CRIPTOMONEDAS

Claves para no perder plata al cobrar en dólares o criptomonedas en un contexto de mayor control

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Cobrar en dólares o criptomonedas dejó de ser algo excepcional. Hoy es parte del día a día de miles de argentinos que trabajan para el mundo: programadores, diseñadores, marketers, creadores de contenido. Según datos de la plataforma de gestión de cobros de honorarios en criptomonedas, Bitwage, más del 40% de sus usuarios son argentinos, con una facturación mensual promedio superior a los USD 1.640, lo que refleja el crecimiento sostenido de profesionales y empresas argentinas que prestan servicios al exterior.

En ese contexto, fintechs, billeteras cripto y plataformas especializadas en cobros internacionales vienen ganando protagonismo al ofrecer alternativas más flexibles para recibir ingresos del exterior.

1. El “fee bajo” no siempre significa pagar menos

Uno de los errores más comunes es mirar solo la comisión.

Muchas plataformas promocionan “0% fee” o costos bajos, pero el impacto real puede estar en otros factores menos visibles.

“El usuario suele mirar la comisión, pero no el tipo de cambio al que recibe el dinero ni las condiciones de salida para retirar los fondos. Ahí es donde aparecen costos invisibles”, explica Fabiano Dias, international business developer de la plataforma de cobros en criptomonedas, Bitwage“Un punto clave —y poco evidente— es que el saldo que ve el usuario no siempre es el dinero que finalmente puede usar”, agrega

En muchos casos, una persona puede ver acreditados USD 1.000 en su cuenta o billetera, incluso bajo la promesa de “0% de comisión” al recibir el dinero. Sin embargo, ese número es solo una referencia inicial.

Al momento de utilizar esos fondos —ya sea retirarlos, convertirlos o enviarlos— empiezan a aparecer costos que no siempre están explicitados en una única instancia. En un escenario desfavorable, pueden superar el 6% del total, lo que implica que de USD 1.000 iniciales el usuario termine recibiendo cerca de USD 935 netos.

“Por eso, el costo real de una operación no se ve en el ingreso, sino en el momento en que el usuario decide usar el dinero”resume Dias.

2. Elegir mal la red puede salir caro

No todas las criptomonedas funcionan igual, incluso cuando se trata de la misma stablecoin. No es un dato menor: a nivel global, el 45% de los usuarios de Bitwage elige cobrar en stablecoins (criptomonedas estables como USDT o USDC), mientras que en Argentina ese porcentaje asciende al 75%, lo que evidencia una adopción significativamente mayor de estos activos atados al dólar.

USDT, por ejemplo, puede operar en distintas redes (Ethereum, Tron, Polygon), y cada una tiene costos completamente diferentes.

3. El horario en el que se opera también influye

Aunque el mercado cripto opera las 24 horas, no todos los momentos ofrecen las mismas condiciones.

“La liquidez cambia a lo largo del día. Cuando hay mayor volumen —por ejemplo, en horarios donde coinciden los mercados de Europa y Estados Unidos— las condiciones de ejecución suelen ser más eficientes”,  explica Dias.

Operar en horarios de baja actividad —como la noche o fines de semana— puede implicar costos más altos sin que el usuario lo perciba.

4. Dónde cobrar también importa (y cada vez más)

Además de los costos operativos, otra variable empezó a ganar relevancia: dónde se recibe el dinero.

En Argentina, las plataformas locales o registración formal en el país tienen obligaciones de información ante organismos fiscales como ARCA. Esto implica que ciertos movimientos pueden quedar reportados y requerir su correspondiente facturación e impacto impositivo.

Distinto es el caso de plataformas internacionales sin estructura local o billeteras descentralizadas, donde no necesariamente existen los mismos mecanismos de reporte automático. Aunque los contribuyentes siguen estando obligados a declarar esos ingresos conforme a la normativa vigente.

“Es importante que el usuario entienda con qué tipo de plataforma opera. Una cosa es una billetera virtual local y otra una plataforma internacional de pagos. En nuestro caso, somos una compañía registrada en Estados Unidos, que opera bajo ese marco regulatorio y no como una entidad financiera argentina, por lo que no está alcanzada por los mismos regímenes informativos automáticos que aplican a proveedores locales”, explican desde Bitwage. 

Esto no implica que los fondos queden fuera del marco legal: la obligación fiscal depende de la residencia del contribuyente y del origen de los ingresos, coinciden especialistas del sector. 

5. No existe una opción “más barata”: depende de cómo se use el dinero

Otro error frecuente es buscar una única plataforma que resuelva todo. En la práctica, el costo final depende del uso.

“Muchos usuarios pierden eficiencia por no entender que cada decisión impacta en el resultado final. No existe una única solución más conveniente, sino una combinación de decisiones informadas. Incluso mantener fondos inmovilizados implica un costo de oportunidad: hoy existen alternativas dentro del ecosistema cripto, como herramientas de rendimiento —staking o provisión de liquidez— que permiten optimizar esos fondos según el perfil de cada usuario”, señala María Fernanda Juppet, CEO de la exchange Notbank by CryptoMarket. 

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Las stablecoins pasan de ser infraestructura a servicios financieros convencionales

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KAST, una plataforma financiera global construida sobre rieles de stablecoins y fundada por el ex ejecutivo de Circle, Raagulan Pathy, ha recaudado 80 millones de dólares en una ronda de financiación Serie A. La ronda fue coliderada por QED Investors y Left Lane Capital, con la participación de los inversores recurrentes Peak XV Partners, HSG y DST Global Partners, en un momento en que los inversores respaldan cada vez más a las stablecoins como una capa fundamental para los servicios financieros modernos.

Esta financiación llega en un momento en que el uso de las stablecoins se acelera a nivel global, particularmente en los mercados emergentes y entre las fuerzas laborales con movilidad internacional, donde la demanda de movimientos de dinero rápidos y denominados en dólares está superando a la infraestructura bancaria corresponsal tradicional. KAST utilizará el capital para expandirse por América Latina, América del Norte y Medio Oriente, así como para acelerar la obtención de licencias, el cumplimiento normativo, el desarrollo de productos y el crecimiento de su plantilla.

Fundada en julio de 2024, KAST ofrece cuentas denominadas en dólares (USD), cobros (pay-ins) y pagos (payouts) globales en más de 190 países, además de una creciente suite de herramientas financieras para consumidores y empresas construida sobre rieles de stablecoins en lugar de las redes de liquidación tradicionales.

Desde su lanzamiento, KAST ha escalado a más de un millón de usuarios y procesa casi 5,000 millones de dólares en volumen de transacciones anualizadas, lo que refleja la creciente adopción de servicios financieros basados en stablecoins más allá del trading y los casos de uso nativos de cripto. La empresa espera que sus ingresos alcancen una tasa de ejecución anual (run rate) de 100 millones de dólares en 2026, con un crecimiento mensual tanto de usuarios como de ingresos de aproximadamente el 15-20%. Los ingresos de KAST se han duplicado desde finales de septiembre de 2025.

Según Artemis Analytics, el volumen global de transacciones con stablecoins creció un 72% el año pasado hasta superar los 33 billones de dólares, excediendo los volúmenes combinados de liquidación on-chain de las principales redes de tarjetas globales; un cambio que los inversores ven cada vez más como estructural en lugar de cíclico. Para respaldar este crecimiento, KAST ha contratado a más de 250 empleados en las áreas de ingeniería, cumplimiento y operaciones, reclutando talento de firmas como Stripe, Revolut, Binance, Circle y Airwallex.

Al referirse a la inversión, Raagulan Pathy, fundador y CEO de KAST, señaló: “La última ronda de financiación, recaudada en menos de 18 meses desde el lanzamiento, refleja la confianza de inversores líderes en la tesis del neobanco basado en stablecoins, y en la capacidad de Kast para ejecutarla a escala global.

La misión de KAST es construir el futuro de las finanzas, impulsado por stablecoins y diseñado para los fundadores, creadores y pensadores progresistas que han sido dejados atrás por el sistema bancario tradicional. La plataforma está construida para las ambiciones globales de los individuos, no simplemente para las finanzas basadas en procesos y plataformas, de modo que puedan llegar a donde quieran en la vida.

Nuestro objetivo final es claro: ser el neobanco líder para el mundo de las stablecoins, tanto para consumidores como para empresas. El ritmo al que nos movemos, el equipo y el talento de clase mundial que estamos atrayendo se consolidarán aún más en 2026 y en adelante”.

Nigel Morris, cofundador y socio director de QED Investors, señaló: “La tecnología de las stablecoins posee el potencial de remodelar el futuro de las finanzas. Estamos encantados de liderar esta ronda en KAST, y me complace especialmente que Sandeep Patil se una a la junta directiva para apoyarlos en su escalamiento con la disciplina de una verdadera institución financiera. KAST tiene una ambición clara y una ejecución sólida, y esperamos formar parte de su trayectoria de crecimiento”.

Sandeep Patil, socio de QED Investors, señaló: “Las fintech son un negocio de confianza disfrazado de software, y las stablecoins se están convirtiendo rápidamente en la capa de dólares ‘siempre activa’ para mover y mantener valor a través de fronteras y activos. KAST está construyendo sobre esta capa con un enfoque claro y ya muestra una fuerte tracción con los clientes. Me entusiasma asociarme con Raags y el equipo mientras escalan KAST para convertirla en una institución financiera nativa de stablecoins”.

Matthew Miller, socio director de Left Lane Capital, señaló: “Durante los últimos años, hemos visto a las stablecoins emerger como una infraestructura crítica dentro del sistema financiero global. Creemos que 2026 podría representar un punto de inflexión significativo a medida que las plataformas orientadas al consumidor comiencen a llevar esa infraestructura al mercado masivo. Los individuos y las empresas que operan a través de las fronteras merecen una forma fluida de realizar transacciones bancarias, gastar y ahorrar, sin tarifas ocultas, fricciones ni exposición a la depreciación de la moneda. KAST combina una postura regulatoria con visión de futuro, un producto y una marca convincentes, y un equipo ejecutivo excepcional para capitalizar esta oportunidad generacional. Estamos orgullosos de asociarnos con Raags y con todo el equipo de KAST en su entrada a esta próxima fase de crecimiento”.

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La institucionalización cripto avanza en la región y Argentina busca consolidarse como hub estratégico

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La idea de que los criptoactivos pertenecen exclusivamente a startups e inversores minoristas está quedando rápidamente obsoleta en América Latina. Este cambio será evidente en MERGE São Paulo 2026, que se celebrará el 18 y 19 de marzo en el World Trade Center São Paulo: los activos digitales ya no son un experimento paralelo, sino un pilar cada vez más estratégico de las finanzas institucionales. Entre los ponentes destacados estará Roberto Silva, el Presidente de la Comisión Nacional de Valores de Argentina y Diego Martín Díaz, Head of Payments & Crypto de la Cámara Argentina de Fintech.

En Argentina y en el resto de la región, las instituciones financieras tradicionales, desde bancos centrales y reguladores del mercado de capitales hasta bancos comerciales y proveedores de infraestructura financiera, están avanzando de forma decidida hacia los activos digitales. Lo que antes se consideraba una frontera experimental ahora forma parte de hojas de ruta estratégicas, discusiones en directorios y planes de asignación de capital a largo plazo.

Argentina se ha consolidado como uno de los mercados cripto y Web3 más dinámicos del mundo, impulsado tanto por la adopción masiva de los usuarios como por el creciente interés institucional y regulatorio. Se estima que entre el 20% y el 30% de la población utiliza activos digitales, con millones de usuarios activos y un volumen de transacciones que supera los US$90.000 millones anuales, posicionando al país como líder en América Latina en adopción cripto.

A diferencia de otros mercados, en Argentina el principal uso de cripto está vinculado a la economía real: las stablecoins —criptomonedas vinculadas al dólar— representan alrededor del 60% de las operaciones, utilizadas como reserva de valor, medio de pago y herramienta para transferencias internacionales, en un contexto marcado por la inflación y la volatilidad cambiaria.

Esta evolución representa más que una actualización tecnológica. Implica una transformación estructural en la forma en que los productos financieros pueden emitirse, negociarse y liquidarse. La tokenización de activos del mundo real, la integración de stablecoins en pagos internacionales y los modelos híbridos que combinan finanzas tradicionales con infraestructura descentralizada están pasando rápidamente del debate teórico a la implementación concreta.

“Latinoamérica se ha convertido en uno de los mercados más estratégicos para el ecosistema criptográfico mundial. Brasil no solo es el mayor mercado financiero de la región, sino también uno de los más activos históricamente en la adopción de activos digitales. El compromiso temprano de los principales bancos con esta tecnología ha creado una base sólida para la adopción institucional, y los recientes avances normativos liderados por el Banco Central de Brasil proporcionan la seguridad jurídica necesaria para acelerar la participación de las empresas. En conjunto, estos factores crean las condiciones perfectas para la siguiente fase de crecimiento del sector”, afirma Paula Pascual, directora general de MERGE.

La regulación como catalizador, no como restricción

En paralelo al crecimiento del sector, Argentina avanzó en la formalización de la industria. La Comisión Nacional de Valores implementó el registro obligatorio para proveedores de servicios de activos virtuales, un régimen que entró plenamente en vigencia el 31 de diciembre de 2025 y que exige a exchanges y plataformas cumplir con normas de registro, auditoría, custodia y prevención de lavado de dinero. Este nuevo marco marcó el ingreso definitivo del ecosistema cripto en la agenda institucional y abrió la puerta a una mayor participación de actores financieros tradicionales, consolidando al país como uno de los mercados más relevantes y regulados de América Latina para el desarrollo de la economía digital.

Este escenario posiciona a Argentina como un hub estratégico para el desarrollo de la economía digital en América Latina y un puente natural entre las finanzas tradicionales y el ecosistema Web3, con un diálogo cada vez más fluido entre reguladores, instituciones financieras y empresas tecnológicas.

Para las compañías internacionales que operan bajo estándares regulatorios europeos, norteamericanos o globales, la claridad normativa es un requisito fundamental. Los avances legales recientes despertaron un renovado interés de proveedores globales de liquidez, custodios, exchanges y empresas de infraestructura blockchain que buscan expandir o consolidar su presencia en uno de los mercados más activos de la región.

América Latina, a la vanguardia

América Latina se ha destacado durante años en el ecosistema cripto global por su alta adopción minorista, impulsada por la volatilidad monetaria, las remesas internacionales y una población altamente digitalizada. Lo novedoso es la velocidad con la que las finanzas institucionales están convergiendo con esa adopción.

La conversación está pasando de la disrupción a la integración: cómo los bancos tradicionales incorporan la tokenización en sus balances, cómo los exchanges regulados interactúan con la liquidez descentralizada y cómo las autoridades públicas equilibran la innovación con la estabilidad financiera.

En MERGE São Paulo hay una agenda repleta de conferencias, paneles, sesiones para startups, áreas de exposición, sesiones de networking y experiencias inmersivas, que atraerá a más de 300 ponentes y más de 40 expositores. Los temas abarcan la tokenización de activos del mundo real, las stablecoins en la práctica, la identidad digital, las finanzas descentralizadas (DeFi) y la innovación regulada, con la participación de líderes mundiales, innovadores fintech y actores institucionales por igual.

En este contexto, Argentina se posiciona como un hub estratégico para el desarrollo de la economía digital en América Latina y un puente natural entre las finanzas tradicionales y el ecosistema Web3, con un diálogo cada vez más activo entre reguladores, instituciones financieras y empresas tecnológicas.

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Criptofinanzas: de la especulación al uso cotidiano en 10 años en Argentina

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Durante años, hablar de criptomonedas en Argentina fue sinónimo de volatilidad, riesgo y especulación. Bitcoin concentraba casi toda la atención y su uso estaba asociado a perfiles técnicos, inversores tempranos o usuarios dispuestos a convivir con fuertes subas y bajas de precio. Sin embargo, esa lógica comenzó a cambiar a medida que la cripto dejó de ser un experimento financiero y empezó a resolver problemas concretos.

Hoy, cada vez más argentinos usan criptomonedas no para “apostar”, sino para cobrar honorarios del exterior, proteger el valor de sus ingresos y administrar su dinero.

Del bitcoin como apuesta a las stablecoins como herramienta

Según datos de Bitwage, plataforma líder en gestión de pagos en criptomonedas de honorarios para profesionales que exportan servicios, la evolución del usuario argentino es clara. En 2015, el 100% de quienes cobraban a través de la plataforma elegían bitcoin como moneda. Cinco años más tarde, en 2020, ese dominio empezó a diluirse: bitcoin representaba el 49% de las elecciones, mientras que las stablecoins ya alcanzaban cerca del 30%.

En 2025, el escenario es completamente distinto. Bitcoin representa solo el 5% de las preferencias, mientras que las stablecoins concentran el 82% -la gran mayoría de los cobros-. El ranking actual muestra una fuerte diversificación: USDT sobre la red TRON lidera con el 27%, seguido por USDC (21%), USDC en Stellar (17%), USDT en Ethereum (12%) y DAI (5%). El resto se reparte entre dólares tradicionales y otras monedas.

“El dato más interesante no es solo la caída de bitcoin, sino el aprendizaje que hubo detrás. El usuario argentino prefiere la estabilidad sobre la volatilidad, pero sobre todo prioriza la previsibilidad. Además, por su propia historia económica, busca no sólo resguardar valor en dólares, sino también mantener autonomía y privacidad en la gestión de sus ingresos”, explica Fabiano Dias, international business developer de Bitwage“Las stablecoins se consolidaron como una herramienta financiera, no como un activo de especulación”, agrega.

Un usuario más educado y estrategias más sofisticadas

Este cambio no implica una salida del ecosistema cripto, sino todo lo contrario. La adopción de stablecoins muestra un usuario más informado, que aprendió a diversificar riesgos, a elegir redes más eficientes y a usar productos financieros digitales de manera estratégica.

“También cambió la forma de invertir. Antes muchos elegían bitcoin para especular con el precio; hoy vemos que una parte creciente de los usuarios utiliza stablecoins para generar rendimiento a través de herramientas como el staking u otros productos financieros cripto”, señala Guillermo Escuderodirector de Argentina de Notbank by Cryptomkarket. “Eso habla de un mercado más maduro y de decisiones menos impulsivas”.

Una dolarización digital y discreta

El avance de las stablecoins puede leerse, además, como una forma de dolarización digital silenciosa. Miles de argentinos optan por monedas digitales atadas al dólar como refugio de valor, muchas veces gestionadas desde billeteras digitales que permiten mayor autonomía financiera.

En un país con una larga tradición de ahorro fuera del sistema formal, las stablecoins aparecen como una versión tecnológica y descentralizada del dólar bajo el colchón, adaptada a la economía digital y al trabajo remoto.

A nivel global, este fenómeno no es exclusivo de Argentina. Un informe del FMI destaca que el crecimiento de las stablecoins ha sido notable, pero que hay que equilibrar sus beneficios potenciales (como eficiencia en pagos transfronterizos) con riesgos relacionados con sustitución de moneda y gobernanza.

Menos épica, más utilidad

A diez años de sus primeros pasos, el mercado cripto argentino muestra un cambio profundo: menos promesas de ganancias rápidas y más soluciones concretas para la economía cotidiana. La conversación ya no gira solo en torno al precio del bitcoin, sino en cómo usar el dinero digital de forma eficiente.

Hace 10 años las wallets cripto en Argentina eran una rareza, casi un experimento, centradas en entusiastas tecnológicos y en minería. Hoy, la situación es radicalmente distinta: según datos de Coinbase, alrededor de 5 millones de argentinos usan criptomonedas diariamente, un reflejo de la adopción creciente de activos digitales en el país.

Así la cripto dejó de ser un territorio exclusivo para expertos y se transformó en una herramienta accesible para personas comunes. Un proceso de aprendizaje que, lejos de haber terminado, sigue redefiniendo la relación de los argentinos con el dinero.

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A un año del caso $LIBRA: confianza, política y cripto en la Argentina

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El 14 de febrero de 2025, el token $LIBRA pasó en pocos minutos de ser un activo recién creado en la red Solana a convertirse en uno de los casos más resonantes del ecosistema cripto argentino. La secuencia fue tan rápida como determinante: el token se creó a las 18:38 y, apenas minutos después, un posteo desde la cuenta presidencial lo colocó en el centro de la escena pública. Ese dato temporal resulta clave para entender por qué el episodio trascendió el ámbito cripto y derivó en un caso con impacto político, económico y judicial.

La demanda se disparó de forma abrupta, el precio alcanzó picos que para muchos parecían confirmar una oportunidad legítima y, poco después, llegó la caída. El mecanismo no fue novedoso para el mercado de activos digitales, pero sí lo fue el contexto. En una Argentina atravesada por crisis recurrentes, inflación persistente y reglas económicas cambiantes, una parte significativa de la población se acerca a estas tecnologías en busca de resguardo y alternativas al sistema tradicional. En ese escenario, la combinación de especulación, tecnología poco comprendida y validación percibida amplificó el impacto y concentró las pérdidas en quienes ingresaron más tarde.

El caso también se trasladó al plano institucional. En la Cámara de Diputados, parte del debate se enfocó en la clasificación del activo -si se trataba de un token de utilidad o una memecoin-, una discusión que desplazó el eje del problema central. Más allá de la etiqueta, lo relevante fue la existencia de una dinámica diseñada para concentrar liquidez y transferir riesgo de manera asimétrica, lo que abrió interrogantes sobre responsabilidades, daños y marcos de control frente a episodios similares.

A un año del episodio, la causa en Argentina tuvo avances. Se iniciaron medidas de recupero, se solicitaron cooperaciones internacionales y se revisaron cautelares que inicialmente habían sido generales. En enero de 2026, la Cámara ordenó acelerar la investigación y ajustar los embargos, con el argumento de que una causa de esta magnitud no puede sostenerse indefinidamente sólo sobre medidas preventivas. En paralelo, el caso derivó en acciones y discusiones fuera del país, sumando un componente transnacional que incrementó la presión y la visibilidad del proceso.

Reducir $LIBRA a ‘una estafa cripto más’ implica perder de vista la lección principal. La tecnología es neutral; el comportamiento humano no lo es. El caso mostró que, en el mercado de activos digitales, la confianza se construye con narrativa, se amplifica con visibilidad y se ejecuta con velocidad. Cuando una figura pública entra en esa ecuación, el riesgo se multiplica, incluso si no existió una intención explícita de causar daño.

El usuario común no evalúa tokenomics ni analiza contratos inteligentes. Evalúa señales, autoridad y contexto. Cuando un mensaje se percibe como validación institucional, la percepción de riesgo disminuye. En ese sentido, uno de los pocos efectos positivos posibles del episodio es que funcionó como alerta. Muchas personas comenzaron a desarrollar mayor cautela, incluso frente a mensajes provenientes de figuras públicas de alto perfil. En un entorno donde el fraude se vuelve cada vez más sofisticado y la autoridad puede operar como acelerador de confianza, esos reflejos de protección resultan fundamentales.

El caso también despertó un interés creciente de la dirigencia política por el mundo cripto y la tecnología blockchain. Ese interés puede ser una oportunidad si se traduce en trabajo técnico serio, equipos especializados y marcos normativos que fomenten la innovación sin habilitar abusos. Pero también implica un riesgo si queda reducido a una moda pasajera o a un recurso discursivo para capitalizar coyunturas sin comprender el alcance de lo que se regula.

La experiencia deja una conclusión clara. El próximo caso no se evita con indignación retrospectiva, sino con madurez. Madurez de quienes comunican desde posiciones de poder para entender que no hablan a título personal, sino que movilizan confianza social. Y madurez del Estado para dejar de reaccionar tarde y comenzar a construir reglas que premien lo legítimo y castiguen lo fraudulento. $LIBRA fue un golpe para la confianza. También puede ser un punto de inflexión. La diferencia dependerá de si se utiliza este episodio para la política del minuto o para construir, de una vez, una cultura de innovación responsable.

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