Contado con Liquidación

El BCRA flexibiliza el cepo, compró US$281 millones y busca sostener reservas sin perder control del dólar

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El Banco Central de la República Argentina avanzó con un paquete de medidas que reconfigura el esquema cambiario en Argentina: flexibilizó el ingreso y uso de divisas, eliminó restricciones para personas físicas y empresas, y al mismo tiempo reforzó controles para evitar maniobras especulativas. La decisión se complementó con una compra de US$ 281 millones —la mayor del año— y un cierre del dólar en torno a $1.405, en un contexto donde la acumulación de reservas se convirtió en un eje central de la política económica.

El movimiento, formalizado a través de la Comunicación A8417, expone la tensión de fondo: avanzar hacia una normalización del mercado cambiario sin perder capacidad de intervención.

Cambios en el régimen cambiario: más flexibilidad para exportadores y empresas

El núcleo de la medida apunta a modificar incentivos en el mercado de divisas. A partir de ahora, las personas humanas que exportan bienes deberán ingresar los dólares al país, pero ya no estarán obligadas a liquidarlos en pesos. El cambio equipara su tratamiento al de exportaciones de servicios y busca mejorar la competitividad externa.

En paralelo, el Central extendió los plazos para el ingreso de divisas en operaciones entre empresas vinculadas: pasaron de 60 a 180 días para montos mayores y hasta 365 días en sectores específicos como indumentaria o industrias estratégicas. Esta decisión apunta a dar mayor previsibilidad financiera en cadenas productivas con vínculos internacionales.

También se habilitó el acceso al mercado de cambios para cubrir riesgos en deudas en monedas distintas al dólar, una herramienta clave para empresas con exposición cambiaria. A su vez, se facilitaron pagos de obligaciones negociables y la cancelación de deudas intrafirma bajo esquemas de refinanciación.

En términos operativos, el paquete busca destrabar flujos financieros que estaban limitados, sin liberar completamente el mercado.

Apertura para personas físicas y nuevos controles para evitar arbitraje

Uno de los cambios más visibles impacta en el consumo: se eliminó el límite de US$ 50 por extracción de efectivo en el exterior con tarjeta, una restricción que afectaba directamente a viajeros. La medida apunta a simplificar operaciones cotidianas fuera del país.

Sin embargo, la flexibilización convive con mayores controles. El BCRA amplió el alcance de la “restricción cruzada”, un mecanismo diseñado para evitar arbitrajes entre distintos tipos de cambio financieros.

Desde ahora, quienes transfieran dólares al exterior no podrán operar con títulos en moneda extranjera durante 90 días. La medida busca bloquear estrategias especulativas entre el dólar MEP y el contado con liquidación (CCL), reforzando el control sobre los flujos financieros.

El esquema muestra un patrón claro: cada apertura viene acompañada de nuevos “candados” regulatorios.

Reservas, dólar y estrategia oficial: el equilibrio en juego

El trasfondo de las decisiones es la necesidad de fortalecer reservas. En la misma jornada en que se anunciaron los cambios, el BCRA compró US$ 281 millones, el mayor volumen en lo que va del año, acumulando cerca de US$ 5.000 millones desde el inicio del programa cambiario.

Parte de esos fondos, según lo informado, fueron utilizados por el Tesoro para afrontar vencimientos de deuda, lo que reduce el margen neto de acumulación.

El comportamiento del dólar —que cerró en torno a $1.405— refleja una dinámica contenida en el corto plazo, aunque condicionada por múltiples variables: ingreso de divisas del agro, expectativas financieras y consistencia del esquema regulatorio.

Incentivos, control y señales al mercado

Las medidas reconfiguran incentivos para distintos actores: Exportadores: ganan flexibilidad al no estar obligados a liquidar divisas, lo que puede mejorar márgenes y timing financiero. Empresas: acceden a herramientas para gestionar riesgos cambiarios y deudas, clave en un contexto de volatilidad. Personas físicas: ven simplificadas operaciones en el exterior. Mercado financiero: enfrenta mayores restricciones para arbitrajes, lo que limita estrategias especulativas.

Desde el punto de vista macroeconómico, el objetivo es doble: incentivar la oferta de dólares genuinos y evitar tensiones en los mercados paralelos.

Impacto potencial en economías exportadoras del NEA

Si bien las medidas no tienen un enfoque territorial específico, su impacto potencial alcanza a regiones exportadoras como Misiones y el NEA. Sectores vinculados a economías regionales podrían beneficiarse de la mayor flexibilidad para administrar divisas, especialmente en actividades con inserción internacional.

No obstante, el efecto dependerá de la capacidad real de exportación y de las condiciones de competitividad de cada cadena productiva.

Reservas, confianza y sostenibilidad del esquema

El nuevo paquete del BCRA refuerza una estrategia gradualista: avanzar en flexibilizaciones sin desarmar completamente los controles. La clave estará en sostener el ingreso de divisas y evitar desbordes en los tipos de cambio financieros.

Las próximas semanas estarán marcadas por tres variables: la liquidación del agro, la evolución de las reservas netas y la reacción del mercado ante el nuevo equilibrio entre apertura y regulación.

El resultado de esa combinación definirá si el esquema logra consolidarse o si vuelve a tensionarse.

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El dólar se mantiene lejos del techo de la banda y le da margen al Gobierno en su estrategia cambiaria

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En el inicio de la semana, el dólar volvió a moverse dentro de la zona de confort del esquema cambiario oficial. Este lunes 6 de abril, la cotización en el Banco Nación cerró en $1.365 para la compra y $1.416 para la venta, mientras que el dólar mayorista se ubicó en $1.394, un 19,4% por debajo del techo de la banda de flotación fijado en $1.664,71. El dato no es menor: en un contexto internacional atravesado por tensiones geopolíticas y volatilidad en commodities, la estabilidad cambiaria local abre una pregunta clave en el escenario político-económico: ¿se consolida el control del Gobierno o es una calma sostenida por factores transitorios?

Un dólar contenido y un esquema que gana tiempo

El comportamiento del tipo de cambio muestra una dinámica atípica respecto del contexto global. Mientras variables como el precio del petróleo registran movimientos asociados a conflictos internacionales, el dólar en Argentina se mantiene lejos de la zona de intervención del Banco Central.

El esquema de bandas cambiarias encuentra, al menos en este inicio de mes, un margen operativo amplio. El hecho de que el dólar mayorista —referencia central para la política monetaria— se ubique casi 20% por debajo del techo implica que el Banco Central no enfrenta presiones inmediatas para intervenir.

Ese dato traduce una consecuencia política concreta: el Gobierno gana tiempo. Puede sostener su estrategia sin recurrir a herramientas más agresivas, evitando señales de tensión en el mercado.

Brecha contenida y señales del mercado financiero

Las distintas cotizaciones también reflejan un mapa relativamente ordenado. El dólar blue cerró en $1.390 para la compra y $1.400 para la venta, apenas por debajo del oficial. En tanto, los financieros operaron por encima: el MEP en $1.427,80/$1.430,30 y el contado con liquidación en $1.481,60/$1.482,30. El dólar tarjeta, por su parte, alcanzó los $1.839,50.

La dispersión entre tipos de cambio existe, pero no muestra saltos abruptos. En términos políticos, esa relativa estabilidad reduce uno de los focos tradicionales de presión sobre la gestión económica: la brecha cambiaria.

Sin embargo, el equilibrio no es homogéneo. La diferencia entre el dólar oficial y los financieros sigue marcando expectativas del mercado, especialmente en escenarios de incertidumbre global.

Impacto en la estrategia económica y la correlación de fuerzas

Un dólar contenido fortalece al Gobierno en varios frentes. Por un lado, le permite sostener el discurso de orden macroeconómico. Por otro, reduce el riesgo de traslado a precios en el corto plazo, un factor clave en la dinámica inflacionaria.

Al mismo tiempo, el margen respecto del techo de la banda funciona como un amortiguador político. Evita decisiones disruptivas y le da previsibilidad a la política cambiaria, al menos en la superficie.

Pero esa misma estabilidad también condiciona. Depende de variables externas —como el comportamiento de los mercados internacionales— y de la consistencia interna del programa económico. Cualquier alteración en esas condiciones puede reconfigurar rápidamente el escenario.

Un equilibrio bajo observación

El arranque de abril muestra un dólar alineado con la estrategia oficial y lejos de los límites del sistema. Es una señal de control, pero también de fragilidad potencial.

En las próximas semanas, el foco estará puesto en si esta estabilidad logra sostenerse frente a un contexto internacional volátil y a las tensiones propias del mercado local. El margen existe. La incógnita es cuánto puede durar.

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El dólar encadena tres bajas y el Gobierno apuesta a consolidar la estabilidad cambiaria

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El dólar oficial cayó por tercera jornada consecutiva y cerró en $1.368, con una baja diaria de $9,50 (-0,7%), en un escenario que el Gobierno busca consolidar como señal de estabilización macroeconómica. La cotización minorista perforó los $1.400 en el Banco Nación —cerró en $1.390—, algo que no ocurría desde el 23 de febrero, mientras que la brecha con el techo de la banda superó el 20% por primera vez en nueve meses.

El movimiento no es menor. En un contexto donde la política económica intenta anclar expectativas, la baja del dólar se convierte en un dato político: refuerza el discurso oficial de control de variables clave, pero al mismo tiempo expone la dependencia de factores externos y financieros que todavía no terminan de consolidarse.

Estabilidad cambiaria: entre el flujo de divisas y la estrategia del Tesoro

La dinámica actual del mercado cambiario se apoya en un elemento central: la expectativa de un flujo sostenido de dólares en el corto plazo. En esa ecuación confluyen tres variables.

Por un lado, la recuperación del superávit energético, que comienza a revertir una de las fuentes históricas de presión sobre las reservas. Por otro, la inminente liquidación de la cosecha agrícola a partir del próximo mes, que suele reforzar la oferta de divisas en el segundo trimestre del año.

A esto se suma una tercera pata: el nivel de tasas en pesos, que incentiva la colocación en instrumentos del Tesoro a corto plazo. Este esquema no solo absorbe liquidez, sino que también actúa como un factor de contención sobre la demanda de dólares financieros.

En ese marco, los tipos de cambio alternativos se mantienen relativamente alineados: el dólar MEP opera en torno a $1.399,70, el contado con liquidación en $1.448,72 y el blue en $1.425. El dólar tarjeta, con el recargo del 30% deducible de Ganancias, se ubica en $1.807.

Impacto económico: alivio parcial y señales mixtas

La baja del dólar tiene efectos directos sobre la economía real, aunque con matices. En el corto plazo, contribuye a moderar expectativas inflacionarias, especialmente en bienes transables o vinculados a importaciones. También mejora el margen para sostener tasas en pesos sin generar presión inmediata sobre el tipo de cambio.

Sin embargo, el traslado al bolsillo no es automático. La estabilidad cambiaria convive con otros factores de presión, como costos regulados o dinámicas internas de precios. Además, el propio esquema que sostiene la calma —tasas elevadas y expectativa de ingreso de divisas— implica costos financieros que pueden impactar en la actividad.

En términos políticos, el Gobierno encuentra en este dato un respaldo para su estrategia, pero no necesariamente una validación definitiva. La estabilidad cambiaria es condición necesaria para la recuperación, pero no suficiente.

Un equilibrio en construcción

La caída del dólar por tres jornadas consecutivas marca un punto de inflexión táctico, pero no cierra el debate sobre la sostenibilidad del esquema. La clave estará en si el flujo de divisas se consolida más allá de factores estacionales y si el mercado mantiene la confianza en los instrumentos en pesos.

En las próximas semanas, el foco se trasladará a la magnitud de la liquidación agrícola y al comportamiento de las tasas. También a la capacidad del Gobierno para sostener este equilibrio sin generar nuevas tensiones.

Por ahora, el dólar baja y el mercado toma nota. Pero la pregunta sigue abierta: ¿es el inicio de una estabilidad estructural o apenas una ventana de calma en un proceso todavía en desarrollo?

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El Banco Central suma US$124 millones y consolida la mayor racha compradora

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La entidad acumula 41 ruedas consecutivas de compras en el mercado oficial y casi US$3.000 millones en 2026. La dinámica fortalece la estrategia cambiaria del Gobierno, aunque las reservas volvieron a caer por factores externos.

Un Banco Central comprador en un contexto global adverso

El Banco Central aceleró este jueves su intervención en el mercado de cambios y compró US$124 millones, en una jornada que extendió la racha compradora a 41 ruedas consecutivas, la más larga desde 2012. La operación consolidó un saldo positivo cercano a US$3.000 millones en lo que va de 2026, en un contexto internacional más volátil por el conflicto en Medio Oriente y el fortalecimiento global del dólar.

El dato no pasó desapercibido en la City. El inicio de marzo suele estar marcado por una mayor demanda minorista de divisas y pagos vinculados a consumos en el exterior, un escenario que habitualmente presiona al mercado cambiario. Sin embargo, la autoridad monetaria logró sostener compras netas y mantener estabilidad relativa en el tipo de cambio, con el dólar minorista promedio vendedor en $1.425,473.

La pregunta que empieza a circular entre analistas es si esta dinámica representa una señal de fortaleza estructural del esquema cambiario del Gobierno o si se trata de una ventana transitoria sostenida por condiciones específicas del mercado.

La dinámica del mercado oficial y el rol central del BCRA

Según el seguimiento de la consultora Facimex, en las primeras tres ruedas de marzo el Banco Central acumuló compras por US$127 millones en el mercado de cambios, distribuidas en US$70 millones el lunes, US$17 millones el martes y US$40 millones el miércoles.

La secuencia se amplió con la intervención de este jueves, que elevó la magnitud de las compras diarias y reforzó una tendencia que el mercado evalúa en dos dimensiones: persistencia y volumen. La continuidad de las intervenciones es clave para medir si el proceso de acumulación de reservas responde a una estrategia sostenida o a condiciones circunstanciales.

En ese sentido, el actual ciclo de 41 ruedas consecutivas de compras en el mercado oficial se convirtió en un indicador político y económico relevante. La última vez que el Banco Central registró una racha comparable fue en 2012, cuando alcanzó 52 jornadas consecutivas.

La comparación adquiere mayor peso porque, al observar la intervención cambiaria en dólares constantes durante las primeras ruedas de cada año, 2026 se ubica entre los tres mejores registros de la última década. El acumulado de US$2.800 millones queda solo por detrás de 2025 (US$3.700 millones) y 2024 (US$6.400 millones).

Los tres registros corresponden al actual ciclo de política económica, un dato que el mercado utiliza para evaluar consistencia y sostenibilidad del esquema cambiario.

Reservas en retroceso y señales mixtas

Pese a las compras, las reservas brutas cayeron US$383 millones y cerraron en US$45.825 millones, perforando nuevamente el umbral de los US$46.000 millones.

La baja respondió principalmente a factores de valuación y compromisos externos. La caída del precio del oro, que retrocedió 1,4%, generó una pérdida cercana a US$200 millones, mientras que los pagos a organismos internacionales sumaron alrededor de US$30 millones.

Este contraste entre compras sostenidas en el mercado oficial y retrocesos en el stock de reservas ilustra una de las tensiones estructurales del frente cambiario: acumular divisas no siempre se traduce de forma inmediata en mayor nivel de reservas, especialmente cuando intervienen factores financieros globales.

Tipo de cambio y tasas: el equilibrio que busca el Gobierno

El tablero cambiario mostró movimientos moderados en las distintas cotizaciones.

El dólar mayorista subió $6,50 y cerró en $1.407, consolidándose por encima de los $1.400, mientras que el dólar minorista en el Banco Nación avanzó 0,4% hasta $1.425. En paralelo, el dólar blue retrocedió a $1.400, con una baja diaria de $15.

En los segmentos financieros, el contado con liquidación (CCL) se ubicó en $1.474,93 y el MEP en $1.432,10, mientras que el dólar tarjeta alcanzó $1.852,50.

Las tasas también forman parte del esquema de estabilización. La TAMAR de bancos privados se ubicó en 31,00% nominal anual y la BADLAR en 28,44%, niveles que el sistema financiero utiliza como referencia para sostener el atractivo relativo de los instrumentos en pesos frente a la dolarización.

Un peso fortalecido y un Tesoro con bajo protagonismo

Otro dato relevante del reporte es el rol limitado del Tesoro en el mercado de cambios. Facimex registró ventas por US$265 millones en enero y estima que en febrero el resultado fue prácticamente neutro.

Según esa reconstrucción, el Tesoro realizó una compra de US$132 millones el 23 de febrero y ventas por US$118 millones entre el 24 y el 26, lo que confirma un protagonismo acotado frente a la intervención del Banco Central.

En ese marco, el peso mostró una fortaleza inusual: las compras de divisas no generaron presiones cambiarias y el tipo de cambio se mantuvo lejos del techo de la banda. Durante el primer bimestre del año la moneda argentina se apreció 3,5%, y en el inicio de marzo sumó 0,5% adicional, convirtiéndose en la moneda emergente con mejor desempeño relativo, incluso en un contexto global de fortalecimiento del dólar.

Un frente cambiario que sigue bajo observación

La dinámica actual ofrece al Gobierno un margen de estabilidad en uno de los frentes más sensibles de la economía. La continuidad de compras del Banco Central, combinada con un tipo de cambio contenido y tasas en niveles positivos, refuerza la narrativa oficial de un esquema cambiario ordenado.

Sin embargo, el escenario externo introduce un elemento de incertidumbre. La guerra en Medio Oriente elevó la aversión al riesgo global y fortaleció al dólar frente a otras monedas, una tendencia que podría trasladar presión a los mercados emergentes.

En ese contexto, la clave para las próximas semanas será observar si la racha compradora del Banco Central logra sostenerse cuando aumenten las tensiones financieras externas o si el actual equilibrio responde a condiciones transitorias del mercado.

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El dólar oficial sube 1,4% y queda a 13,8% del techo de la banda: presión externa y más demanda de cobertura

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El dólar oficial volvió a tensar el esquema cambiario del Gobierno. Este martes cerró a $1.435 para la venta en el Banco de la Nación Argentina, con una suba diaria de 1,4% y el nivel más alto en tres semanas. En el segmento mayorista avanzó a $1.417 y quedó a 13,8% del techo de la banda cambiaria fijada por el Ejecutivo.

El movimiento se dio en un contexto de volatilidad internacional tras la escalada del conflicto en Medio Oriente, con presión sobre activos emergentes y mayor demanda de cobertura en moneda dura. La pregunta que empieza a circular en el mercado es si se trata de un ajuste transitorio dentro del régimen de bandas o de un test más exigente para la estrategia cambiaria oficial.

Bandas cambiarias y expectativas de deslizamiento

El esquema vigente permite fluctuaciones dentro de una banda con límites preestablecidos. El hecho de que el mayorista quede a 13,8% del techo no implica un quiebre inmediato, pero sí reduce el margen si la presión se mantiene.

Las cotizaciones financieras acompañaron la suba. El dólar MEP operó en torno a $1.438, el contado con liquidación (CCL) se ubicó cerca de $1.483 y el dólar blue se negoció a $1.420. El dólar tarjeta alcanzó los $1.865,50, con el recargo del 30% a cuenta de Ganancias.

En el mercado de futuros, los contratos registraron alzas de hasta 2,2%. Los operadores proyectaron un tipo de cambio mayorista en torno a $1.446 hacia fines de marzo, lo que sugiere que el mercado descuenta un deslizamiento controlado dentro del esquema actual, sin ruptura abrupta.

Compras del Banco Central y señal de intervención

En paralelo a la suba, el Banco Central de la República Argentina mantuvo su ritmo comprador. Este martes adquirió USD 70 millones en el mercado oficial y acumuló 39 ruedas consecutivas con saldo positivo. En lo que va del año suma compras por USD 2.783 millones.

El dato es relevante desde la lectura de poder: pese a la presión cambiaria, la autoridad monetaria no perdió capacidad de intervención y continúa fortaleciendo reservas. El lunes, además, se acreditó el pago de la segunda cuota de amortización de los Bopreales por casi USD 1.000 millones, sin alterar el ritmo comprador.

Esa dinámica busca sostener credibilidad en el régimen de bandas y evitar que la suba del tipo de cambio se traduzca en expectativas desancladas.

Demanda privada y cobertura en dólares

La demanda privada sigue firme. En enero, las compras netas para atesoramiento alcanzaron USD 2.730 millones, el mayor registro para ese mes desde 2018, según datos oficiales.

Ese flujo explica parte de la tensión. En un escenario internacional inestable, los agentes económicos buscan cobertura. El mercado no solo reacciona a variables domésticas, sino también al frente externo.

La combinación de compras oficiales y demanda privada elevada configura un equilibrio delicado: el Banco Central acumula reservas, pero el dólar avanza dentro de la banda.

Margen acotado y variables externas

El tipo de cambio todavía opera dentro de los parámetros definidos por el Gobierno. Sin embargo, el acercamiento al techo de la banda reduce el espacio de maniobra si la volatilidad global se profundiza.

En las próximas semanas el foco estará puesto en tres variables: la continuidad del saldo comprador del Banco Central, la evolución del conflicto internacional y el comportamiento de la demanda privada.

Por ahora, el mercado parece validar un deslizamiento gradual sin ruptura del esquema. Pero el dólar volvió a convertirse en termómetro político y económico. La solidez del régimen cambiario dependerá de que la acumulación de reservas y la disciplina monetaria alcancen para absorber la presión sin modificar las reglas de juego.

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