empleo Argentina crisis

Un prestigioso centro de estudios analizó las mediciones oficiales y sostuvo que el Indec exagera la baja de la pobreza

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La evolución reciente de la pobreza en Argentina quedó bajo revisión técnica. Un informe del CEDLAS (Universidad Nacional de La Plata) identificó tres mecanismos clave que alteran la medición oficial y que, en conjunto, tienden a sobrestimar la magnitud de la caída registrada entre 2023 y 2025.

El dato central es contundente: la baja de la pobreza es real, pero significativamente menor a la que reflejan las estadísticas del INDEC.

Según la serie oficial, la pobreza pasó de 41,7% en el segundo semestre de 2023 a un pico de 52,9% en el primer semestre de 2024, para luego descender hasta 31,6% en el primer semestre de 2025. Sin embargo, el CEDLAS advierte que variaciones de esa magnitud no encuentran correlato en cambios equivalentes en actividad, empleo o gasto social, lo que abre interrogantes sobre la consistencia del indicador.

Tres distorsiones que cambian la lectura

El informe identifica tres factores técnicos que inciden directamente en la medición:

1. Desfasaje entre ingresos y precios
Los ingresos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares corresponden al mes previo a la encuesta, mientras que la canasta se valoriza a precios actuales. En un contexto de alta inflación, esto genera una sobrestimación de la pobreza en períodos de aceleración inflacionaria, especialmente entre fines de 2023 y comienzos de 2024.

2. Subreporte y mejora en la captación de ingresos
La evolución de los ingresos relevados en la encuesta no coincide con registros administrativos. Parte de la caída de la pobreza se explica por una mejor captación estadística (transferencias, ingresos no laborales) y no necesariamente por una mejora real del poder adquisitivo.

3. Canasta desactualizada
La Canasta Básica Total aún utiliza patrones de consumo de 2004/05. Al actualizarla con datos más recientes (ENGHo 2017/18), donde los servicios tienen mayor peso, la pobreza resulta sistemáticamente más alta, con diferencias superiores a 5 puntos porcentuales.

Una caída mucho más moderada

Al corregir estos tres factores, el resultado cambia de manera sustancial:
entre el segundo semestre de 2023 y el primero de 2025, la pobreza no habría caído 10 puntos porcentuales, sino apenas alrededor de 2 puntos, ubicándose en torno al 41,5%.

Este contraste refleja una tensión creciente entre estadística y realidad económica. Como sintetizó Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA: “hay una paradoja entre la estadística de la pobreza y la capacidad de consumo”.

El freno estructural: inflación y salarios

Las perspectivas tampoco muestran una mejora sostenida. Distintos análisis coinciden en que la dinámica futura de la pobreza estará condicionada por tres variables:

  • Inflación persistente, especialmente en alimentos
  • Salarios que corren por debajo del IPC
  • Deterioro del mercado laboral, con mayor subocupación y demanda de empleo

En ese contexto, incluso con desaceleración inflacionaria, el poder adquisitivo de los sectores más vulnerables sigue bajo presión, lo que limita la posibilidad de una reducción sostenida de la pobreza.

El resultado es un escenario más complejo de lo que sugieren los números oficiales: menos pobreza que en el peor momento de la crisis, pero lejos de una recuperación sólida.

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El desempleo en la Argentina subió al 7,5% y expone las fracturas del mercado laboral

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El mercado laboral argentino volvió a encender una señal de alerta. Tras varios trimestres de relativa estabilidad, la desocupación retomó una tendencia ascendente y cerró el 2025 en 7,5%, marcando un incremento tanto en la comparación interanual como en la dinámica reciente.

El dato, difundido por el INDEC, no solo implica que más de un millón de personas se encuentran sin empleo en los principales centros urbanos del país, sino que también confirma un cambio de clima en el frente laboral. La economía no logra absorber la demanda de trabajo al ritmo necesario, y comienzan a emerger tensiones que trascienden el número puntual del desempleo.

La tasa de desocupación registró una suba de 1,1 punto porcentual (p.p.) respecto al mismo trimestre del año anterior (es decir, de 6,4% a 7,5%), lo que indica una diferencia estadísticamente significativa”, señala el reporte del INDEC.

La tasa de desocupación para el grupo de mujeres de 14 a 29 años presenta una variación de 3,0 p.p., mientras que para el grupo de varones del mismo grupo etario es de 3,7 p.p. Para los grupos de edades centrales (de 30 a 64 años), tanto de mujeres como de varones, las tasas se mantuvieron estables. Por otra parte, la tasa de informalidad presentó niveles similares.

La lectura más inmediata podría sugerir un deterioro clásico: menos empleo, más desocupación. Sin embargo, el fenómeno es más complejo. La tasa de actividad se mantuvo prácticamente sin cambios, lo que indica que no hubo un retiro masivo de personas del mercado laboral. Por el contrario, la presión sobre el empleo se intensifica.

Ese concepto -la presión laboral- resulta clave. No solo incluye a quienes buscan trabajo y no lo consiguen, sino también a quienes, aun estando ocupados, intentan cambiar o ampliar su situación laboral. En el cuarto trimestre, ese universo alcanzó el 30% de la población económicamente activa , un nivel que refleja con claridad la fragilidad del esquema actual.

El problema, entonces, no es únicamente la falta de empleo, sino la calidad y estabilidad.

📊 Mercado laboral argentino: datos clave (INDEC)

Indicador Valor
Tasa de actividad 48,6%
Tasa de empleo 45,0%
Tasa de desocupación 7,5%
Población ocupada 13,5 millones
Población desocupada 1,1 millones
Subocupación 11,3%
Informalidad laboral 43,0%
Presión sobre el mercado laboral 30,0%

Fuente: INDEC – Encuesta Permanente de Hogares (EPH), cuarto trimestre 2025.

Según el relevamiento oficial, el 43% de los ocupados se desempeña en condiciones de informalidad . Es decir, casi la mitad del mercado laboral opera por fuera de los marcos formales, sin aportes jubilatorios ni cobertura social. A esto se suma una tasa de subocupación del 11,3%, que refleja a quienes trabajan menos horas de las deseadas y buscan ampliar su jornada.

En ese contexto, la suba del desempleo aparece como la punta visible de un fenómeno más profundo: la incapacidad del sistema económico para generar empleo de calidad de manera sostenida.

El comportamiento por franjas etarias refuerza esta lectura. Los mayores aumentos en la desocupación se registran entre los jóvenes de 14 a 29 años, tanto en varones como en mujeres, con subas superiores a los tres puntos porcentuales en el último año. Se trata del segmento más vulnerable del mercado laboral, donde la inserción es más precaria y la rotación más alta.

En contraste, las edades centrales -entre 30 y 64 años- muestran mayor estabilidad, lo que sugiere que el ajuste del mercado laboral se concentra en los extremos: jóvenes que no logran ingresar y trabajadores informales o de baja calificación que quedan más expuestos.

Otro dato relevante es la composición del empleo. Más del 70% de los ocupados son asalariados, pero una porción significativa lo hace sin aportes, lo que consolida un esquema de formalidad parcial. Paralelamente, el trabajo por cuenta propia mantiene una participación elevada, evidenciando que el autoempleo sigue siendo una válvula de escape frente a la falta de oportunidades en el sector formal.

En términos macroeconómicos, este comportamiento no es ajeno al proceso de ajuste que atraviesa la economía argentina desde 2024. La contracción del gasto, la recomposición de precios relativos y la caída del consumo impactaron directamente sobre sectores intensivos en mano de obra, limitando la capacidad de generación de empleo.

El resultado es un mercado laboral que resiste, pero que lo hace sobre bases cada vez más frágiles.

La suba del desempleo al 7,5% no es, en sí misma, un número alarmante en términos históricos. Pero sí lo es en su contexto: ocurre en un escenario donde el empleo crece poco, la informalidad se mantiene elevada y la calidad del trabajo muestra señales de deterioro.

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