Cumbre de Líderes

Cumbre de Líderes pasa testigo a COP30 con el débil balance del Acuerdo de París

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Escribe Mario Osava / Inter Press Service – Diez años después de su firma, el tratado intergubernamental no logró reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para contener en 1,5 grados Celsius el recalentamiento planetario en este siglo. Pero fue “un gran paso adelante”, sostuvo Stiell tras la clausura de la Cumbre de Líderes mundiales, que antecedió a la COP30.

La COP30 (30 Conferencia de las Partes) de la convención sobre el clima, abrirá sus negociaciones el lunes 10 en Belém, que se prolongarán hasta el día 21, ya sin la presencia de jefes de Estado y de gobierno.

Sin el Acuerdo de Paris el mundo tendría “un futuro imposible de calentamiento descontrolado, de hasta cinco grados. Gracias a ello, la curva se inclinó por debajo de los tres grados”, comparó Stiell.

Un total de 57 jefes de Estado y de gobierno, según la cancillería brasileña, estuvieron reunidos en Belém, la capital del estado de Pará, durante dos días, para discutir los temas centrales de la COP30.

El financiamiento climático, acordado en 300 000 millones de dólares anuales pero que los países del Sur global quieren elevar a 1,3 billones (millones de millones) para 2035, “es el gran acelerador” para intensificar las acciones, definió Stiell.

Con esos recursos destinados especialmente a los países pobres y más afectados por la emergencia climática se buscaría cumplir la meta de 1,5 grados acordado en 2015 en la COP21, celebrada en Paris en 2015.

Agenda de la COP30

Ese tema, central en la COP29 de 2024 en Bakú, la capital del Azerbaiyán, vuelve a los debates en Belém, cuyos temas principales definidos anteriormente son la implementación de los acuerdos ya firmados y las medidas de adaptación al cambio climático como nueva prioridad.

La sustitución de los combustibles fósiles, tema central en la COP28 de Dubái, en 2023, también ganó empuje en la Cumbre de Líderes, así también la deforestación, que se busca reducir a través de la propuesta brasileña del Fondo de Bosques Tropicales para Siempre (TFFF, en inglés).

El anfitrión, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, sorprendió por lo menos la audiencia nacional al inaugurar el jueves 6 la cumbre resaltando la necesidad de “superar la dependencia de los combustibles fósiles” como una de las prioridades de la lucha climática, además del financiamiento climático y la preservación forestal.

Apenas 17 días antes él mismo había celebrado la autorización ambiental para la exploración petrolera en la cuenca de la desembocadura del río Amazonas, ante protestas de los indígenas, el movimiento ambientalista e incluso por representantes de la agricultura volcada a los biocombustibles.

La cuenca se extiende por un área marítima de 268 000 kilómetros cuadrados, más grande que el Reino Unido, donde se cree que existen yacimientos muy productivos por la proximidad con Guyana, que triplicó su producto bruto interno desde 2019 gracias al petróleo descubierto em 2015.

Políticos interesados en la nueva frontera de hidrocarburos, incluso miembros del mismo gobierno, argumentan que las ganancias petroleras son necesarias para promover la transición energética, al generar nueva capacidad de inversión en las alternativas.

“Brasil no puede renunciar a esa riqueza”, justificó Lula su apoyo a la búsqueda de petróleo en el mar amazónico por la estatal Petrobras y las presiones sobre las autoridades ambientales para que concedieran la licencia de exploración.

Una de las sesiones de la Cumbre de Líderes de la COP30, anticipada para evitar problemas de alojamiento durante la conferencia climática que tendrá lugar del 10 al 21 de noviembre con cerca de 50 000 participantes en Belém, una ciudad de 1,4 millones de habitantes y situada em la Amazonia brasileña. Imagen: Ricardo Stuckert / COP30

Ambiguedad brasileña

Quedó evidente la contradicción con su posición manifestada en la cumbre, de condena a los combustibles fósiles, en coincidencia con el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres.

“Invertir en combustibles fósiles es apostar contra la humanidad y contra la economía. Es autodestructivo”, dijo Lula en su discurso.

Guterres, por su parte, admitió el fracaso de las acciones climáticas hasta ahora para sostener el límite de 1,5 grados, pero afirmó que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) nunca renunciará a esa meta, “una línea roja”, y que hará todo para alcanzar cero emisiones netas de gases invernadero hasta 2050.

Un rechazo más contundente a la energía fósil manifestó el presidente de Colombia, Gustavo Petro, que defendió la eliminación progresiva de los combustibles fósiles en el mundo, coherente con su política interna que promueve la desactivación de la industria petrolera en el país.

Es un tema de negociación decisiva en las COP porque la producción y consumo de energía representan cerca de 70 % de los gases que recalientan la tierra.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, con el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, en la Cumbre de Líderes de Belém. Ambos coincidieron en la necesidad de sustituir los combustibles fósiles para evitar el colapso climático del planeta. Imagen: Lucas Landau /COP30

Hoja de ruta del financiamiento

Algún aliento entre gobernantes generó la presentación del informe La Hoja de Ruta de Bakú a Belém, que apunta mecanismos para elevar el financiamiento climático pretendido de 1,3 billones de dólares al año a partir de 2035.

Elaborado por los presidentes de la COP30 y COP29, el brasileño André Corrêa do Lago y el azerbaiyano Muhktar Babayev, el informe de 80 páginas propone cambios en la arquitectura financiera mundial, con la adopción de distintos mecanismos para alcanzar la meta.

El mercado de carbono, el canje de la deuda externa de países pobres por protección ambiental y tributos sobre transacciones financieras internacionales y sobre consumo de los ricos, como pasajes aéreos en primera clase, hacen parte del repertorio de medidas.

Cambios en los subsidios, como la reducción a los concedidos a combustibles fósiles, y reducción de los intereses sobre la financiación de fuentes limpias de energía podrían representar centenares de mil millones de dólares para la mitigación climática, asegura el informe que recibió 227 sugerencias de variados sectores, públicos y privados.

Pero ambientalistas recibieron con muchas críticas la hoja de ruta. Es genérico, no asegura compromisos sino posibilidades, y no define responsabilidades de los países ricos ni responde a las demandas de los países en desarrollo, según los críticos.

Es “un mapa sin brújula”, definió Rebecca Thissen, una activista de la red internacional Climate Action Network, en la publicación digital InfoAmazonia del 5 de noviembre.

Un mecanismo concreto de financiación en beneficio del clima es el Fondo de Bosques Tropicales para Siempre. La propuesta brasileña prevé la captación de 125 000 millones de dólares en un fondo fiduciario que remunerará los países que logren preservar sus bosques.

Los países potencialmente beneficiados suman 74. La meta original es captar 25 000 millones de dólares de gobiernos y bancos públicos, para luego completar el fondo con aportes privados.

No se trata de donaciones ni créditos, sino de un fondo de inversiones cuyas utilidades se distribuirían a los dueños del capital y a los países de bosques preservados. Es una forma de contar con beneficios y utilidades permanentes y por tiempo indeterminado, por eso se considera un mecanismo innovador y sostenible de mantener “los bosques en pie”.

Además, el 20 % de las ganancias se destinarán a los pueblos indígenas y tradicionales, reconocidos como guardianes de la naturaleza en sus territorios demarcados.

La declaración del lanzamiento del TFFF el 6 de noviembre contó con la firma de 53 países y en su primer día cinco países anunciaron un aporte total de casi 5600 millones de dólares, ya que Noruega anunció una inversión de 3000 millones de dólares y Francia 500 millones de euros.

A eso se suman los aportes de Brasil e Indonesia, potenciales beneficiados por disponer de grandes bosques tropicales, de 1000 millones de dólares cada uno. Portugal se juntó el grupo pero con una suma pequeña, un millón de dólares.

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El cambio climático reducirá drásticamente las cosechas

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Inter Press Service – El cambio climático socavará drásticamente la productividad agrícola y el bienestar humano, con algunos de los mayores riesgos concentrados en los países menos capacitados para adaptarse, expuso un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud).

Los datos del Pnud muestran que los países más pobres del mundo se enfrentan a algunas de las mayores pérdidas en productividad agrícola, con una proyección de disminución de la producción media nacional de cultivos de entre 25 % y 30 % para finales de siglo, en un escenario de emisiones muy elevadas.

Controlar las emisiones de gases de efecto invernadero, que calientan la atmósfera, es un objetivo global, y la inmensa mayoría de las naciones, en el Acuerdo de París de 2015, fijó el objetivo de que para finales de siglo la temperatura media del planeta no exceda de dos grados centígrados (°C) sobre los niveles de la era preindustrial.

Ahora, el estudio de la plataforma Human Climate Horizons, del Pnud, afirma que, incluso considerando la adaptación de los agricultores al cambio climático, más de 90 % de los países evaluados (161 de 176 analizados) experimentarán disminuciones en el rendimiento de los cultivos básicos para finales de siglo.

La investigación analizó seis cultivos básicos: maíz, arroz, trigo, soja, yuca y sorgo.

El África subsahariana y partes de Asia, donde los agricultores dependen en gran medida de la lluvia en lugar del riego, son especialmente vulnerables y tienen menos recursos para adaptarse a las condiciones cambiantes.

Pero las potencias agrícolas tampoco se salvan. Las economías consideradas “graneros del mundo” -incluidas las principales productoras de trigo y soja- no están aisladas del impacto.

Bajo un calentamiento severo, esas potencias muestran las mayores pérdidas de rendimiento, con caídas que alcanzan a 40 %, lo que podría generar efectos en cadena sobre los precios de los alimentos, el comercio y la estabilidad global.

De ese modo “el cambio climático no es solo un desafío ambiental; es una profunda crisis de desarrollo”, advierte el experto Pedro Conceição, director de la oficina del Informe Sobre Desarrollo Humano del Pnud.

“Las altas cosechas no solo son importantes para la seguridad alimentaria; también sustentan los medios de vida y abren caminos para la diversificación económica y la prosperidad. Las amenazas a los rendimientos agrícolas son amenazas para el desarrollo humano hoy y en el futuro”, expuso Conceição.

Un sistema alimentario ya debilitado y vulnerable

El panorama futuro mostrado se superpone a una crisis ya instalada, y el Pnud recordó que en estos días la FAO en su informe El Estado de la Alimentación y la Agricultura 2025 alertó de que la degradación del suelo causada por el ser humano ya ha reducido la productividad agrícola global en al menos 10 %.

Ese informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) indicó que la sola degradación de os suelos ha afectado la alimentación y modos de vida de unos 1700 millones de personas.

El cambio climático, por lo tanto, “no actúa en el vacío, sino que golpea un sistema alimentario ya debilitado y vulnerable, creando una tormenta perfecta para la seguridad alimentaria mundial”, expone el reporte del Pnud.

Pero el estudio también ofrece un mensaje de esperanza: reducir las emisiones importa, y cuando los países cortan las emisiones a niveles moderados, las pérdidas de cultivos hacia 2100 son menos de la mitad que bajo escenarios de altas emisiones.

Hacia un futuro sostenible y equitativo

El Pnud considera que hallazgos como los de su estudio “resuenan con la Declaración de Belém sobre el hambre, la pobreza y la acción climática centrada en el ser humano, previa a la COP30 en Brasil”, enfatizando que los sistemas alimentarios y la equidad deben ser centrales en las estrategias climáticas globales.

Se prevé que esa declaración se adopte en una reunión de líderes previa a la COP30 (la 30 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), que se desarrollará desde el 10 de noviembre en la ciudad brasileña de Belém, en plena Amazonia.

Conceição remarcó el criterio de que “el camino hacia un futuro sostenible y equitativo reside en una acción climática centrada en las personas”.

“Garantizar que cada persona mantenga el acceso a alimentos suficientes, nutritivos y confiables no es solo una cuestión de supervivencia; es una piedra angular de la dignidad y el desarrollo humano”, abundó.

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Cumbre de líderes clama por más acción frente al cambio climático

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Inter Press Service – Nuevos reclamos en favor de la acción global por el clima, y críticas al desdén por esa causa que prevalece en Washington, marcaron este jueves 6 el primero de los dos días de la cumbre de líderes mundiales que actúa de prólogo a la 30 Conferencia de las Partes (COP30) sobre cambio climático en la ciudad de Belém, en la Amazonia brasileña.

El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, anfitrión de la cita de líderes y de la COP30, advirtió en su discurso que “es hora de tomar en serio las advertencias de la ciencia”, poque el cambio climático podría cobrar hasta 250 000 vidas cada año y contraer en un tercio el producto interno bruto mundial.

Denunció que “las fuerzas extremistas fabrican falsedades para obtener ventajas electorales y atrapar a las futuras generaciones en un modelo obsoleto que perpetúa las desigualdades sociales y económicas y la degradación ambiental”, una crítica apenas velada, sin nombrarlo, al presidente estadounidense Donald Trump.

La cumbre de líderes reúne durante dos días a 17 jefes de Estado, otros tantos vicepresidentes o jefes de gobierno de cinco continentes, y decenas de ministros y responsables de alto nivel de otros gobiernos e instituciones internacionales.

Se estrenó como modalidad para descongestionar la carga de numerosas delegaciones que convergen en Belém, cerca de la desembocadura del río Amazonas, declarada capital temporal de Brasil, a lo largo de la COP30, que se desarrollará entre los días 10 y 21.

Lula remarcó que mientras las rivalidades estratégicas y los conflictos armados “desvían la atención y agotan los recursos que deberían destinarse a combatir el calentamiento global”, ocurre que “la ventana de oportunidad que tenemos para actuar se está cerrando rápidamente”.

Sin embargo, se declaró “convencido de que, a pesar de nuestras dificultades y contradicciones, necesitamos hojas de ruta para revertir de manera justa y estratégica la deforestación. Superar la dependencia de los combustibles fósiles y movilizar los recursos necesarios para lograr esos objetivos”.

A su turno, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, pidió “medidas urgentes” para reducir las temperaturas globales y “mantener al alcance el objetivo de 1,5 °C”, a fin de que a mediados de siglo la temperatura media del planeta no exceda de 1,5 grados Celsius sobre el promedio de la era preindustrial.

“Cada fracción de grado implica más hambre, desplazamiento y pérdidas, especialmente para los menos responsables. Podría llevar a los ecosistemas a puntos de inflexión irreversibles. Exponer a miles de millones de personas a condiciones inhabitables y agravar las amenazas a la paz y la seguridad”, dijo Guterres.

Entre los primeros europeos en intervenir estuvieron el príncipe Guillermo de Inglaterra y el primer ministro británico, Keir Starmer. El heredero del trono hizo un apasionado llamado a los líderes para aprovechar lo que denominó “el poder del optimismo urgente”.

Starmer, en un tono menos optimista, deploró que “se ha perdido el consenso” en materia climática. Pero reiteró el apoyo británico a los compromisos que se adopten para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que calientan el planeta.

El representante de China, Ding Xuexiang, viceprimer ministro y número tres en la jerarquía de gobierno de ese páis, llamó a “traducir el compromiso climático en acciones; las acciones hablan más que las palabras”.

“Necesitamos eliminar las barreras comerciales y fortalecer la colaboración internacional para alcanzar los objetivos globales de sostenibilidad”, agregó Ding.

Del lado latinoamericano surgieron duras críticas al presidente Trump. Comenzando con el mandatario colombiano Gustavo Petro, quien advirtió de que “el colapso se acerca si Estados Unidos no se mueve hacia la descarbonización”.

Para Petro, la ausencia en Belém de una delegación estadounidense de alto nivel “es un mensaje muy claro. “El señor Trump está contra la humanidad al no venir acá. ¿Qué hacemos? Dejarlo solo. El olvido es el peor castigo. Cuando quiera hablar, hablamos, pero sobre la vida”, apuntó.

Criticó los nuevos permisos de prospección petrolera dados por Trump en su país. “No es taladrar, taladrar y taladrar, está 100 por ciento equivocado”. Y también criticó que los países de la alianza militar atlántica, la Otan, gasten más dinero en armas pues “No es Rusia el enemigo. Es el cambio climático”.

También el presidente chileno Gabriel Boric destacó en su intervención que los actuales “son tiempos en que surgen voces que deciden ignorar o negar la evidencia científica sobre la crisis climática”.

“Sin ir más lejos, el presidente de los Estados Unidos en la última Asamblea General de la ONU dijo que la crisis climática no existe. Y eso es mentira», dijo Boric.

Brasil también presentó en esta cumbre, y recibió reconocimiento y respaldo, del nuevo Fondo para los Bosques Tropicales para Siempre. Que recompensará a los países que logren detener la deforestación. Canalizando recompensas de cuatro dólares por hectárea a 74 países elegibles para la conservación de sus bosques.

El Fondo prevé movilizar unos 4000 millones de dólares anuales y Brasil hará un aporte inicial de 1000 millones, se indicó.

Los discursos de la cumbre de líderes continuarán hasta el cierre de la jornada de este viernes 7. Sin que se prevea la adopción de una declaración conjunta, pues se la planteó como una reunión con amplia libertad de temas y exposiciones. Al servir de prólogo a la conferencia climática que sí debe llegar a conclusiones y compromisos.

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COP: La hoja de ruta Bakú–Belém, entre la esperanza de financiamiento y la falta de un rumbo claro

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Escribe Alonso Martínez Sequeira / Inter Press Service – Las presidencias de las COP29 y COP30 (Azerbaiyán y Brasil) lanzaron conjuntamente el miércoles 5 la Hoja de Ruta de Bakú a Belém, que debería señalar caminos para ampliar el financiamiento climático, en la antesala de la Cumbre de Líderes sobre el clima, que acoge la ciudad amazónica de Belém desde este jueves 6.

Entre recomendaciones, un marco de acción y un impuesto a los “superricos”, la propuesta carece de obligaciones legales y no entrega la tan solicitada definición de financiamiento climático, que sería importante para garantizar transferencias directas y no generadoras de deudas.

La Cumbre de Líderes, de dos días y en la que deben participar unos 57 jefes de Estado y de gobierno, de las 196 Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Cmnucc), antecede a la COP30 (30 Conferencia de las Partes), que acogerá la ciudad amazónica de Belém, entre el 10 y el 21 de noviembre.

La crisis del clima la expresa Costa Rica, por ejemplo, donde el aumento del nivel del mar, una de las principales consecuencias del cambio climático, afecta a ciudades costeras del Pacífico y Caribe. Para 2100 se estima que este fenómeno alcance a, por lo menos27 000 personas en el país.

En la actualidad, cerca de 1000 millones de personas a nivel mundial ven cómo el mar le va ganando terreno a la costa y provoca una serie de problemas para las comunidades. La reubicación u otros tipos de soluciones significan grandes montos de dinero para los países con menor capacidad de adaptación debido a la falta de recursos. 

Con el objetivo de que los países más vulnerables y menos contribuyentes al cambio climático puedan contrarrestar sus problemáticas, y también avanzar en la transición energética, la Cmnucc busca impulsar metas de financiamiento desde hace diez años a través del Acuerdo de París, bajo el principio de “responsabilidades comunes pero diferenciadas”.

Este concepto se refiere a que todos los países deben actuar, pero los países desarrollados del Norte global, responsables históricos de la mayor parte de las emisiones y que poseen, además, más recursos, deben liderar la acción climática y apoyar financieramente a los países del Sur en desarrollo.

En la última Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la COP29, realizada en 2024 en Bakú, Azerbaiyán, se acordó un nuevo objetivo de financiamiento climático (NCQG, en inglés).

El documento fija como meta que los países desarrollados “lideren” la entrega de 300 000 millones de dólares anuales hasta 2035 para las naciones en desarrollo. Además, se llama a todos los actores a escalar el financiamiento climático hacia los países en desarrollo hasta al menos 1,3 billones (millones de millones) de dólares. 

Sin embargo, la cifra de 300 000 millones quedó muy por debajo de las expectativas iniciales. La sociedad civil organizada, los países en desarrollo y diversos actores habían solicitado que el NCQG estableciera precisamente los 1,3 billones de dólares anuales como meta vinculante. 

La brecha entre esa demanda y el monto finalmente acordado provocó varios días de estancamiento en las negociaciones. Como salida a esa discusión, se adoptó la llamada “Hoja de ruta de Bakú a Belém”. Una acción con el objetivo de señalar caminos para ampliar el financiamiento hasta alcanzar los mencionados 1,3 billones de dólares.

En la última Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP29) realizada en 2024 en Bakú, Azerbaiyán, se acordó un nuevo objetivo de financiamiento climático. Imagen: Cmnucc

La hoja de ruta Bakú-Belém aún con dudas

Este miércoles 5 se publicó la Hoja de Ruta presentada por Azerbaiyán y Brasil como presidencias de la COP29 y COP30, respectivamente. El informe de 75 páginas ofrece recomendaciones amplias y un marco de acción en cinco ejes: reabastecimiento, reequilibrio fiscal, redirección, reestructuración y reconfiguración.

El roadmap centra gran parte de su atención en bancos multilaterales y el FMI. Dejando en segundo plano la responsabilidad directa de los países desarrollados, establecida en el artículo 9 del Acuerdo de París. Además, sugiere vías de acción externas a la Convención, como canjes de deuda y mercados de carbono.

El plan incluye solo dos compromisos formales: promover diálogos con países y actores financieros para continuar el proceso. Y crear un grupo de expertos para refinar los datos sobre los flujos de dinero.

Una de las recomendaciones llamativas del documento es el llamado impuesto a los “superricos”. Que cifran en un rango de recaudación desde los 200 000 millones de dólares hasta los 1,364 billones. Dependiendo de la tasa aplicada a los umbrales de ingresos y la participación geográfica.

Otro texto anexo al Roadmap, que resume las recomendaciones realizadas por expertos, aborda una “tributación mínima a multimillonarios” que podría recaudar hasta USD 550 mil millones anuales y que podría asignarse al fondo de pérdidas y daños producto del cambio climático a países pobres.

La Hoja de Ruta presentada utiliza un lenguaje “voluntario”, en el sentido de que no es un mandato explícito para los países. Si bien se lanzará oficialmente durante la COP30 con un evento especial, no es un espacio formal de las negociaciones.

Críticas 

La coordinadora del Grupo de Financiamiento Climático para América Latina y el Caribe (GFLAC), Sandra Guzmán, advirtió que faltó transparencia al proceso liderado por Brasil para presentar la ruta, que además carece de respaldo político para avanzar durante la COP.

“A pocos días de la cumbre, no existía un documento público ni un borrador formal que permita a los países discutir su contenido”, explicó Guzman.

Según la especialista, la decisión de la COP no obliga a los países a aprobar o adoptar formalmente la ruta. Pero sí abre la posibilidad de que la comunidad internacional “la reciba” y establezca un mecanismo de seguimiento.

La experta explicó que, con la presentación, los países podrían decidir si aceptan el documento y abren un proceso formal para su implementación o si simplemente lo reciben sin adoptarlo.

“Si los países no logran un consenso, la ruta podría quedar varada, en letra muerta. Su avance depende completamente del acuerdo político entre las partes”, alertó Guzmán.

También la discusión podría ser incluida en el documento final integrador, pero no parece que sea un objetivo de la presidencia de la COP30.

“No hay un plan concreto. Tenemos muchos asuntos que debemos negociar y aprobar en la COP. Estamos muy satisfechos de haber cumplido con lo solicitado en la decisión (de la NCQG). Y no hay ninguna prioridad en que la COP lo apruebe, reconozca o lo que sea”, dijo André Corrêa do Lago, presidente  de la COP30 durante el lanzamiento del informe.

Por su parte, el activista y abogado costarricense Adrián Martínez, director de La Ruta del Clima, cuestiona la hoja de ruta. Según explica, el documento presenta graves deficiencias estructurales, carece de obligaciones legales y excluye las verdaderas necesidades de los países más vulnerables.

Uno de los principales errores es que sus metas, ya sean los 1,3 billones o los 300 000 millones de dólares, no son jurídicamente vinculantes.

Otro de los problemas es que aún no existe una definición de qué es financiamiento climático y este nuevo objetivo tampoco lo establece. 

“No hay una definición clara de qué es financiamiento climático, y al incluir fuentes privadas sin regulación ni objetivos claros, se corre el riesgo de que los recursos no lleguen donde más se necesitan: las comunidades afectadas por el cambio climático”, comenta.

Martínez recuerda que el nuevo esquema deja por fuera el tercer pilar de la acción climática: pérdidas y daños, un tema urgente para los países más expuestos a desastres climáticos. Solo para ese rubro se necesitarían 300 mil millones de dólares, pero el Roadmap no lo contempla, afirma.

El experto considera que la hoja de ruta responde más a intereses geopolíticos que a un esfuerzo genuino de cooperación internacional. “Este es un ejercicio de poder. No se basa en las obligaciones legales ni en las necesidades reales de adaptación o mitigación. Los países desarrollados imponen las cifras y las condiciones”, dijo.

También alerta sobre el riesgo de que el tema se desplace de la CMNUCC hacia instituciones financieras. Como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional (FMI), donde los países en desarrollo “no tienen voz ni voto”.

“Eso sería desastroso: las comunidades que viven los impactos directos del cambio climático quedarían sin representación política. Sin poder decidir sobre los recursos que les corresponden por justicia”, advierte.

La posición de Ailac 

En las COP, los países se agrupan en bloques con los que negocian en ciertos temas. Por ejemplo, la Asociación Independiente de América Latina y el Caribe (Ailac), que conforman Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá y Perú.

Como parte del proceso, Ailac presentó en septiembre su propuesta oficial para el “Roadmap de Bakú a Belém”.

Entre sus aspiraciones a corto plazo, a 2028, el grupo plantea como prioridad inmediata diferenciar las responsabilidades entre los países desarrollados. Y otros actores como bancos multilaterales, el sector privado y fundaciones, cuyas contribuciones serían voluntarias pero rastreables. 

El bloque también propuso establecer hitos claros y cuantificables que definan cómo se alcanzará la meta anual de 1,3 billones de dólares. Incluyendo cronogramas, distribución por instrumentos financieros (donaciones, préstamos concesionales, garantías). Y el compromiso de triplicar las salidas anuales de fondos como el Fondo Verde para el Clima y el Fondo de Adaptación para 2030.

Además, Ailac urge a los países a adoptar una definición oficial de “financiamiento climático”, lo que no ocurrió. Esta definición debería excluir los préstamos a tasas de mercado, los flujos norte-norte y la cooperación tradicional. Asegurando que los fondos sean nuevos, adicionales y asequibles.

Para 2030 el grupo enfatiza la necesidad de reformar los bancos multilaterales de desarrollo para ampliar su capacidad crediticia sin generar más deuda. Propone ajustar sus criterios de riesgo, utilizar más capital exigible y establecer metas explícitas de concesionalidad, priorizando préstamos blandos, donaciones y herramientas sin deuda. 

También pide garantizar mayor participación de los países en desarrollo en las decisiones de gobernanza de estas instituciones.

Además, AILAC solicita facilitar el acceso directo a los fondos climáticos para comunidades locales, pueblos indígenas, mujeres y afrodescendientes, mediante la simplificación de requisitos y la creación de ventanillas específicas.

En el largo plazo, el bloque identifica como desafío central movilizar capital privado mediante modelos de riesgo compartido y financiamiento combinado. Propone incentivos como bonos verdes, seguros climáticos y asociaciones público-privadas equilibradas, que no generen cargas fiscales excesivas.

El grupo negociador subraya, además, la importancia de crear plataformas nacionales de financiamiento climático, lideradas por los propios países. Que vinculen los planes climáticos nacionales con fuentes de inversión. Que permitirían aprobar programas integrales, acelerar desembolsos y garantizar que el financiamiento responda a las prioridades nacionales.

Este reportaje se elaboró con el apoyo de Climate Tracker América Latina, con el respaldo especial de la Oxfam.

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La COP30 y el reto latinoamericano de reducir emisiones

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Escribe Emilio Godoy / Inter Press Service – Brasil, el anfitrión desde este jueves 6 de la Cumbre de Líderes, primero, y de la 30 Conferencia de las Partes (COP30) sobre cambio climático, que se desarrollarán en la nororiental ciudad de Belém, en plena Amazonia, es un ejemplo de esas contradicciones y paradojas.

En los últimos dos años, el país más grande de la región redujo las emisiones por deforestación, pero las emanaciones de sectores como la energía y la agricultura crecieron, lo que influye en el aumento de la temperatura y la sequía en la Amazonia.

Para David Tsai, coordinador del brasileño Sistema de Estimaciones y Remociones de Gases de Efecto Invernadero (Seeg), el hecho encierra tanto una contradicción y una paradoja en la política brasileña de mitigación de emisiones contaminantes.

“En los dos últimos años, hubo una disminución de emisiones debido al control de la deforestación, que es necesario, pero lo que muestran los últimos 15 años no es suficiente. Necesitamos descarbonizar otros sectores también”, dijo a IPS desde Brasilia.

Y la paradoja consiste en que, a pesar de la caída de la tala en el macizo selvático más grande del mundo, este sufrió incendios forestales debido a altas temperaturas y sequía, efectos de la catástrofe climática. “Esto muestra que el gobierno tiene que hacer más en otros sectores, como el mundo entero. Salvar la Amazonia no es ya solo responsabilidad brasileña”, subrayó el especialista.

Datos del no gubernamental Seeg indican que la mayor economía latinoamericana redujo sus emisiones de gases de efecto invernadero, procedentes de las actividades humanas y responsables del aumento de la temperatura del planeta, 17% en 2024, la mayor baja desde 2009.

Si bien el cambio de uso de la tierra (deforestación) reportó una caída de 32%, sectores como la ganadería, uno de los motores de la economía nacional; generación y consumo de energía crecieron 20%, frente al año de referencia de 2005 para su contribución determinada a nivel nacional (NDC, en inglés).

Así, Brasil, el cuarto mayor contaminador mundial, no cumplirá la meta de emisiones de 1320 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) equivalente, el gas responsable del recalentamiento planetario, en 2025, al registrar un faltante de 9 %, según el Seeg, ni la de 2030.

El CO2 equivalente es una medida utilizada para comparar las emisiones de diferentes gases de efecto invernadero en relación con su potencial de calentamiento global.

El expediente brasileño muestra las dificultades de la región para cumplir con sus compromisos voluntarios de reducción de emisiones plasmados en las NDC, el conjunto de políticas de mitigación y adaptación a las consecuencias de la catástrofe climática, que los países deben presentar cada cinco años para cumplir con el Acuerdo de París de cambio climático, rubricado en 2015.

En ese contexto arriba la región a la COP30 de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), que acogerá Belém, en el estado de Pará, del 10 al 21 de noviembre.

La cita anual estará precedida excepcionalmente por una Cumbre de Líderes políticos los días 6 y 7, segmento que la presidencia brasileña de la COP30 adelantó debido a cuestiones logísticas por lo inadecuado de Belém para acoger un encuentro que proyecta acoger a más de 40 000 personas, entre representantes gubernamentales, de organismos internacionales, la academia, organizaciones de la sociedad civil y periodistas.

Paneles fotovoltaicos en una casa en la ciudad de Aguascalientes, en el estado homónimo en el centro de México. La transición energética hacia modos menos contaminantes marcha con lentitud en este país latinoamericano y lo que repercute en la reducción de emisiones de dióxido de carbono. Imagen: Emilio Godoy / IPS

Mal de muchos…

 México, la segunda economía regional y el segundo mayor contaminador latinoamericano, enfrenta una situación semejante a la de Brasil, cuya tercera NDC es “insuficiente”, acorde con la plataforma científica internacional Climate Action Tracker (CAT).

Las emisiones totales entre 1990 y 2022 crecieron 67%, mientras que en el decenio 2012-2022 este indicador se situó en 5,8%.

La generación y uso de energía aportó 63%, la ganadería, 15%; los procesos industriales, 9,6%, y los residuos, 8,5%.

El gobierno mexicano asegura que está en ruta de alcanzar la reducción de 30% de las emisiones en 2030, en línea con su NDC de 2022, que CAT calificó de “críticamente insuficiente” ante la meta del Acuerdo de París de estabilizar el incremento de la temperatura global en 1.5 grados centígrados.

Cuando están por abrirse las puertas de la COP30, México está aún por publicar su nueva NDC, que estipularía una meta de reducción de emanaciones de 35%, unos 225 millones de toneladas de CO2.

Argentina, por su parte, asegura que está muy cerca de lograr su meta de baja de contaminación, que totalizó 401 millones de toneladas en 2022. La nación sudamericana colocó su meta para 2030 en 349 millones.

Pero organizaciones de la sociedad civil de la tercera economía regional hallan difícil el seguimiento al proceso y la corroboración de la cifra.

“La fuente confiable debería ser el inventario (de emisiones), porque de lo contrario es muy difícil acceder a la información. Cuando la incertidumbre es tan grande, es muy difícil el seguimiento. No estaríamos en dirección correcta para la meta. Tampoco hay políticas que incentiven reducción de emisiones”, dijo a IPS desde Buenos Aires Camila Mercure, coordinadora de Política Climática de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (Farn).

Entre 1990 y 2022, las emisiones aumentaron 46%. En este último año, la generación y utilización de energía colaboró con 50%, la agricultura y ganadería, 25%; uso de la tierra y cambio de uso de suelo (Uscus, medidor de la deforestación), 13%; residuos y procesos industriales, ambos 6%.

Para el cumplimiento de su NDC, Argentina elaboró un plan de adaptación y mitigación que contiene 250 medidas y estimaciones de financiamiento necesario de 180 322 millones de dólares para 169 acciones. Sin embargo, no especificó montos para el resto.

Pero en 2024 publicó un informe de avance del plan y cita que la mayoría de las políticas no se han aplicado y de otras no existe información.

CAT catalogó de “insuficientemente crítica” la NDC de 2022 y estimó que el nivel de emisiones de 2022 implicaría una proyección de aumento de 15% en 2030, lo que incumpliría su propia meta voluntaria de recorte. Entre tanto, se espera que el país presente antes de inaugurarse la COP30 la actualización de su NDC.

Mientras, Chile, la quinta economía regional, ha sido de los países latinoamericanos más ambiciosos en su NDC, aunque esto se ha atenuado en sus nuevos objetivos.

En 2022, la nación sudamericana lanzó a la atmósfera 111 millones de toneladas, para una subida de 135 % frente a 1990 y de 7 % desde 2020.

La energía cooperó con 50%, Uscus, 33%; y agricultura, residuos y procesos industriales, los tres 5%.

La NDC de 2020 planteó una meta de disminución de 95 millones de toneladas en 2030 y su nueva política, presentada en septiembre último, la situó por debajo de 90 millones en 2035

Al respecto, CAT la calificó de “casi suficiente” frente al Acuerdo de París, pero advirtió que la brecha entre ambos objetivos ha crecido, de 10 millones de toneladas en 2030 a 22 millones en 2035, indicativo de un debilitamiento de la ambición.

Finalmente, Colombia, la cuarta economía regional, emanó 280 millones de toneladas en 2021, que representan un aumento de 25,8 % en comparación con 1990.

El Uscus participó con 34,49%, seguido por energía (32,71%) y agricultura (20,69%).

En su NDC actualizada en septiembre, el país aumentó su ambición a un límite de emisiones entre 155 millones y 161 millones en 2035, ante 169 millones asumido para 2030 en su política previa. Sin embargo, el alcance y la ruta de ejecución aún son una incógnita.

CAT consideró “insuficiente” la NDC 2, mientras aún no evalúa el nuevo instrumento.

Los países abordados han asumido la meta de cero neto en 2050, entendidas como la equivalencia de las emisiones lanzadas y las evitadas, y el diferencial, anulado mediante el uso de depósitos de carbono, como bosques y manglares, o herramientas tecnológicas.

Varios informes recientes alertan de la insuficiencia de las NDC frente a la meta de 1,5 grados. Por ejemplo, el Balance Mundial sobre el cumplimiento del Acuerdo de París señaló que el avance es lento frente al desafío y que el mundo tiene una ruta extraviada hacia los objetivos plasmados en el acuerdo.

La construcción de alojamientos en la ciudad amazónica de Belém, en el norteño estado brasileño de Pará, para alojar a los más de 40 000 participantes en la COP30, ha seguido hasta las vísperas de cumbre, que busca reencauzar la lucha climática en un contexto de desastres y de retroceso en el diseño y aplicación de políticas climáticas. Imagen: COP30

¿Más de lo mismo?

El brasileño Tsai menciona la necesidad de compromisos obligatorios a nivel internacional para abandonar progresivamente el petróleo, el gas y el carbón, así como medidas nacionales para reducir las emisiones, como el fomento a biocombustibles provenientes de residuos y la restauración de áreas pastoriles dañadas.

“Según nuestras estimaciones, hay suficiente tierra para biocombustibles que descarbonicen Brasil. Es una forma rápida de cambiar el panorama de las emisiones. Pero tenemos que arribar a tecnologías más eficientes, etanol de caña de azúcar y soja no son las mejores opciones. Pero seguramente veremos lo mismo de cumbres previas, es un panorama difícil de cambiar”, planteó el experto.

Para la argentina Mercure, la principal barrera es la falta de prioridad de la temática climática.

“Hay una puja por seguir con el modelo actual (de uso de combustibles fósiles). El escenario es bastante complejo. En la reducción (de emisiones), lo que termina sucediendo es que las metas y compromisos son ambiciosos en el papel, pero no están las hojas de ruta correspondientes para llegar a ese número. Vale preguntarse cuál es el camino para seguir, para presionar para elegir una ruta mejor”, lamentó.

Con la intensificación de desastres, como huracanes poderosos, y la meta de 1,5 grados al borde de la ruptura, la COP30 difícilmente aportará un cambio de ruta, especialmente bajo la luz de las NDC actualizadas.

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