Fábrica de bicicletas

Una discapacidad sin límites, la travesía del argentino Jean Maggi

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El argentino hizo cumbre en el Himalaya en una bicicleta adaptada, cruzó la cordillera de los Andes y pronto viajará al espacio. Busca cambiar la mirada social hacia las personas como él.

Con 60 años, Jean Maggi se define como un “soñador serial”, que corre detrás de sus sueños para demostrar(se) que es posible romper los límites que se imponen a las personas con discapacidad. Cruzó la cordillera de los Andes, corrió maratones mundiales en una bicicleta adaptada, ascendió al punto más alto al que se puede llegar en el Himalaya y además dirige una fundación que lleva su nombre y una fábrica de bicicletas adaptadas, con una planta completa de trabajadores.

Maggi sobrevivió a la poliomelitis, una enfermedad que ataca la médula espinal y provoca atrofia muscular y parálisis, que en los 50’ y 60’ incapacitó a miles de personas en el mundo. “La poliomelitis ataca a las neuronas motoras; ha paralizado el 50% de mi masa muscular”, explica Maggie. Tiene afectadas las piernas, un músculo en la mano, una porción del tríceps y de los abdominales. “Neurona que muere, músculo que se paraliza. En donde hay parálisis hay deformación, el hueso crece y el músculo que está paralizado, no”, añade.

Este hombre casado desde hace 25 años, padre de 5 hijos, divide su vida en dos: antes y después de la aceptación de su condición de persona con una discapacidad motriz. El “antes”, sufría discriminación, acoso, la segregación, donde la autocompasión y los excesos lo tocaron. El después, pasó con un infarto, que cambió su visión de la vida.

Jean Maggi haciendo cumbre a 5.600 metros de altura en la cima de Khardung, el punto más alto de su travesía por el Himalaya. PRENSA JEAN MAGGI

El infarto que salvó su vida

Aquel ataque al corazón que le salvó su vida en el momento justo, que le abrió las puertas al deporte de alto rendimiento y a soñar en grande. Donde frente a cada desafío sumaba otro, donde por fortuna no le faltaban recursos económicos, ni fuerza, para hacerlos realidad.

Luego de haber participado de maratones en Nueva York, Barcelona, Roma, el triatlón Ironman de Miami, cruzó la cordillera de los Andes a caballo para unir Argentina y Chile junto al uruguayo Gustavo Zervino, uno de los 16 sobrevivientes de la tragedia de los Andes de 1972. También los Alpes suizos, conquistó la cima del Himalaya en un recorrido por tierras asiáticas de 11 días y 480 kilómetros, se entrenó para sostenerse a los 50 años en sus piernas “biónicas” alemanas. Creador de una fábrica de bicis de tres ruedas (que permiten pedalear con las manos) para donarlas y dar trabajo a jóvenes con discapacidad. Además de estar próximo a cumplir su siguiente meta: el viaje al espacio como pasajero en un vuelo suborbital en los próximos meses. Su lema: “Lo difícil se hace y lo imposible se intenta”.

Los objetivos de la fundación. Fuente: sitio web Fundación Jean Maggi.

¿Cómo surgió la poliomielitis?

Al año de vida Maggi contrajo la polio, luego de ser vacunado. Fue el caso uno de cada dos millones en el que el inmunizado no generó la inmunidad, sino que le generó la enfermedad. “Siempre digo que soy pro-vacunas. Lo mío fue un accidente”, asegura Maggi, en la oficina de su fundación en la ciudad de Córdoba.

Para su familia, el diagnóstico fue terrible. Sus padres Juan y Nelia, por entonces con 21 y 20 años, vivían en una sociedad que mantenía a las personas con alguna discapacidad a puertas adentro. Pero, aún así sus papás lo enviaban a la escuela. “Entonces, en la Argentina la discapacidad era marginal, independientemente de la situación económica. Había padres que no mandaban a los chicos al colegio por el acoso. Eso se lo agradezco a mi familia, porque a pesar de todo siguieron apostando a que yo me moviera en la sociedad”, enfatiza.

La cima

Su vida juvenil de excesos y descuido de sí mismo lo puso en riesgo (entró 14 veces en un año a terapia intensiva). Situación que también afectó a su matrimonio. “Un viernes a las dos de la tarde, mi mujer ya harta me dijo: ‘Tenemos que hablar porque no da para más’, con la suerte de que en el camino del trabajo a mi casa me infarté. Nunca pudimos hablar porque la próxima reunión fue en terapia intensiva”. En ese momento, cruzó miradas con su esposa y fue suficiente para saber que debía cambiar de hábitos. Lo que vino después fue apostar a que las cosas funcionaran. Su mujer confió y lo acompañó.

Empezó a entrenar, pensando en cómo su corazón iba a responder luego del infarto frente a una exigencia, sobre todo con 19 kilos de más. Primero realizó prácticas de boxeo sentado, pero después descubrió las bicicletas adaptadas para pedalear con las manos (iguales a las convencionales, pero adaptadas a un cuadro de tres ruedas) a través de su entrenador y amigo Jorge Canatta, que le permitirían la actividad aeróbica. “Cuando me senté ahí sentí que tenía la capa de Superman. ¡Una libertad! Haber transpirado y cansado el cuerpo me abrió un mundo y un potencial”, asegura. Un año después corría la maratón de Nueva York.

Desde ese momento, pasó del baloncesto, al tenis, hizo equitación, participó de los Paralímpicos de Vancouver 2010, e ingresó a la selección argentina de esquí sobre nieve. “Quería hacer todo lo que no había podido hasta los 37 años”, asegura.

La película disponible en Netflix que narra la historia del deportista argentino Jean Maggi. Fuente: Netflix.

Uno de sus nuevos desafíos, fue buscar dónde era el lugar más alto al que podía ir en bicicleta. Para ascender al Himalaya, entrenó 6 horas diarias durante 109 jornadas y 2500 kilómetros.

El momento donde logró llegar a la cima, fue registrado por dos camarógrafos y se exhibió en la película Challenge Himalaya, más tarde en el documental El límite Infinito, que dirigió Juan José Campanella, disponible en Netflix, en 160 países y en 47 idiomas.

Esto pudo conformarse en la piedra angular para gestar la fundación.

La fábrica de bicicletas

A su regreso al país, Maggi recorrió las escuelas dando charlas motivacionales. Las empresas se interesaron en sus conferencias, donde él aprovechaba para pedir la donación de una bicicleta adaptada para niños y jóvenes con discapacidad motriz. Aquello fue el germen de su organización sin fines de lucro, que nació en 2016. En su primera presentación en una compañía, recibió el equivalente a media bicicleta. Hoy, una charla en un auditorio le permite donar hasta un centenar.

En 2017, las primeras bicicletas las armaba de manera artesanal un herrero en Córdoba. Pero su creciente demanda, la incapacidad de entrega, hizo que tuviera la idea de fabricarlas y convocar a otras personas que sufrieron la marginación del mercado laboral por su condición. “El documental de Campanella tuvo muchísima repercusión en la Argentina y ahí la fábrica explotó: pasó de fabricar 50 bicicletas por año a 100 bicicletas por mes”, explica Maggi.

Esta fábrica tiene el objetivo de cambiar el concepto de diversidad funcional para despertar el potencial de las personas. En el documental, ganador del Emmy 2021 Superadaptados, socios de un mismo sueño, también dirigido por Campanella, los beneficiarios y socios del proyecto hablan de las “bicicletas de la libertad”. Desde el 2016, la fundación lleva entregadas 1800 bicicletas adaptadas.

Elías Moyano, uno de los trabajadores con discapacidad de la fábrica de bicicletas adaptadas. RAMIRO PEREYRA

En la planta, Gustavo uno de los empleados, cuenta su situación “la gente no está preparada para darnos un empleo”. Gonzalo, coincide “Yo trabajaba en una fundación haciendo milanesas de soja, pero la plata no me alcanzaba porque ganaba 4000 pesos por mes. Es muy difícil conseguir un trabajo, no nos dan oportunidad, no nos tienen fe”. Elías, el más antiguo de los empleados tiene espalda bífida, una malformación por falta de ácido fólico en el embarazo “antes de entrar acá, me cansé de tirar currículos por todos lados, intenté emprender con amigos, pero nada estable como hoy”.

Su desafío pendiente

El siguiente desafío para Maggi, es un vuelo suborbital al espacio en el próximo año. Para ello entrenó todo el año pasado y pasó las pruebas de admisión en el Nastar Center, la primera instalación de seguridad aprobada por la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos, como capacitadora para vuelos espaciales tripulados comerciales.

El vuelo se realizará en una nave que llegará a los 85 KM de la Tierra, donde permanecerá tres minutos con gravedad cero antes de regresar. El contrato con la compañía privada ya está firmado y Maggi seguramente pasará a la historia como la primera persona con una diversidad funcional que viajará al espacio. “No es mi viaje al espacio, es el viaje de la discapacidad al espacio. No más ‘pobrecitos’. Alguien como yo puede ser astronauta, maratonista, montañista, ingeniero, músico, lo que le guste. Veamos a la persona y luego a la discapacidad. No al revés”, cierra.

Fuente: El País

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La fábrica de bicicletas más importante de Misiones inauguró sus nuevas instalaciones

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En la esquina de la Ruta Provincial 5 y la calle Sierra Victoria de Oberá se erige, majestuosa, la nueva planta de Steckler Rodados, la fábrica de bicicletas más grande de Misiones y, posiblemente, de la región. El sol del viernes ya se ocultaba en el horizonte y las luces instaladas para el acto inaugural del salón se notaban a varios cientos de metros antes de llegar al predio.

Con un imponente despliegue se realizó el acto inaugural, donde un DJ y una decena de mozos y cocineros agasajaron a los invitados especiales. José Steckler, su esposa Yanina Villalba y sus hijos fueron los anfitriones de familiares, amigos, clientes y curiosos que se acercaron. La familia atrás de esta importante empresa quiso festejar a lo grande este evento tan importante y no descuidaron ningún detalle.

La celebración, además de inaugurar el nuevo predio, tiene como motivo agradecer y compartir la alegría de cumplir 20 exitosos años frente a un emprendimiento que surgió desde muy abajo, como bien cuenta José Steckler quien era chofer de colectivos al comprar los primeros repuestos de bicicleta para revender, un diciembre del año 2001.

“Compré los primeros repuestos con un dinero que tenía en aquellos años, unos 1.350 pesos (equivalentes a unos 70.000 en la actualidad) para arreglar bicicletas, eso me dio la idea de armar un taller de bicicletas, le dije a mi mujer que iba a funcionar, que le tenía mucha fe al emprendimiento y así arrancamos”, explicó José Steckler, gestor y padre de la empresa.

José transmite una tranquilidad y templanza digna de alguien que tuvo que empezar de cero y, a base de sudor y sacrificios que sólo él y su familia conocen, forjar un imperio de bicicletas en el corazón de la tierra colorada. Los inicios fueron difíciles, decidió viajar con regularidad a Buenos Aires a buscar precios, calidad, para que el negocio le sea rentable. Vivían en una piecita en la casa de sus suegros, con humildad, pero con el objetivo firme, generar algo que transcienda y se instale en el mercado local.

A los tres años de iniciado el emprendimiento, empezó a comprar kits de bicicletas para empezar a armarlas y venderlas en el mercado local. “Al principio sólo arreglábamos, a los tres años compré tres kit y empezamos armando tres bicicletas por semana y hoy fabricamos alrededor de 120 al día”, explicó José.

El primer gran paso

Durante esos viajes y recorridos por Capital Federal que realizaba buscando precios, conoció a la empresa Casa Rulito, que le ofreció vender sus productos en Misiones, como representante oficial. “Les dije que no podía, no teníamos transporte y el negocio era bastante pequeño todavía, le comenté a mi mujer y compramos una trafic. Cuando llegué a Misiones, le adaptamos una jaula al techo con mi hijo y volví para llenarlo de repuestos. Así fue como empezamos a vender en la calle”, recordó José.

Gracias a ese primer paso, en la actualidad, cuentan con seis camiones que distribuyen sus productos a cinco provincias. “Desde el primer día que abrimos la bicicletería, dijimos que iba a funcionar, yo estaba convencido. No teníamos casa, no teníamos auto, no teníamos nada, sólo el taller con los repuestos para vender”.

Veinte años de trabajo arduo, dieron sus frutos. El local actual cuenta con una amplia sala de recepción, un nivel en el subsuelo que funciona como depósito y taller de ensamblado y un primer piso de exhibición de los rodados. La ubicación, a las afueras del casco urbano, está pensado para facilitar la circulación de los camiones y de los clientes que compran sus productos al por mayor. “Seguiremos manteniendo el local céntrico, para atención al cliente, pero la idea de este lugar es facilitar la logística, sobre todo de la venta mayorista”, explicó.

Steckler Rodados distribuye sus bicicletas y elementos de gimnasio, como ser bicicletas fijas o cintas para caminar, a cinco provincias y en cada municipio de Misiones, siendo la tierra colorada su prioridad, el mercado que más cuidan. “Nuestro fuerte siempre será nuestra provincia y cuidaremos con mayor atención a los clientes locales, no obstante, queremos seguir expandiéndonos, llegar a más provincias”.

Otro desafío que tienen en carpeta es trasladar la fábrica de cuadros, que actualmente se encuentra en Rosario, a Oberá, ya que le permitirá abaratar costos, aunque tienen un inconveniente que sortear, que es la llegada de insumos. El acero, material con el que fabrican, es difícil de conseguir y más aún trasladarlo a la provincia. “Los únicos cuadros que sí traemos de afuera, son los de aluminio, que no se fabrican en Argentina, luego todo lo hacemos nosotros, sin contar los repuestos”, explicó José.

La fabricación de los rodados moviliza un sector importante de la economía local. Entre fabricantes propios, externos, proveedores, viajantes, empleados de ventas y hasta el técnico abocado a las tareas de mantenimiento de los camiones, son más de 70 familias que viven de la producción de las bicicletas. “Sólo de la empresa, tenemos alrededor de 30 trabajadores que dependen de manera directa de nosotros y, con esta ampliación, seguramente deberemos contratar a más personal, esperemos que así sea”, expresó José que se muestra con la misma humildad con la que habrá empezado ese diciembre del 2001, cuando caminaba por las calles porteñas, buscando los mejores precios para iniciar su empresa.

Ya la luz del día casi desaparece, pero quienes llegan son su mujer y luego sus hijos con sus respectivas parejas, para compartir el triunfo colectivo de la familia. Los invitados empiezan a asomarse y entre fotos, risas y abrazos inician la celebración de 20 años de trabajo que forjaron uno de los imperios (si no es el único) de bicicletas más importante de la región.

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