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El Gobierno baja tasas y aumenta la intervención cambiaria para contener al dólar en el inicio de marzo

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El inicio de marzo expone un nuevo movimiento táctico en la política económica: el Gobierno redujo las tasas de interés en pesos y al mismo tiempo intensificó su intervención cambiaria para contener la presión sobre el dólar. El tipo de cambio oficial cerró la semana en $1.416, con una suba de 1,4% semanal, mientras el Banco Central de la República Argentina (BCRA) y el Tesoro volvieron a operar activamente en distintos segmentos del mercado.

El diagnóstico, elaborado por la consultora Ecolatina, muestra una dinámica que empieza a definir el tono del frente monetario: menor tasa en pesos, mayor liquidez y presencia oficial en los mercados para evitar un salto cambiario. La pregunta que sobrevuela la estrategia es si el equipo económico podrá sostener ese equilibrio en un contexto de demanda de dinero debilitada y actividad interna aún incierta.

Baja la tasa y sube la intervención

Inicia un marzo con una serie de movimientos en el plano cambiario-monetario. El tipo de cambio de cambio se estabilizó por encima de los $1.400 que registró la semana previa, cerrando en la jornada de hoy en $1.416 (+1,4% semanal).

El reciente cambio de estrategia que motivó una baja de las tasas de interés en pesos y un aumento del dólar produjo una intervención de las autoridades económicas. El Tesoro reapareció en el mercado de cambios vendiendo divisas y el BCRA volvió a intervenir en el dollar linked. De todas formas, las operaciones por el momento no afectaron una liquidez bancaria que luce holgada y las tasas se mantienen en torno al 20% TNA. En otro orden, con datos por febrero cerrado la Base Monetaria volvió a caer nominalmente, producto de una esterilización de las compras de dólares vía BCRA (Pases y mercado secundario) y el Tesoro (licitaciones y superávit fiscal). En este sentido, la compra de divisas está siendo contra mayor deuda pública. Esto ocurre porque la demanda de dinero nominal y real no logra recuperarse.

Para que el programa de compras prosiga sin sobresaltos, será fundamental mantener las expectativas de devaluación a raya, máxime en un año donde los drivers de la actividad interna (y la demanda de dinero que tiene como contrapartida) cada vez están menos claros. Asimismo, para que esta estrategia sea más sostenible en el tiempo será clave retornar a los mercados internacionales de deuda para despejar el perfil de vencimientos en moneda dura y robustecer las perspectivas de Reservas del BCRA. 

Inicia un marzo con una serie de movimientos en el plano cambiario-monetario. El tipo de cambio se estabilizó por encima de los $1.400 que registró la semana previa, cerrando en la jornada de hoy en $1.416 (+1,4% semanal). No obstante, con un techo de la banda aumentando el ritmo de deslizamiento (ajusta a la inflación de 2,9% de enero) la distancia a la banda superior se mantiene en torno al 15% que viene oscilando desde finales de febrero.

Detrás de esta suba, se evidenciaron movimientos en tándem del BCRA y el Tesoro. Mencionábamos la semana pasada que desde mediados de febrero se notó un cambio en la estrategia monetaria, con las autoridades inyectando con mayor determinación liquidez en el mercado (vía licitación de Finanzas y operaciones del BCRA) para contener una tasa en pesos que se posicionó por encima del 40% TNA (hoy en 20% TNA) a costa de un aumento del tipo de cambio.

Respecto al aumento del dólar, se superpuso a esta recalibración monetaria un mayor ruido externo tras los episodios y la escalada bélica de medio oriente, que repercutió en la cotización de las divisas. En concreto, el dólar actuó como refugió global y subió 1,6% en términos nominales en la semana, revirtiendo la tendencia que venían presentando las monedas emergentes. Por caso, Brasil se depreció nominalmente 2,4% desde la irrupción del conflicto, corrigiendo parcialmente la apreciación que venía presentando a lo largo del 2026 (+7%).

En este contexto, el Tesoro reapareció en el mercado de cambios. El pasado 23 de febrero los depósitos del Tesoro en dólares subieron USD 119 M, al tiempo que los depósitos en pesos (expresados en dólares) bajaron USD 132 M, por lo que estimamos que las compras fueron por al menos USD 126 M. Sin vencimientos relevantes por delante, lo importante ocurrió luego: durante las tres ruedas posteriores, el Tesoro se desprendió de la misma cifra en el mercado cambiario, justo en momento donde el dólar (producto de la recalibración mencionada) acumuló un alza del 2,7%.

Por estas razones, estimamos que la estrategia fue contener la presión alcista de la divisa en un contexto donde el equipo económico apostó por lanzar más liquidez al mercado. Y decimos esto porque, a pesar de que por esas fechas se producían vencimientos de deuda en dólares provinciales (puntualmente Buenos Aires por poco más de USD 350 M), no se registraron movimientos inusuales en los depósitos en dólares del sector público. Por el contrario, a finales de febrero se redujeron USD 355 M, indicando que los mencionados vencimientos se cancelaron con depósitos prexistentes (es decir, las provincias no salieron “a demandar”).

En cuanto al BCRA, habría vuelto a ofrecer cobertura cambiaria en el mercado. En una semana atravesada por el ruido externo, se registraron operaciones inusualmente elevadas en la curva de dólar linked (en especial en el instrumento con vencimiento a abril), lo que indicaría que la autoridad monetaria optó por contener el alza en el dólar oficial y por retirar parcialmente la liquidez inyectada a finales de febrero.

Más allá de ello, hasta el momento las operaciones no fueron de una magnitud suficiente para afectar a las tasas en pesos, que se mantuvieron en el orden del 20% TNA. De hecho, el colchón de liquidez luce lo suficientemente “holgado” para que los bancos puedan administrar con comodidad las obligaciones de encajes en pesos. Visto en números, luego de que los Pases que tienen las entidades con el Central se ubicaran al cierre de febrero en $2,6 bn (día donde el Tesoro inyectaba los $0,5 bn correspondientes a la subasta), el stock por dichas operaciones se redujo hasta los $0,98 bn al 4 de marzo (último dato disponible). En contraposición, la obligación de integración en pesos en el BCRA subió en la misma cuantía durante el mismo lapso. Por lo tanto, los bancos cuentan con una liquidez suficiente para rotar desde Pases a encajes y cumplimentar las obligaciones, y un colchón de liquidez cercano al $1 bn (más del doble de lo que exhibieron en gran parte de febrero).

En otro orden, con datos monetarios cerrados por febrero podemos confirmar que la estrategia de compra de divisas del Central a cambio de deuda pública se mantuvo firme. De hecho, lejos de ello la estrategia se profundizó. Yendo al detalle, la Base Monetaria cayó $1,8 bn en términos corrientes durante el segundo mes del año, producto principalmente de una mayor esterilización del BCRA mediante la rueda de simultáneas (-$3,5 bn) de los pesos emitidos por las compras de divisas (+$2,2 bn) y en menor medida del rollover obtenido por Finanzas (-$1,2 bn).

El cambio respecto a enero es que la inyección de liquidez de mediados de febrero implicó que la autoridad monetaria tenga una postura expansiva en el mercado secundario (al menos +$0,5 bn) y, por lo tanto, las compras en el MULC no tuvieron como contrapartida la cobertura cambiaria ofrecida en aquel entonces. Respecto a esto, habrá que ver si la reciente nueva intervención en dollar linked se convierte en una postura sistemática u obedece a factores puntuales debido a la coyuntura internacional.

Parte de esta estrategia obedece a una demanda de dinero que no termina de aparecer. Los diferentes agregados monetarios (proxy de la demanda dinero) cayeron en mayor medida durante el mes pasado. El M2 Privado Transaccional (circulante + depósitos no remunerados) cayó a 0,2% mensual sin estacionalidad y el M3 Privado (M2 + plazos fijos) descendió 1,1% s.e., mientras que el M2 Privado (circulante + depósitos sin excluir remunerados) fue el único en subir (+0,7% s.e.).

El punto está en que sin una recuperación de la actividad interna y el consumo no habrá demanda que compense la emisión de Base. Los indicadores de consumo (autos, escrituras, etc.) no terminan de despegar y el panorama del crédito no luce alentador (moras históricamente elevadas), sumado a una actividad anclada principalmente en actividades primarias que no dan espacio a que emerja una demanda de dinero por motivos transaccionales en el corto plazo. Incluso, el leve “oxígeno” para actividades domésticas que puede implicar la reciente suba del tipo de cambio no tuvo como contrapartida una depreciación real. De hecho, se apreció, fruto de la aceleración de la inflación y una depreciación nominal que estuvo por debajo de los socios comerciales (nos apreciamos 2% con Brasil desde el conflicto en medio oriente).

Para peor, la demanda nominal de dinero no tiene una recuperación clara. El M2 Privado transaccional y el M2 Privado acumulan una baja del 2,0% y 4,7% en lo que va de 2026, respectivamente, mientras que el M3 fue el único que creció (+1,6%) fruto del comportamiento de los plazos fijos (+9,9%) que fueron constituidos a una tasa de interés real en terreno positivo. Es decir, la demanda de pesos no está apareciendo ni siquiera para convalidar un contexto de mayores precios (necesito más $ para comprar la misma cantidad), algo que está detrás del cálculo de las compras por USD 10.000 M que estimó el BCRA en el relanzamiento del programa.

En suma, la política monetaria es contractiva. La inyección de pesos por compra de divisas se las esteriliza en mayor cuantía mediante las operaciones del Central (Pases + mercado secundario) y el Tesoro (licitaciones y superávit fiscal). Para que el programa de compras prosiga sin sobresaltos, será fundamental mantener las expectativas de devaluación a raya, máxime en un año donde los drivers de la actividad interna (y la demanda de dinero que tiene como contrapartida) cada vez están menos claros. Asimismo, para que esta estrategia sea más sostenible en el tiempo será clave retornar a los mercados internacionales de deuda para despejar el perfil de vencimientos en moneda dura y robustecer las perspectivas de Reservas del BCRA.  

Sube del dólar oficial

El tipo de cambio spot finalizó en $1.416 (+1,4% semanal). Por otro lado, el BCRA compró USD 291 M en la semana y las Reservas Netas (Brutas – Swap CH y USA – Encajes – REPOs – SEDESA) se ubicarían en terreno negativo por USD 500 M.

La brecha cambiaria se estabiliza

Los dólares alternativos finalizaron mixtos: el dólar minorista subió 0,7% ($1.436) respecto al viernes de la semana anterior, el dólar CCL operado con CEDEARs ascendió 1,3% ($1.479) y, por el contrario, el dólar MEP operado con AL30 se redujo 0,4% ($1.431) y el blue bajó 0,7% ($1.415). De esta forma, la brecha promedio finalizó en la zona del 2%.

Los futuros de dólar suben

Los contratos a futuro del dólar acompañaron al movimiento del spot. En detalle, los contratos con vencimiento entre marzo a mayo subieron 0,5% y aquellos con vencimiento desde junio 2026 aumentaron 0,7%. Respecto a las devaluaciones implícitas, el mercado cerró con una devaluación del +1,7%, +4,0% y +6,3% para marzo, abril y mayo, respectivamente.

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El Banco Central suma US$124 millones y consolida la mayor racha compradora

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La entidad acumula 41 ruedas consecutivas de compras en el mercado oficial y casi US$3.000 millones en 2026. La dinámica fortalece la estrategia cambiaria del Gobierno, aunque las reservas volvieron a caer por factores externos.

Un Banco Central comprador en un contexto global adverso

El Banco Central aceleró este jueves su intervención en el mercado de cambios y compró US$124 millones, en una jornada que extendió la racha compradora a 41 ruedas consecutivas, la más larga desde 2012. La operación consolidó un saldo positivo cercano a US$3.000 millones en lo que va de 2026, en un contexto internacional más volátil por el conflicto en Medio Oriente y el fortalecimiento global del dólar.

El dato no pasó desapercibido en la City. El inicio de marzo suele estar marcado por una mayor demanda minorista de divisas y pagos vinculados a consumos en el exterior, un escenario que habitualmente presiona al mercado cambiario. Sin embargo, la autoridad monetaria logró sostener compras netas y mantener estabilidad relativa en el tipo de cambio, con el dólar minorista promedio vendedor en $1.425,473.

La pregunta que empieza a circular entre analistas es si esta dinámica representa una señal de fortaleza estructural del esquema cambiario del Gobierno o si se trata de una ventana transitoria sostenida por condiciones específicas del mercado.

La dinámica del mercado oficial y el rol central del BCRA

Según el seguimiento de la consultora Facimex, en las primeras tres ruedas de marzo el Banco Central acumuló compras por US$127 millones en el mercado de cambios, distribuidas en US$70 millones el lunes, US$17 millones el martes y US$40 millones el miércoles.

La secuencia se amplió con la intervención de este jueves, que elevó la magnitud de las compras diarias y reforzó una tendencia que el mercado evalúa en dos dimensiones: persistencia y volumen. La continuidad de las intervenciones es clave para medir si el proceso de acumulación de reservas responde a una estrategia sostenida o a condiciones circunstanciales.

En ese sentido, el actual ciclo de 41 ruedas consecutivas de compras en el mercado oficial se convirtió en un indicador político y económico relevante. La última vez que el Banco Central registró una racha comparable fue en 2012, cuando alcanzó 52 jornadas consecutivas.

La comparación adquiere mayor peso porque, al observar la intervención cambiaria en dólares constantes durante las primeras ruedas de cada año, 2026 se ubica entre los tres mejores registros de la última década. El acumulado de US$2.800 millones queda solo por detrás de 2025 (US$3.700 millones) y 2024 (US$6.400 millones).

Los tres registros corresponden al actual ciclo de política económica, un dato que el mercado utiliza para evaluar consistencia y sostenibilidad del esquema cambiario.

Reservas en retroceso y señales mixtas

Pese a las compras, las reservas brutas cayeron US$383 millones y cerraron en US$45.825 millones, perforando nuevamente el umbral de los US$46.000 millones.

La baja respondió principalmente a factores de valuación y compromisos externos. La caída del precio del oro, que retrocedió 1,4%, generó una pérdida cercana a US$200 millones, mientras que los pagos a organismos internacionales sumaron alrededor de US$30 millones.

Este contraste entre compras sostenidas en el mercado oficial y retrocesos en el stock de reservas ilustra una de las tensiones estructurales del frente cambiario: acumular divisas no siempre se traduce de forma inmediata en mayor nivel de reservas, especialmente cuando intervienen factores financieros globales.

Tipo de cambio y tasas: el equilibrio que busca el Gobierno

El tablero cambiario mostró movimientos moderados en las distintas cotizaciones.

El dólar mayorista subió $6,50 y cerró en $1.407, consolidándose por encima de los $1.400, mientras que el dólar minorista en el Banco Nación avanzó 0,4% hasta $1.425. En paralelo, el dólar blue retrocedió a $1.400, con una baja diaria de $15.

En los segmentos financieros, el contado con liquidación (CCL) se ubicó en $1.474,93 y el MEP en $1.432,10, mientras que el dólar tarjeta alcanzó $1.852,50.

Las tasas también forman parte del esquema de estabilización. La TAMAR de bancos privados se ubicó en 31,00% nominal anual y la BADLAR en 28,44%, niveles que el sistema financiero utiliza como referencia para sostener el atractivo relativo de los instrumentos en pesos frente a la dolarización.

Un peso fortalecido y un Tesoro con bajo protagonismo

Otro dato relevante del reporte es el rol limitado del Tesoro en el mercado de cambios. Facimex registró ventas por US$265 millones en enero y estima que en febrero el resultado fue prácticamente neutro.

Según esa reconstrucción, el Tesoro realizó una compra de US$132 millones el 23 de febrero y ventas por US$118 millones entre el 24 y el 26, lo que confirma un protagonismo acotado frente a la intervención del Banco Central.

En ese marco, el peso mostró una fortaleza inusual: las compras de divisas no generaron presiones cambiarias y el tipo de cambio se mantuvo lejos del techo de la banda. Durante el primer bimestre del año la moneda argentina se apreció 3,5%, y en el inicio de marzo sumó 0,5% adicional, convirtiéndose en la moneda emergente con mejor desempeño relativo, incluso en un contexto global de fortalecimiento del dólar.

Un frente cambiario que sigue bajo observación

La dinámica actual ofrece al Gobierno un margen de estabilidad en uno de los frentes más sensibles de la economía. La continuidad de compras del Banco Central, combinada con un tipo de cambio contenido y tasas en niveles positivos, refuerza la narrativa oficial de un esquema cambiario ordenado.

Sin embargo, el escenario externo introduce un elemento de incertidumbre. La guerra en Medio Oriente elevó la aversión al riesgo global y fortaleció al dólar frente a otras monedas, una tendencia que podría trasladar presión a los mercados emergentes.

En ese contexto, la clave para las próximas semanas será observar si la racha compradora del Banco Central logra sostenerse cuando aumenten las tensiones financieras externas o si el actual equilibrio responde a condiciones transitorias del mercado.

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