HERENCIA

¿Qué significa hoy ser heredero en una empresa familiar? Del mandato a la elección consciente

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Por Jael Itzcovitch. Directora y Mentora de Estim Groups. (www.estimgroups.com) Durante generaciones, ser heredero en una empresa familiar fue un destino casi natural. Si uno crecía en una familia empresaria, la continuidad no era una pregunta abierta, sino una expectativa implícita. El apellido marcaba el camino. El negocio formaba parte de la identidad. No necesariamente se trataba de una imposición explícita, sino de una lógica cultural profundamente arraigada: la empresa era el proyecto familiar y continuarla era una forma de honrar la historia.

Sin embargo, el contexto social, económico y cultural cambió. Las nuevas generaciones crecieron en un mundo con múltiples opciones profesionales, mayor movilidad, acceso global al conocimiento y una fuerte valoración de la realización personal. Hoy, el concepto de “heredero” ya no puede sostenerse solo sobre la tradición. Necesita apoyarse en la elección.

Y allí comienza el verdadero desafío.

Del deber al propósito: una transformación generacional

En generaciones anteriores, el compromiso con la empresa familiar estaba vinculado al deber, al esfuerzo y a la continuidad del apellido. El trabajo era central en la construcción de identidad y la autoridad se respetaba por experiencia y trayectoria.

Hoy, las nuevas generaciones valoran profundamente el propósito. Según el Global NextGen Survey de PwC, más del 65% de los jóvenes de familias empresarias afirma que solo desea involucrarse en el negocio familiar si puede hacerlo de una manera alineada con sus intereses personales y su visión de impacto.

Este dato no habla de menor compromiso. Habla de una redefinición del compromiso.

Ser heredero ya no significa ocupar automáticamente un lugar. Significa decidir conscientemente cómo vincularse con el legado.

El peso invisible del legado

Para muchos jóvenes, el legado familiar representa orgullo y oportunidad. Pero también puede representar presión. La expectativa de estar a la altura de generaciones anteriores, el temor a fallar, la comparación constante y la sensación de responsabilidad pueden generar tensiones internas difíciles de expresar.

Al mismo tiempo, los fundadores muchas veces sienten que ofrecer el negocio es ofrecer una oportunidad extraordinaria. Lo que para unos es un privilegio, para otros puede vivirse como una carga si no se conversa abiertamente. Cuando el ingreso al negocio se da desde la culpa o el mandato, el compromiso a largo plazo se debilita. Cuando se da desde la elección informada, se fortalece.

La adaptación emocional: el verdadero trabajo invisible

Hablar de elección consciente suena simple en teoría. En la práctica, implica un trabajo emocional profundo tanto para padres como para hijos. Para los fundadores, aceptar que la continuidad ya no es automática puede generar miedo. Miedo a que el legado se pierda. Miedo a que el esfuerzo de toda una vida no tenga continuidad. Miedo a interpretar la duda de un hijo como rechazo personal. Aceptar que la nueva generación necesita elegir y no simplemente obedece. Requiere una enorme madurez emocional. Implica diferenciar entre el amor filial y la continuidad empresarial. Implica comprender que permitir la libertad fortalece el vínculo, no lo debilita.

Para los jóvenes, el proceso tampoco es sencillo. Elegir implica asumir responsabilidad. Si deciden participar, deben hacerlo con compromiso real, sabiendo que el liderazgo no es un derecho automático sino una construcción progresiva. Y si deciden no hacerlo, deben aprender a comunicarlo con respeto, sin romper el vínculo familiar.

La adaptación emocional en ambos lados requiere desarrollar:

Capacidad de escucha sin juicio. Tolerancia a la incertidumbre. Gestión de expectativas. Habilidad para conversar lo incómodo. Capacidad de separar identidad personal de rol empresarial. Este trabajo invisible es el que determina si la continuidad será sostenible o conflictiva.

Ser heredero hoy implica preparación real

Asumir un rol en la empresa familiar no se limita a ocupar un cargo. Requiere desarrollar habilidades concretas: Capacidad de liderazgo. Inteligencia emocional.

Comprensión estratégica. Gestión de conflictos. Capacidad de escuchar y negociar entre generaciones. No se trata solo de aprender el negocio. Se trata de aprender a liderar dentro de un sistema donde conviven vínculos afectivos y decisiones empresariales. Los estudios sobre continuidad familiar coinciden en que las transiciones más exitosas son aquellas donde las nuevas generaciones han sido preparadas con anticipación, tanto en lo técnico como en lo emocional.

La madurez de elegir cómo relacionarse con el legado

No todos los herederos deben ocupar roles operativos. Algunos encontrarán su lugar en la gestión diaria. Otros podrán aportar desde el gobierno corporativo o como accionistas responsables. Lo importante no es que todos sigan el mismo camino, sino que cada uno tenga claridad sobre el suyo. La elección madura fortalece la continuidad. La imposición la debilita. Y esa madurez no surge sola. Se construye.

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Fernández destacó firma del Consenso Fiscal con 23 provincias y criticó a la ciudad de Buenos Aires

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El presidente Alberto Fernández afirmó hoy que la firma del nuevo Consenso Fiscal con 23 provincias implica “garantizar un crecimiento equilibrado” del país bajo un sistema “federal”, al tiempo que criticó a la administración de la ciudad de Buenos Aires por negarse a rubricar ese convenio.

“Celebro que hayamos logrado el consenso de 23 jurisdicciones y lamento que haya quedado sin firmar la ciudad de Buenos Aires, porque cuando se llevaba los puntos de coparticipación lo hacía sin consensos”, planteó el mandatario al encabezar el acto en el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada.

En su discurso, Fernández ponderó la puesta en marcha del nuevo consenso fiscal porque, dijo, implica un “paso más para garantizar un crecimiento equilibrado en toda la Argentina, preservando la autonomía de las provincias y profundizando el sistema federal”.

El jefe de Estado, que estuvo acompañado en el acto por el jefe de Gabinete, Juan Manzur, y los ministros de Economía e Interior, Martín Guzmán y Eduardo “Wado” De Pedro, respectivamente, ponderó el acuerdo firmado con los gobernadores porque “sirve mucho en la discusión con el FMI” por el pago de la deuda externa, al presentar un país que “proyecta al futuro en términos fiscales racionales, y con el consenso de todos los gobernadores”.

“Nos ayuda a demostrar que estamos trabajando con la participación de todos, buscando consenso, y que busca las mejores prácticas, con simplificaciones y transparencia en los mecanismos recaudatorios”, además de ir “promoviendo poco a poco el desendeudamiento provincial”, añadió el mandatario sobre el nuevo Consenso Fiscal.

Por otro lado, Fernández planteó además que “es muy interesante poner en debate algo que nos hemos propuesto como un objetivo, que es buscar la progresividad del sistema recaudatorio para que paguen los que más tienen y dejen de pagar los que menos tienen, y que podamos poner en discusión en 2022 un impuesto como el Impuesto a la Herencia”.

Asistieron al acto los 17 gobernadores del Frente de Todos (FdT) y de tres partidos provinciales que gobiernan en Misiones, Neuquén y Río Negro, respectivamente, además de tres mandatarios de Juntos por el Cambio (JxC): Rodolfo Suárez; de Mendoza; Gustavo Valdés, de Corrientes, y Gerardo Morales, de Jujuy.

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A encender la economía: ¿cómo están los motores?

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Una de las frases claves de campaña del electo presidente Alberto Fernández es que hay que encender la economía. Ante un cambio de Gobierno que se da en una crisis económica, uno quiere creer que el problema es interno. En este caso sería algo así como: “Macri no supo encender la economía”, entonces esperamos que Fernández si sepa qué perilla tocar y que todo se encienda.

Lamento decir que el generador que termina dando electricidad al foco no siempre depende de la habilidad del dedo del gobernante y me parece útil en estos tiempos de transiciones ahondar sobre estos temas porque si no entendemos el contexto quizás podemos estar equivocados sobre el juicio de valor que hacemos sobre el gobernante:

¿Cuándo es la culpa del gobierno?

Cuando el Estado gasta mal: según un informe del BID al que nos referimos muchas veces, la Argentina tiene un gasto público ineficiente de 7% del PBI (si desea profundizar en el tema puede leer la nota que se encuentra en el siguiente link https://www.economis.com.ar/el-gasto-publico-es-mucho-o-poco/). 

Pero veamos las consecuencias de esto: si se  gasta más de lo que se recauda pueden pasar tres cosas: 

1)- aumentamos los impuestos (no fue el caso de Macri ), 

2)- nos endeudamos y terminamos en default (si fue el caso de Macri) 

o 3)- emitimos dinero (terminamos en inflación)

¿Cuando no es su culpa?

Ya hemos hablado también de lo que pasa cuando Estados Unidos sube la tasa de interés y los capitales huyen del país buscando una mejor rentabilidad por un lado, y la deuda externa se encarece por el otro; esto fue lo que pasó un poco a mediados del 2018 y como consecuencia el dólar de $20 se fue a $40, la inflación se aceleró y los sueldos quedaron atrás.

Lo que veremos hoy son los términos de intercambio, un concepto que tiene una profunda incidencia no solo en la Argentina sino que en todo Latinoamérica. El índice de términos de intercambio mide la capacidad de compra de bienes importados  de un país en base a sus exportaciones. Para ejemplificar: si nosotros exportamos soja y el precio de la soja sube; y somos importadores de celulares y el precio de los celulares baja aquí hay una mejora en los términos de intercambio porque por un lado la soja nos genera más dólares para comprar celulares que encima cuestan menos dólares. 

Existen otras combinaciones que el lector podrá ejercitar para entender cómo funcionan los términos de intercambio; por ejemplo el precio de las exportaciones sube, pero sube más el precio de los productos importados lo que habrá es un “deterioro en los términos de intercambio”.  

Este concepto fue muy estudiado en los 60’ y 70’ dado que se argumentaba que una de las principales causas del subdesarrollo latinoamericano se debía a que los países centrales compraban materia prima con poco valor agregado y nos vendían productos cada vez más elaborados y por ende, con más valor, como resultado de esto nunca nos alcanzarían los dólares que generan las exportaciones y deberíamos recurrir al endeudamiento permanente. 

Cuando China irrumpe en el mundo haciendo aumentar el precio de los alimentos y bajando el precio de la tecnología que le vendía en el mercado internacional, esto se revirtió de una manera asombrosa. A partir de esto, se trata de dejar en claro dos cosas:

  1. Los términos de intercambio son fundamentales para sortear la falta de dólares, y 
  2. No dependen en lo inmediato de algo que pueda hacer el país, sino de los mercados internacionales (el Gobierno sólo puede actuar a largo plazo, haciendo que se agregue más valor a lo que se exporta) .

Veamos algunos datos interesantes de los términos de intercambio Argentino:

Fuente: elaboración propia en base a Diaz Alejandro y Ministerio de Hacienda de la Nación.

La lectura es la siguiente: en el 46 al 49 (primera presidencia de Perón) los términos de intercambio subieron en promedio un 32 % con respecto al periodo 40-45. Esto quiere decir que el poder de compra de lo que exportaba Argentina subió más de un 30% para comprar productos importados (teníamos muchos dólares y la economía estaba mejor). 

En el 73-75 subió un 13%, que en dólares no es poco, y si consideramos el promedio del período Kirchnerista completo fue un 40 % más que el gobierno de la Alianza (tiene que ver con la suba del precio de la soja y la baja de los precios de los productos importados chinos).

No fue magia:

Por supuesto que los términos de intercambio no explican todo. Incluso pueden mejorar en una situación de crisis porque se deja de comprar o se compra productos importados más baratos. 

Sin embargo, esto, que los expertos en economía suelen llamar “la restricción externa”, fue un factor desencadenante de muchas crisis en la historia Argentina.  A esta altura sabemos que lo que necesitamos es generar más dólares, y que hacerlo por vía de las exportaciones es más genuino que hacerlo por vía del endeudamiento y que por eso todos estamos rogando que para esto la historia se repita: cuando asume un Gobierno peronista los términos de intercambio mejoran milagrosamente para la Argentina, y esto es clave para encender la economía.

Dejamos el gráfico desde 1986 hasta la actualidad para que el lector compare cómo se comportaron los términos de intercambio ante cada periodo de auge o crisis Argentina.

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En 2017 subió más de 70% el pago de intereses por la deuda del Tesoro

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En diciembre de 2017, el déficit primario (antes del pago de intereses) del Sector Público Nacional No Financiero (SPNF) rozó los $120.000 millones. De esta forma, más que duplicó al rojo registrado en igual mes del año pasado. Sin embargo, al considerar los ingresos extraordinarios que habían tenido lugar en ese mes producto del blanqueo de capitales, la profundización del saldo negativo se revierte: excluyendo esta masa de recursos (en torno a $90.000 millones), el rojo del sector público se achicó un 25% i.a. nominal, lo que equivale a un retroceso en torno al 40% i.a. en términos reales.
En este sentido, el buen desempeño de diciembre le volvió a permitir al fisco adelantar subsidios para el año entrante, en la búsqueda por relajar obligaciones futuras: del mismo modo que en el último mes de 2016, el sector público le transfirió alrededor de $30.000 millones a CAMMESA (distribuidora del mercado mayorista de energía), correspondientes al ejercicio siguiente. Por lo tanto, al momento de analizar el neto, estos cambios no tuvieron un impacto significativo.
La mejora en el resultado obedeció a un crecimiento de los ingresos ordinarios (sin contar los fondos extraordinarios del blanqueo) más acelerado que el de los gastos: a la par que los primeros treparon 33% i.a. en la comparación interanual (+5,6% i.a. real), las erogaciones avanzaron menos de un 6% i.a. nominal, lo que arroja una caída del 16% i.a. tras descontar por la inflación. En consecuencia, la profundización de la austeridad del sector público, manifestada mediante el recorte de subsidios (caída del 25% i.a. nominal en el mes) y el crecimiento de la actividad que apuntaló a la recaudación, se tradujeron en una considerable recuperación de las cuentas públicas.
Por su parte, el resultado financiero, es decir, el resultado primario más el pago de intereses, arrojó un déficit $150.000 millones en diciembre, lo que implica un salto del 80% i.a. De modo análogo al caso anterior, descontado el “efecto blanqueo”, el rojo del sector público se redujo un 14% i.a., lo que implica una mejora cercana al 30% i.a. medida en términos reales. Este desenlace tuvo lugar pese a un avance del 25% i.a. en el pago de intereses, los cuales saltaron de $25.000 millones en el último mes de 2016 a $30.500 millones en igual período de 2017. Por lo tanto, y al igual que en el resultado primario, diciembre de 2017 mostró un fortalecimiento en las cuentas públicas en comparación a 2016. Ahora bien, con los datos de 2017 completos, cabe preguntarse si esta dinámica se repitió para el todo el año.
Cumplir la meta primaria no garantiza el éxito
En el acumulado anual, el déficit primario superó los $400.000 millones, trepando un 18% i.a. en comparación a 2016, lo que implica un recorte en torno al 8% i.a. en términos reales. Mejor aún, si aislamos el efecto del blanqueo, se registró un ahorro nominal del 1,1% i.a. en el rojo del sector público nacional, lo que equivale a una merma superior al 20% i.a. una vez descontada la inflación.
Producto del achicamiento real del déficit y de la recuperación de la actividad, el gobierno nacional sobrecumplió la meta fiscal que se había autoimpuesto al comienzo del año: el saldo negativo del SPNF implicó un 3,9% de PBI, cuando la pauta lo autorizaba a estirarse hasta el 4,2%. En la misma línea, el adelantamiento de subsidios del año entrante mencionado en la sección anterior, permitió relajar la meta de este año (déficit de 3,2% del PBI). Para su cumplimiento, el gobierno aguarda que un crecimiento más acelerado de la economía morigere los esfuerzos necesarios por el lado de los gastos a la par que apuntale a la recaudación tributaria.
El resultado exitoso de 2017 obedeció a la buena performance que mostraron los ingresos totales, a la par que la reducción de subsidios atenuó considerablemente la expansión de los egresos.
Por el lado de la recaudación, se registró un avance del 22,5% i.a., que redunda en una caída del 4% i.a. al descontar la inflación. No obstante, al aislar el efecto del blanqueo, este movimiento se revierte: el crecimiento en valores corrientes asciende al 28,5% i.a., lo que se traduce en un incremento en términos constantes cercano al 1% i.a. Al igual que en el caso de diciembre, el repunte de la actividad fue la explicación detrás del avance.
Pasando ahora a las erogaciones, se registró un salto del 22% i.a. en términos nominales (caída del 5% i.a. en Pesos constantes). A contramano de los ingresos, en donde la mayoría de los apartados se movieron de forma homogénea, los distintos componentes del gasto tuvieron un comportamiento dispar: a un salto del 37% i.a. en valores del gasto social (+7,3% i.a. real) y del 25% i.a. en salarios (-2,1% i.a. deflactado), le siguió una caída del 22% i.a. nominal en los subsidios económicos (-38% i.a. real).
Alcanzado este punto, merece la pena destacar que los gastos indexados a la inflación (las jubilaciones, pensiones y programas sociales poseen una fórmula de ajuste automático, a la par que los empleados del sector público no se resignaron a perder poder adquisitivo) fueron los que más crecieron, mientras que aquellos más discrecionales (es decir, las transferencias a las empresas prestadoras de servicios públicos) son los que sufrieron los recortes más pronunciados.
Por último, el gasto de capital mostró dos dinámicas contrapuestas a lo largo del último año: a la par que creció 31% i.a. en valores durante la primera mitad del 2017, manteniéndose prácticamente inalterado en términos reales en relación al primer semestre de 2016, trepó un magro 1% i.a. nominal durante la segunda mitad del último año, cayendo 18% i.a. en términos reales. Como resultado, avanzó 14% i.a. en valores corrientes durante el último año, lo que representa una caída del 10% i.a. deflactada. Nuevamente, y al igual que con los subsidios, el gobierno reposó en los gastos más flexibles y con impacto indirecto sobre la población al momento de acotar el gasto y, así, cumplir la meta fiscal.

Si bien el resultado primario mostró avances en comparación al primer año de gestión de Cambiemos, el saldo financiero exhibió un peor desempeño: producto del esquema de financiamiento del déficit fiscal adoptado (más deuda en lugar de emisión), la cuenta intereses saltó más de 70% i.a. (+35% i.a. real) en el último año, rozando los $225.000 millones. De este modo, el rojo financiero superó el 6% del PBI. En consecuencia, se encienden las primeras señales de alerta: aunque el gobierno pasó exitosamente la prueba de acotar el resultado primario, no logró trasladar estas mejoras hacia el resultado financiero. Peor aún, en este contexto de endeudamiento creciente, los pagos asociados a esta cuenta irán en aumento, ubicándose como el punto flaco del nuevo esquema.
 
Los esfuerzos fiscales continuarán enfocados en el resultado primario
​De cara al 2018, el gobierno luce decidido a dar las batallas necesarias para ordenar las cuentas fiscales primarias: la aprobación de la reforma previsional, tributaria y la firma del pacto fiscal fueron señales claras de que el rojo primario de las arcas públicas constituye una de las principales preocupaciones del poder ejecutivo.
Sin embargo, a la par que se muestra “consternado” por el déficit primario, y dispuesto a asumir los costos políticos necesarios para reducirlo, no pareciera preocuparle el ensanchamiento del pago de intereses; por lo tanto, este punto se convierte en el aspecto pendiente del Palacio de Hacienda. Si bien es comprensible que no se puedan atacar todos los frentes a la vez, la ausencia de metas explícitas en esta arista, junto con un endeudamiento en constante crecimiento, abren interrogantes acerca de qué importancia reviste acotar esta variable para el gobierno.
Por lo tanto, 2017 puede ser un adelantamiento de lo que vendrá: un déficit primario en retroceso, conviviendo con una carga de intereses que se agranda. De este modo, la pregunta se transforma en la siguiente: ¿quién le pondrá el límite al pago de intereses? ¿el gobierno o los inversores?

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La deuda en dólares más que duplica los compromisos “heredados”

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“Tres de cada cuatro veces que hemos emitido deuda, ha sido para cancelar deuda” (Ministro de Finanzas, Luis Caputo)

Su declaración no es precisa. La deuda en dólares más que duplica los compromisos “heredados”.
Si se toma el año y medio de gestión de Cambiemos (hasta mayo) la deuda en moneda extranjera del Estado nacional suma 70.524 millones de dólares, y los compromisos previos 29.472 millones de dólares (vencimientos de 2016 y 2017). Cambiemos se endeudó 2,4 veces más que lo necesario, o a la inversa, los vencimientos previos sólo representan el 42% de la deuda emitida por el Estado nacional (1). Lejos está esta cifra del 75% que Caputo pretende adjudicar a los pagos de deuda del gobierno anterior.
Incluso, si se incorporan al cálculo los 9.300 millones de dólares pagados a losHoldouts (buitres) en efectivo como parte de los compromisos “heredados”, el ratio Vencimientos previos/Deuda acumulado ascendería a 55%. Ello no sería del todo preciso dado que el arreglo con los fondos buitre –y la magnitud del mismo- correspondió estrictamente a las decisiones del gobierno actual, no del anterior.

Pero además, las declaraciones de Luis Caputo efectúan una doble operación.
1) Argumentan que el endeudamiento responde a una “pesada herencia” de elevados vencimientos y, por ende, el aumento de las obligaciones financieras resultaría ajeno al modelo económico que lo sustenta. De los 70 mil millones de deuda del estado nacional en dólares solo 29 mil millones fueron a pagar compromisos previos, luego 20 mil millones se fugaron y otros 21 mil millones incrementaron reservas del Banco Central.

2) Las declaraciones de Caputo omiten deliberadamente que, incluso en un contexto como el actual donde la baja en las tasas favorecería un roll-over (o canje) de deuda, no hay ninguna necesidad de re-financiar la totalidad de los compromisos con nueva deuda. Aun en las condiciones actuales del país sería posible sostener un proceso de desendeudamiento con utilización de reservas compuestas por dólares obtenidos por vías más genuinas (por ejemplo, el saldo comercial). Desde ya, esta última opción no es la adoptada por la gestión de Cambiemos.

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