La Entidad Binacional Yacyretá (EBY) adjudicó ayer las dos licitaciones principales para llevar adelante el proyecto de Aña Cuá, que consiste en poner tres turbinas y hacer una mini-represa en el brazo del Paraná que lleva ese nombre y está situado a 12 kilómetros de la central principal. Aportará casi un 10% de energía adicional a una central que aporta el 14 o 15% del total que consume la Argentina.
Voith ganó el trabajo para hacer las tres turbinas por u$s 93 millones y el consorcio integrado por la argentina Rovella, la paraguaya Tecnoedile y la italiana Astaldi obtuvieron la orden por u$s 193 millones para hacer las obras civiles. Sin embargo, todavía deben firmarse los contratos.
Si bien nadie lo hizo notar, lo cierto es que con el anuncio de ayer, quedaron oficialmente en el camino empresas constructoras que estaban involucradas en la causa de los “cuadernos” y que participaron en esa licitación internacional: Techint, Roggio, Iecsa (absorvida por SACDE), la ex empresa de la familia del presidente Macri y Chediak, entre otras.
Ayer, funcionarios argentinos y paraguayos destacaron la palabra “transparencia” y señalaron un dato importante: La consultora que contrataron estimó el costo de Aña Cuá en u$s600 millones y en la licitación, la puja de precios de las firmas para quedarse con el contrato bajó la cotización de los mismos trabajos en 200 millones de dólares.
Blindar a la EBY de la política
Si bien el de ayer fue un anuncio que ameritaba la visita de los presidentes de ambos países, como sucedió en cada hito importante en la historia de la represa binacional, ayer en Ituzaingó Mauricio Macri y Mario Abdo brillaron por su ausencia. Tampoco estuvieron los gobernadores y el acto quedó acotado a las máximas autoridades de la EBY.
No fue casual, en la entidad binacional quieren despolitizar todo lo posible la concreción de Aña Cuá y tener a los primeros obradores levantados y los camiones moviendo tierra y haciendo los primeros trabajos antes de las elecciones presidenciales. “Hacemos las cosas para que esto siga, gobierne quien gobierne después del 10 de diciembre”, dijo Martin Goerling, ante la consulta de Economis.
Por eso trabajan contrareloj para acelerar la firma de los contratos, el paso siguiente a la adjudicación de las licitaciones. No es fácil, se trata de contratos complejísimos con innumerables cláusulas que ponen ambas partes para proteger sus intereses y prevenir una largo abanico de contingencias.
Mientras este trabajo avanza, en la Argentina habrá elecciones primarias en menos de tres semanas y más tarde, las presidenciales de octubre. ¿Qué pasa si vuelve Fernández-Fernández? No hay que olvidarse que está con prisión domiciliaria Oscar Thomas, el único acusado por la causa de los “cuadernos” que no se declaró culpable bajo la figura del arrepentido y el gran “héroe” de Yacyretá. Ningún director ejecutivo de la EBY inauguró tantas obras o duró tanto en el cargo como el misionero.
Lo político fue decisivo
Aña Cuá fue posible gracias a la sintonía de Mauricio Macri y el presidente paraguayo Horacio Cartes, ambos provenientes del sector empresario y del fútbol, que acordaron viejos reclamos por al deuda del país guaraní con la entidad binacional.
Cuando se fue Cartes y llegó Mario Abdo, el apoyo a la gestión para realizar Aña Cuá se renovó con el mismo entusiasmo. “Nos reunimos con el presidente Abdo, le explicamos lo que estábamos haciendo y nos dijo, ‘adelante'”, explicó ayer Goerling, en una improvisada conferencia de prensa que dio al lado de un enorme caño de acero en las entrañas de la central más importante del país. Ese enorme caño es parte de los trabajos de puesta en valor de las 20 turbinas originales que llevó adelante la gestión Goerling-Schiavoni.
Este apoyo político de Paraguay fue imprescidible para avanzar con la obra. Ayer en la conferencia de prensa los periodistas guaraníes le hacían preguntas incisivas a Nicanor Duarte Frutos, el ex presidente y actual director ejecutivo de la EBY por el vecino país. Consultaban por obras pendientes, por el precio al que van a vender la energía y otras cuestiones. Al igual que Itaipú, ellos miran a Yacyretá como negocios que se hicieron para beneficio de los socios más grandes.
Lo que los paraguayos no tienen en cuenta es que a Yacyretá la pagaron íntegramente los contribuyentes argentinos, con impuestos, con deuda, con déficit del Estado y con crisis.
Justamente lo que se busca con Aña Cuá es reescribir la historia negra de la construcción original de Yacyretá, sin impacto medio ambiental (el daño ya está hecho con el embalse), sin relocalizaciones de pobladores, sin sobreprecios y obras larguísimas que nunca se terminan porque alguien quiere cobrar eternamente.