A menos de 48 horas del operativo militar en Venezuela y de la captura de Nicolás Maduro, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, profundizó una escalada retórica y política que sacude al hemisferio occidental. Desde el Air Force One, el mandatario lanzó amenazas explícitas contra Colombia, Cuba, México y Groenlandia, bajo el argumento de la “seguridad nacional” y la lucha contra el narcotráfico, en una ofensiva que reaviva viejas doctrinas de intervención y genera alarma en América Latina y Europa.
Las declaraciones, realizadas el domingo 4 de enero de 2026 durante su regreso a Washington desde Mar-a-Lago, consolidan un giro abiertamente confrontativo de la política exterior estadounidense, con implicancias económicas, diplomáticas e institucionales para toda la región.
Venezuela como punto de partida de una ofensiva regional
Trump volvió a advertir a Caracas que podría haber un “segundo ataque” si el nuevo gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez no concede a Washington “acceso total” a los recursos naturales del país. La amenaza llegó pocas horas después de que Rodríguez asumiera tras la captura de Nicolás Maduro y su esposa en una operación militar calificada como ilegal por distintos actores internacionales.
“Si no se portan bien, lanzaremos un segundo ataque”, afirmó el presidente estadounidense, reforzando la idea de que la intervención en Venezuela no fue un hecho aislado sino el primer movimiento de una estrategia más amplia. En ese marco, el propio Trump vinculó el futuro de otros países de la región al desenlace venezolano, particularmente Cuba, histórica aliada de Caracas.
El endurecimiento del discurso se inscribe en la Estrategia de Seguridad Nacional publicada el mes pasado por la Casa Blanca, donde la administración republicana plantea la restauración de la “preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental” como uno de los pilares centrales del segundo mandato de Trump. El mandatario incluso reivindicó la Doctrina Monroe y el Corolario Roosevelt como antecedentes de su enfoque, llegando a bromear con que ahora algunos la llaman la “Doctrina Donroe”.
Colombia y Cuba, en el centro de las advertencias más explícitas
Uno de los blancos más sensibles fue Colombia. Trump apuntó directamente contra el presidente Gustavo Petro, a quien acusó sin pruebas de estar vinculado al narcotráfico. “Colombia está dirigida por un hombre enfermo que le gusta hacer cocaína y venderla a Estados Unidos”, afirmó, y agregó que Petro “no va a seguir haciéndolo mucho tiempo”.
Ante la pregunta de un periodista sobre si eso implicaba una posible operación militar estadounidense en territorio colombiano, Trump respondió sin matices: “Suena bien”. Las declaraciones se producen en un contexto ya tenso: en septiembre, Estados Unidos incluyó a Colombia —principal receptor histórico de asistencia estadounidense en la región— en la lista de países que no cooperan plenamente en la lucha contra las drogas, lo que redujo la ayuda bilateral por primera vez en casi 30 años.
La cancillería colombiana calificó las amenazas como una “injerencia inaceptable”, mientras Petro respondió públicamente que su nombre “no aparece en los archivos judiciales sobre narcotráfico” y exigió el cese de las calumnias. Más tarde, el mandatario colombiano elevó el tono al señalar que, aunque había jurado no volver a tomar las armas tras el acuerdo de paz de 1989, “por la patria” podría verse obligado a hacerlo.
En paralelo, Trump extendió su advertencia a Cuba, aunque descartó una invasión directa. Según el presidente estadounidense, la isla “siempre ha sobrevivido gracias a Venezuela” y ahora, sin el apoyo económico del chavismo, “está a punto de caer”. “No pienso que debamos tomar ninguna acción. Parece que se está cayendo”, sostuvo.
El secretario de Estado, Marco Rubio, reforzó esa línea al afirmar que efectivos cubanos custodiaban a Maduro antes de su captura y que estaban a cargo de tareas de inteligencia interna. Posteriormente, el gobierno cubano confirmó que 32 de sus efectivos murieron durante la operación militar estadounidense en Venezuela, un dato que incrementó la tensión diplomática.
México y Groenlandia: narcotráfico y seguridad nacional como ejes
Trump también incluyó a México en su lista de advertencias. “Hay que hacer algo con México”, dijo, al acusar al país de permitir el ingreso de estupefacientes a Estados Unidos. Si bien señaló que le “encantaría” que el propio gobierno mexicano resolviera el problema, sostuvo que los cárteles “son muy fuertes”. Además, deslizó críticas hacia la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien describió como una “persona estupenda” pero con “un poco de miedo” frente al poder del narcotráfico, y afirmó que ella rechazó en varias oportunidades el envío de tropas estadounidenses.
La mayor sorpresa, sin embargo, volvió a ser Groenlandia. Trump insistió en que Estados Unidos “necesita” ese territorio autónomo de Dinamarca por razones de seguridad nacional. “Es tan estratégico en este momento. Está cubierto de barcos rusos y chinos por todas partes”, argumentó, al tiempo que sostuvo que Dinamarca “no va a ser capaz” de garantizar esa seguridad.
Aunque ante el repudio europeo intentó bajar el tono —“nos preocuparemos por Groenlandia en dos meses”—, sus declaraciones encendieron alarmas en Copenhague y en la Unión Europea. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, respondió que Estados Unidos “no tiene derecho a anexar” el territorio y pidió que se respeten los acuerdos de seguridad existentes. Desde Groenlandia, el primer ministro Jens Frederik Nielsen fue aún más contundente: “¡Ya basta! Basta de presión, de insinuaciones y de fantasías de anexión”.
Un escenario de alta tensión internacional
Las amenazas de Trump, pronunciadas en un lapso de pocas horas, ofrecen una señal clara del clima político que se abre tras la intervención en Venezuela. Con un discurso cada vez menos sutil, el presidente estadounidense sacude a aliados y adversarios por igual, mientras crece la incertidumbre sobre cuál será el próximo foco de conflicto y hasta dónde está dispuesto a avanzar Washington en su intento de reconfigurar el equilibrio geopolítico regional.
Más allá de la retórica, el impacto económico y político ya se hace sentir: mercados atentos, gobiernos en alerta y un sistema internacional que vuelve a enfrentar el riesgo de decisiones unilaterales con consecuencias imprevisibles.