desgravación arancelaria

Acuerdo Mercosur–Unión Europea: cómo cambia el mapa productivo argentino y qué regiones ganan y pierden

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El Acuerdo de Asociación entre el Mercosur y la Unión Europea, firmado el 17 de enero en Asunción tras más de 25 años de negociaciones, abre un nuevo escenario para la economía argentina y redefine el mapa productivo regional. El entendimiento prevé una desgravación arancelaria asimétrica y progresiva que permitirá el acceso a un mercado de casi 500 millones de habitantes, de alto poder adquisitivo y responsable de alrededor del 15% del Producto Bruto Interno mundial.

Según el análisis del economista Gerardo Alonso Schwarz, los beneficios iniciales se concentrarán en los sectores que ya exportan a la Unión Europea, mediante la reducción inmediata de aranceles sobre el comercio existente. Actualmente, ese bloque explica cerca del 10% de las exportaciones totales argentinas, con una fuerte gravitación de la región pampeana en términos de volumen y del Noroeste Argentino en participación relativa.

El acuerdo establece que la Unión Europea eliminará aranceles de manera acelerada: el 80% de las posiciones arancelarias se liberará de forma inmediata y el resto en un plazo máximo de diez años, incluyendo el 99% de la oferta agrícola. En contraste, el Mercosur contará con períodos de transición más largos, de hasta quince años, para productos sensibles como automóviles, autopartes, maquinaria y químicos, junto con mecanismos de salvaguarda para evitar daños significativos a las industrias locales.

Acuerdo UE–Mercosur: puntos centrales

  • Acceso a un mercado de casi 500 millones de habitantes.
  • Desgravación arancelaria asimétrica y progresiva.
  • 80% de los aranceles europeos se eliminan de forma inmediata.
  • Períodos de transición de hasta 15 años para sectores sensibles del Mercosur.
  • Mecanismos de salvaguarda ante aumentos bruscos de importaciones.

Más allá del impacto inmediato, el trabajo identifica dos efectos centrales en el mediano plazo: la creación y la desviación del comercio. La creación de comercio permitirá la aparición de nuevas exportaciones, favoreciendo a sectores como la carne vacuna en la región pampeana, la pesca en la Patagonia, el maní en Córdoba, el vino en Cuyo y producciones regionales como cítricos, miel y té en el Noroeste y Noreste Argentino. En paralelo, la desviación de comercio plantea riesgos para sectores industriales orientados al mercado brasileño, especialmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y algunas economías regionales del NEA.

El análisis incorpora el caso de Chile como referencia empírica. En un contexto de apertura comercial plena con la Unión Europea, Chile logró desarrollar industrias exportadoras competitivas, demostrando que es posible convivir con proveedores europeos si se identifican nichos de mercado y se reducen costos estructurales. En ese marco, Schwarz subraya que la clave para la Argentina será aprovechar el período de transición para avanzar en reformas que reduzcan el denominado “costo argentino”.

Impacto regional del acuerdo

  • Cuyo: vinos, minería y agroexportación; principal beneficiaria.
  • NOA: cítricos, legumbres, miel y minería; desafíos ambientales y logísticos.
  • Patagonia: pesca y energía; riesgos tecnológicos en Tierra del Fuego.
  • Región Centro: mayores ganancias absolutas, pero fuerte competencia industrial.
  • NEA: alto potencial en arroz, madera, infusiones y carne; baja inserción internacional.

Un capítulo central del acuerdo es el ambiental. El cumplimiento obligatorio del Acuerdo de París y las exigencias vinculadas a la deforestación cero podrían transformarse en barreras no arancelarias para productos como carne, soja, madera y biodiesel, con especial impacto en provincias del NOA y del NEA. En particular, la posible clasificación del biodiesel argentino como producto de “alto riesgo” por cambio indirecto en el uso del suelo representa un desafío relevante para uno de los principales rubros de exportación al bloque europeo.

Desde una mirada regional, el estudio concluye que Cuyo aparece como la principal ganadora potencial, impulsada por la baja de aranceles al vino, la minería y su perfil agroexportador. Le siguen el NOA, con fuerte complementariedad productiva, y la Patagonia, beneficiada por la pesca y la energía, aunque con desafíos tecnológicos en Tierra del Fuego. La región Centro concentra los mayores volúmenes y ganancias absolutas, pero enfrenta una competencia más intensa en sectores industriales. El NEA, en tanto, muestra un alto potencial a largo plazo, condicionado a una mayor inserción internacional, certificaciones técnicas y cumplimiento de estándares ambientales.

En síntesis, el acuerdo Mercosur–Unión Europea abre oportunidades transversales para todas las regiones del país, pero su aprovechamiento dependerá de la capacidad de modernizar la producción, mejorar la competitividad, reducir costos logísticos y adaptarse a las nuevas reglas del comercio internacional.

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