Congreso MAIZAR

Agricultura digital: desde conectividad donde no hay, hasta soluciones integradas, gemelos digitales e incubadoras

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Partiendo de que no hay transformación digital sin conectividad, algo que afecta al 40% de los parajes rurales del país, el panel “¿Qué puede aportar la agricultura digital a los nuevos sistemas productivos del agro?” del Congreso Maizar 2022 presentó iniciativas que plantean soluciones y mejoras para la producción. El panel fue moderado por Federico Bert, consultor del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), y expusieron Gabriel Tinghitella, director del Programa BID Lab de CREA; Nahuel Peralta, gerente ejecutivo de Maíz y Sorgo de Bayer Cono Sur; Esteban Tronfi, fundador de Ravit Agro, y Néstor Di Leo, profesor de Agronomía de Precisión de la UNR y la UNVM, y asesor de AgTech Alvis.

Los principales cambios en la producción agropecuaria vendrán de la mano de la transformación digital, que permitirá enfrentar múltiples desafíos. Pero no todo será color de rosa: basta mirar otras industrias para advertir el impacto que tendrá, por ejemplo, en materia de recursos humanos. La proyección pertenece a Federico Bert, consultor del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), que moderó el panel “El aporte de la agricultura digital a los nuevos sistemas productivos” del Congreso Maizar 2022, con el foco puesto en mostrar distintas experiencias de innovación agropecuaria desarrolladas por empresas y entidades.

Para Bert, la transformación digital es incipiente –entre otras razones, por la falta de conectividad en algunos sectores–, “pero inevitable e inminente”, y es preciso tener una mirada “equilibrada” para que ocurra de manera dinámica y tenga el menor impacto negativo posible.

En materia de acceso, Néstor Di Leo, profesor de Agronomía de Precisión de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNR) y de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM) y asesor de AgTech de Alvis, lamentó “cuántas situaciones prácticas productivas no podemos aprovechar en el campo por falta de conectividad”, y recordó que este recurso fundamental no está vinculado solo a la producción, ya que todas las personas que viven en el campo requieren de conectividad para su vida.

El especialista distinguió entre el servicio de banda estrecha, para la denominada “internet de las cosas”, y el de banda ancha, para usos más críticos. Y citó estudios que grafican la dimensión del déficit de conectividad, como uno que arroja que el 40% de los parajes rurales no tiene servicio. Como causas, citó el posible desinterés de grandes compañías de telecomunicaciones en brindar el servicio en algunas regiones, y también el alto costo de las tecnologías alternativas, como la satelital.

Di Leo describió entonces la propuesta de la empresa de telecomunicaciones Alvis. La firma, que opera en la banda de frecuencia de 450 MHz, ofrece tanto banda ancha 4G, como banda estrecha NB IoT (sigla en inglés de “Red del Internet de Cosas”), a través de un equipo que genera wifi local para artefactos cercanos. Y recordó los múltiples usos que permite este recurso, como, entre otros, trazabilidad y monitoreo de seguridad. Bert agregó que “sin conectividad, no hay transformación digital”.

Posteriormente, Nahuel Peralta, gerente ejecutivo de Maíz y Sorgo de Bayer Cono Sur, expuso sobre la experiencia de aplicación de soluciones integradas para maximizar la productividad y la sustentabilidad.

En primer lugar, señaló que es preciso comprender las necesidades de los agricultores y, a partir de ello, conectar con soluciones. En ese sentido, precisó que en más de 1.200 ensayos de maíz las recomendaciones de fertilización en la planta fueron prioridad para los productores. Los ensayos en lotes comerciales, contó, posibilitaron comparar estrategias en materia de densidad y de uso de nitrógeno, que puede monitorearse a través de herramientas digitales, para convertir un diagnóstico en una recomendación “sencilla, dinámica y fácil de aplicar”.

“Estas experiencias nos permitieron tener una base de datos muy grande, con un aporte estadístico muy robusto, asociado a modelos de aprendizaje automático”, explicó. Y precisó que las herramientas digitales permiten que tanto los datos de gabinete, como los de campo, estén conectados. “Como trabajamos día a día con los productores, podemos retroalimentarnos con los comentarios que nos hacen llegar para hacer más simple la parte operativa de implementación de este tipo de soluciones”, reveló.

Para solicitar esas soluciones, dijo Peralta, solo se precisa del apoyo de un teléfono inteligente, que posibilita combinar imágenes satelitales con algoritmos, así como realizar testeos y acumular aprendizaje en términos de caracterización ambiental y de ajustes de densidad y de nitrógeno. Finalmente, aseveró que, de acuerdo con lo experimentado en más de 200 lotes (que abarcaban 16.000 hectáreas), fueron el rendimiento y el costo los factores que motivaron a los productores a sumarse al programa.

Por su parte, Esteban Tronfi presentó el caso de Ravit Agro (sigla de Red Agropecuaria de Vigilancia Tecnológica). “En Ravit nos dedicamos a hacer ‘gemelos digitales de la realidad’”, sintetizó. Y definió este concepto como “hacer representaciones computacionales de la realidad, llevar un mundo físico a un mundo de computadoras”. Detalló que estos modelos tienen dos componentes clave: “El primero es representar esa realidad, describirla; y el segundo, modelizar los procesos que gobiernan esa realidad”. En otros términos, un gemelo digital es un modelo de simulación de una realidad actualizada permanentemente. “Esa es la diferencia con los antiguos modelos de simulación”, remarcó.

Ravit ya cuenta con un prototipo de un gemelo digital para producción de maíz en una zona de la región centro-norte de Córdoba, donde comenzó la iniciativa. “Cumplimos los dos requisitos: primero, hipersensorizamos 50 lotes de maíz durante tres campañas y esa fue nuestra creación del ambiente de datos ricos que nos permitió describir la realidad”, contó. Como segundo paso, dijo, “desempolvamos el concepto de sistemas expertos y digitalizamos la forma de razonar, de entender el cultivo de maíz”.

La simulación permite ver los resultados antes de experimentar y tomar decisiones, con el consecuente ahorro. La ambición es llevar el concepto de “gemelos digitales” a todo el país, pero, señaló, lo más costoso de este proceso sería crear el ambiente de datos ricos, es decir, “describir la realidad”. Para resolverlo, la estrategia es recolectar la información en forma colaborativa. “Los productores que conforman la red funcionan como antenas de conocimiento que lo transmiten al resto de los agricultores”, explicó.

A su turno, Gabriel Tinghitella, director del Programa BID Lab de CREA, informó que el área tiene cuatro grandes espacios de trabajo: startups, innovación y conocimiento, capacitación y nuevos proyectos. En el de startups trabajan con un modelo de innovación abierta, es decir, con la introducción de cambios a partir de fuentes externas a la organización. “Estamos trabajando mucho con emprendedores que traen proyectos para el agro”, contó. Y señaló que hay acciones en las distintas etapas que se suceden desde que un emprendedor se pone en contacto con un problema hasta que una empresa lo difunde y escala con un proyecto comercial maduro. Estas fases son: la creación y el desarrollo de prototipos (propuestos por estudiantes de diseño industrial), la incubación (programa que ya tiene ocho ediciones), el testeo y la validación (realizada en campo, gracias al contacto con productores) y la difusión y el escalamiento (mediante la vinculación con potenciales usuarios o inversores, dentro y fuera del país).

En materia de generación de conocimiento, Tinghitella afirmó que para CREA es clave que este se desarrolle tanto desde la oferta, como desde la demanda. Es decir, desde los desarrolladores de tecnología, como desde los demandantes de tecnología, “para entender bien qué es lo que necesita cada uno y hacer que las acciones que ejecutemos sean lo más eficientes y eficaces posibles”, explicó.

Agregó que también se ofrece capacitación, para que los productores puedan entender las particularidades de nuevas soluciones y la generación de ámbitos que propicien el desarrollo de iniciativas, como, por caso, grupos de startups, en su mayoría incubadas por CREA.

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Para dentro de diez años, Grobocopatel proyecta una agricultura “más agroecológica”

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Gustavo Grobocopatel, presidente de Los Grobo fue parte del congreso Maizar en el panel “Instituciones, empresas y tecnologías para el desarrollo de la cadena”. Allí se hablo de la carne cultivada al campo sin tractores: cómo se prepara la cadena del maíz para los desafíos que se avecinan.

Grobocopatel no responde al estereotipo del empresario tradicional, con una visión basada en la sociedad del conocimiento, percibe cada vez más claramente que el campo de los próximos años será muy diferente del actual como lugar de producción, por la convergencia de la innovación en los procesos. “Habrá más robotización, campos sin tractores, máquinas que no van a funcionar por tracción y equipos para inyectar semillas e insumos al suelo”, describió, además de la irrupción cada vez mayor de un modelo que utilizará productos biológicos para controlar malezas e insectos”.

Durante su participación en el congreso Maizar, Grobocopatel participó de un panel donde se habló de la necesidad de agregar valor en la bioeconomía del maíz, una de las mayores fuentes de “emisión de dólares” de la Argentina; los desafíos de los sistemas alimentarios; la revolución tecnológica y organizacional que sufrirá el sector de aquí a diez años; la perspectiva de la mayor avícola del país y una de las mayores generadoras de empleo, y hasta el papel del maíz en la carne artificial, fueron algunos de los enormes temas que abordó el panel “Instituciones, empresas y tecnologías para el desarrollo de la cadena”, moderado por Fernando Vilella, director del Programa de Bioeconomía de la FAUBA. En el estuvieron además del presidente de Los Grobo, Gabriel Delgado, representante del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y Joaquín De Grazia, presidente de Granja Tres Arroyos.

Gabriel Delgado puso el foco en el protagonismo del maíz como fuente de generación de divisas y de desarrollo. “Desde 1970, la Argentina es el país con más períodos de recesión luego del Congo, y entre otras razones es por la falta de dólares. No tenemos muchos sectores de donde nutrirnos de dólares; la forma de emitir dólares es exportando. El caso del maíz es emblemático, por los efectos que podría tener sobre la economía”, sostuvo el ex secretario de Agricultura de la Nación.

Para ello, Delgado aseguró que el paso previo es generar un proyecto que elimine las grietas actuales y que le permita a la cadena de valor dar un salto mayor en el comercio exterior. Hay que mejorar el valor absoluto de la exportación del maíz para generar más ingresos y empleo, dijo, y comparó el desempeño del grano argentino con el de sus competidores en el mercado mundial: “Estados Unidos exporta sólo 15 puntos de lo que produce, ya que el 85% lo consume de manera interna; Brasil procesa el 65% del maíz que produce; la Argentina, el 35%”, comparó.

Una de las cadenas en las cuales se podría apoyar el maíz para generar más ingresos y desarrollo doméstico es la de las carnes, dijo Delgado, lo que le daría mucha mayor robustez a la economía y al tejido social. “Hay conocimiento, profesionales y gente que sabe qué hacer. Nos falta ponernos de acuerdo en cuestiones básicas, como es mejorar el procesamiento del maíz y poder exportar más carne, recalcó.

A partir de su función en el IICA, Delgado indicó que está trabajando sobre la acción colectiva de los países de la región para que abracen la agenda de los sistemas alimentarios sostenibles. “Hay enormes desafíos en los sistemas alimentarios, pero no son sistemas fallidos, como se quiso implantar. Son acciones colectivas que van por lo ambiental. Ojala que los países de la región tomen dimensión de lo que tienen entre manos a partir de la generación de proteínas y la posibilidad de ofrecerlas al mundo en cantidad y calidad”, indicó.

Referente y transformador de la realidad productiva, Gustavo Grobocopatel puso a la innovación como bandera de desarrollo. “La innovación rompe la línea y genera nuevos pisos y escenarios que hasta ese momento no se había imaginado”, señaló.

El empresario agroindustrial aseguró que percibe cada vez más claramente que el campo de los próximos años será muy diferente del actual como lugar de producción, por la convergencia de la innovación en los procesos. “Habrá más robotización, campos sin tractores, máquinas que no van a funcionar por tracción y equipos para inyectar semillas e insumos al suelo”, describió, además de la irrupción cada vez mayor de un modelo que utilizará productos biológicos para controlar malezas e insectos. Para dentro de diez años, Grobocopatel proyecta una agricultura “más agroecológica”.

Esa convergencia tecnológica se combina, además, con una logística más eficiente, con una “uberización” del transporte y la consolidación de las fintech como proveedoras de servicios financieros para el sector.

“La inteligencia artificial va a cambiar la forma de vinculación en la cadena de valor, con las particularidades de cada eslabón, ayudados por la digitalización”, aseguró.

Los productos también serán centro de la innovación, dijo. La carne artificial será uno de ellos, y pronosticó que el maíz ahí también tiene su lugar.

En ese nuevo escenario, hablar de cadenas de valor será insuficiente. Para Grobocopatel, se subirá a la dimensión de los ecosistemas, con proveedores de servicios de toda clase.

Más allá de su mirada positiva sobre lo que se viene para el sector agropecuario, el empresario admitió que esta revolución tecnológica puede no hacernos felices y causar dolor. “La sociedad no está preparada para esa transformación, y menos el Estado, que está pensando más en lo político y en las elecciones que en transformar la vida de las personas”, advirtió.

En esa línea, convocó a una mayor participación del sector privado y de las instituciones. “Dejar en manos de los políticos esta transformación será dificultoso; los emprendedores vamos a tener que involucrarnos”, anticipó. Opinó que las organizaciones de cadenas productivas van a tener que liderar este cambio desde lo institucional: “La esperanza es la clave que nos mueve y el rol de Maizar es trascendental, no solo como difusor de las tecnologías, sino también desde su lugar en la sociedad para acompañar los desafíos que se vienen”, ejemplificó.

Por su parte, el empresario avícola Joaquín De Gracia destacó el rol que tuvo, tiene y tendrá el maíz en la generación de proteína animal, y próximamente también artificial. “Mi papá llegó en 1935 desde Italia y comenzó con su hermano, que ya estaba en Buenos Aires, a vender pollos con un carro. Así comenzamos”, describió el presidente de Granja Tres Arroyos, una compañía que da trabajo a 6.500 personas (una de las 50 que mayor mano de obra generan en el país) y faena 750.000 pollos por día.

“La generosidad del país y el rol que tuvieron en mi formación las escuelas públicas hicieron que pudiera recibirme de contador público y desarrollar la empresa”, sostuvo De Gracia. Y destacó el efecto multiplicador que tiene el pollo como fuente de desarrollo: “Un ave de pedigree, a lo largo de tres años y tres meses, hace que se produzcan 11 millones de kilos de pollo. El pollo brinda la oportunidad de tener resultados en plazos cortos”, remarcó.

De Gracia destacó el protagonismo del maíz y la soja en la escala de la evolución de la cadena avícola: “En la actualidad, con 1,6 kilos de alimentos se puede hacer un kilo de pollo, y sin maíz no se puede lograrlo. En 1981, si suministrábamos más de 5% de soja en la dieta, el pollo no rendía, pero tampoco le podíamos dar más de 43% de maíz, ya que era fuente de energía, pero le faltaban grasa”, explicó. Ahora, la tecnología hizo que la soja y el maíz ocupen el 94% de la dieta balanceada en la producción avícola.

De Gracia recordó que en 1974 Granja Tres Arroyos, junto con otro grupo de empresas nacionales, comenzó a exportar, al mismo tiempo que Brasil. Desde entonces, el país vecino ha desarrollado un comercio exterior que le permite exportar 5 millones de toneladas de pollo, mientras que la Argentina coloca en el exterior 250.000 toneladas.

“Necesitamos mucha inyección de capital, ya que no hay financiamiento para crecer en tecnología. También necesitamos que el bienestar animal esté garantizado, que haya trazabilidad y sanidad controlada con menos antibióticos, para asegurarnos presencia en el mercado internacional”, enumeró. De cara al futuro, De Gracia adelantó que están desarrollando un proyecto de carne cultivada: “Estamos con las primeras células, con la idea de saber que, como empresa, a futuro vamos a seguir estando y pudiendo generar trabajo”, destacó.

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El PBI del maíz superó los 20.000 millones de dólares y genera 230.000 puestos de trabajo

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El desempeño de la cadena del maíz, su aporte a la economía de la Argentina, el rol del maíz en los sistemas productivos y las principales fuentes de incertidumbre de cara a la nueva campaña 2022/23, fueron algunos de los temas centrales del panel “¿Qué está en juego? El aporte del maíz y los desafíos del nuevo ciclo productivo” del Congreso Maizar 2022. Fue moderado por Agustín Tejeda, economista jefe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, y participaron Emilce Terré, economista jefe de la Bolsa de Comercio de Rosario; Paulina Lescano, analista de Mercados Agropecuarios, y Carolina Bondolich, directora de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina (FADA).

La eliminación de los derechos de exportación sobre el maíz en 2016 convirtió rápidamente a la Argentina en un país maicero. La cadena pasó de un PBI de 8.326 millones de dólares en la campaña 2015/2016 a uno de 20.397 millones en la 2021/22. Esto es, un crecimiento del 145%, que llevó su participación a un 3,6% del PBI argentino, precisó Agustín Tejeda, economista jefe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Sin embargo, el maíz puede darle mucho más al país, con mayor agregación de valor, pero debe superar desafíos y estar atento a algunas alarmas, como el estancamiento del área desde la campaña 2018/19 y un panorama de incertidumbre local e internacional, agregó Tejeda.

Emilce Terré confirmó la solidez del “boom del maíz” al precisar que el promedio anual de producción entre el quinquenio 2007/11 y el quinquenio 2017/21 aumentó 120%, con un crecimiento del 73% del área sembrada y del 14% de la productividad, y planteó la necesidad de seguir invirtiendo en desarrollos que mejoren los rendimientos. Es clave, dijo, acotar la brecha entre los campos que más y menos rinden, y aumentar la agregación de valor en general.

Como referencia, precisó que más del 70% del maíz que exporta la Argentina sale en forma de grano, mientras que en Brasil y Estados Unidos (los otros dos grandes del mercado maicero mundial) las proporciones son de 38 y 16%, respectivamente. Brasil privilegia la transformación del grano en carne y Estados Unidos, en etanol, al que destina el 36% de su producción de maíz, contra solo el 3% del caso argentino.

El complejo del maíz, subrayó Terré, es ya el segundo exportador del país, detrás del oleaginoso, base más que suficiente para diversificar la matriz exportadora. La diversificación sí ocurrió en cuanto a los mercados de destino: hoy, el 28% se dirige al sudeste asiático; el 21% a países de América Latina, y el 16% al Norte de África, entre otros.

Para dar un segundo salto maicero, Terré marcó una serie de cuestiones para resolver, desde mejorar los rindes y cerrar la brecha técnica mediante adopción de nuevas tecnologías; mejoramiento de la infraestructura, desde la adopción de sistemas multimodales hasta mejoras viales, acceso ferroviario y transporte por barcazas; sanción de la ley de promoción agroindustrial; mayor producción local de fertilizantes (no tener provisión suficiente, advirtió, podría restar hasta 5 millones de toneladas de producción); fomento al bioetanol, y achicar algunos problemas macroeconómicos, como inflación, volatilidad, brecha cambiaria, retenciones y límites a la exportación.

Carolina Bondolich presentó un detallado estudio sobre 20 cadenas agroindustriales, incluida la del maíz, de cuyos ingresos el Estado se queda con 54,7%, mediante una cascada de impuestos nacionales, provinciales y municipales. De ellos, explicó, las retenciones atacan el federalismo en tres sentidos: 1) el grueso no se coparticipa, 2) reduce la masa de impuestos que sí se coparticipan y 3) se aplica sobre producciones de arraigo regional.

En cuanto al empleo, las 20 cadenas agroindustriales generan 3,7 millones de puestos de trabajo, 24% del empleo privado argentino, incluyendo trabajo registrado, no registrado y no asalariado y abarcando desde la producción de insumos hasta el transporte de mercadería. La principal cadena en términos de empleo es la bovina (437.000 empleos, 11,7% del empleo de las 20 cadenas) y la quinta es la maicera, que entre maíz propio, molienda, alimentos balanceados y alcohol para consumo humano genera 6% del empleo de las 20 cadenas, sin contar su participación en otras cadenas que abrevan en parte en el maíz, como la láctea, la aviar y la porcina. Si se las incluye, “el gran maíz”, como llamó a la cadena ampliada, genera 676.000 empleos, de los cuales el 41% se localiza en la etapa primaria, 28% en el transporte y logística, 15% en la comercialización, 8% en industria y otro 8% en producción de insumos. Por eso, Bondolich instó a los jugadores de la cadena a reivindicar su aporte. El trabajo, enfatizó, dignifica y hace autosuficientes a las personas, eleva su autoestima, creatividad y espíritu crítico, y expande el conocimiento y la empatía sociales.

Paulina Lescano destacó que, como toda producción “a cielo abierto”, la agropecuaria siempre está en riesgo. En cuanto a precios y mercado, exhibió gráficos que muestran la histórica volatilidad del precio del maíz tanto en Chicago como en el mercado local y explicó lo bruscos que pueden ser los cambios de tendencia. Según la analista, el maíz está en buenos niveles históricos, pero no se puede descartar la posibilidad de nuevos máximos o de bajas en función de cuatro factores: Covid, tasas de interés internacionales, crisis energética y guerra en Ucrania.

La pandemia, a partir de las vacunas, parece controlada, pero Lescano advirtió el riesgo de que, en caso de rebrote en China, por su política de “Covid 0”, el país vuelva a los confinamientos masivos, como cuando cerró Shanghai. En cuanto a las tasas de interés, casi todos los bancos centrales del mundo las están subiendo para bajar niveles de inflación récord en 30 o 40 años (aunque de una escala muy inferior a la argentina). Lescano destacó la meta de las autoridades monetarias de Estados Unidos de reducir la inflación de poco más del 8% anual a 2%. El aumento de tasas en pos de ese objetivo fortalece el dólar y le pone presión bajista al precios de los granos, aunque por ahora el maíz, a diferencia del trigo, exhibe
resistencia, siempre en un contexto de incertidumbre mundial.

La crisis energética y la guerra en Ucrania, con su efecto sobre el precio de los combustibles y los fertilizantes y sobre los balances granarios mundiales, ya fue incorporada a los cálculos de los mercados, dijo Lescano, aunque sigue siendo un desastre humanitario en términos de “seguridad alimentaria”.

El factor que más puede hacer que los precios bajen, indicó, es el aumento de las tasas para controlar la inflación, por la suba del dólar, ya en sus máximos desde 2004. Otros factores serían una reducción adicional del crecimiento chino, que de tasas de entre 8 y 9% anual apunta a un 4,5% este año, y la safrinha en Brasil, que consultoras de ese país ya estiman en 85 millones de toneladas, mayormente para consumo doméstico. Y nunca está ausente, claro, el riesgo local: más retenciones o cierre de registros, pues los volúmenes de exportación ya casi tocan los topes de “equilibrio”.

Los precios siguen siendo buenos, pero el mundo es complejo. Para el productor, capturar valor es importante, pero, concluyó la analista, puede hacerlo con herramientas disponibles en el Matba/Rofex, y aconsejó a los productores dedicar al menos una hora semanal a plantearse un mínimo de tres escenarios (bueno, intermedio, malo) y obrar en consecuencia. Es mejor, señaló, que cruzar los dedos.

A modo de resumen, Tejeda marcó tres cuestiones: la Argentina se ha convertido en un país maicero, un cultivo federal con gran potencial de crecimiento y de encadenamiento y agregación de valor mediante bioproductos y bienes y servicios que mejoran su impacto económico y ambiental; en un mercado volátil, los productores deben estar siempre atentos a las señales de precios del maíz y los insumos, dadas las altas inversiones que requiere el cultivo, y es clave generar una agenda público-privado que potencie la inversión y políticas de gestión del riesgo tranqueras adentro y tranqueras afuera.

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¿Qué hacen las cuatro provincias que producen el 80% del maíz argentino para estimular la bioeconomía?

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Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos generan el 80% del maíz de la Argentina, por cuyas retenciones aportan unos 1.500 millones de dólares a la Nación. Cómo es la cadena de valor del cereal en cada provincia y cómo hacen para afianzarla desde el Estado, con buenas prácticas agrícolas, innovación tecnológica y financiamiento, fueron los ejes del panel “Políticas de Estado para la bioeconomía” del Congreso Maizar 2022, del que participaron Javier Rodríguez, ministro de Desarrollo Agrario de Buenos Aires; Sergio Busso, ministro de Agricultura de Córdoba; Daniel Costamagna, ministro de Producción, Ciencia y Tecnología de Santa Fe, y Juan José Bahillo, ministro de Producción, Turismo y Desarrollo Económico de Entre Ríos, moderados por Pedro Vigneau, presidente de Maizar, y Luis Zubizarreta, presidente de Acsoja.

De acuerdo con el ministro bonaerense Javier Rodríguez, el maíz es el cultivo que muestra el mayor crecimiento en superficie en la provincia de Buenos Aires, si se lo compara con el conjunto de la canasta agrícola que conforman el trigo, la soja, el girasol, el sorgo y la cebada. “En los 12 años que van de 2003 a 2015, la superficie agrícola en la provincia de Buenos Aires creció a un ritmo de 3%, con sus altibajos y particularidades; entre 2015 y 2019, se mantuvo estancada, mientras que en las últimas dos campañas se retomó el crecimiento 4% anual”, dijo Rodríguez. Sin embargo, dijo que el maíz exhibe un crecimiento de prácticamente el doble, a una tasa mayor del 8% anual.

“Tenemos el desafío de qué hacemos con el maíz. El objetivo es agregarle valor, entendiendo por ello los diferentes destinos y usos”, sostuvo el ministro bonaerense. Dentro de estas opciones, incluyó la ganadería (producción de leche, bovinos, porcinos y aves), la molienda seca y húmeda, y la producción de semilla, y destacó que el tambo es un eslabón clave para el maíz en el territorio bonaerense, no sólo para procesar el cereal sino también porque permite que los efluentes generen energía y se sumen a un modelo circular.

Además de la conversión en proteína animal, la molienda húmeda y seca creció en los últimos dos años 6% anual, es decir, dos puntos porcentuales menos que la superficie: “Por eso tenemos este desafío de industrializar más y generar más círculos virtuosos”, reconoció Rodríguez. Para estimular la bioeconomía, señaló, el gobierno bonaerense apela al financiamiento a tasa subsidiada para la instalación de biodigestores, la innovación tecnológica para el desarrollo de nuevos materiales genéticos y el plan de buenas prácticas agrícolas.

En Entre Ríos, en cambio, el maíz es sinónimo de avicultura. “No sé si nos falta maíz o nos sobran pollos”, bromeó el ministro entrerriano Juan José Bahillo. La demanda provincial de maíz está constituida por un 66% que se convierte en proteína animal, en especial pollo; un 30% que se exporta y un 3% que se destina a molienda seca.

La avicultura es la economía regional dominante en la provincia: el sector genera 22.000 puestos de trabajo, en 2.600 granjas, con 7.000 galpones en producción. “Producimos el 50% de los pollos del país y faenanos el 51% del volumen nacional, con el 18% de las plantas faenadoras, que generan el 70% de la exportación avícola del país”, dimensionó Bahillo.

En la edición 2020 del Congreso Maizar, el ministro había sostenido que la provincia iba camino al autoabastecimiento de maíz, para una demanda de 2,7 millones toneladas para proteína animal, y 150.000 toneladas de molienda húmeda y seca. En total: 2,8 millones de toneladas. “Hace dos años estábamos en 400.000 hectáreas sembradas y necesitábamos 100.000 más: con un rinde de 5,5 toneladas por hectárea íbamos a alcanzar el volumen para autoabastecernos”, recordó. Sin embargo, pese a que en la última campaña el área maicera entrerriana llegó a 509.000 hectáreas, la sequía impidió llegar al autoabastecimiento, con una caída de casi 40% en los rendimientos.

De acuerdo con el funcionario, Entre Ríos está llevando a cabo medidas para incrementar el área sembrada (casi el 80% de los productores siembra menos de 200 hectáreas de maíz) y la industrialización del grano en origen, en especial a través de la producción avícola. “Tenemos financiamiento a través del banco, que es agente financiero de la provincia, con un subsidio de 14 puntos para la reconversión de galpones avícolas. De los 6.600 galpones, 33% tiene toda la tecnología, con automatización y climatización, con una inversión de 250.000 dólares; un tercio está lejos de la tecnología y requiere de ayuda para reconvertirse, y otro tercio, con 60.000 a 70.000 dólares, puede incorporar tecnología y reconvertirse”, precisó el ministro.

“Considero que nuestra región tiene una oportunidad histórica con el maíz”, aseguró Daniel Costamanga, que además de ministro en Santa Fe es productor. “La Argentina está lejos de los mercados internacionales, por lo que la eficiencia del productor tranqueras adentro se debe quedar en valor agregado. Santa Fe está al tope de la producción de leche, de carne y de maquinaria agrícola, con lo cual la transformación de los cereales es clave”, opinó, con el deseo de que los puertos del Gran Rosario sean la puerta de salida de más alimentos y no de tantos granos.

“Hay una cadena que va desde el suelo hasta el grano y que hay que cuidar. Debemos tener en cuenta que el suelo es prestado y hay que devolverlo en las mejores condiciones; por eso, el maíz es clave. Hay que devolverle al suelo la estructura química para que los barcos no se lleven en los granos la fertilidad de nuestros suelos”, razonó. Para Costamagna, en Santa Fe no hay dudas de que la bioeconomía y el maíz son sinónimo de arraigo, empleo, valor agregado y sustentabilidad. “El crecimiento debe ser equilibrado, por eso, a más de 400 kilómetros de los puertos, el maíz se debe transformar”, indicó.

El funcionario se mostró satisfecho por la decisión del gobierno nacional de elevar el corte del biodiésel, que había sido reducido el año pasado: “Costó, pero llegó; el aumento del corte obligatorio para el biodiesel implica poner al tope la capacidad instalada de nuestras plantas, que concentran el 80% de la producción nacional”, destacó.

En cuanto al financiamiento, el mayor aporte de Santa Fe en el último año, que superó los 20.000 millones de pesos, fue para acompañar el desarrollo de equipamiento en la producción de alimentos, comentó.

A juicio de Costamagna, gran parte de los problemas estructurales de la Argentina podrían solucionarse de la mano del maíz, trabajando y generando desarrollo en el interior productivo. “El maíz debe estar por encima de cualquier condicionante político”, aseguró.

“Estamos todos de acuerdo en cuál es el camino, pero la falta de confianza condiciona su realización”, dijo el ministro cordobés, Sergio Busso. “Considero que no se pueden generar políticas públicas cuando se desconoce la realidad productiva del país”, advirtió.

De acuerdo con Busso, si bien para Buenos Aires, Entre Ríos, Córdoba y Santa Fe el maíz es importante, lo más estratégico es lo que pueden hacer las cuatro provincias para desarrollarlo, ya que en conjunto representan el 80% de la producción nacional. “Desde las provincias tenemos la visión de que, más allá de las diferencias políticas, se puede diseñar una estrategia para una producción sustentable en el tiempo. Las cuatro provincias sufrimos las consecuencias del cambio climático y el productor sabe que no se puede producir de cualquier manera”, indicó.

En esa línea, Busso dijo que es necesario dar una señal al productor agrícola eliminando las retenciones al maíz de manera gradual y transformando el aporte en más impuesto a las Ganancias. El 12% de retenciones que van a aportar los productores de maíz de las cuatro provincias equivale a 1.500 millones de dólares, advirtió. Por eso, eliminarlas “es el mejor incentivo, sería una señal fuerte para devolverle la confianza al productor”, insistió. De lo contrario, en la actual campaña, “va a haber productores que, aun perdiendo plata con el maíz debido a la sequía, van a tener que pagar retenciones”, concluyó.

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Julián Domínguez en Maizar: “Argentina está llamada a cumplir un rol decisivo en la provisión de alimentos a nivel global”

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El ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, Julián Domínguez, expresó: “construyamos puentes juntos; Argentina está llamada a cumplir un rol decisivo en la provisión de alimentos a nivel global”, durante la apertura del XVI Congreso Maizar 2022 que se desarrolló en Parque Norte, y que contó con la participación del ministro de Agricultura de Brasil, Marcos Montes Cordeiro; la consejera agrícola de Estados Unidos en Argentina, Rachel Bickford; el Presidente de MAIZAR, Pedro Vigneau; el subgerente general de ACA, Victor Accastello, y representantes de las carteras agropecuarias de las provincias.

En ese sentido, remarcó: “Tenemos una oportunidad y para eso estamos trabajando en el desafío de incorporar más valor, industrializar la ruralidad e incorporar más tecnología en las cadenas de valor”. “Con mayor desarrollo local de nuestra industria, la Argentina puede generar empleo y una ruralidad con cada vez más productores que puedan seguir mostrándole al mundo nuestro potencial”, continuó.

Domínguez expuso en el panel Oportunidades y desafíos para la cadena de maíz al 2030. En ese marco, afirmó que “el valor de reserva en proteínas es un centro de interés global”, y enfatizó: “hay que prepararse para un escenario de inversiones”.

En ese sentido, aseguró que “frente a este cambio de época, las proteínas tendrán un valor que nunca antes tuvieron”. “Por eso cerremos las diferencias, tenemos un futuro común por construir”, añadió.

Además, el ministro manifestó que “el maíz tiene un extraordinario horizonte de crecimiento” y planteó: “Queremos industrializar más para exportarle valor agregado en origen y trabajo argentino al mundo”.

Por otro lado, Julián Domínguez contó además el trabajo que está realizando la cartera agropecuaria para potenciar a la agrobioindustria y las buenas prácticas: “Nuestro país necesita que se produzca más, que se siembre más para atender al nuevo escenario internacional. Nuestros productores, nuestro campo, nuestras empresas están en condiciones de avanzar hacía allí y todos los días trabajamos para generar reglas previsibles”.

La Asociación Maíz y Sorgo Argentino (MAIZAR) nuclea a organismos, instituciones y cámaras empresariales que representan a la cadena productiva, científica, industrial y comercial del maíz y sorgo con el fin de promocionar el crecimiento de estos insumos y generar un mayor volumen de oferta para las industrias capaces de darles un más alto valor agregado.

Participaron de la jornada el Ministro de Desarrollo Agrario de la Provincia de Buenos Aires, Javier Rodríguez; de Agricultura y Ganadería de Córdoba, Sergio Busso; de Producción, Ciencia y Tecnología de la provincia de Santa Fe, Daniel Costamagna; de Producción, Turismo y Desarrollo Económico de Entre Ríos, Juan José Bahillo; y el titular de la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados, Ricardo Buryaile.

En tanto, Julián Domínguez estuvo acompañado por el Secretario de Alimentos, Bioeconomía y Desarrollo Regional, Luis Contigiani; los subsecretarios Delfo Buchaillot (Agricultura), Javier Preciado Patiño (Subsecretario de Mercados Agropecuarios) y Ariel Martínez (Coordinación Política); y el titular del INASE, Obdulio San Martín.

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