COP30

Un superrico contamina con carbono 400 veces más que un pobre

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Inter Press Service – Una persona del 0,1 por ciento más rico del mundo emite más de 800 kilos de dióxido de carbono (CO2) al día, mientras que alguien del 50 % más pobre emite una media de solo dos kilos diarios, muestra el más reciente informe, sobre el desastre climático, de la coalición internacional contra la pobreza Oxfam.

“La crisis climática es una crisis de desigualdad. Las personas más ricas del mundo están financiando y beneficiándose de la destrucción del clima, dejando que la mayoría de la población mundial soporte las fatales consecuencias de su poder sin control”, afirmó Amitabh Behar, director ejecutivo de Oxfam International.

El estudio, colmado de datos y cifras y titulado “El saqueo climático: cómo unos pocos poderosos están llevando al mundo al desastre”, se realizó de cara a la 30 Conferencia de las Partes (COP30) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), que se inicia el 10 de noviembre en Belém, una ciudad de la Amazonia brasileña.

Revela que los estilos de vida de los superricos están agotando el presupuesto de carbono restante del mundo. Es decir, la cantidad de CO2 que se puede emitir sin provocar un desastre climático.

Una persona del 0,1 % más rico (a lo sumo unos ocho millones en una población mundial que rebasa los 8200 millones) produce más contaminación por carbono en un día que alguien del 50 % más pobre en todo un año.

Desde 1990, el 0,1 % más rico ha aumentado su cuota de emisiones totales en 32 %. Mientras que la mitad más pobre de la humanidad ha visto reducir su cuota en tres por ciento.

Si todo el mundo emitiera carbono como el 0,1 % más rico, el presupuesto de carbono —la cantidad de CO2 que se puede emitir sin provocar un desastre climático— se agotaría en menos de tres semanas.

Para mantenerse dentro de los límites del umbral de 1,5 grados centígrados (°C), el 0,1 % más rico tendría que reducir sus emisiones per cápita en 99 % para 2030.

Con el Acuerdo de París de 2015, la casi totalidad de las naciones pactaron trabajar para que el calentamiento del planeta no superase el umbral de 1,5 °C sobre la temperatura media de la era preindustrial (1850-1900) para el año 2050, ni más de dos grados para finales de este siglo.

Las emisiones del uno por ciento más rico son suficientes para causar 1,3 millones de muertes relacionadas con el calor a finales de siglo. Así como 44 billones (millones de millones) de dólares de daños económicos a los países de ingresos bajos y medios-bajos para 2050.

Los efectos de estos daños climáticos afectarán de manera desproporcionada a quienes menos han contribuido a la crisis climática. En particular a las personas que viven en el Sur global, con mayor impacto en las mujeres, las niñas y los grupos indígenas, indica Oxfam.

La investigación también detalla cómo los multimillonarios están utilizando su influencia política y económica para mantener a la humanidad dependiente de los combustibles fósiles. Con el fin de maximizar sus beneficios privados.

Señala que los súper ricos no solo consumen carbono en exceso. Sino que también invierten activamente en las empresas más contaminantes y se benefician de ellas.

El multimillonario promedio produce 1,9 millones de toneladas de CO2 equivalente al año a través de sus inversiones, revela la investigación. Esos multimillonarios tendrían que dar casi 10 000 vueltas al mundo en sus jets privados para emitir semejante cantidad.

Casi 60 % de las inversiones de los multimillonarios se clasifican como sectores de alto impacto climático, como el petróleo o la minería. Lo que significa que sus inversiones emiten dos veces y media más que una inversión media en el índice de capitalización bursátil S&P Global 1200.

Las emisiones de las carteras de inversión de solo 308 multimillonarios suman más que las emisiones combinadas de 118 países.

El poder y la riqueza de las personas y empresas multimillonarias también les han permitido ejercer una influencia injusta en la elaboración de políticas. Y diluir las negociaciones sobre el clima, sostiene el reporte de Oxfam.

En la COP29 (en Bakú, 2024), se concedieron acreditaciones a 1773 lobistas del carbón, el petróleo y el gas. Más que a los 10 países más vulnerables al clima juntos.

Varios países ricos y con altas emisiones, como Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania, han diluido las leyes climáticas tras recibir grandes donaciones de los lobistas contrarios al clima.

Behar comentó que “los súper ricos y las empresas que dirigen tienen un historial mortífero de financiar a grupos de presión, difundir desinformación sobre el clima. Y demandar a las ONG y los gobiernos que intentan interponerse en su camino”.

“Debemos romper el dominio de los superricos sobre la política climática gravando su riqueza extrema, prohibiendo sus actividades de presión. Y, situando a los más afectados por la crisis climática en primera línea de la toma de decisiones”, agregó el responsable de Oxfam.

La coalición presenta una serie de demandas en el contexto de la COP30. Comenzando por reducir drásticamente las emisiones de los súper ricos. Y hacer que los contaminadores más ricos paguen -mediante impuestos sobre la riqueza extrema- tributos sobre los beneficios excesivos de las empresas de combustibles fósiles.

Estima que un impuesto de 60 % sobre los ingresos totales del uno por ciento más rico a nivel mundial podría reducir las emisiones de carbono equivalentes al total de las del Reino Unido y generar alrededor de 6,4 billones de dólares.

Apunta a frenar la influencia económica y política de los más ricos. Prohibiendo a las empresas de combustibles fósiles participar en negociaciones climáticas como la COP. Con normas de sostenibilidad a las empresas y las instituciones financieras.

Propone reforzar la participación de la sociedad civil y los grupos indígenas en las negociaciones sobre el clima. Y abordar los efectos desiguales del cambio climático.

Además, adoptar un enfoque de reparto equitativo del presupuesto climático restante, comprometiéndose con las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC en inglés) que reflejen la responsabilidad histórica y la capacidad de actuar, y garantizando que los países ricos proporcionen una financiación climática ambiciosa.

Finalmente expresa como propuesta “construir un sistema económico equitativo que anteponga a las personas y al planeta. Rechazando la economía neoliberal dominante y avanzando hacia una economía basada en la sostenibilidad y la igualdad”.

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El Sur global puede reequilibrar la agenda climática en Belém

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Por Joyce Chimbi / Inter Press Service – El principal negociador de Gambia en materia de mitigación cree que la 30 Conferencia de las Partes (COP30) sobre cambio climático ofrece una oportunidad única para reequilibrar el liderazgo climático mundial.

«Esta COP no puede quedar envuelta en la vaguedad. Hay demasiado en juego», afirma Malang Sambou Manneh en una entrevista con IPS, cuando se acercan las nuevas negociaciones sobre el clima. Identificó una amplia gama de cuestiones que se espera que definan las COP30, que acogerá la ciudad de Belém do Pará, en el norte de Brasil, entre el 10 y el 21 de noviembre.

La comunidad climática mundial se congregará por primera vez en la Amazonia, la selva intacta más grande del mundo, donde viven más de 24 millones de personas solo en Brasil, incluidos cientos de pueblos indígenas. Aquí, los delegados se enfrentarán cara a cara con la realidad del cambio climático y verán lo que está en juego.

La COP30, la cumbre anual sobre el clima de las Naciones Unidas, promete ser inclusiva y centrada en las personas. Pero con una geopolítica fragmentada y frágil, las negociaciones para alcanzar el mejor acuerdo climático no serán fáciles.

Sambou, un destacado negociador climático que ha asistido a todas las COP, afirma que un Sur global unificado está a la altura de la tarea.

El entrevistado, Malang Sambou Manneh, en una actividad con las becarias de She-Climate en su país, Gambia. Imagen: Clean Earth Gambia / Facebook

Destacó en particular la necesidad de un «enfoque inquebrantable en la mitigación o en las acciones para reducir o prevenir las emisiones de gases de efecto invernadero».

El problema de la financiación climática

Consideró que el Programa de Trabajo sobre Mitigación es fundamental, ya que es un proceso establecido por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cmnucc) en la COP26 para ampliar urgentemente la ambición y la implementación de los esfuerzos para mitigar el cambio climático a nivel mundial. Esa COP se celebró en la ciudad escocesa de Glasgow en 2021.

Sambou habló sobre las diferencias entre la COP30 y las conferencias anteriores por las especiales expectativa del Sur global, el problema de los combustibles fósiles y la tantalesca financiación climática.

Detacó que «al igual que ocurrió en Bakú, Azerbaiyán, con la COP29, Belém será una ‘COP financiera’, ya que la financiación climática sigue siendo el principal obstáculo. Las negociaciones serán difíciles, pero preveo un mejor resultado en esta ocasión».

Se espera que pronto se publique la Hoja de ruta de Bakú a Belém hacia 1,3 billones (millones de millones) de dólares, en la que se esboza un marco de las presidencias de la COP29 y la COP30 para ampliar la financiación climática para los países en desarrollo hasta al menos 1,3 billones de dólares anuales para 2035.

A diferencia de conferencias anteriores, la COP30 se centra en cerrar la brecha de ambición identificada por el Balance Mundial, una revisión periódica que permite a los países y otras partes interesadas, como el sector privado, hacer un inventario para evaluar el progreso colectivo del mundo en el cumplimiento de sus objetivos climáticos.

El primer balance se completó en la COP28 en 2023, celebrada en Dubái, revelando que los esfuerzos actuales son insuficientes y que el mundo no está en camino de cumplir el Acuerdo de París, alcanzado en la capital francesa en la COP21, en 2015.

Oportunidades de acción climática sostenibles

Pero aunque el Acuerdo de París, un tratado internacional jurídicamente vinculante sobre el cambio climático, partió con muy buen pie cuando entró en vigor en noviembre de 2016, esa unidad está hoy lejos de estar garantizada.

Siempre iba a ser difícil encontrar oportunidades de acción climática sostenibles y de gran impacto en medio de la turbulencia geopolítica. El presidente Donald Trump no solo retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París, sino que ahora se ha reactivado en contra de los programas climáticos y apoya firmemente los combustibles fósiles. Y peor aún hay quienes escuchan su mensaje.

Sambou afirma que, aunque esta postura «podría afectar a la transición de los combustibles fósiles a las energías limpias, son muchos más los países que están a favor de las energías renovables que los que se oponen a ellas».

«Pero las cuestiones energéticas son complejas porque los combustibles fósiles han sido una forma de vida durante siglos, y los países desarrollados los han aprovechado para acelerar su desarrollo», renoce.

Más tarde, añade, «los países en desarrollo también comenzaron a descubrir su petróleo y gas, pero no deben tocarlos para acelerar su propio desarrollo y, en cambio, deben pasar a las energías renovables. Es una situación compleja».

Ilham Aliyev, presidente de Azerbaiyán, describió el petróleo como un «regalo de Dios» en la COP29 para defender la dependencia de su país de los combustibles fósiles a pesar de las preocupaciones por el cambio climático.

Transición energética

Esta declaración pone de relieve la complejidad de la situación, sobre todo porque se produjo solo un año después de que el histórico Consenso de los Emiratos Árabes Unidos, logrado en Dubái con gran esfuerzo en la COP28, incluyera la primera referencia explícita a «transición para abandonar todos los combustibles fósiles en los sistemas energéticos» en un acuerdo de la COP.

Como negociador, Sambou afirma que es muy consciente de esta dinámica, pero aconseja que la comunidad internacional «no combatirá con éxito los combustibles fósiles diciendo que son malos y perjudiciales; debemos hacerlo a través de la tecnología».

«Mostrando alternativas que funcionan, esta es una oportunidad para que el Sur global tome la iniciativa y presente las mejores prácticas en materia de energías renovables», aduce.

Y parece que hay pruebas que respaldan su optimismo. Un informe reciente muestra que la adopción de las energías renovables superará a la generación de carbón por primera vez en la historia en la primera mitad de 2025, y que la energía solar y eólica superarán el crecimiento de la demanda.

En esta ocasión, el Sur global tiene mucho trabajo por delante, ya que se espera que dé un paso al frente y proporcione el liderazgo que tanto se necesita, mientras los líderes occidentales se retiran para abordar los problemas urgentes de sus países, definidos por la escalada de las crisis económicas, los problemas de inmigración, los conflictos y el malestar social.

Sambou ve oportunidades en el liderazgo del mundo en desarrollo, especialmente a medida que se acumulan las pruebas científicas sobre los efectos de la crisis climática.

La Organización Meteorológica Mundial prevé que se mantengan las temperaturas globales récord, lo que aumentará los riesgos climáticos y podría marcar el primer quinquenio, 2025-2029.

Sambou afirma que no todo está perdido a la luz de los nuevos y ambiciosos planes de acción climática nacionales o las contribuciones determinadas a nivel nacional, las NDC.

En septiembre venció el plazo para presentar un nuevo conjunto de estas contribuciones, que servirán de guía para las negociaciones de la COP30.

En busca de soluciones escalables

Cada cinco años, se pide a los gobiernos signatarios del Acuerdo de París que presenten nuevos planes nacionales sobre el clima en los que se detallen objetivos más ambiciosos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y de adaptación.

«La ambición nunca ha sido un problema; lo que sigue siendo una cuestión apremiante es la falta de aplicación. Los planes de acción no pueden aplicarse sin financiación. Por eso es preocupante la fragmentación política actual, ya que si alguna vez ha habido un momento para permanecer unidos, es ahora. La supervivencia de la humanidad depende de ello», subraya.

Y añade: «En lugar de limitarnos a establecer nuevos objetivos en Belém, esta vez es mejor que impulsemos unas pocas soluciones escalables, compromisos de los que podamos responsabilizarnos firmemente, que 200 páginas de resultados que nunca se traducirán adecuadamente en acciones climáticas».

A pesar de los numerosos retos que se plantean y de dar un paso adelante y dos atrás aquí y allá, desde el corazón de la selva amazónica, se espera que el énfasis de la COP30 en el papel fundamental de los bosques tropicales y las soluciones basadas en la naturaleza impulse de manera significativa las medidas en favor del crecimiento medioambiental y económico.

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Misiones, referente en bioeconomía y acción climática rumbo a la COP30 en Brasil

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Misiones reafirma su liderazgo ambiental en el Encuentro Federal “Camino a la COP30” en Paraná, Entre Ríos.

La provincia consolidó su rol en la Alianza Verde Argentina y compartió su experiencia en políticas de acción climática junto a gobiernos subnacionales, organismos internacionales y el sector privado.

Un espacio estratégico rumbo a la COP30 en Belém

La provincia de Misiones volvió a destacarse en la agenda climática nacional tras su participación en el Encuentro Federal “Camino a la COP30”, realizado en Paraná, Entre Ríos. El evento, organizado en el marco de la Alianza Verde Argentina (AVA), reunió a representantes de las provincias de Entre Ríos, Córdoba, La Pampa, Jujuy y Santa Fe, consolidando este espacio como la principal instancia de articulación territorial frente a los desafíos del cambio climático.

El encuentro, celebrado en el MiradorTEC, fue la segunda edición de la antesala argentina a la cumbre global de Naciones Unidas sobre cambio climático (COP30), que se desarrollará en Belém, Brasil, en 2025, cuando se cumplan diez años del Acuerdo de París.
Misiones —que el año pasado había sido sede de la PreCOP29 en Posadas— participó como invitada especial, reafirmando su papel pionero en materia de bioeconomía, conservación y acción climática regional.

La jornada contó con la participación de delegaciones de la Unión Europea, GIZ Argentina, el Consejo Federal de Inversiones (CFI), el Banco Mundial, y representantes del sector privado como Grupo Petersen, Genesis y BYMA, además de referentes académicos y de organizaciones ambientales.

Misiones y la Alianza Verde Argentina: cooperación y liderazgo subnacional

Durante el encuentro, Misiones presentó los avances logrados en materia de acción climática y fortaleció vínculos con provincias que aún no integran formalmente la Alianza Verde Argentina, una red que promueve políticas territoriales sostenibles a nivel federal.
La representación misionera destacó el enfoque de la provincia en torno a la protección de la biodiversidad, la gestión sostenible de los bosques y el impulso de la bioeconomía, pilares que posicionan a Misiones como un referente nacional e internacional en la transición ecológica.

Los debates de la cumbre abordaron ejes centrales como la transición justa hacia economías bajas en carbono, las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN) y los mecanismos de financiamiento climático, temas considerados prioritarios en el camino hacia la COP30.
Expertos del Banco Mundial y de entidades financieras nacionales y extranjeras analizaron los desafíos del acceso al financiamiento para los territorios y la necesidad de movilizar capital verde hacia proyectos ambientales de impacto.

En paralelo, el sector privado y los mercados financieros debatieron sobre el rol de la banca, los bonos verdes y los mercados de carbono como instrumentos de apoyo a la sostenibilidad.
La participación de Pedro Friedrich, de la Fundación Banco de Bosques, aportó una mirada sobre la importancia de las áreas protegidas y la conservación de la biodiversidad, un tema clave en la previa a la COP amazónica.

Rumbo a Belém: una agenda climática con acento federal

El Encuentro Federal Camino a la COP30 no solo buscó consolidar consensos técnicos, sino también fortalecer la voz subnacional argentina de cara a la negociación internacional. En ese marco, la participación de Misiones refuerza su rol estratégico en el Corredor Verde y en la protección del Bosque Atlántico del Alto Paraná, uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta.

La Alianza Verde Argentina se consolida así como un espacio federal de cooperación climática, que articula gobiernos, organismos internacionales y el sector privado en torno a una misma meta: avanzar hacia un modelo de desarrollo sostenible, resiliente y con equidad territorial.
Camino a Belém, las provincias argentinas se preparan para llevar una posición común que refleje sus realidades, necesidades y aportes en materia de mitigación, adaptación y financiamiento climático.

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Las mujeres indígenas exigen su lugar en la COP30

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Por Amanda Magnani, Dialogue Earth. “Somos las guardianas del planeta para que la Tierra sane”. Con este lema, las mujeres indígenas reafirman su papel esencial en la agenda climática mundial y articulan un mensaje unificado para llevar a la COP30, la conferencia climática de las Naciones Unidas que se celebrará en Belém, en la Amazonía brasileña, en noviembre.

La declaración se publicó durante la Marcha Nacional de Mujeres Indígenas, celebrada en Brasilia a principios de agosto, y pretende llamar la atención sobre los efectos desproporcionados de las condiciones meteorológicas extremas en las mujeres y las niñas, especialmente en las mujeres indígenas.

Como guardianas de la biodiversidad y responsables del cuidado de sus familias, comunidades y territorios, las mujeres son las primeras en sentir los impactos, que van desde la inseguridad alimentaria y las dificultades económicas hasta el aumento de la violencia y la sobrecarga de trabajo.

“Las mujeres siempre se ven más afectadas por el cambio climático”, declaró Dalí Angel, coordinadora de proyectos del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (Filac), a Dialogue Earth.

Nayra Kaxuyana, asesora internacional del Ministerio de Pueblos Indígenas de Brasil, añadió que una de las principales demandas que las mujeres plantean a la agencia federal es el apoyo para la construcción de casas de semillas: “Muchas de las semillas que tenemos hoy en día en los territorios ya no se adaptan al clima”, declaró a Dialogue Earth.

Las Naciones Unidas han destacado que las mujeres indígenas, al preservar las semillas, proteger a los polinizadores, fertilizar el suelo con métodos orgánicos y ayudar a mantener intactos los bosques, están a la vanguardia de la conservación del medioambiente. Por esta razón, la agencia reconoce que su participación en la toma de decisiones es crucial para la recuperación y la adaptación frente a los fenómenos climáticos extremos.

“Somos nosotras las que pensamos en el proceso de resiliencia dentro de los territorios”, afirmó Alana Manchineri, asesora internacional de la Coordinación de Organizaciones Indígenas de la Amazonía Brasileña (Coiab). “Somos nosotras las que conocemos todas las plantas medicinales, las que transmitimos nuestros conocimientos a nuestros hijos y las que formamos a los nuevos líderes”.

Delegación indígena sin precedentes

La COP30, que se celebra en la Amazonía, tiene como objetivo reunir a la mayor delegación indígena de la historia. Según la ministra de Pueblos Indígenas de Brasil, Sonia Guajajara, el objetivo es conseguir la acreditación de al menos mil indígenas en la Zona Azul, el espacio oficial donde se celebran las negociaciones entre los gobiernos y las delegaciones internacionales. Hasta la fecha, según Guajajara, las mayores participaciones se registraron en la COP21 de París y la COP28 de Dubái, que contaron con alrededor de 350 representantes indígenas de todo el mundo.

En los últimos meses, la presidencia de la COP30 ha anunciado iniciativas para reforzar la participación en el evento de los pueblos tradicionales, una categoría que en Brasil incluye a las comunidades indígenas y a otras como los quilombolas, formadas por descendientes de africanos esclavizados. Entre ellas se encuentran el Círculo de los Pueblos Indígenas, un foro oficial de diálogo con los líderes; la Aldea COP, un campamento que se espera que acoja a 3.000 indígenas en Belém; y capacitaciones dirigidas principalmente a mujeres de comunidades y organizaciones tradicionales para que puedan participar en los debates internacionales.

Sin embargo, para las mujeres indígenas, llegar a Belém solo será el primer paso. Angel, de Filac, explica que “incluso cuando las mujeres logran llegar al lugar donde se celebra la conferencia, son los hombres [tanto indígenas como no indígenas] los que pueden acceder a la Zona Azul”.

Por eso, para Angel es esencial garantizar la acreditación de las mujeres indígenas, así como de los hombres indígenas. Pero el proceso, dice, es exigente y lleva mucho tiempo. Por esta razón, la alternativa ha sido registrarlas como invitadas de organizaciones asociadas.

“Están decidiendo nuestro futuro a puertas cerradas, donde nuestra voz no está incluida”, añadió Nansendália Ramírez, miembro mexicana de la Alianza Global de Comunidades Territoriales, en su intervención en la primera Conferencia Nacional de Mujeres Indígenas, que tuvo lugar paralelamente a la marcha en Brasilia.

Diplomacia indígena con voces femeninas

Durante aproximadamente un año, representantes de los pueblos indígenas de toda América Latina y el Caribe se han organizado para llegar a la COP30 en una posición más fuerte.

Este movimiento cobró impulso después de que las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) de Brasil al Acuerdo de París —el plan de acción climática que todos los Estados miembros de la ONU deben presentar cada cinco años— presentadas a finales de 2024 fueran consideradas por muchos como insuficientes. “Cuando tuvimos acceso al texto y nos dimos cuenta de que rara vez se mencionaba a los pueblos indígenas, pensamos: esto está mal”, afirmó Manchineri, de Coaib.

En respuesta, el movimiento indígena brasileño presentó sus propias NDC, con propuestas y demandas específicas. Aunque no es oficial y tiene alcance nacional, el documento refleja las agendas comunes de los pueblos indígenas de todo el mundo.

Destacan dos demandas: que los Estados reconozcan la contribución indígena a la mitigación de la crisis climática, incluida la demarcación de territorios en sus NDC; y que las organizaciones indígenas tengan acceso directo a los recursos climáticos —de los que actualmente solo reciben el 1%— sin depender de intermediarios.

“Se nos niega este acceso con el argumento de que carecemos de capacidad técnica y recursos humanos”, afirmó Angel.

Para ella, los retrocesos en los derechos de las mujeres, los niños y los pueblos indígenas hacen aún más urgente llegar a Belém con una agenda sólida y unificada. Esta movilización, añadió, va más allá de América Latina y el Caribe y ha llegado a otras regiones socioculturales donde las lideresas indígenas están articulando ahora sus propias agendas. “El reto es unirnos para construir una agenda común”, dijo. 

Esta coordinación se ha materializado en diferentes espacios. En la conferencia sobre biodiversidad COP16 celebrada en Colombia el año pasado, se creó el G9 Indígena Amazónico, una coalición de organizaciones de los nueve países amazónicos. Luego, en abril, en el Campamento Tierra Libre, un encuentro que reunió a 6.000 indígenas en Brasilia, representantes de la Amazonía, las islas del Pacífico y Australia emitieron una declaración conjunta sobre la COP30.

Una multitud numerosa y animada de activistas con pancartas y carteles, abogando por la protección del medioambiente y los derechos indígenas

El Campamento Tierra Libre, que tuvo lugar en abril, reunió a seis mil indígenas en Brasilia. Allí, representantes de la Amazonía, las islas del Pacífico y Australia emitieron una declaración conjunta sobre la COP30 (Imagen: Myke Sena / DPUCC0)

Del mismo modo, la conferencia de mujeres indígenas celebrada en agosto concluyó con la Carta por la Vida y los Territorios, que reclama fondos para la gestión territorial y la lucha contra la crisis climática, con las mujeres al frente.

El texto también refuerza la centralidad de la tierra en la lucha indígena: “Nuestros cuerpos son territorio. Nuestro territorio es sagrado. Seguiremos organizados, movilizados y luchando por la justicia, el bienestar y la continuidad de la vida en el planeta”.

Para las mujeres indígenas, todo debate comienza con el territorio. ”No se puede hablar de salud, soberanía alimentaria o calidad de vida sin hablar de territorio”, afirmó Angel. Manchineri agregó: “Para nosotras está muy claro: cuando se violan nuestros territorios, se violan todos nuestros otros derechos”.

Una mujer indígena con una blusa verde y adornada con decoraciones coloridas sentada en medio de una reunión

Una mujer indígena del territorio indígena Munduruku Sawré Muybu, en el estado de Pará, por donde fluye el río Tapajós, en una asamblea en la que se revelaron los resultados de pruebas de contaminación. Se han detectado altos niveles de mercurio en las mujeres embarazadas y los niños de la zona, como consecuencia de la actividad minera (Imagen: João Paulo Guimarães / FlickrCC BY NC SA)

“Tenemos una alta tasa de mujeres embarazadas con altos niveles de contaminación por mercurio”, dijo. “A veces, ni siquiera pueden amamantar a sus hijos porque el mercurio está presente en la leche materna”.

Los estudios realizados por el instituto de investigación sanitaria Fiocruz en Pará, el estado del norte de Brasil donde se encuentra Belém, han confirmado esta situación: las mujeres embarazadas y los niños que viven a lo largo de la cuenca del río Tapajós y los pueblos indígenas del territorio Munduruku registraron niveles de mercurio superiores a los límites establecidos por la Organización Mundial de la Salud como consecuencia de la actividad minera.

De la aldea a la COP, y de vuelta a la aldea

Ante los innumerables obstáculos, las mujeres indígenas se han movilizado para aumentar su presencia y garantizar que sus voces se escuchen en las negociaciones formales de la COP30. “Para las mujeres que son madres, hemos buscado apoyo para que sus parejas puedan acompañarlas y cuidar a los niños mientras ellas participan en los eventos”, dijo Manchineri.

Un grupo diverso de personas dentro de una carpa, sosteniendo carteles con diversos mensajes.

Mujeres indígenas guaraní-kaiowá durante la Marcha Nacional de Mujeres Indígenas en Brasilia. Las mujeres indígenas luchan contra el sistema patriarcal e incluso contra la discriminación dentro de sus territorios, señala Nansendália Ramírez, de la Alianza Global de Comunidades Territoriales (Imagen: Amanda Magnani)

“Tenemos que luchar contra todo el sistema patriarcal e incluso contra la discriminación que existe dentro de nuestros territorios”, añadió Nansendália Ramírez.

Manchineri explicó que su estrategia es doble: llevar lo que se debate en los territorios a la mesa internacional y, a su regreso, presentar las decisiones y los avances logrados de forma accesible.

Para apoyar esta estrategia, las lideresas han organizado sus propios talleres y reuniones preparatorias —las pre-COP— además de la formación impartida por la presidencia de la COP. La idea es ayudar a crear conocimiento dentro de las comunidades sobre qué son las conferencias y cómo funcionan, y en última instancia, construir una agenda común.

“Tenemos que llegar empoderadas, con herramientas que nos permitan tener un mayor impacto en los espacios de negociación”, afirmó Ángel.

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