los gobiernos apliquen “medidas basadas en la ciencia”, elogiando las acciones de la Argentina, en línea con Estados Unidos, “para promover la adopción de productos biotecnológicos”.

El funcionario norteamericano recordó que la Argentina, Brasil y Estados Unidos son los grandes exportadores mundiales de maíz, con Ucrania en cuarto lugar; pero agregó que, en la campaña 2022/23, por la guerra, la producción ucraniana se reducirá de 15 a 9 millones de toneladas, y los suministros de la Argentina y Brasil serán importantes para reducir esa brecha.

Paseyro recordó que, según las Naciones Unidas, la población mundial será en 2050 de 9.800 millones de personas, con gran parte del aumento en el sur de Asia y en África, y que la producción mundial deberá aumentar en medio de un clima más desafiante, sobre la base de innovaciones basadas en la ciencia, como los eventos biotecnológicos y la edición génica.

El panel lo cerró el ministro argentino Julián Domínguez, que se refirió al maíz como “la estrella de este tiempo”. El ministro de Agricultura argentino adelantó estimaciones de su cartera según las cuales, a pesar de las consecuencias de la sequía, la actual campaña maicera tendrá “mejores resultados que lo previsto”.

Destacó también la centralidad del productor: “Si hay un clima de esperanza y vitalidad e incorporación de tecnología, le va bien al resto de la cadena”, dijo, y subrayó la “institucionalidad agrícola” argentina, por la amplia presencia en el territorio de entidades del agro, como las rurales, el INTA, el SENASA, las facultades de Agronomía y Veterinaria, las escuelas técnicas y los colegios agrícolas de todo el país, entre otras.

La centralidad del productor y la institucionalidad agrícola, dijo, hacen que la Argentina esté preparada para “un tiempo bisagra”, que, además, el agro comprende más que otros sectores de la economía debido a su “alta sensibilidad para percibir los cambios a nivel global”. Un escenario, remarcó, en el que la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay tienen un “destino compartido” y en el que los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) “vuelven a ser determinantes en el escenario global”.

Domínguez indicó también que, a pesar del actual escenario de inseguridad alimentaria a causa de la guerra, las exigencias de trazabilidad y ambientales vinieron para quedarse. Precisó que en la Argentina ya hay más de 2.000 empresas que están certificando producción en diferentes cadenas, y que en agosto, en un encuentro, su cartera buscará alcanzar un protocolo común de buenas prácticas y de certificación para todo el país. Una “pedagogía de la certificación nos daría valor económico diferencial”, afirmó.

La guerra en Ucrania, dijo Domínguez, produjo un “extraordinario desbarajuste”, pero la Argentina hará un extraordinario aporte de producción. La contracara son los problemas de provisión de combustibles, reconoció, pero afirmó que “ni la siembra ni la cosecha del segundo semestre están comprometidas; el combustible está garantizado para siembra y cosecha”, aseguró. Además, precisó que, en lo que va del año, la Argentina importó 900.000 toneladas de fertilizantes, no tanto menos que las 950.000 toneladas de igual período de 2021. “Tenemos problemas, pero sería una chambonada que falten fertilizantes para esta campaña; nos zambullimos en los problemas para poder resolverlos”, aseguró, y visualizó un “horizonte más tranquilo al respecto”.

Para él, el nuevo escenario promete un horizonte de inversiones para asegurar “reservas de proteínas” que tendrán “un valor como nunca antes” tuvieron, ya que la actual “es la guerra de las proteínas”.

El ministro concluyó reiterando la “oportunidad histórica” que el nuevo escenario alimentario mundial brinda a la Argentina, para lo cual será necesario discutir los temas del sector separando “la discusión político-partidaria de los intereses reales de la Nación”. En definitiva, dijo, “el productor reclama previsibilidad: lo que quiere es trabajar tranquilo, hasta donde le da la nafta; no se puede estar discutiendo todos los días el escenario de inversión y producción”.

“Sueño con ser el ministro que cierre la grieta que se abrió en el sector. La Argentina necesita a los productores; somos complementarios, parte de un destino común”, remarcó Domínguez. Reiteró las “altas expectativas” sobre la actual campaña, su fe en que lleguen “las lluvias que el sector necesita”, y le agradeció a la cadena maicera “ser la niña bonita del sector agrícola en este momento”.

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No se trata solo de ser sustentables, sino también de demostrarlo: la necesidad de planificar

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El acceso a mercados dependerá cada vez más de que los productos sean sustentables, y certificar esto requiere datos, para lo cual es preciso planificar y alinear los eslabones de las cadenas de valor. Sobre estos temas se desarrolló el panel “La sustentabilidad se planifica” del Congreso Maizar 2022, moderado por Diego Heinrich, CEO de Carnes Validadas, del que participaron Guillermo Peralta, coordinador técnico de Brecha de Carbono de AAPRESID y consultor técnico de la FAO; Leila Schein, asesora experta en ciclo de vida y huellas ambientales, y Florencia Trejo Fénix, de Regenera Powered by UPL Bloom AI.

“Los mercados se están estructurando de tal manera que hay que respaldar la información con datos”, señaló Diego Heinrich al presentar un panel de expertos que desarrollaron los temas de la sustentabilidad de los suelos, la importancia del análisis del ciclo de vida de los productos como medida cuantitativa del su desempeño ambiental a lo largo de toda la cadena de valor y la ganadería regenerativa.

Guillermo Peralta, coordinador técnico de Brecha de Carbono de Aapresid, recordó que “los suelos constituyen la mayor reserva de carbono en los ecosistemas terrestres, con alrededor del 65% del total: “Cerca de 700.000 millones de toneladas de carbono están almacenadas en los primeros 30 centímetros de suelo”, indicó. “Por eso, se ha sugerido en los últimos años que nuestros suelos pueden transformarse de fuente de emisión a sumideros de carbono”. Que estén secuestrando carbono, removiendo parte del dióxido de carbono de la atmósfera, permitiría transformar los suelos en un componente clave en la estrategia para mitigar el impacto de los gases de efecto invernadero.

El experto, consultor técnico de la FAO, detalló cómo ese cambio impactaría positivamente sobre la calidad de los cultivos. Y remarcó que se están desarrollando a nivel mundial sistemas de monitoreo, reporte y cuantificación que permiten calcular en forma científica y práctica cuál es el secuestro de carbono y la reducción de gases de efecto invernadero que estamos teniendo en nuestros sistemas productivos, tomando desde datos del campo hasta información satelital.

Dentro del esquema, destacó el rol clave que cumple el productor agropecuario: “Es una figura central, por su papel en la generación de datos que nutren estas plataformas, como por ser el agente de cambio que va a implementar las prácticas sustentables que permitan aumentar los niveles de carbono en nuestros suelos”.

Explicó que, a nivel mundial, hay muchos protocolos para poder cuantificar el nivel de carbono en el suelo, y las estimaciones varían en función de la línea de base que se tenga en cuenta y del método que se aplique en cada caso. “Independientemente del protocolo, nos pareció importante destacar que exigen una planificación de pasos, hay que tener en cuenta que van a generar una gran cantidad de información y tenemos que estimar cómo se va a recopilar, generar y almacenar esa información; cómo se va a armonizar; identificar sobre qué indicadores y metodologías vamos a trabajar; planificar una estrategia de muestreo y monitoreo, dónde vamos a muestrear, a qué profundidad, cada cuánto; identificar los laboratorios donde enviemos las muestras, y precisar los insumos y los costos de cada paso”.

Peralta reconoció que es complejo iniciarse en estos procesos y protocolos de cuantificación de secuestro de carbono, “pero también hay que destacar que es necesario dar un primer paso, si no, no empezamos nunca”, afirmó. A medida que más empresas se sumen, se va a estar promoviendo “la adopción de prácticas de manejo sustentable que van a permitir transformar nuestros suelos en sumideros de carbono”, aseguró.

Por su parte, Leila Schein se explayó sobre el análisis del ciclo de vida de un producto como medida cuantitativa del desempeño ambiental, para lo cual se computan y agregan sus cargas ambientales a lo largo de toda la cadena de valor de su producción, lo que permite obtener un valor final. Especificó que se considera el consumo de recursos naturales, la energía y el agua como entradas de capital natural y/o servicios ecosistémicos, y también se computan las emisiones, efluentes y residuos generados en cada etapa del ciclo de vida del producto, y se los transforma en impactos ambientales cuantitativos.

“Funciona como una serie de indicadores que permiten comunicar, al consumidor o a otros eslabones de la cadena de valor, el desempeño ambiental del producto que se está vendiendo o que otro está usando como insumo para su proceso productivo. Pasamos de indicadores únicos, como puede ser la huella de carbono, la huella de agua o indicadores de circularidad, a métodos más amplios que consideran todo este perfil ambiental”, detalló Schein.

La experta precisó que los indicadores han sido estandarizados en organizaciones internacionales como la ISO, que permite establecer perfiles ambientales que hacen comparable la información, para que sea trazable y verificable por terceros independientes. De esta manera, se hacen posibles las declaraciones ambientales de producto o ecoetiquetas, que son la aplicación directa de otra norma de la misma serie de ISO, “que permite cuantificar estos perfiles ambientales para cada lote o cantidad específica del producto en cuestión a lo largo de toda su cadena”.

Schein dijo que en la actualidad existen bases de datos de ciclo de vida internacionales para algunos consumos críticos que pueden adaptarse, pero remarcó que es “clave y estratégico afianzar el proceso de construcción de bases de datos de ciclo de vida que reflejen la producción nacional”, y destacó que uno de los mayores desafíos es involucrar a todos los actores para la escalabilidad de la aplicación de la herramienta y la provisión de información ambiental en la cadena de valor.

A su turno, Florencia Trejo Fénix, de Regenera Powered by UPL Bloom AI, se explayó sobre cómo gestionar la sustentabilidad en el marco del rol del suelo como sumidero de carbono a partir de la ganadería regenerativa. “La ganadería regenerativa es un cambio de mirada, de cómo abordamos el sistema y cómo nos paramos frente al todo que manejamos en la producción agropecuaria. Ese cambio implica entender cuál es el rol de cada uno de esos elementos”.

La ingeniera agrónoma aseguró que la ganadería regenerativa busca mejorar la rentabilidad y estabilidad del negocio agropecuario desde la recuperación de los procesos vitales del ecosistema: “Se busca mantenerse en un nivel menos dependiente del uso de insumos, con buena rentabilidades”. Así, busca
imitar la naturaleza, entender cómo funciona y apoyar ese funcionamiento natural para sacar la mejor
producción; regenerar suelos y generar recursos forrajeros. El objetivo es lograr triple impacto: que sea
económicamente viable, conservar o mejorar los recursos ambientales, y generar capital social, porque es
una forma de producir que si requiere mucha interacción humana.
Trejo Fénix destacó la importancia de la planificación: “Esto es tecnología de procesos, está en lo que se
conoce como leyes de pastoreo racional. Hay que preguntarse: “dónde estoy hoy, cómo leo mis sistemas,
cuáles son las ventanas de mayor producción y cuáles son los eslabones más débiles del sistema, y en
función de eso, cómo armo mi circuito productivo y aplicar esas herramientas, y esto genera una
oportunidad enorme de mejorar el estado de los suelos”.

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Maizall, una alianza para derribar las barreras al comercio que atentan contra la seguridad alimentaria

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El panel “Articulación público-privada para el desarrollo de la agrobioindustria” del Congreso Maizar 2022 contó con expositores internacionales de las poderosas asociaciones que integran la alianza internacional Maizall: Deb Keller, ex presidenta del US Grains Council; Paulo Bertolini, presidente de Abramilho y de Maizall, y Glauber Silveira, director ejecutivo de Abramilho, junto con el argentino Federico Zerboni, vicepresidente 1° de Maizar y próximo presidente de Maizall.

Moderados por Ángeles Naveyra, secretaria de la Fundación Barbechando, los dirigentes explicaron cómo es la representatividad del sector agropecuario en cada uno de los tres países que suman más del 70% de las exportaciones mundiales de maíz, y cómo trabajan juntos en Maizall para compartir información y abordar las barreras comerciales a la innovación agrícola.

Productora junto a su familia en un campo de Iowa, el mayor estado maicero de Estados Unidos, y ex presidenta del potente US Grain Council (USGC), Deb Keller se refirió al funcionamiento del programa de checkoffs. Se trata de programas financiados con fondos de los productores para la promoción de ciertas materias primas, con el objeto de mejorar su posición de mercado, tanto local como internacional, mediante acciones que van desde campañas de promoción de consumo, hasta investigaciones y penetración internacional.

Estos programas, indicó la dirigente estadounidense, fueron autorizados por el Congreso estadounidense en 1966; son de nivel estadual y, en el caso del maíz, funcionan en los 23 estados maiceros del país. Los checkoffs aportan fondos a la USGC y a la National Corn Growers Association (NCGA). En el caso de Iowa, programa en el que se centró Keller, los productores votaron pagar 1 centavo por bushel, y esto les da voz respecto de cómo se usa el dinero.

El USGC promociona el maíz de Estados Unidos en el exterior, y los productores se respaldan mucho en él para poder acceder a los mercados. “El acceso a mercados es clave para que seamos financieramente viables”, dijo Keller. A la vez, el NCGA se encarga de la promoción a nivel local y federal, en función de prioridades domésticas, y los checkoffs del maíz financian la investigación y desarrollo para crear demanda y mejorar las perspectivas del sector maicero en general. Los checkoff dollars, explicó Keller, se invierten para estimular la demanda en tres de los principales usos del maíz: alimentación animal (actualmente, el 35% del consumo), producción de etanol (que absorbe el 31%) y exportaciones (que representan un 17% del total).

Por su parte, el brasileño Glauber Silveira, director ejecutivo de Abramilho, asociación brasileña de productores de maíz con sede en Brasilia, que se financia con aportes de los productores y de algunas empresas de insumos, detalló la experiencia del Instituto Pensar Agropecuaria (IPA), entidad de la que también es director ejecutivo.

El IPA es una organización sin fines de lucro focalizada en la agricultura, fundada en 2008, integrada por 48 entidades ligadas a los agronegocios para apoyar técnica y logísticamente el Frente Parlamentario Agropecuario (FPA), en el que coordina las actividades de los legisladores de ambas cámaras del congreso, a la vez que actúa como interlocutor ante el Gobierno y la Justicia, y estimula “políticas públicas para el desarrollo de la agricultura”.

El FPA es una bancada “mixta y suprapartidaria”, creada en Asamblea Constituyente para promover el desarrollo de la agricultura nacional, y lo componen nada menos que 241 diputados y 39 senadores, estructurados por cargo legislativo y por regiones.

Casi en las antípodas de esa representación, Federico Zerboni, vicepresidente 1° de Maizar y próximo de Maizall, expuso el caso de nuestro país. Sobre datos de la Fundación Barbechando, mostró que en la Argentina no había ningún representante parlamentario de la agroindustria antes del conflicto por la Resolución 125, que intentó aplicar retenciones móviles al sector en 2008. A raíz de ese conflicto, en 2009, el sector pasó a tener 11 representantes en el Congreso, es decir, 3,3% del total de ese período parlamentario. En el siguiente período, la representación se redujo a 4 legisladores (1,2%).

En la actualidad, pese a que el sector agropecuario aporta cerca del 25% del PBI, tiene solo 22 legisladores vinculados, un 8,5% del total, y no conforman un bloque, como en Brasil, donde además tienen el 50% de representación. “Aportamos, pero no representamos; tenemos que tomar conciencia de que precisamos mucho más compromiso; si no nos involucramos, no vamos a salir adelante. Brasil es ejemplo”, dijo Zerboni.

Maizall

Más allá de lo que ocurre en cada país, el panel abordó el trabajo que hacen en conjunto Estados Unidos, Brasil y la Argentina, que producen el 50% del maíz mundial y generan más del 70% de su exportación, y tienen posiciones similares en materia de barreras al comercio, tecnologías agrícolas y política de límites mínimos de residuos. Así, hace ocho años fundaron Maizall, una alianza internacional conformada por 4 directores de cada uno de los tres países, con una presidencia rotativa anual. El USGC, la NCGA, empresas de agronegocios y los checkoffs estaduales contribuyen a su financiamiento.

El actual presidente de Maizall, el brasileño Paulo Bertolini, explicó que la alianza apunta a remover obstáculos al comercio, abogando ante gobiernos y organizaciones internacionales como la Unión Europea, la FAO, la OMC, agencias de reglamentación y parlamentarios, para derribar barreras paraarancelarias, agilizar la aprobación de eventos biotecnológicos y de edición génica, y reducir las exigencias en cuanto a límites de residuos.

En estos años, Maizall fue sumando y conocimiento, y ganó alcance, influencia y acceso político. La organización participa en misiones regulares a los países importadores de maíz, es escuchada en foros internacionales y ha contribuido a la organización de diferentes cumbres alimentarias de la ONU. A través de los años, dijo Bertolini, Maizall ha sostenido el mensaje de que los productores de maíz argentinos, brasileños y norteamericanos hacen una agricultura sostenible, usando la innovación y la tecnología, y continuarán por esa senda.

Algunas pretensiones europeas, como la de reducir el uso de fertilizantes, los límites de residuos, las políticas espejo, pretenden influir en mercados internacionales para otros consumidores. Son muchas regulaciones y muy amplias, como en el tema de bienestar animal, donde la Comisión Europea ya no se refiere al fin de jaulas, sino al fin de establos y corrales para animales como cerdos, aves y otros, lo que puede llevar a una caída de producción y aumento de precios en Europa.

“Nos quieren imponer su sustentabilidad, con otro ambiente y otra situación socioeconómica”, agregó Zerboni. “Es importante que Maizall salga y defienda nuestra postura”, concluyó.

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